lunes, 4 de febrero de 2013

LUIS MELGAR BRIZUELA [9168]



Luis Melgar Brizuela, EL SALVADOR (1943) Nació en Suchitoto.  Miembro fundador del grupo literario “Piedra y Siglo”.  Obtuvo su profesorado en Letras por la Escuela Normal Superior de El Salvador; Licenciado en Letras por la Universidad de El Salvador; Profesorado en Literatura Española por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, España, y Doctorado en Letras Hispánica por El Colegio de México. Actualmente se desempeña como docente-investigador del Departamento de Letras, Universidad de El Salvador, a la vez, como coordinador de investigaciones de la Licenciatura en Letras y del proyecto Literatura indígena e indigenista en Mesoamérica, ante el Consejo de Investigaciones Científicas de la UES.     

Ha sido profesor de lenguaje y literatura en los niveles de Primaria, Secundaria y Superior en instituciones de El Salvador y México.

Ha publicado: El Salvador: Los Dioses de la Guerra Poesía. Editorial Oxcelotlán. San Salvador. 1992. El Cipítío en El Salvador-Sheraton. Crónica-collage literario sobre la ofensiva guerrillera de noviembre 1989 en San Salvador, en co-autoría. Editorial Arco Iris. 1992. San Salvador. La Poesía Salvadoreña del siglo XX. Investigación. Departamento de Letras y Coordinación Universitaria de Investigación Científica (CUIC), de la Universidad de El Salvador. 1989. Expresión y Comunicación investigación didáctico-comunicológica para el Sistema de Educación a Distancia de la Universidad Pedagógica Nacional de México, UPN. México, 1984 –1985. En co-autoría. Las vanguardias en México Fascículo. SEP y Editorial Somos. México, 1983. Literatura Antigua, Literatura Contemporánea, Literatura Hispanoamericana, Centroamericana y Salvadoreña, Educación Estética I, II y III Textos didácticos: desarrollo de los programas oficiales de Educación Media, respectivamente, para los niveles 1, 2, y 3 del Bachillerato, desde 1976 hasta 1996. Cara y cruz de la dramaturgia salvadoreña contemporánea1956 – 1992. Estudio preliminar ( a modo de prólogo) de una antología de dramaturgia salvadoreña, por encargo del “Centro de Documentación Teatral” de Madrid, España, 1992 – 1993. Numerosos artículos, reseñas, poemas, ponencias, ensayos, para páginas literarias, revistas o encuentros literarios en El Salvador, México y Centro América.

Tiene inéditos los libros de literatura oral: Antología de Anastasio Aquino. Incluye textos de autores salvadoreños y una breve reseña de la rebelión nonualca de 1833. Antología de Farabundo Martí. Incluye textos poéticos sobre la figura de Martí.  Monografía-Antología de San Esteban Catarina Recopilación de literatura oral y testimonios de guerra. Oralitura de El Salvador. Antología de 52 textos de narrativa oral recopilados en 44 municipios del interior del país de 1993 a 1999. Contiene además un estudio preliminar elaborado en coautoría. Las brújulas de Roque Dalton Tesis de doctorado en literatura hispánica, para El Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México.

Obtuvo el primer lugar en los Quintos Juegos Florales Centroamericanos, de León, Nicaragua, rama Poesía, septiembre de 2006, con el poemario Siete historias de Cuscatlán.




Impresión No. 2

Hago versos
luego: existo.
Luego:
amo, sueño, sufro
trueno y relampagueo

Vivo tres días en uno;
y alguien sembró conmigo
hectáreas de futuro.

Crezco y salto cuerda con las horas.
Piedra sonora soy
atravesando el siglo y la frontera.

Y que por tanto muero.
Con las esperanzas puestas
pero muero.

En virtud-virtud de lo anterior
declaro que sin mi
serían menos ojos
dándoles vuelta-vuelta a las estrellas.
Que cuando me sepulten
que sea bien parada.

En consecuencia, pues,
por tanto, ahora bien:
puedes darme la mano
porque existo.







Contracanto al miedo

(A mis primos, que creen
que hay que liberarse)

Como animal huérfano fui a comer el musgo de la soledad. EL día quebraba sus contornos y al atravesarlos fui a caer de bruces. Luego me despertó la risotada de los brujos. O fueron las raíces de la guerra en el país natal. O el llanto prolongado del destierro.

Vi otras grandes ciudades. La moda es cosa seria: óyeme niña bien, bajo tu minifalda imaginé geometrías de amor. En la sombra reproduje tu cuerpo. Pero qué te importaba si a mí me duele más el mundo.

O meditaba: somos la vieja historia de la esperanza: superpoblada está la oscuridad. Por eso nacen en descontrol más y más y los niños etcétera, etcétera.

No encontré la palabra mágica. Pero sigo creyendo que hay que matar al miedo.

Pues bien vale la pena ser equilibrista de la cólera aunque detrás del salto esté la muerte.







Contracanto a mi cuerpo

Así soy yo: desde el temblor de la piel asta la trompa de Eustaquio: incógnito al cuadrado y sin remedio. A veces mi clavícula sale por el dolor izquierdo y no me importa más llamarme loco. Tengo muchos pies para el misterio. Bajo el ombligo casi siempre me está llevando el diablo. Quisiera más fémures para huir del hastío; menos pulmones hasta no inhalar el discurso de los dictadores ni contestar las buenas noches porque esta época huele mal.

Estudio la resistencia del hígado en las rondas alegres. Pero sobreabundo de bilis ante las viejas que se pintan los pómulos. Creo en su majestad la caja craneal. Maldigo mis costillas por dejarse golpear como marimba humilde Sin embargo no me asusta el ácido úrico que arroja la clase dominante. Respondo con el tambor del tórax: mis glóbulos rojos no temen al tarso-metatarso de las bestias.

Son mis ojos un barco de emociones. Por el duodeno me gustaría expulsar esta angustia y quedarme espermatozoo no más, para el amor.  Con mi nariz sé dónde le pica al mundo. Y haría buenos versos para ensartarlos como columna vertebral.

De noche me baja hasta el ombligo un grito de rebeldía ante la muerte. Y pongo a remojar mi corazón en la incertidumbre de la madrugada siguiente. Alargo los brazos para tocar el ángel de los niños pobres. Y, finalmente, mis nervios de guitarra están enfermos.







Tambores de guerra

I

¡Ay de mí, que soy hombre de paz en medio de la guerra;
ay de mí que odio los uniformes y las balas,
que no creo en tenientes capitanes
ni menos en mayores coroneles generales
esos pontífices de la muerte
pastores de escuadrones, oficiales o no, lo mismo da.


II

Ay de ti, burgués; ay de tu, proletario,
si el río de la historia va a pasar
sobre tus huesos, tu sangre, tu piel, tus ojos
para que sean otros los que lleguen
después de tanto
al jardín prometido;
al reino del amor y la armonía
donde los hombres serán pájaros
u los pájaros joyas
del Dios de la pintura y de la música.
Pero no: consoláos, burgueses, proletarios,
explotadores y explotados, consoláos,
porque con los buenos oficios de vuestros huesos,
de vuestro plasta, de vuestro polvo,
será construida la cuidad nueva, la ciudad de Dios
de que hablaron hace milenios los revolucionarios.

Porque si así no os entendéis, concientemente,
a vosotros mismos, como los basamentos de una nueva
arquitectura social, más allá de la lucha de clases,
más allá del odio y de la pólvora,
entonces, si así no os entendéis, habría que decir
como lamentaciones de profeta:
ay de tu, burgués; ay de tu, proletario;
ay de todos, ay de tantos, ay de nosotros.

III

Resuenan tambores de guerra:
ayer, lo dice el diario,
el coronel Francisco Helena Fuertes,
ese cacique al revés
jefe de la Primera Brigada de Infantería
mejor conocida como Cuartel San Carlos,
encabezó el desfile de (diz que) 400 reservistas
que “voluntariamente”fueron a enlistarse
para defender la propiedad privada
en las zonas rurales.
Helena Fuentes, indio traidor,
quiere más y más guerra.
Los oficiales, los jefes del estado, los millonarios,
quieren más y más guerra.
Los blancos quieren guerra; los indios quieren paz.
¡Negociación o muerte!: ya hablaremos…


 IV

(INTERMEZZO SINFÓNICO)

Viene a mí Holst, autor de la suite Los planetas y me ofrece el capítulo “Marte, portador de la guerra”, gracias a la orquesta filarmónica de Berlín, bajo la amorosa tutela de Herbert Von Barajan, recientemente ido al infinito. EL rojo dios de la guerra, Marte o Huitzilopochtli, la energía de la destrucción y de la muerte, suena entre trompetas y tambores que estallan pentagramas cono alambres de TNT sobre la negra Jericó de la Colonia Escalón de San Salvador, de donde la burguesía salió corriendo.  Las trombas y flicornos arrecian en un allegro macabro sus andanadas de odio sobre los combatientes de uno y otro bando, mientras Herbert vuela metafísicamente, añorando la paz, entre violines y combos melitúos, con su batuta y sus dedos de pequeño dios. Pero los vientos de la guerra total son como duendes negros e implacables que nos asedian a pesar de la música y los ángeles.
Oigo así, pues, estremecido, a Marte, portador de helicópteros y tanquetas, con su fuerza de fiera cósmica, sus huracanes de fuego, sus bombas de 500 libras o más, cayendo inmisericorde sobre los valles y colinas de San Salvador…

V

Aquí en El Salvador ha llegado la hora de la hora.
Aquí, si no nos entendemos:
ay de la clase alta
ay de la clase baja
ay del periodista-mensajero
ay del fotógrafo-preguntón
ay del profesor-obrero
ay del vendedor-fabricón
ay de la sirvienta-camillera
ay de la enfermera- matrona
ay de la esposa-contadora
ay del marido-patrón
ay de tantos, ay de todos, ay de nosotros.

VI

Porque de nada servirá después del trueno decir: ¡Jesús-María!
Mejor es ahora deponer la saña
invocar a los dioses de la vida
poner los hijos como escudos contra el dios de la guerra,
Marte o Huitzilopochtli,
ver la luz que está al final del túnel
sembrar y cosechar de una vez
las manzanas del paraíso o tierra prometida
más allá del desierto de la muerte
haciendo vino el verbo de la paz
hablando antes del trueno de la ira, ¡Jesús-María!
para que cese la tormenta del odio,
para que caiga la torre de babel
de rodillas sobre sus lenguas muertas
y el himno de la cuidad de Dios vaya sonando…
¡Negociación o muerte!: ya hablaremos.




La creación de Dios

Y al octavo día
el hombre y la mujer despertaron:
y vieron que su invento de Dios
era bueno.





Instantánea

A veces me sorprendo de nada
de la calle
de las gentes que pasan
de que vaya mi tacto fuera de órbita
como si las disímiles esquinas vinieran hacia mí

A veces me prendo del instante
porque sí
porque a pesar de nada
siento que voy
en la cresta del río

al ritmo me acordono del pedazo del mundo
que me toca

sin palabras deletreo una gloria invisible

adentro mi corazón estira el fuelle
cabe al universo.





Dios

Dios es el círculo
de su propia vuelta
es decir un ojo metido en su mismísimo
túnel de ensayo

o el compás de su música
para cada animal inteligente.

O es el azul en el fondo del tiempo
el suspiro de la mujer eterna
el cambio editándose uña tras uña
el más acá de todo más allá
multiplicando al sol y las estrellas
y por añadidura
saliendo de su boca un sí
y entrando por su noche un no

Dios es el que habla antes y después de la raíz
el escondido en cada rinconcito-corazón
(yo tengo tentación de un beso).
La dirección del verso al universo.

Nosotros somos árbol interminablemente populoso
-copulante-
junto al paso del río.

Dos es en cambio
el Poemar del Hombre.






Ay de ti si no sabes soñar

Despierta:

                             Sueña.


Por el arco del triunfo

La poesía es el único lugar
donde la mujer y el hombre pueden pasarse las leyes
por el arco del triunfo.






A lo lejos tu cruz

“Ay, tata brujo,
yo también soy coralero!

MOISES
A lo lejos tu tumba
a lo lejos tu cruz

Es la voz antigua
son los brujos que lloran
túm-túm
porque vienen la ráfaga

es el cruce de luz
es el toque de muerte

son tus dudas en profundos espejos:

las palabras no tienen la culpa.






Vivir

-                            Es hacer cola para morir

-                            No: más bien es escribir una historia
para que los creyentes sumen y dividan
cuenten otra y otra hasta que sólo queden
los libros y el polvo

-                            Pero no: vivir es jugar a esconderse del tiempo
encerrar en los baúles una gota de luz
para ponerle flecos al recuerdo

-                            Eso es: las vidas son los ríos…

-                            Más bien son las islas. ¿Quién no confundirá el paraíso
con una isla propiedad privada?

     -        Mentira: vivir es la cadena 
del apagón perfecto

     -        O quizás un teatro de pensamientos
un viaje a la nada
o a lo mejor
       un reloj de manos cansadas

-                            O en fin
un hueso echando flores.   







Espejo roto

Mi pasado es un espejo roto:
porque perdí a Dios.
(ÉL me perdió).

Por eso, nada más que por eso.

Eso pasó en un país remoto llamado Juventud
por donde fui de noche.

(Joven: mírate en este espejo roto).

Pero hoy he vuelto a nacer,
por eso estoy aquí
al filo de mi lápiz
contándoles el cuento
desde el palacio de mi padre pródigo.

Esta es la historia de un sol y un mar que hicieron un espejo
pero vino temprano la pierda de la duda
y lo quebró en pedazos.

El sol era el principio (llámese Padre, Dios, Gran Todo
o Dador de la Vida): era la  del ojo cosmológico
puesta en el punto exacto de mí mismo.

El mar era mi madre, el arrullo de Dios a mi semilla,
el canto entre las manos y la sombra,
la trepidez del tiempo
lanzándome a las playas del dolor.

Y yo era tú más él y fui nosotros.
por eso nos amamos, gracias al sol de la palabra:
por eso nos alzamos
a todo amor.

Entonces, con tus manos, el espejo
volvió al ciclo del agua de verdad
en la fiesta del tiempo: Ohuaya, ohuaya.







Nudo de amor

A mi esposa,
Con luz de jacarandas.

Un duende recorre nuestra casa
con sus pasos de viento:

es el don de tomarnos otra vez esta noche
el cielo de los dos por asalto…

I

Hay olor de manzana bajo techo:
el árbol de la noche
se planta en nuestra alcoba
con música de parras
con enjambre de susurros y tientos
con sus ramas que ahí se desparraman
como cabellos de ángeles

El silbo de la flauta de Dios
se desliza de pared en pared
en el templo de nuestro domicilio: las voces
se confunden y yo
me llamo tú y tú
me llamas yo: las almas
se arrodillas en desnudez de fruta o de corola
mientras los dedos de las manos de los pies se entrelazan
solazando llamitas de ternura que estriban
alrededor del cuello del tronco de los brazos
o subiendo el temblor de tus pechos
incendiando tu ombligo tus caderas mientas mis manos
viajan por tus rodillas tus ojeras tus lágrimas
gorgoriteando sílabas de ensueño
mientras la brisa nos camina con caracoles tenues
desatándonos más a allá del tiempo.
De tibieza las sábanas palpitan.
Los pozos de la dicha están copando estrellas.
La eternidad
está siendo asaltada por la nuestras almas.

II

Después de la batalla bien ganada
me preguntas qué pienso: si recuerdo
los años de la ausencia.
Tus miradas se yerguen como espadas
y me hieres de pronto la memoria.
Es que estoy a punto de escalar
los torreones de tu melancolía
como con un abrazo de naufrago
para que dones los perdones
a cambio de izamientro de esta luz
que las fuerzas del mundo nos habían negado
Como mejor respuesta
mis manos vuelven a ser pequeños pájaros
que viajan fluyen cantan
al brillo de tu risa y tu sonrisa
picoteando tu oído con palabras apenas perceptibles
y vuelven a la cima de tus pechos
oyen las vibraciones de tu sangre
adivinan el río que te coreo y tras él
bajan hasta el ombligo y caen
contigo para ti
para mí en este instante
al pozo de la dicha.

III

Nubes arriba
la luna va en carroza con halos de cristal
y hace guiños como cocuyos de paz
para que nos sigamos amando tanto.
La luna llena.

Ahora nuestra casa es el edén: somos de nuevo
la primera pareja.
Orquestas y jardines alrededor de nuestros besos.
Flota un dulzor de vino en las palabras
que casi no decimos.

Al principio éramos tú y yo
y era el edén: enseñoreábamos
cuerpo a cuerpo sobre la grama
o sobre las flores de los cinco negritos
bajo los maquilishuats
bajo el almendro
bajo el palo de fuego.
Entro adentro de ti
y todo se ilumina
como si la electricidad de Dios nos acudiera…
Entonces todo cabe entre tú y yo:
la recámara aflauta sus esquinas
la cama se pone intempestivamente dulce
mientras yo te persigo gota a gota
como un pececillo sobre la crestas del mar océano.

IV

Dicen los amorosos que en el primer edén de nuestras vidas
de mi costilla quizá saliste
o que quizás
de mi costado saliste
como una flor-dolor que yo mismo
desposé en la semilla
de aquel nudo de amor.

Oh tú mi compañera
mi otra yo en la aventura del bien y el mal:
fue de ti y fue de mí
que allá en Ocelotlán hace como mil años
dijo Dios:
Dejarás a tu padre y a tu madre
y te unirás por siempre a esta mujer
y serán
una sola persona por el mundo.

Desde entonces advengo por ti a toda hora
con un nudo de amor en la garganta.

San Salvador-México: 1978-2004










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