martes, 22 de enero de 2013

SHARVELT KATTÁN [9040]

Fotografía de David Kattán H.


Sharvelt Kattán Hervas nació en Ambato, ECUADOR en 1991.
Poeta, narrador y estudiante de periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Ha publicado el libro de poesía Delusiones (2012). Algunos cuentos suyos han sido publicados en las antologías: El premio (Quito, 2008), Los engendros de la luna(Quito, 2010), Ecuador de feria (Bogotá, 2011) y Bajo las luces oscuras (Quito, 2012). Ha sido seleccionado entre los ganadores del Concurso Nacional de cuento y relato organizado por el Taller Cultural El Retorno. Varios de sus textos constan en revistas impresas y virtuales del país. Actualmente forma parte del Consejo Editorial de la revista virtual de literatura y artes visuales Contramancha.




PRIMER GRITO: ALUMBRAMIENTO DE LA MENTE

Abrir los ojos ya no es asegurar la realidad (pienso). Abrir los ojos y la voz ya no es demostrar que sigo aquí, cuando las escenas se perdieron de mi rastro (creo). Abrir la mente a otras cosas es lo único asible en este día (repito).

Porque he perdido los recuerdos, y solo admiro la lluvia de gorriones muertos en los patios de mi cabeza. Hay perforaciones por donde se cuelan (otras) vidas para que me sea posible la existencia; una a una, las transformo en mi cuerpo, con todas sus nalgas y sus brazos. Quiero pensar que el olor a cantina clausurada ya no se asemeja a la masa de invenciones en que estoy siendo completada, con todos sus ademanes y versuras fuera de mí:


Ella es el ulular de los cristales bajo la lluvia;
cada gota me invade con anécdotas y amistades
hasta que pienso en pueblos enteros alimentados
por trocitos de plástico bajo mis dedos:
 simbolizan cada palabreo registrado en mis oídos.


Pero las voces de un montón de páginas no son importantes cuando mis hermanas se han reunido alrededor de mis senos a mirar la tarde degollada. EL PREGÓN INICIA (GRITO) MALDITAS PERRAS. Todas son bienvenidas en esta tierra de sábanas como mares por donde navegan los placeres que antes no tuve. Beberemos la electricidad que resulta de mirarnos mutuamente. La noche apenas si alcanza para tapar nuestros tobillos, por eso es mejor apresurar la misión:


A veintiocho días del mes primero del año cero, yo, mujer, en presencia  de más de una veintena de hermanas de padre y madre, doy por conquistados estos inhóspitos estados, para dicha y gracia de toda la comunidad.


Durante años, estas palabras limpiarán el suelo por donde nos revolvemos, y nos darán de mamar de las  ideas más regocijantes y tenebrosas. Por mucho tiempo nos tendremos las unas a las otras.




SEGUNDO GRITO: CEREBRAL INC.

Éramos cuatro de la época que sorbo y sobra, pero ya no queda más (que) esta que soy, bajo un mantel como noche: soy (luego estoy) en el centro.


Otras veces, aprendo a contar las autopistas de la ciudad encerrada entre mis sienes, donde las ventanas son una presencia dolorosa, ausente. Lo que se ve está bajo mi cabello: calidoscopio donde me he construido antes, y a otros también (antes), los hice de los gritos y las risas de mis uñas en la espalda. Y me imagino sostenida al suelo, (veo que) caigo sobre mí, hacia la otra mujer con mi rostro, que abraza la infancia compartida por nosotras. Esa muñeca de sus manos y las mías, la que sonríe de verme desde otros dedos, es lo que anhelaba ser, lo único que queda. Es una pequeña mujerzuela de sueños futuros, de pasados inventados. Lo que se ve, está ya en otra idea.

Éramos, luego fuimos dos porque yo no estaba o era poca para acompañarnos a todas las demás, o era cosa de no entendernos, o era (poca) cosa de otras cosas.

Luego es mamá: me muestra mis ojos sobre mi nariz, sonríe con mis labios, como si le pertenecieran también mis temores: no me reconozco frente a la mujer de donde vengo, tampoco sé si hacia ella voy. Porque no se puede ir así nomás hacia lo desconocido, lo desconcertante, lo descompuesto en otras figuras que ya no son las que acuñaba. Porque no se puede amordazarlas (voces), sin silenciar también el ruido alrededor de mis oídos: Éramos un soplo de whiskey que empuja los cabellos, pero éramos. Ahora solo voy con el lila tenue de la memoria corriéndome las rías de los ojos.





SALMO NOVÍSIMO

Él es hiedra creciendo frente a mis ojos; su cuerpo me parece un puñado de arcilla impuesto en la entrada de mi habitación, su mente un cubo de fuego apenas contenido por el cabello. Es preciso recoger aquellos restos de palabras enmohecidas por la desesperación de la distancia, marcada en cada sombra que las horas nos entregan ¾pasadizos mentales que alargo hasta que él ya no sea en la vista¾. Entonces, el paisaje de combinaciones monocromáticas se convierte en estalactitas, como estrellas derretidas en el aire, como lágrimas de dioses olvidados, como las babas de algún can, y todo está en su voz.


ES HOMBRE QUE ME GRITA,    

ES HOMBRE QUE ME MIRA,

ES HOMBRE QUE ME CALLA.

Mi rostro (que) ya no es mío, se entrega a observarlo desde el suelo, en cuyo eje sus pies se mimetizan. Soy solo el desafío que tiene para librarse de mí, porque no hay el beso, ni el abrazo, ni tan solo la caricia que (me) esperaba. Soy el óxido de un tobogán donde todos se cortan las piernas, pero él no se arriesga a sortear. Lo que hubiese(mos) deseado se halla en esas fantasías posadas ante mí:               un árbol con ramas para cortarse las ideas,

un muro con alambres para detenernos los deseos,
un hombre con pistolas para espantarnos el sueño.

Mi súplica: el último intento de no destruirlo: palmas posadas en las rodillas que fueron polvo, antes de convertirlas otra vez en polvo. Pero: Él es prueba de que estoy (luego soy) nuevamente.





CALVARIO EN OFF

No era la marea lo que esta noche escuchamos. (NO)

No cumplimos los requisitos, cierto, pero ahora mi mano es cuerno de bisonte entre su vientre, y la única certeza se parece a sentir en sus tejidos lo que me negaron las ilusiones: un balcón detenido para que él escale por el viento, como esos cuentos que mamá me leía antes de morirse cada noche; dos resoplidos ¾casi humanos¾ como santo y seña de que no soy la única en la casa de cortinajes eternos y luces imposibles.


No era la marea, pero la marea es un trapo blanco que me enclaustra los empeines sin siquiera acariciar mis tímpanos. Un goteo llega a la perfección cuando la nada se convierte en horizonte: ya todo está contenido en el rictus con que el animal de sacrificio me contesta ¡Esa mueca de dolor y excitación la hemos ensayado tantas veces!


Lo cierto es que es de noche y la luna luce más cuadrada y hermosa que nunca. Los desiertos de sus ojos son cuencos inmundos; ya no caben mis órganos.


Por eso, acaricio sus mejillas como a un animal perdido entre la niebla; quiero arrancarle la seguridad de existir en mi alma ¾a veces, cuando tengo miedo, mi cabeza es un rinoceronte que vomita¾. Ya no es, ya no es, ya no somos (dos), sino él únicamente. El resto: un dolor que me produce su herida:


otras noches he matado con la misma intensidad.




LUIGI stornaiolo

«Striptease en la Mariscal» 1993-1996.

A Luigi, por supuesto

Caminar desencontrado, luego piernas con cuerpo en esquina, de dos en dos acompañadas, y hombres sobre las tablas. Porque en este espectáculo las actrices van abajo, estrellas de tragicomedia más vendida: burdel de animales, cuarenta formas casi humanas o seres puntiagudos. • Piel de cera, se deshacen al contacto las carnes tatuadas de ropa que no excita, pero parece. Prendas que ocultan el deseo y la estimulación química que la ciencia brinda. Antiqua scientia: essentia animae, corporis herba. Or enjoy the advantages of the new science: the chaos of addiction in a few grams. La misma ciencia puta, al fin y al cabo. La misma cara de no saber qué se hace. • Entregada al público, asoma la vulva, exagera las noches de contorsión: campañas sudadas a fuerza  de maquillaje y voluptuosidades inertes: artificiales. Temperatura alta como nunca, igual que siempre. Eso es todo.






HABITACIÓN reservada        con cama para viudas DE

31 DE diciembre.

SIN AÑO AL que despedir,    SE entregan A LA ciudad.





Se extienden garras transformadas en lengua: refrescan el placer de al lado,

aceleran con júbilo hacia montañas de gente que lanza risotadas nerviosas,

gestos de placer y dolor para confundir. O mujer DE rodillas con pene FLÁCIDO entre los labios. Hablan, algunos de ellas, otros con ellas, les tocan los culos sonrosados como si inspeccionaran la existencia del sello de garantía. Se negocia un polvo y otro. Se paga con metal para pellizcar las tetas, los muslos, la vida que se extiende hasta paredes de ruina mohosa donde todos son semen desperdigado en catedrales de órganos y pelo, o el cigarrillo vaciado y vuelto a llenar para otros rumbos. A few grams of pleasure. 25 milligrams for another adventure, always new. Porque el hambre no se sacia con eternos discursos emotivos, ni la lujuria vulgar de las palabras curará la de la carne sedienta de sexo y sudor de los otros, simples espectadores de un show que no requiere boleto.







HABITACIÓN sin ventilador con salida AL mismo laberinto.

CALLE ES recÁMARA que augura EL deseo A

MANOS         llenas.



ALBERT fish «El hombre gris» 1870-1936 (Fragmento)

Como riachuelo a punto de desaparecer, la sangre de sus nalgas me abrió la mente: cada roce quemó su alma y alimentó la excitación en mi paladar. Era cuestión de destazar sus ideas, ahora libres del fuego que las engullía.

Corrompí mi propio ser, para darle gracias al axioma y al orgullo del dios arrellanado en mis oídos.









SADISMO.- LLEVAR MI pensamiento

AL territorio corporal DE otros






Soy el niño de otro reino, donde golpear(se) es permitido. Soy el pequeño

que decía dolor es reencuentro, mamá ya no hay y dolor es reencuentro,

papá tampoco, dolor es.



Sobre el cemento de los sótanos olvidados, embutí dentro de mi cuerpo las carnosidades que elegía: algunas murieron sin conocer el cosquilleo de su entrepierna invadiéndoles el abdomen, la nuca, las rodillas.



GRATOS personajes SE deslizan EN LA mesa como desfile alegÓRICO por DÍA DE LA independencia (Fragmento)

(sobre una película de Jim Jarmusch)

Es difícil interpretar los 5,5 centímetros de formaldehido y arsénico que se

consumen sobre la mesa donde sostengo mis pensamientos. El brazo es

pedestal adiestrado, soporta las ideas: fardo disperso, mal acomodado en

mi cabeza que se apoya en el pedestal interpuesto entre la superficie de

madera  y la curvatura de mi parietal izquierdo. El otro brazo cumple tres funciones: sobrevolar las hectáreas de bosque desecho, resumidas en pequeño bloc para notas no figuradas; a intervalos, acercarse lo justo hacia mis labios, entregarme horas extendidas en pequeñas tacitas para no dormir; y, muy de vez en cuando, saludar Hello-cómo está, con personajes disímiles que desfilan ante mis ojos, algunos quizá se animen, consuman los 55 milímetros de metanol y butano que les ofrezca, charlen a momentos y luego se marchen para dar espacio a otros.



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