lunes, 4 de marzo de 2013

ALBERT GIRAUD [9345]



Albert Giraud
Émile Albert Kayenberg alias Albert Giraud (1860-1929) fue un poeta simbolista belga que escribió en francés.

Nació en Lovaina. Cursó estudios de derecho en la Universidad Católica de Lovaina en donde tuvo la ocasión de frecuentar a Iwan Gilkin (1858-1924), a Émile Verhaeren y Max Waller (1860-1889). Se ganó la vida como periodista y, más tarde, como bibliotecario. Fue uno de los principales animadores del grupo La Jeune Belgique y defendió la doctrina de "el arte por el arte". Por ello, tuvo una polémica en 1885 con Edmond Picard, que defendía, de una manera no menos agresiva, el "arte social" en la modernidad. Fue en 1920 uno de los primeros miembros de la Academia Real de la Lengua y Literatura Francesa de Bélgica. Se volvió ciego al final de su vida. Murió en Schaerbeek: una de sus calles está dedicada a él.

Obras

Pierrot lunaire: Rondels bergamasques (1884), un ciclo de poemas basado en el personaje de la commedia dell'arte Pierrot. Fueron traducidas al alemán por Otto Erich Hartleben, textos de los que el compositor Arnold Schoenberg seleccionó algunos para su famosa obra atonal Pierrot Lunaire.
La Guirlande des Dieux (1910).



PIERROT LUNAIRE Op. 21 (1912)

Música de Arnold Schönberg (1874 - 1951)



Texto de Albert Giraud




1. Ebrio de luna 

El vino que con los ojos se bebe,  
por la noche la luna nos derrama en oleadas 
y una marea inunda 
el sereno horizonte. 

¡Deseos, lúgubres y dulces, 
fluyen innumerables entre las aguas! 
El vino que con los ojos se bebe, 
por la noche la luna nos derrama en oleadas.

El poeta, guiado por su devoción,  
se embriaga con el sagrado licor,  
al cielo dirige su mirada arrebatada  
y vacilando, devora y sorbe  
el vino que con los ojos se bebe.  






 2. Colombina

Las pálidas florescencias de la luna,  
las blancas y maravillosas rosas,  
que brotan en las noches de julio...  
¡ojalá pudiera arrancar al menos una! 

Para mi pesada carga aliviar  
busco en los obscuros arroyos
las pálidas florescencias de la luna,  
las blancas y maravillosas rosas.

Entonces, calmado quedaría mi anhelo,  
si pudiera, como en una fábula,  
tiernamente - deshojar  
sobre tu cabello castaño  
¡Las pálidas florescencias de la luna!  






3. El Dandy

Con un fantástico rayo de luz 
alumbra la luna los cristalinos frascos  
sobre el negro y sacrosanto tocador 
del taciturno dandi de Bérgamo. 

En la sonora vasija de bronce 
ríe clara la fuente, con metálico sonido. 
Con un fantástico rayo de luz 
alumbra la luna los cristalinos frascos.

Pierrot, con el rostro de cera,  
permanece meditabundo y piensa: 
¿Cómo maquillarme hoy? 
Rechazando el rojo y el verde de oriente, 
engalana su faz con gesto solemne
con un espectral rayo de luna.  






 4. Una pálida lavandera

Una pálida lavandera  
lava de noche los descoloridos linos;  
desnudos, los brazos blancos como plata  
los sumerge en el agua.

Furtivas brisas se deslizan por un claro 
rizando suavemente las aguas del arroyo.  
Una pálida lavandera  
lava de noche los descoloridos linos. 

Y la dulce doncella del cielo,  
por las ramas suavemente acariciada,  
tiende sobre los oscuros prados 
todos sus descoloridos linos... 
Una pálida lavandera. 






5. Vals de Chopin

Como una pálida gota de sangre  
tiñe los labios de una enferma,  
así descansa en estos sonidos  
un mórbido encanto destructivo.

Los acordes de una pasión salvaje turban 
el frío sueño de la desesperación... 
como una pálida gota de sangre  
tiñe los labios de una enferma. 

Feroz y triunfante, dulce y anhelante,  
melancólico y sombrío vals,  
tu nunca abandonarás mis recuerdos,  
¡te has adherido a mis pensamientos 
como una pálida gota de sangre!  






6. Madre dolorosa

¡Elévate, oh madre de todos los dolores,  
sobre el altar de mis versos!  
Sangre de tu pecho marchito  
ha derramado la cruel espada. 

Tus eternas heridas abiertas  
semejan ojos carmesí abiertos.  
¡Elévate, madre de todos los dolores,  
sobre el altar de mis versos! 

Con tus manos enflaquecidas 
sostienes el cuerpo santo de tu Hijo,  
para mostrarlo a todos los hombres... 
Pero los ojos de ellos te esquivan,  
¡Oh Madre de todos los dolores!  






7. La Luna enferma

Tú, luna nocturna, mortalmente enferma, 
sobre el oscuro lecho del cielo.
Tu febril y desorbitada mirada, 
me cautiva como una extraña melodía. 

De una insaciable pena de amor  
tú mueres, de anhelo, de profunda asfixia.
Oh luna nocturna, mortalmente enferma, 
sobre el oscuro lecho del cielo. 

El amante, con sus sentidos embriagados,  
distraído va a reunirse con su amada
y se deleita con tu juego de luces ... 
tu pálida sangre, fruto de tu suplicio,  
¡Tú, luna nocturna, mortalmente enferma! 






8. Noche

Oscuras, gigantescas mariposas negras
mataron el brillo del sol.  
Como el libro sellado de un hechicero,  
el horizonte duerme en silencio. 

Desde la profundidad perdida, los vapores 
traen consigo su aroma matando los recuerdos. 
Oscuras, gigantescas mariposas negras
mataron el brillo del sol. 

Y del cielo hacia la tierra,  
bajan oscilando pesadamente,  
invisibles monstruos  
al corazón de los hombres . . . 
Oscuras, gigantescas mariposas negras. 






9. Oración a Pierrot

¡Pierrot! ¡Mi risa  
la he olvidado!  
¡La imagen brillante 
se desvaneció, se desvaneció! 

Negra es la bandera que ondea  
ahora en mi mástil.  
¡Pierrot! Mi risa  
la he olvidado! 

¡Ah, ahora devuélveme,  
veterinario del alma,  
lírico muñeco de nieve,  
alteza lunar,  
Pierrot, mi risa!  






10. Robo

Rojos, principescos rubíes,  
gotas de sangre de antiguas glorias  
que dormitáis en los sarcófagos, 
bajolas bóvedas sepulcrales. 

De noche, con sus compañeros de juerga,  
Pierrot desciende para robar  
los rojos, principescos rubíes,  
gotas de sangre de antiguas glorias. 

Sin embargo, los cabellos se les erizan,  
un miedo mortal los paraliza en su sitio:  
Desde la oscuridad, ¡como si fueran ojos!  
desde los ataúdes los miran fijamente, 
los rojos, principescos rubíes.  






11. La Misa roja

Para la escalofriante cena,  
entre el espléndido brillo del oro 
y la trémula llama de las velas,  
se acerca al altar... ¡Pierrot! 

Su mano, a Dios consagrada,  
rasga la vestidura sacerdotal,  
acude a la escalofriante cena,  
entre el espléndido brillo del oro. 

Con ademán de bendición,  
expone ante las almas inquietas  
una Hostia de la que caen rojas gotas: 
¡su corazón en dedos ensangrentados,  
acude a la escalofriante cena!  






12. La Canción del patíbulo

La flaca ramera 
de largo cuello 
será la última  
de sus queridas. 

Y en su celebro está,  
clavada como una aguja,  
la flaca ramera 
de largo cuello. 

Esbelta como un pino,  
en su cuello una trenza,  
¡Lujuriosamente 
al canalla abrazará  
la flaca ramera!  






13. Decapitación

La Luna, una brillante espada turca  
sobre un negro cojín de seda,  
como un gigantesco espectro caerá 
¡en la oscura y dolorosa noche! 

Pierrot vaga sin descanso  
y con miedo mortal fija su mirada  
en la Luna, una brillante espada turca  
sobre un negro cojín de seda. 

Las rodillas le tiemblan,  
se desmaya y cae.
Imagina, con un susurro tenso, 
caer sobre su cuello pecador 
la Luna, una brillante espada turca.  






14. Las Cruces

Santas cruces son los versos  
que los poetas desangran en silencio,  
enceguecidos por los cuervos 
que revolotean en espectral bandada. 

En sus cuerpos las espadas se tiñen
de sangre escarlata. 
Santas cruces son los versos  
que los poetas desangran en silencio. 

La cabeza caída, rígidos los rizos, 
el viento se lleva a lo lejos el ruido de la gente.  
Lentamente cae el sol del ocaso,  
cual real corona carmesí.  
¡Santas cruces son los versos!  






15. Nostalgia

Un dulce quejido, suspiro de cristal,  
como desde una vieja pantomima italiana,  
se percibe: ¡Qué árido y tosco,  
se vuelve el sentimiento de Pierrot!

Y hace eco en el desierto de su corazón,  
eco que resuena mortecino por todos sus sentidos, 
ese dulce quejido, suspiro de cristal,  
como desde una vieja pantomima italiana. 

¡Entonces Pierrot se olvida de sus aflicciones!  
A través de la ardiente luz de la luna plateada,  
a través de las olas de ese mar pleno de luz,  
audazmente se eleva 
hacia los cielos de su patria.
¡Dulce quejido, suspiro de cristal!






16. Maldad

En la blanca cabeza de Casandro,  
cuyos gritos de auxilio desgarran los aires, 
introduce Pierrot, con expresión hipócrita,  
cariñosamente... ¡un taladro!. 

A continuación, con el pulgar rellena
de auténtico tabaco turco  
la pulida cabeza de Casandro,  
cuyos gritos de auxilio desgarran los aires.

Después atornilla un canuto de cerezo 
a la parte posterior de la lisa calva,  
y con grandes bocanadas de humo fuma,  
su auténtico tabaco turco  
¡En la pulida cabeza de Casandro!






17. Parodia

Con agujas de tejer, lisas y brillantes,  
clavadas en sus encanecidos cabellos,  
se sienta la dueña mascullando,  
con su falda roja. 

Ella espera en la glorieta,  
ama a Pierrot con dolor, 
con agujas de tejer, lisas y brillantes,  
clavadas en sus encanecidos cabellos. 

De repente, ¡oye un susurro!...  
una brisa que ríe socarrona,  
la Luna, con una burla cruel,  
imita con su resplandor, 
agujas de tejer, lisas y brillantes.  






18. Mancha lunar

Con una mancha blanca de clara luna  
sobre la espalda de su chaqueta negra,  
así pasea Pierrot en la noche tibia,  
buscando felicidad y aventura. 

De repente, algo le molesta en su ropa,  
la mira desde distintos ángulos y al fin la ve:  
hay una mancha blanca de clara luna  
sobre la espalda de su chaqueta negra. 

¡Claro!, razona, ¡es una mancha de yeso!  
Frota y frota, pero no puede hacerla desaparecer.
Y así continúa, lleno de amargura,  
y frota y frota hasta que amanece  
una mancha blanca de clara luna.  






19. Serenata

Con un grotesco arco gigante  
Pierrot rasca su viola
y como una cigüeña sobre una sola pata  
pellizca las cuerdas con un apagado pizzicato. 

De repente, llega Casandro, enfurecido 
por tanto virtuosismo nocturno.  
Con un grotesco arco gigante  
Pierrot rasca su viola.

Entonces, él arroja lejos la viola  
y con su delicada mano izquierda  
toma al calvo por el cuello.  
Soñando toca sobre el liso cráneo 
con el grotesco arco gigante.  






20. De vuelta a casa

Un rayo de luna es el timón  
y la anémona sirve de barca,  
con la que Pierrot, viaja al sur  
con viento favorable. 

La corriente canturrea profundas notas  
y mece la frágil embarcación.  
Un rayo de luna es el timón
y la anémona sirve de barca. 

A Bérgamo, su patria,  
navega Pierrot de regreso;  
mientras débilmente amanece al oriente  
sobre el verde horizonte.  
Un rayo de luna es el timón.  






21. ¡Oh, antiguo perfume!

¡Oh antiguo perfume de cuentos de hadas,  
que una vez más cautivas mis sentidos!  
Una alegre tropa de pícaras desenfrenadas  
satura el ligero aire. 

Con anhelo alegre vuelvo al placer
que ha mucho tiempo descuidé.  
¡Oh antiguo perfume de cuentos de hadas,  
que una vez más cautivas mis sentidos! 

Toda mi tristeza he dejado de lado
y por mi ventana soleada 
miro libremente el amado mundo
y sueño con lejanos parajes de dicha... 
¡Oh antiguo perfume de cuento de hadas!  


Traducido por: Luis E. Etcheverry








1. Mondestrunken

Den Wein, den man mit Augen trinkt, 
Gießt Nachts der Mond in Wogen nieder, 
Und eine Springflut überschwemmt 
Den stillen Horizont.

Gelüste, schauerlich und süß, 
Durchschwimmen ohne Zahl die Fluten! 
Den Wein, den man mit Augen trinkt, 
Gießt Nachts der Mond in Wogen nieder.

Der Dichter, den die Andacht treibt, 
Berauscht sich an dem heil'gen Tranke, 
Dem Himmel wendet er verzückt 
Das Haupt und taumelnd saugt und schlürft er 
Den Wein, den man mit Augen trinkt. 


2. Colombine

Des Mondlichts bleiche Blüten, 
Die weißen Wunderrosen, 
Blühn in den Julinächten - 
O bräch ich eine nur!

Mein banges Leid zu lindern, 
Such ich am dunklen Strome 
Des Mondlichts bleiche Blüten, 
Die weißen Wunderrosen.

Gestillt wär all mein Sehnen, 
Dürft ich so märchenheimlich, 
so selig leis - entblättern 
Auf deine braunen Haare 
Des Mondlichts bleiche Blüten! 


3. Der Dandy

Mit einem phantastischen Lichtstrahl 
Erleuchtet der Mond die krystallnen Flakons 
Auf dem schwarzen, hochheiligen Waschtisch 
Des schweigenden Dandys von Bergamo.

In tönender, bronzener Schale 
Lacht hell die Fontäne, metallischen Klangs. 
Mit einem phantastischen Lichtstrahl 
Erleuchtet der Mond die krystallnen Flakons.

Pierrot mit dem wächsernen Antlitz 
Steht sinnend und denkt: 
wie er heute sich schmink? 
Fort schiebt er das Rot und des Orients Grün 
Und bemalt sein Gesicht in erhabenem Stil 
Mit einem phantastischen Mondstrahl. 


4. Eine blasse Wäscherin

Eine blasse Wäscherin 
Wäscht zur Nachzeit bleiche Tücher, 
Nackte, silberweiße Arme 
Steckt sie nieder in die Flut.

Durch die Lichtung schleichen Winde, 
Leis bewegen sie den Strom. 
Eine blasse Wäscherin 
Wäscht zur Nachtzeit bleiche Tücher.

Und die sanfte Magd des Himmels, 
Von den Zweigen zart umschmeichelt, 
Breitet auf die dunklen Wiesen 
Ihre lichtgewobnen Linnen - 
Eine blasse Wäscherin. 


5. Valse de Chopin

Wie ein blasser Tropfen Bluts 
Färbt die Lippen einer Kranken, 
Also ruht auf diesen Tönen 
Ein vernichtungßüchtger Reiz.

Wilder Lust Accorde Stören 
Der Verzweiflung eisgen Traum - 
Wie ein blasser Tropfen Bluts 
Färbt die Lippen einer Kranken.

Heiß und jauchzend, süß und schmachtend, 
Melancholisch düstrer Walzer, 
Kommst mir nimmer aus den Sinnen! 
Haftest mir an den Gedanken, 
Wie ein blasser Tropfen Bluts! 


6. Madonna

Steig, o Mutter aller Schmerzen, 
Auf den Altar meiner Verse! 
Blut aus deinen magren Brüsten 
Hat des Schwertes Wut vergossen.

Deine ewig frischen Wunden,  
Gleichen Augen, rot und offen. 
Steig, o Mutter aller Schmerzen, 
Auf den Altar meiner Verse!

In den abgezehrten Händen 
Hältst du deines Sohnes Leiche, 
Ihn zu zeigen aller Menschheit - 
Doch der Blick der Menschen meidet 
Dich, o Mutter aller Schmerzen! 


7. Der kranke Mond

Du nächtig todeskranker Mond 
Dort auf des Himmels schwarzem Pfühl, 
Dein Blick, so fiebernd übergroß, 
Bannt mich wie fremde Melodie.

An unstillbarem Liebesleid 
Stirbst du, an Sehnsucht, tief erstickt, 
Du nächtig todeskranker Mond 
Dort auf des Himmels schwarzem Pfühl.

Den Liebsten, der im Sinnenrausch 
Gedankenlos zur Liebsten schleicht, 
Belustigt deiner Strahlen Spiel - 
Dein bleiches, qualgebornes Blut, 
Du nächtig todeskranker Mond. 


8. Nacht

Finstre, schwarze Riesenfalter 
Töteten der Sonne Glanz. 
Ein geschlossnes Zauberbuch, 
Ruht der Horizont - verschwiegen.

Aus dem Qualm verlorner Tiefen 
Steigt ein Duft, Erinnrung mordend! 
Finstre, schwarze Riesenfalter 
Töteten der Sonne Glanz.

Und vom Himmel erdenwärts 
Senken sich mit schweren Schwingen 
Unsichtbar die Ungetüme 
Auf die Menschenherzen nieder . . . 
Finstre, schwarze Riesenfalter. 


9. Gebet an Pierrot

Pierrot! Mein lachen 
Hab ich verlernt! 
Das Bild des Glanzes 
Zerfloß - Zerfloß!

Schwarz weht die Flagge 
Mir nun vom Mast. 
Pierrot! Mein Lachen 
Hab ich verlernt!

O gib mir wieder, 
Roßarzt der Seele, 
Schneemann der Lyrik, 
Durchlaucht vom Monde, 
Pierrot - mein Lachen! 


10. Raub

Rote, fürstliche Rubine, 
Blutge Tropfen alten Ruhmes, 
Schlummern in den Totenschreinen, 
Drunten in den Grabgewölben.

Nachts, mit seinen Zechkumpanen, 
Steigt Pierrot hinab - zu rauben 
Rote, fürstliche Rubine, 
Blut'ge Tropfen alten Ruhmes.

Doch da - sträuben sich die Haare, 
Bleiche Furcht bannt sie am Platze: 
Durch die Finsternis - wie Augen! - 
Stieren aus den Totenschreinen - 
Rote, fürstliche Rubine. 


11. Rote Messe

Zu grausem Abendmahle, 
Beim Blendeglanz des Goldes, 
Beim Flackerschein der Kerzen, 
Naht dem Altar - Pierrot!

Die Hand, die gottgeweihte, 
Zerreißt die Priesterkleider 
Zu grausem Abendmahle, 
Beim Blendeglanz des Goldes.

Mit segnender Gebärde 
Zeigt er den bangen Seelen 
Die triefend rote Hostie: 
Sein Herz - in blutgen Fingern - 
Zu grausem Abendmahle! 


12. Galgenlied

Die dürre Dirne 
Mit langem Halse 
Wird seine letzte 
Geliebte sein.

In seinem Hirne 
Steckt wie ein Nagel 
Die dürre Dirne 
Mit langem Halse.

Schlank wie die Pinie, 
Am Hals ein Zöpfchen - 
Wollüstig wird sie 
Den Schelm umhalsen, 
Die dürre Dirne! 


13. Enthauptung

Der Mond, ein blankes Türkenschwert 
Auf einem schwarzen Seidenkissen, 
Gespenstisch groß - dräut er hinab 
Durch schmerzendunkle Nacht.

Pierrot irrt ohne Rast umher 
Und starrt empor in Todesängsten 
Zum, Mond, dem blanken Türkenschwert 
Auf einem schwarzen Seidenkissen.

Es schlottern unter ihm die Knie, 
Ohnmächtig bricht er jäh zusammen. 
Er wähnt: es sause strafend schon 
Auf seinen Sünderhals hernieder 
Der Mond, das blanke Türkenschwert. 


14. Die Kreuze

Heilige Kreuze sind die Verse, 
Dran die Dichter stumm verbluten, 
Blindgeschlagen von der Geier 
Flatterndem Gespensterschwarme!

In den Leibern schwelgten Schwerter, 
Prunkend in des Blutes Scharlach! 
Heilge Kreuze sind die Verse, 
Dran die Dichter stumm verbluten.

Tot das Haupt - erstarrt die Locken - 
Fern, verweht der Lärm des Pöbels. 
Langsam sinkt die Sonne nieder, 
Eine rote Königskrone. 
Heilge Kreuze sind die Verse! 


15. Heimweh

Lieblich klagend - ein kristallnes Seufzen 
Aus Italiens alter Pantomime, 
Klingts herüber: wie Pierrot so hölzern, 
So modern sentimental geworden.

Und es tönt durch seines Herzens Wüste, 
Tönt gedämpft durch alle Sinne wieder, 
Lieblich klagend - ein kristallnes Seufzen 
Aus Italiens alter Pantomime.

Da vergißt Pierrot die Trauermienen! 
Durch den bleichen Feuerschein des Mondes, 
Durch des Lichtmeers Fluten 
schweift die Sehnsucht 
Kühn hinauf, empor zum Heimathimmel, 
Lieblich klagend - ein kristallnes Seufzen! 


16. Gemeinheit

In den blanken Kopf Cassanders, 
Dessen Schrein die Luft durchzetert, 
Bohrt Pierrot mit Heuchlermienen, 
Zärtlich - einen Schädelbohrer!

Darauf stopft er mit dem Daumen 
Seinen echten türkischen Tabak 
In den blanken Kopf Cassanders, 
Dessen Schrein die Luft durchzetert!

Dann dreht er ein Rohr von Weichsel 
Hinten in die glatte Glatze 
Und behäbig schmaucht und pafft er 
Seinen echten türkischen Tabak 
Aus dem blanken Kopf Cassanders! 


17. Parodie

Stricknadeln, blank und blinkend, 
In ihrem grauen Haar, 
Sitzt die Duenna murmelnd, 
Im roten Röckchen da.

Sie wartet in der Laube, 
Sie liebt Pierrot mit Schmerzen, 
Stricknadeln, blank und blinkend, 
In ihrem grauen Haar.

Da plötzlich - horch! - ein Wispern! 
Ein Windhauch kichert leise: 
Der Mond, der böse Spötter, 
Äfft nach mit seinen Strahlen - 
Stricknadeln, blink und blank. 


18. Der Mondfleck

Einen weißen Fleck des hellen Mondes 
Auf dem Rücken seines schwarzen Rockes, 
So spaziert Pierrot im lauen Abend, 
Aufzusuchen Glück und Abenteuer.

Plötzlich stört ihn was an seinem Anzug. 
Er beschaut sich rings und findet richtig - 
Einen weißen Fleck des hellen Mondes 
Auf dem Rücken seines schwarzen Rockes.

Warte! denkt er: das ist so ein Gipsfleck! 
Wischt und wischt, doch bringt ihn nicht herunter 
Und so geht er, giftgeschwollen weiter, 
Reibt und reibt bis an den frühen Morgen - 
Einen weißen Fleck des hellen Mondes. 


19. Serenade

Mit groteskem Riesenbogen 
Kratzt Pierrot auf seiner Bratsche, 
Wie der Storch auf einem Beine, 
Knipst er trüb ein Pizzicato.

Plötzlich naht Cassander, wütend 
Ob des nächt'gen Virtuosen - 
Mit groteskem Riesenbogen 
Kratzt Pierrot auf seiner Bratsche.

Von sich wirft er jetzt die Bratsche: 
Mit der delikaten Linken 
Faßt den Kahlkopf er am Kragen - 
Träumend spielt er auf der Glatze 
Mit groteskem Riesenbogen. 


20. Heimfahrt

Der Mondstrahl ist das Ruder, 
Seerose dient als Boot: 
Drauf fährt Pierrot gen Süden 
Mit gutem Reisewind.

Der Strom summt tiefe Skalen 
Und wiegt den leichten Kahn. 
Der Mondstrahl ist das Ruder. 
Seerose dient als Boot.

Nach Bergamo, zur Heimat, 
Kehrt nun Pierrot zurück; 
Schwach dämmert schon im Osten 
Der grüne Horizont. 
Der Mondstrahl ist das Ruder. 


21. O alter Duft

O alter Duft aus Märchenzeit 
Berauschest wieder meine Sinne! 
Ein närrisch Heer von Schelmerein 
Durchschwirrt die leichte Luft.

Ein glückhaft Wünschen macht mich froh 
Nach Freuden, die ich lang verachtet 
O alter Duft aus Märchenzeit, 
Berauschest wieder mich!

All meinen Unmut gab ich preis; 
Aus meinem sonnumrahmten Fenster 
Beschau ich frei die liebe Welt 
Und träum hinaus in selge Weiten . . . 
O alter Duft - aus Märchenzeit! 






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