viernes, 25 de enero de 2013

EDUARDO ESCOBAR [9067]


Eduardo Escobar
Eduardo Escobar (Envigado Antioquia, COLOMBIA  20 de diciembre de 1943) es un poeta, periodista y escritor colombiano, cofundador del movimiento literario Nadaísta en 1958, junto a Jotamario Arbeláez, Gonzalo Arango, Amílcar Osorio y Alberto Escobar Ángel, entre otros.

Realizó sus estudios en el Seminario de Misiones de Yarumal. Ha publicado varios libros de poemas y ensayos, entre los que se destacan Invención de la uva (1966), Del embrión a la embriaguez (1969), Cuac (1970), Confesión mínima (1975), Correspondencia violada (1980), Nadaísmo crónico y demás epidemias (1991) y Ensayos e intentos (2001).
De sí mismo ha dicho: "No sólo de poesía vive el hombre y menos en Colombia traficando con libros narcóticos. Para sacudir la inopia, como tantos otros antiguos y modernos poetas o simples mortales, recurrí a mil oficios ramplones y actividades prosaicas: fui auxiliar de contabilidad en una pesadilla, patinador de banco todo un junio, mensajero sin bicicleta en una oficina de bienes raíces mientras leí Teoría del desarraigo, fabriqué bolsas de polietileno, joyeros de cartón y terciopelo, fui almacenista, leí a Joyce en una bodega, me desempeñé también como anticuario ambulante, como vendedor de muñecas de navidad fuera de temporada, de diarios y semanarios y mensuarios a la entrada de una clínica de lujo. Artesano de baratijas de cobre. Armador de faroles para barco. Promotor de rifas clandestinas sin premio, por el apremio. Ayudante de cocina por el arroz con chipichipi. Pastor de aves de corral. Maestro sablista del sutil abordaje. Cantinero. Escritor de nimiedades para revistas intrascendentes. Crítico de arte mercenario. Hasta campanero fui de una pandilla de marihuanos. Así aprendí a odiar el trabajo sudando petróleo."1

Como columnista en el diario El Tiempo obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 2000, por su columna Contravía, que publica desde hace más de 20 años. Además ha escrito en el periódico El Espectador, y las revistas colombianas Cambio y SoHo.

Obras

Invención de la uva, 1966
Monólogo de Noe, 1967
Segunda persona, 1969
Del embrión a la embriaguez, 1969
Cuac, 1970
Buen días, noche, 1973
Confesión mínima, 1975, antología
Cantar sin motivo, 1976
Antología poética, 1978
Correspondencia violada, 1980
Escribano del agua, 1986
Vámonos de fracasos por el aire desnudo, poema bolivariano, 1987
Gonzalo Arango. Ensayo bibliográfico, 1989
Nadaísmo crónico y demás epidemias, 1991
Antología de la poesía dadaísta, 1993
Manifiestos del dadaísmo, 1993
Cucarachas en la cabeza, poema, 1993
Las rosas de Damasco, 2001
Ensayos e intentos, 2001
Fuga canónica, 2002
Ejemplos de anamorfosis, novela
Obra poética provisional
Prosa inclompleta, 2003
Poemas ilustrados, Medellín, Tragaluz Editores, 2007. Contiene cuatro poemas y un posfacio: Cucarachas en la cabeza, Homenaje a un anticuario muerto, La flecha inmóvil y Envío





La flecha inmóvil 

Desde estas alturas de mi vida, 
con terror explicable, 
cargado de memorias marchitas, 
imágenes de amigos muertos,  
asuntos que se han ido olvidando pero que siguen ahí, 
pudriéndose en alguna parte adentro 

Lleno de ecos, 
de añoranzas de noches gloriosas, 
y de ruidos de pequeñas hazañas 
y de canciones recordadas a medias, en harapos, 

me parece escuchar detrás de mí, 
los grillos de los caminos que debí seguir, 
el trajín del camino que no tomé, 
el rumor de otros ocios, 
el estruendo de otros oficios afamados, 
y el alboroto de las flautas 
de unas fiestas de las que estuve ausente

Podría ver, delante de mí, si me volviera, ahora, 
lejos y extraño, aquel que rehusé ser hace tiempos, 
de quien me separaron el azar, o la desconfianza,
si volviera ahora el rostro de ahora 
Si diera la vuelta, vería la otra cara de mi vida, 
las sendas que dejé vírgenes, las vías de otros sueños
y de otros propósitos: pero no puedo demorarme, 
ni siquiera para contemplar 
el fulgor apagado de aquellas cosas a las que renuncié 
por necesidad, capricho o desdén,  o por simple descuido

Es demasiado tarde 
Queda poco tiempo para la nostalgia 
Para esos lujos masoquistas
Para esos vanos ejercicios del corazón 

A tientas, en estas costumbres que hice mías, 
que ya son como mis vestidos y son como mis máscaras, 
bajo el cielo incógnito como una burla, 
en estas cumbres yermas,
sin una  estrella o una flor en el horizonte 
en descomposición,  
podría ver, si me volviera, allá, donde jamás iré, 
otros interiores, otras penumbras, 
otros jardines de perfumes igual de rutinarios, 
y otras fuentes soporíferas, 
y el resplandor a medio fuego de las otras vidas 
que me negué a vivir, 
las de mis yoes no gozados 

Oigo en mí el ladrido cariñoso de sus perros guardianes
Los gorgoritos burlones de sus loros en las estacas
Podría ver, si así quisiera, solo tendría que volverme, 
los campanarios de otra risa
los adoratorios de otros dioses distintos de los míos
y unas tabernas y el trepidar de una industrias de males 
y de bienes, 
y otras calles ardientes que jamás pisaré  
y los hijos robustos que no tuve
o que me arrancaron con embrujos 
o me fueron dejando solo 
o que yo abandoné por fastidio 

Detrás de mí presiento ahora la presencia activa de los caminos 
que dejé de lado en una intersección sin referencia, otra 
plenitud del ser que no es la mía, que jamás será mía, pero que 
me pertenece de un modo oblicuo y misterioso 

Pero los arrepentimientos son una pérdida de tiempo, 
a estas alturas,
en el desorden de esta otra forma del mundo que elegí
o adonde mi destino me trajo 
No nos queda más remedio, querida sombra, 
que seguir andando, por estos atajos de perdidos,
detrás de una verdad oscura e improbable del mundo

Regresar sería fatal para los dos
Sin nada confiable, más que las alegres tinieblas
y este impalpable no saber,
insaboro e impuro, 
que se ha convertido en nuestro tesoro 

Olvidemos lo otro, los afectos renunciados,  
las certezas abolidas, 
as satisfacciones intocadas que no tuvieron apariencia para 
nosotros 
Y sigamos andando mientras anochece

Tal vez al final del extravío alguien aún espera







Cucarachas en la cabeza

En el radio reloj japonés sobre la mesa de noche 
han establecido algunas cucarachas enanas una colonia

Herméticas y discretas a su manera 
-cuando quiero sorprenderlas o contemplarlas 
escapan hábilmente como ladronas al parlante de cartón 

-su cautela supera su mutismo
-y misteriosas hasta cierto punto                 
-sólo dejan los huecos sonoros 
cuando decido olvidarlas

Mientras duermo calibran mis fantasmas
interpretan mis pesadillas según la norma freudiana
Y cuando leo miran por sobre el hombro lo que leo 
con un insoportable talante crítico 

Estas espías dotadas de hipersensibles antenas inquietas
con curiosidad científica me interpelan 

Se fuman mis cigarrillos 
Sestean en mis manzanas como si hubieran 
encontrado el paraíso 
Muerden mis chocolates 
Beben mi café
Circulan por mis biscochos
Y calman la hartura con mi antiácido predilecto 

Parecen tan interesadas en conocer 
el sabor de todo lo que como 
(ensayan mi agua)
En probar la textura y la realidad 
lo que pienso y su peso probable
En verificar la naturaleza esencial 
y el color aparente de mis más íntimos 
y hondos y queridos propósitos

A la hora del noticieroesta banda de cucarachas 
esconde bajo mis narices un banquero norteamericano
o planea la toma relámpago de la emisora cultural
para divulgar un manifiesto libertario

En el concierto de la mañana se mezclan 
en los remolinos del piano
con las semifusas como ellas llenas de patas
Pellizcan a destiempo los clavicordios

Al medio día son aplastadas sin misericordia 
por el loco de los timbales 
para redivivas regresar más activas y ansiosas por la noche 
a graznar  en los fagotes de los quintetos a copular desvergonzadas  
en el interior del cuarteto en la viola 

Castas en el clarinete nebuloso de Mendelssohn 
mariposean en el aire de la clara Primavera de Vivaldi
Corderos descarriados triscan en la humedad iluminada de 
lejanías de la flauta del pastor legendario cuando viene El Sordo 
-pero no bobo- con su Pastoral a la casa

Y la sombra hueca del oro falso del oboe 
cuando tiene su turno Tomasso Albinoni acarician

Se peinan o bien toman el sol en las celestas del desdichado 
Bela Bartok En los espejos consecutivos de Arnold Schöenberg 
meditan y              meditan y nadan y nadan y bailan en el Salón 
Méjico de Aaron Coplan 
como turistas gringas con hipos de tequila

Estas cucarachas melómanas se aquerencian en los amores 
de Chopin
Se separan con tormentas demenciales de Schumann
Exhiben sus quejas eróticas con grandilocuencias de Brahms
Arden en el teatral arrebato de Paganini 
Pero asimilan tan mal como yo la melancólica 
o patética música de Tchaikovski 
Y suponen que todo tiempo pasado fue más soportable o 
mejor
cuando suenan Purcell Couperin Cabezón 
las canciones de etiqueta de corte 
O las ingenuas baladas inglesas que desgastaron romeos 
en las ruidosas tabernas y en los altos balcones

Dotadas de unas temibles máscaras de horribles rictus africanos 
hediondas de cola parecen ponerse frenéticas 
con Charles Mingus  
Adoran el lirismo del sombrero catatónico de Thelonius 
Monk  Entonan gospels de manumisos con la gorda Mahalia 
Jackson 
y con Paul Robeson Adquieren un inconfundible cariz marihuano 
con la poesía amorfinada de los Rolling Stones Patalean y 
se despelucan con fragantes ternuras de Janis Joplin -cultivadas 
con punzantes fervores de heroínasY disfrutan de lo lindo 
con las guarachas precastristas del año 50
Y con la nostalgia de los calipsos de la turística Jamaica 
Y con el huracán caribeño del merengue dominicano 
Y con el mapalé salvaje que bailaba mi amiga Sadit Restrepo
-que en paz descanse

Ponen aires compungidos  de compadritos
con los aires  mefíticos de Buenos Aires            
Y desdeñan el limbo batido de don Julio Iglesias 
(Ellas saben lo que hacen)

Pero por la cerrada unción que destilan -inciensos y óleos y 
áloes- durante el Pange Lingua y el conmovedor Stabat Mater 
en la campanuda programación gregoriana del domingo podríamos 
inferir que jamás fueron paganas sus almas que tocadas 
de tocas son las últimas carmelitas descalzas las más humildes 
entre las más humildes discípulas de la Loca de Avila sobrevivientes 
a fuerza de oración en el basural impío de la fantástica 
y miserable era atómica 
-las que rezan por los payasos chilenos  
y los cantantes mejicanos   

 (deben conocer la letra completa 
de la cucaracha ya no puede caminar)
sublimados sus amores por el sin igual Jorge Negrete y por 
don Pedro Vargas de voz de nardo en este templo de plástico 
transistorizado 

Pero quizás son sordas       
Sordas como las celestes nubes 
y las terrestres tapias y las arbóreas hojas

Y solo les importa saber la hora solitaria de cada hora

Las intrigan los problemas del concepto de Tiempo 
A lo mejor son horas vivas estas  pequeñas  bestias sepias 
que se pasean por la mesa y escapan al menor parpadeo

Mientras una trabaja en suceder  las otras 23 descansan 
Y juzgan mi pasado hecho a pedazos como un Todo  

Retozan con cinismo entre mis cosas fragmentarias     
sin unidad aparente
Admiran el turbio espectáculo de mis acciones mundanas 
como si mucho les importara
Se burlan Ironizan  Filosóficas 
Con áridos argumentos de Bergson
Y con reticencias proustianas y retruécanos 
de Martín Heidegger
Roen mi rostro en mi sopor profundo

Soy este gesto ausente que forman como más les conviene
y arrugan a su gusto 

Con las malas artes de su contabilidad estas experimentadas 
auditoras
hacen de mi vida dos masas acuosas de sumas iguales
Me descuentan con alevosía minutos
Me suman pérdidas con ventaja
Amasan  mi alma  Y mi crimen perpetran

O  para preservar su integridad  
son ellas  mismas  las muy zorras brujas 
las mismas que me inculcan  por telepatía 
estos piadosos pensamientos éticos ecológicos 
estos suspiros arrepentidos 
este amor franciscano por todo lo existente esta generosidad 
indiscriminada que me paraliza como a un hindú cada vez que 
pienso en el bendito tarro de insecticida 

Y si fueran y si fueran 
policías  japoneses camuflados de cucarachas para una indeterminada 
misión súper secreta estos enigmas en el Sanyo de Troya 

O por qué hurgan mis papeles con seriedad dubitativa
y constatan mi identidad hechizada
y hacen el censo de mis señas particulares
y me comparan con  mis retratos 
y se meten en mis bolsillos 
y husmean mi huella de barro mortal con lupas    
despistadas
y registran mis llamadas telefónicas 
y fotocopian mi correspondencia 

Tienen gestos ciertos de abrigar sospechas 
acerca del asunto de mi sobresaltado asunto

O por qué rondan por el laberinto 
de mis impredecibles intenciones 
y proyectos para mí mismo inescrutables 
con el celo abusivo de los sabuesos 

Y si fueran japoneses
pero no policías en propiedad sino santos zen 
en su satori sin  koan
y sin búdicos párpados desapegados bajo el árbol sagrado   
fregando el milagro imperfecto del loto vacío 
en el estanque de un jardín de rocas 
que no se cansan de impugnar
Estetas de minucias del rito del te
boddisatvas locos discípulos adelantados del doctor Suzuki
peregrinas en sandalias  por un dharma zurdo 
o por un mahayana reducido a hinayana 
por sucesivas amputaciones 
como prescriben las técnicas del arte del bonsái
                
arqueros 
cuyos blancos
son los deseos exuberantes del corazón  (verdes -y cojo)
desertados del espejo -artífices  de horizontes simulados
con pinceles calvos  kamikazes de tablas coloridas 
de surf mutantes
de las radiaciones perversas de Hiroshima y Nagasaki 

Y si entre todas formaran un kaikú que quiere revelárseme 
pero me cierra mi prosaica torpeza 
de lector  infatigable de novelas enormes 
alemanas  y rusas 

Pueden ser 
quién lo sabe 
mendigos de un novelón romántico  que leí   
la semana pasada     
recién caídos poseedoras de lujosos andrajos
con la opulencia del estilo de Víctor Hugo
O Nada

O quizás          
son ingenieros 
especializados en dispositivos microeléctricos

Expertos en pastillas de silicio 
Diminiturizados genios lelos en superficies azules 
de circuitos lógicos
integrados de alta velocidad cuyos reinos de cobre recubiertos de estaño tienen límites de terminales de oro  -maestros en 
informática y microcomputadores
Me gustaría  -si es así- preguntarles ahora 
por sus variables binarias 
Si dulces les son los pulsos de tensión en las puertas lógicas 
Si sus nanosegundos pueden ser iguales a la razón 
o razón de absurdo
O divisibles todavía 

Pero estas adictas al dióxido de silicio
deben estar borrachas de sistemas 
alucinadas de nitruros de polímeros fotosensibles 
de biones de boro alborotado
de átomos libres de flúor que vienen descargados
 de moléculas de freón
y reaccionan  al silicio policristalizado 
para un patrón más preciso que el método 
de grabado húmedo

Ebrias  deben saber              
que la santidad es imposible y que no es bueno el silicio 
de una pureza absoluta
Que el fabricante del circuito debe llevar 
el silicio que compra 
hasta un nivel de pureza del 99,9999999     
porque en la atmósfera pura del gas inerte
debe  admitir 
impurezas  deseadas mientras se funde 

O simplemente Estas manipuladoras de microcircuitos en 
sus cárceles circuitadas indiferentes a la música la ciencia la 
técnica la informática y la información a la política la mística 
la mecánica y a Basho y al Tiempo y a todo aquello que nos 
incumbe 

no saben siquiera que Einstein no pudo asistir a Como
para ser el perro del Lama en el Tíbet
y no plomero en Washington 
como se dice  que quiso     
Dios no juega a los dados

Aceptaré  entonces y más me vale 
con humildad más que conveniente 
y con cautela más que razonable
contra el escepticismo generalizado que me infunden
e irradian en mi entorno –serenidad y aturdimientocontra 
esta perplejidad contra la pavorosa confusión que me contagian
que esta manada de ortópteros que me circundan y me miran
que esta tropa oscura de cucarachas 
que vigila la mesa y el radio y las manzanas 
no es otra cosa  
                              
nada más  nada menos

que una tropa silenciosa y oscura 
de cucarachas     
        
O tal vez son las ilusiones compensatorias 
de mis desilusiones 
Desórdenes salvajes de la imaginación 
o de la paranoia galopante 
Delirios de la fiebre de un tifo mal curado 

O efectos secundarios de adulterada cocaína 

A lo mejor no hay cucarachas aquí
Ni una sola cucaracha
Y no son más que cucarachas en mí lastimada cabeza 
estas siluetas fugaces como los ángeles que 
a veces creo percibir  
en el nochero 

y que me sueñan para ser en los retorcimientos 
de mis sueños 
y me dictan poemas para divertirse a mi costa








COMBATIENTE

Yo hice mi guerra.
Yo hice mi guerra contra el volcán
mi guerra contra el mar
contra el invierno
contra la necesidad
contra el utensilio.
Yo hice mi guerra huyendo
mi guerra enfrentando
desesperando
mi guerra en el Ártico
en el Antártico
en la China.
Yo hice mi guerra en la Sierra Maestra
en la Sierra Nevada
en la Sierra Madre
en la explanada
hice mi guerra de cien años
de mil días
mi guerra relámpago
mi guerra de un millón de muertos
de dos millones de muertos
de tres millones.
Yo hice mi guerra con mis zapatos
con mis garras
con mis escobas
hice mi guerra de verdad
mi guerra con odio
hice mi guerra en España
mi guerra contra el zar
mi guerra azarosa
ahumada
descarnada
mi genocidio.
Yo hice mi guerra con mi bigote
con mi caballo
con amor
con ametralladora
al amanecer
contra los judíos
hice mi guerra contra los infieles
contra los invasores
contra los brujos
contra los negros
contra los indios.
Yo hice mi guerra en mi ventana
en el automóvil
en la cantina
en el campo
mañana
por la mañana
hice mi guerra en el Bajo Cauca
y en el río Cauca
y en Arauca
hice mi guerra como fusilero
como panadero
como estafeta y
marino
Yo hice mi guerra en los establos
contra las moscas
contra los comunistas
contra los imperialistas
contra los cristianos
hice mi guerra por desconfianza
por amargura
por pobreza
por terror
la hice porque no tenía
más que hacer
porque no me daban trabajo
porque me pagaban mal mi trabajo
porque pasaba hambre
la hice porque no comía
hasta indigestarme
la hice por despistarme
por herirme
por eliminarme
porque sí y no
por defenderme
la hice porque no me la dejaban
hacer.
yo hice mi guerra
hice mi guerra
mi guerra
guerra
pero no todas eran inútiles
y no todas las había de perder.
Yo hice mil guerras.





EL FIN DEL MUNDO

Hoy soy feliz:
el sol se está apagando sobre el mundo.
Todo va a terminar.
La muerte es amarilla sobre el río.
El universo será un puñado de sal para el mar.
La luz se transformará en jabón para la cara.
Los automóviles dormirán en las esquinas
y esperarán convertirse en garzas.
Yo,
esperaré la invasión de las garzas
que vendrán a fabricar sus nidos
en el corazón de los semáforos.
La ciudad de cemento será una caja de cartón,
Sola y empolvada
inmóvil
terminando en todas las calles.
Adquiriendo la hediondez que se acumula en mis
Bolsillos.
Pero yo soy feliz
irremediablemente,
mientras la luz es vieja.

1961

“Invención de la uva” (1966) 







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