miércoles, 16 de enero de 2013

GRACIELA ZOLEZZI FAURE [8989]


GRACIELA ZOLEZZI FAURE

Nació el 13 de febrero de 1930 en el seno de una familia de largo arraigo en Carlos Casares, ARGENTINA de donde se aleja en la adolescencia para cursar estudios superiores.

“Escribí desde siempre”, afirma. De su labor literaria ha publicado “Poemas de entrecasa” (1962 – 1964) y aparece incluida en la antología “Trece poetas” editada por el Instituto Amigos del Libro Argentino y en prensa en 1972 el libro “Mesa de saldos” editorial Stilcograf, además en cuento “Algarrobos” mencionado con anterioridad.

Ha colaborado asiduamente en diarios y revistas del interior y la Capital Federal: “Tribuna” de Rosario, “El litoral” de Corrientes, “La hora” de Mercedes,  “La Ley” de Carlos Casares. “Para Ti”, “Meridiana”. Y mientras reside en Villa Constitución (Santa Fe) funda y dirige “La Butuba”, revista literaria de dicha ciudad.

LA OBRA

La obra literaria de Graciela Zolezzi Faure está abocada en casi su totalidad a la poesía, género por el que revela una natural inclinación unida a la ya lograda madurez estilística, ambos elementos le permiten afrontar el hecho poético con soltura y profundidad. En “Poemas de entrecasa” pueden destacarse estos rasgos: su poesía es breve, sencilla, viva en connotaciones y plena de lirismo. El título señala ya una búsqueda de simplicidad que es la nota característica de cada uno de los poemas, simplicidad que no implica escasez de recursos sino una sostenida preocupación  por mostrar lo cotidiano de la vida enaltecido por la emoción poética. Así, la casa, los hijos y todo acontecimiento diario, por minúsculo que pareciera, adquieren una dimensión lírica  especial que nutre cada verso de Graciela Zolezzi Faure.

Tampoco falta en ellos el recuerdo de la infancia o la nostálgica memoria del pueblo donde viviera, y en “Oratorio”, conjunto de poemas incluido en esta obra, la temática se extiende hacia un terreno más amplio para cantar la defensa del trabajador de la tierra, del criollo. Aquí la autora, haciendo de lo social el núcleo principal de su poesía, mantiene siempre la misma vibración emotiva de las composiciones anteriores.

En “Trece poetas” se recogen los poemas de “Oratorio II” que tiene puntos de contacto con “Oratorio”, incluido en “Poemas de entrecasa”, puesto que la preocupación social se continúa ahora con mayor definición.

Estructurado a la manera de esta composición musical, “Oratorio” contiene una serie de poemas breves cuyos títulos se adecuan a los diferentes ritmos que la componen: desde “Andante lento” hasta “Con brío” esta breve pieza va creciendo en gravedad  y profundidad temática: es un progresivo cuestionamiento sobre los orígenes de la humillación humana en estas tierras; y en su clímax las oraciones interrogativas y exclamativas en “Molto Vivace” y en “Andantino” jerarquizan la obra con su intensidad lírica.

Cuando nos acercamos a “Mesa de saldos”, su obra aún inédita, advertimos de inmediato que se abre en la producción de Graciela Zolezzi Faure una perspectiva nueva: junto a la valoración de lo cotidiano hallamos ahora como núcleo de su poesía una madura elaboración de ciertos tópicos que habían aparecido ya esbozados en los poemas anteriores pero que cobran mayor relieve en esta obra.

El dolor frente al paso del tiempo, el sentimiento de soledad que provoca este dolor, la necesidad de mantener lo inefable de los días, y la nostálgica tarea de rescatar los “saldos” de su vida que justifiquen y ayuden a seguir luchando, son los temas centrales de los poemas de “Mesa de saldos”. En ellos los versos se corresponden con la fluctuación más menuda de su espíritu en una unidad de sentimiento y lenguaje lograda con tal acierto, que al instante sentimos que no sólo se trata aquí de un buen libro sino del descubrimiento de un ser humano que se vive en y a través de lo poético, como en “Así”.

Conservando la simplicidad inicial con que hemos caracterizado su obra, estos poemas de Graciela Zolezzi Faure transitan el terreno de sus nuevas experiencias sin perder la sugestiva ni la auténtica  ternura de los anteriores, asimilando, además cada elemento que se incorpora a su trayectoria vital y literaria donde ni grandilocuencias ni excesos retóricos tienen cabida, sino la insobornable voluntad de comunicar lo profundo cotidiano tal como se da en “Ladrón”. Baste para concluir, lo que ha dicho acerca de esta obra el escritor Isidoro Blaistein en la presentación del libro: “Yo diría que quien lee este libro, toca el alma de una mujer. Porque hay libros que están vivos y libros que están muertos. Graciela Zolezzi Faure escribió un libro vivo, se llama “Mesa de saldos”.”







1

Me reconozco en la inquietud de Oscar
o la tozudez de Graciela
y tantas cosas de Agustín
                                    también de Andrés
                                    también de Andrés
hijos
      nietos
y por supuesto
                    para atrás
soy casi espejo
de papá y mamá
pero es más grave
                        más inesperado
mucho más difícil y complejo
cuando salto en travesuras
de nuevas generaciones
que me están enseñando a vivir
de otra manera
                     en otros mundos
en posibles milagros
                           de eternidad
imprevistos espejos
en que hasta los rasgos
veo hermosos
queridos espejos




2

que acepto sin juzgar
reflejos sin culpa
                        de mis culpas
brillo nuevo en bronces 
que no descubrí en mí
rojos sangre
que trasvasé a sus cuerpos
cristales azogados
                         por sabias manos
puntuando vidas y misterios
y de pronto
                estás vos
                             el otro
instante infinito
de encuentros sin palabras
flechas de ciegos
que aciertan siempre el blanco
reflejos…
              ¿yo en ellos?
              ¿ellos en mí?
¿Quién en nosotros?





BONUS TRACK

Buscó el amor, esa última moneda
por la que hurgamos un bolsillo roto.





V – LOS JÓVENES

XI

Crujiente pan
de mi mesa pequeña.
Tienes hoy,
el amargo sabor
de una pena.
En los ojos de mi hijo
veo gritos
de otros niños que esperan.
Crujiente pan
no alcanzas, no sacias, 
no llegas
y es tu ruido crocante
una queja.

POEMAS DE ENTRECASA, Buenos Aires, 1965




V

Todo se va…del esfuerzo
del hombre.
Algunos
dicen:
la tierra es de otros-
que la compran, la venden
a distancia.

Ruge rebelde;
prostituyen,
maltratan
a su alma. 






VI 

Hay algo dentro que le grita ¡es tuya!
viene de
lejos.
Es, ancestro de la humanidad,
lo natural,
lo justo.
-Es tuya,
tú la trabajas-
Ansiedad
posesión,
amalgama,
va, hacia lo recto.

POEMAS DE ENTRECASA, Frag. de ORATORIO -  Bs. As. , 1965




ORATORIO II

VIVACE

Hombre maldito
que has atado al hombre
Hombre maldito
que matas el alma
de tu raza
hombre maldito
que sientes con el vientre
y mandas con la plata
y tienes pensamiento
en cuatro patas.
Tres veces maldito:
por el dolor,
por la vergüenza
y por la estafa.
Matas el germen
de glorias de tu raza.

TRECE POETAS – Bs. As. 1967




ASÍ

Se nos muere el amor
-y no es la distancia
ni es el tiempo-
es sólo esa palabra,
ese gesto,
ese instante de adentro
que rompe el equilibrio,
la belleza
de lo que -cautelosos-
día a día,
estábamos haciendo.

MESA DE SALDOS





ADOLFO BELLO
ESTUDIANTE EN ROSARIO

Ya pasó otra vez
y pasa
ahora mismo
en tantos lados
y pasará de nuevo este dolor 
esta sangre que filtra los asfaltos
y se une a la tierra
gritando
reclamando 

pasó hace tiempo
en muchos lados
pero sobretodo 
pasará de nuevo
y será en tu hijo
en nuestros hijos
si te quedas así
si nos quedamos mirando
cómo se hace distancia
entre él y vos
entre él mujer
que fue sangre en
tu sangre
y hoy
ni siquiera sabés
qué lo hace extraño
que te lo vuelve solo
lejano
inadaptado
Vamos
hay que mirar mejor
oír, preguntar, hablarlos
hay que morir paseos y vestidos
para aprender de nuevo a abrir los brazos
para que cuando sea su sangre
la que orade el asfalto
no se pierda en un grito de ausencia
no se vuelva la mancha pisoteada
por millares de pasos
sino
un flamante ardor
resucitado
como aquellos de ayer
como hoy

MESA DE SALDOS









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