lunes, 4 de febrero de 2013

LUCÍA DONADÍO [9159]





Lucía Donadío Copello
Nació en Cúcuta, COLOMBIA. Es antropóloga, editora y coordinadora de talleres literarios en la Biblioteca Pública Piloto y la Universidad Eafit en Medellín.
Es codirectora de la revista Odradek, el cuento.
Sus cuentos y poemas han aparecido en diversas publicaciones, entre las que se destacan los libros ArcaVoces y Ojo de Agua (Grupo Literario Letras), y la revista Odradek, el cuento.  Ha publicado el libro de poesía Sol de estremadelio en Hombre Nuevo editores, en 2005 y Alfabeto de infancia en Sílaba editores, 2009. En 2012 publicó el libro de cuentos  Cambio de puesto, como parte de la Colección El solar de la Universidad del Valle.  






Sol de Estremadelio - Lucía Donadío
Sol de estremadelio

Hombre Nuevo Editores, Medellín, 2005




La Noche

En el vientre de la Noche
hilvano la canción del afuera,
terraza del crepúsculo
sobre la ciudad que duerme,
numen del sueño hundido,
tropel de luces aquietadas,
vértigo del recuerdo de lo que
aún no ha sucedido,
corolario del día,
cáliz del amanecer,
canto de luciérnagas extraviadas
en la catenaria
del reloj de arena,
trazo desbocado de las horas
en el vórtice de su danza
milenaria.

Callada y quieta
haces tu labor de pájaro,
tejiendo el nido de otro día.






Del Mar

Del mar he bebido los manuscritos del ayer, 
las salpicantes olas de tus huellas,
desembocaduras del alma en sus meandros,
horizonte de arena en el castillo mudo.

Del mar he aprendido su murmullo constante y corajudo,
su desparpajo y su dulzura en medio de la sal,
su luna que me arrastra como marea antigua,
buscando la orilla fértil.

Del mar he trazado los surcos de su manto,
la curvatura de su entraña,
la hondura de sus aguas al borde de la isla,
en este continente de voces que escalan las
olas de los días al roce de tu aurora.






Tiempo

Voy a merced del tiempo
y su implacable señuelo
sobre el patio, 
hojas desbandadas
de sus tallos,
pétalos hiriendo
con su humilde destierro
las voces de la tarde,
los últimos latidos de luz
golpeando como un látigo
mis pupilas hundidas, 
mientras el velo 
de la noche va
deslizándose
hasta abarcarlo
todo.







Oficios Útiles

Remendar las tardes con pétalos de flores,
agujerear el tablero de los maestros,
beber amaneceres al borde de la noche,
hacer un puente de hojas secas,
hilar las nubes y prenderles fuego,
besar el mediodía en su espesura mansa,
guardar una moneda antigua debajo de una piedra,
buscar la claridad de la noche,
arrullar la tarde entre mis brazos,
hurgar entre sombras y recodos hasta encontrar 
tus ojos anclados en los míos.







Ausencia

¿De que está hecha la Ausencia?

De buscarte en la extensa
cumbre de las noches e
inventarte en los
aleros del día,
alquimia de infancia
arrollada al
borde de la
Espera.






Olvido  y  Memoria              

Un día descubres una astromelia,
exploras sus desorbitados pétalos,
indagas el tallo de su olor,
sabes que como toda flor se agota
en su agonía quieta de florero,
lloras el lento esfumarse 
del rosado de su entraña,
convocas un concierto de manos
para atajar los pétalos que caen,
trazas el néctar de su estambre
sobre el blanco cielo de los sueños,
siembras astromelias al borde
de la noche para acallar
el sépalo de una ausencia,
y en el tembloroso 
estigma del recuerdo,
cantas himnos rosados
que derrotan el olvido.





La tarde



Te regalo la tarde de ayer 
con su cintura ancha de fuente,
y esa soledad de las nubes lamiendo
la cúpula azul en su derroche de alegría,
y también la tarde de hoy que desfila ante
mis ojos como un campo azul para la sed del tiempo, 
y te regalo también la tarde de mañana
que vendrá con su paso misterioso.


   



Mi  padre

Mi padre
lleva siempre
su vestido de joven soñador,
su rostro de extranjero
abrió mis ojos a esa
cuota permanente de nostalgia
que lame mi piel,
su voz buscando en dos
idiomas las fronteras
de un mundo que siempre
quiso abarcar,
sus ojos embebidos en
las vetas de un madero
buscan un puerto de luz
para la incertidumbre,
sus sueños de edificios
bullían en su cuerpo
clamando tierra
en el oleaje del tiempo,
sus manos ancladas
a la vida son
un surco
de sol
para
mis noches.





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