martes, 19 de febrero de 2013

IHOSVANY HERNÁNDEZ GONZÁLEZ [9255]



Ihosvany Hernández González 

(Ciudad de la Habana, CUBA 1974). Narrador y poeta. Hizo estudios de Historia en la Universidad de la Habana. Desde el 2004 reside en Montreal, Canadá, donde ha sido nacionalizado. En el 2011 publica su poemario Verdades que el tiempo ignora, editorial Linden Lane Press (Estados Unidos). Es ganador de algunos premios literarios, entre los que destaca el Primer Premio del concurso de cuentos “Nuestra Palabra” (Canadá, 2010), el de Reseña Literaria Azafrán y Cinabrio
ediciones (México, 2008), y el Segundo Premio, de la categoría cuento del evento Tendiendo Puentes convocado por la Universidad de Toronto (Canadá, 2005). Es finalista del Premio Internacional de Poesía “Desiderio Macías Silva” (México, 2006).



POEMA A UNA CASA FAMILIAR


En esta pared solemos escribir todo el silencio
SONIA DÍAZ CORRALES


con el eco llenándonos los ojos
escribimos sobre el blanco muro que alguna vez nos unió
juntando las monedas para disponer de un almuerzo de fines de semana
en donde podamos estar juntos ante una única mesa
en una casa de cielo propicio para el pacto con lo cotidiano
ese recinto en donde todavía no se habla de pérdidas humanas
ni de la prolongada incertidumbre del que ha quedado dentro
aguardando una nueva cita contra el futuro.

blancos fueron los muros
la cal los hacía cada vez más dignos
pero un día despertamos sin el resplandor de tanta limpieza
y callamos al ver lo que nos hizo seguros ante el polvo
padre y madre, el primogénito y el benjamín dibujando
secuencias de un plano que jamás llegaron a completarse
el día fue trozado en fragmentos que ahora
ni yo puedo unir para hablar de lo que fue delicia entre columnas
o en aquel jardín de adelfas que de sólo contemplarlo
daba la impresión de que el mundo era perfecto
padre y madre bajo el mismo umbral
ante una calle empedrada que luego tuvo su asfalto requemado al mediodía.

todas las cosas que pienso tienen su inicio en ese paisaje
en este largo trayecto, una salida
dejando el muro pleno de un extraño silencio
dejando el recuerdo en cada utopía
padre y madre que dijeron acaso lo que yo no pude
cuando cerraron la puerta y quedaron abandonados en su espera
la vuelta prolongada
el reencuentro imprescindible que se cuece en ese auxilio
a lo lejos
entre columnas que no aguantan ya el peso de tanto cielo inmóvil
deudores del tiempo irascible
de la sombra que apaña
deudores
de la vida cercenándose desde una casa.


1.

regresas 
al punto de partida
después de asumir la nieve y el sahumerio de una ciudad
                                                        desconocida por el padre 
siempre a la espera del hijo con quien dialogar del mundo,
del sinuoso camino a lo improbado, 
equívocos venidos a la par de nuestra lumbre,
sitio donde sumergir
la ingratitud de un paisaje preñado de rascacielos
o de la burda tempestad del amigo preguntando por el vicio 
                                                             de cifrar en cuadernos 
los signos que en cada piedra adviertes
cuando algún pez es arponeado en el horizonte.

el pez habla de su destino 
y tú dibujas su vientre como si fuese una casa.
la casa en donde pernoctar 
te hará pensar en lo extraño 
en el ojo por donde observas tu mundo.

regresas al punto de partida
y en el umbral donde escuchaste los danzones 
con los que el vecino trasnochaba en su  alcohol y su hambre
hablas de Dylan, Yeats, Alighieri, Federico, Neruda,
                                                             Vallejo, Paz, Borges
prescindiendo del mar que hubo ante alguna ventana 
mientras amaste en un instante de torpeza
antes de lanzarte a estos apuntes para salvar el fuego 
                                         devolviéndote tu propia imagen
diversificada en estas tardes de noviembre 
como si fuera ésta la única cualidad del hombre permitida
para acompañarnos 
más allá de todo viaje.




2.

recorres la calle dibujada entre pedruscos 
(Babilonia fue semejante en su polvo)
a todos reconoces en medio de la paz
en esa necesidad de saber 
de preguntarnos diariamente
qué habrá después de aquel cielo sombrío
de qué color es la estancia donde surge
el brillo que tus ojos alcanza cuando hablo de 
Pekín, Pakistán, Libia,  Israel. 

regresar 
es la dádiva 
salpicando el borde 
de tu mano. 

el vicio de algún tabaco se dispone a sancionar 
tanta negligencia
fotografías digitales agolpadas en una mesa
muros que socorren el regreso ofrecido años atrás
antes de querer modificar las costumbres y la vida que 
descreída en su linaje
hoy muestra las cosas, los objetos y el aire
inmutables en su oro.

regresar 
es la dádiva 
frunciendo el ojo que atisba 
tu propio origen.

regresar 
querer mudar las cosas
olvidar el rancio de los estantes
hablar del mundo disponiendo de su incorrección
es lo que hoy va haciendo de ti 
un inconforme con ese país minúsculo 
en la sal que nos aparta de todo sueño, de este viaje.





3.

de qué valdrá (entonces) mencionar aquel trayecto
piensas
viendo pasar
el polvo acuartelado en un férreo atardecer. 

largas serán tus noche, te dices
hasta que retornes al punto de partida
el sitio donde alguien querrá enmendar lo inasible 
a un cielo extranjero
inexorable 
en el instante de conocer tus otras vidas.






PRETEXTO DEL ANIMAL

llevo años sin pensar
sólo te dibujo en mi absorto aislamiento
avizorando 
la necesidad de otra mano cuando 
todo depende ciertamente de ti 
y desconoces del rito que nos unirá 
al trazar la curva insolente que tu cuerpo 
                                   impone en cada estancia 
como un aullido ahogándose en mis ojos
como un perfecto estado donde aunar la lírica 
a esa voz que me turba hasta la mudez
razones inequívocas que dicen / ilusamente
profetizar los siglos por venir
el pan que tendremos para salvarnos 
antes que otra religión
instaure un anónimo ídolo semejante al nuestro 
idéntico a ti
pretexto que exploro por el vórtice de estos años 
sin diálogo
salvándome en la rutina del dibujo
                del enmascaramiento
                del juego de vestir otra piel
como si fuéramos animal sin caza
caza sin acechador.







SILUETAS

anochece
una fábrica de silencios siembra tu bosque
eres sombra de mundo destinado a lucir su invierno
el año de pensar se ha ido a pernoctar en su arrogancia

                     en tu soledad
                     hombre pérfido
                     callar fue el espejismo

entender el bosque es lo humanamente detenido 
en la demorada muchedumbre
cansancio de ser
una sombra que hiende en esa desvirtuada parsimonia que deseas
para embestir tanta plática.

anochece
y un fábrica de aullidos te hace de bosque
silueta de hierba y légamo 
hombre de aquel Prometeo moldeando las fauces para obtener
lo que esperas

                       la voz nocturna para celebrar 
                       lo humanamente predecible
                       lo letal y lo loable 

puestos a recaudo en el verso que ahora dictas 
desde tu noche trocada en esta evocación 
irreconocible y tácita. 







ROMPER EL DISCURSO

armar la pasión
consumación del decir
            contar
            el mundo
            hecho 
en bocas llenas de preguntas
adónde voy
quién soy en realidad
cuándo
tropieza el sueño
justo al cántaro
justo a la fuente
y se deshace el clamor
adónde voy, quién soy
cuando
intento romper el discurso
y vuelvo a él y soy él
en 
toda 
su 
integridad.         







ARMAR EL DISCURSO

proponer otros trayectos
intercambiar el zumo
del que sabe que todo sueño
se instala en la levedad del tiempo consumado
naufragio distribuido a partes iguales
saber que todo es duelo abierto entre la palabra dicha
                                                                            dibujada
          
                                                                 comprometida 
en esa visión que te insta a armar tu propia imagen
o ese discurso del que eres parte ambigua en su 
totalidad.  


PAISAJE DONDE VAMOS NOMBRANDO LAS COSAS

el sol ensordece esta estación de rutilantes cuerpos
muriéndose en su aurora
nadie 
presiente 
el himno 
que cae sobre las cosas
(in)tangibles, sueños sobornando 
esta diablura de pretender nombrar 
lo que nos une, nos coloca frente a frente 
sin esa virtud hallada en los que desechan su moral
intento agrupar los que nos lía y miento / el hombre acaba 
de marcharse sin saber de esta lista: objetos que llevo como un mendigo
un paisaje donde duermes
donde desvaneces cuando te nombro
en ese mañana que se impone sobre tu universo.  







LA IMAGEN EN EL ESPEJO DE ESTA CIUDAD

nada cambia excepto el hedor de los puentes
escurriéndose en la nieve.

nada cambia (lo sé)
al penetrar esta calle amparadas por los mercados
fruterías comercios desfiles
                                            que al atardecer 
se convocan en la calle de Sainte-Catherine.

pongo mis ojos en los espacios abiertos
persigo tu mano que de noche
sentencia el vacío (la mano) que dibuja 
esta ciudad y la hace diferente como si fuera este cielo 
el de un país que uno conoce de memoria
y procura sostener de alguna cuerda
en donde pueda vislumbrar tu imagen 
en el azogue 
de alguna nueva idea. 








AUTOCRÍTICA EN VERSO PARA NO SER LEÍDA EN PÚBLICO

si mi nombre ocupase un plaza en tu boca 
si llegara a ser blanco en tu página
colmado el vacío de tu crítica
lamiendo el azufre destilado 
en ese vicio por implicar al hombre que
se ampara en su sueño
entonces sea cual fuese el destino
buscaría un instante para 
devorar el objetivo del tiempo en un manzana
fuera del reloj o de mi mano que apenas
socorre el vuelo de palabras  
juego para ajenos
crítica del silencio apostando 
volver al diálogo que 
disuades 
porque es otro el trueque admitido
es otro el verso que corroe tanto símbolo 
y no entiendes 
la razón por la que acabo de anunciar mi nueva imagen
poniendo a salvo su origen
su destino
el gozo de estar siendo leído en éste instante 
en que subsiste todo poeta.






ÚLTIMAS MONEDAS
(díptico)

I/

buscábamos la piedra, aquel país 
que se marchitaba a los pies 
la cuerda marcaba el regreso y confiados 
nos dimos a la juerga sin importarnos 
la luz que se fue retirando en la crispadura 
fuimos hacedores de milagros
contorsionistas en una feria sin preludio
todo intento goza de su quimera
del vértigo que produce la confianza 
todo juego lleva un nuevo paquete de cartas
unas monedas. al desapercibir el hilo 
perdimos la orientación 
y no hubo rey a quien sobornar 
no hubo albor prorrumpiendo en la oquedad
pretendimos ser  salvados desde un pozo innombrable 
maquinando otro juego 
cuando las monedas fueron retiradas
el silencio fue un instante
que aquí entrego a la noche.


II/

dimos las últimas señales por si alguien nos observaba 
fue extenuante la espera
largos días de zozobra y mudez
vencimos los pocos recursos intentando hallar la salida
vernos de vuelta
recobrar la lucidez de aquel ego prorrumpiéndose sin avergonzarse 
de una imagen distorsionada e irreverente
la confusión fue inevitable
toda palabra engendra música 
todo asechanza acaba por desmentir al hombre. 

ay de mi mano
intentando dibujar aquella cuerda, intentando jugar al cero
ay del ídolo cayendo en su perfección sobre el agua de mi boca.

hoy me propongo sostener el rito que conferimos a la  tarde
el vicio para subsistir sobre el país 
que ya es un signo en medio del mar, un símbolo en el agua.

ay de mi mano que escribe estos horizontes
que dibuja otro cielo y otro nombre sobre estas palabras
que algún día tuvieron un sitio y quedaron allí 
como un extraño mapa ante estas verdades 
que no diré más.

Nota: algunos de estos poemas pertenecen al poemario Verdades que el tiempo ignora, publicado por Linden Lane Press (Estados Unidos, 2011). 

http://metapoesia.es.tl/

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