martes, 11 de diciembre de 2012

MARÍA ELISA HUINAO ALARCÓN [8768]





MARÍA ELISA HUINAO ALARCÓN 

Nació en Osorno de 1946. Su primera infancia la vivió en casa de sus abuelos en Hualinto; a la edad de 9 años regresó a la casa de sus padres, en la ciudad. Aquí fue cuando nacieron sus primeros versos junto a su madre, En 1967, se radicó en Santiago. En el año 1988 se fue a Iquique, arrancando de la cesantía y de las ollas comunes. En el año 1990, decidió radicarse en Alto Hospicio, en donde vive desde entonces. En el año 2001, participó en el Foro Latinoamericano por la Tolerancia y la No Discriminación. Ha participado activamente con el Taller Literario Víctor Domingo Silva de Alto Hospicio, del cual es una de sus fundadoras. Ha sido antologada en el libro KALLFU MAPU (Tierra Azul), del autor argentino NESTOR BARRON, publicada por Ediciones Continente.



MUJERES POETAS MAPUCHES CONTEMPORÁNEAS



ARTE POÉTICA

El sol copulaba con la tierra; hay que estampar en signos
el acto.
“Nuestro pan de día por medio”, dijo un hombre 
bueno; nunca será para los perros.
Un mensaje por cosas que no entiendo, solo quería
enviar cuando logre llegar a la zeta. Lloré porque me
faltaron letras, compongo signos que ya fueron
hechos, por mandato de la tierra que culpa al sol, por 
tener hijos blancos, hijos negros; las letras caen
llorando y están demandando por aquellos que no
lograron nacer. 
No me gusta la justicia por razones que yo entiendo,
madres aumentan los caudales, secos quedaron sus 
pechos, vulneraron sus derechos.
Enmudecí y me aproveche de la tinta, oí hablar al
Viento.
Intenté lanzar un discurso a los 4 vientos entonces
recordé que el norte me queda lejos y ya se que el sol
no alumbra parejo. Si al hambre le pongo una tajada
de metáfora, no satisface pero sabe mejor. Yo llamo a
la comparación que es prima hermana del
compromiso, que ayer éramos esclavos y hoy somos
esclavistas. Avanzamos como el viento y se introduce 
bajo mis ropas sin mi permiso. Entonces voy
acomodando letras y mi puño que obedece, hunde el
lápiz con más fuerza en el vientre del cuaderno. Hay
una comunión entre ellos que otros llaman
complicidad.
El celo me corroe y el deseo pone en mi boca hiel. Un
amante milenario llamado Mar besa noche y día a la
tierra hasta hacerla explotar. ¿Importa si ella es
menor?. Él será siempre un señor. No estampo cosas 
que los mayores no se atreven a estampar.

Engendraron hijos sin pasión ni amor, lo leí en algún
libro. Ahora urgente tiro letras al papel. En el bosque
hoy se casan la Araucaría con el Pellín; la Luma con el
Coigüe (estos ya eran amantes), un tiempo más
adelante araucaritas y pellincitos tendrán; coiguecitos
con lumitas nacerán, inevitablemente se transformarán
gracias al sol y a la tierra otro destino tendrán, serán
elementos útiles, no quiero decir que son inútiles 
y a lo mejor hasta se atrevan a hablar.
De mi masa gris caen pensamientos grises, con hojas algo añejas. 
Urgente remítase al destinatario.
Dije todo lo que dije, no he nombrado a ningún mandatario!





LA OLGA
¿Porqué rogaba la Olga
si era más pura y cristalina
que agua de manantial?
En las crudas noches de invierno,
sentada junto al fogón
cantaba en lengua nativa,
su canto que era un dolor:
“ Huinca tregua… huinca pillo
me robaron mi potrillo,
mi rucahua tañi ternero…
”Sentada en su corredor 
rodeada de flores bellas,
contemplando el firmamento
una estrella fugaz se le escapó.
Reía el madero herido
dejando escapar sus chispas; 
juguetonas y danzarinas, 
para aplaudir la canción.
Un día le cantó el mal agüero.
Rodeada de margaritas, 
pensamientos y no me olvides,
Zorzales y mariposas,
de madreselvas y jazmín en flor.
Sus veintisiete primaveras,
maduras como frutas con toda su miel.
Olvidó cerrar la puerta
y abrió su corazón como pétalos de …
Perturbada y embriagada de …
la Olga sucumbió.
El Huinca era peón de fundo,
conocido como el picaflor,
ojos azules almendrados.
Era el galán,
que ni en sueños
la Olga había imaginado.
Bien entrada ya la noche
el hijo de la Olga nació.
El corazón se le fue marchitando
y sus ojos …
Una tarde pálida y fría
la mapuche se quedó dormida;
dormida para no despertar jamás.
Hoy en tardes otoñales,
gotas de lagrimas frías
se desprenden de los árboles
y el viento frío y violento
susurra el lamento
de la Olga hecho canción :
“Huinca tregua,
huinca pillo…”






LAMENTO
En las hojas muertas
y los árboles caídos,
descansa la raíz de mi pueblo
el dolor aún lo trae el viento
de aquellos que a golpes
fueron sometidos.

El huinca escupía fuego,
mis ancestros casi extinguidos
La Manuelita y José el pequeño 
junto al fogón de la Ruka
dejaban oír su ruego.

Pregúntale a la Araucaria
¿cuál era el pecado de mi pueblo?,
Ser los dueños de esta tierra libre
y no animales de caza.

Lloraron,hasta quedar sin lágrimas
los árboles perdidos

El invasor miserable y cruel
implacable en la conquista,
no respetaba la vida;
eran fieras insaciables.
Sus manos las traían repletas
de artimañas y mentiras.
Infectados de codicias, 
podridos por la avaricia.

Las aguas lloran por siglos
y mancharon los esteros;
infectando los vientos
y el corazón de la loica
se desangró por entero.

Cada 12 de Octubre
lloran las avecillas.
El maki se vistió de luto
y la mapu madre
revuelve su vientre, 
para abrigar y no olvidar,
el dolor y la afrenta
de sus hijos perdidos





EL MOLINERO.

¿Profesión u oficio del Padre?
La maestra preguntó;
con aroma de capullo en flor  
jornalero contesté.

Encorvado de espaldas era mi Padre,
obediente, alegre y manso;
embriagado en la guitarra,
su fiel amante y compañera,
acariciaba el madero
del vientre hasta la cabeza.

Tantas veces se lamentó por tener 
tan poco estudio.
Pensaba y miraba al horizonte.
Suspiraba y decía;
mañana tal vez
mis hijos serán mi orgullo.

Yo soy un jornalero decía
con labios de papel
y las palabras parecían
no salir de él.

Su canto cargado de ilusión 
por logros nunca alcanzados
dolores escapados de su alma 
por ser un hombre postergado.
“Un sueldo miserable
una casa pequeña.

12 horas de trabajo,
quedarse siempre abajo.
Callar lo que se siente
morir en cualquier frente.
”Jornalero repetí y aunque
mi boca se puso amarga
casi ni lo noté.

Mi padre cantaba como un gorrión,
era rico de alma y ancho de corazón.
12 horas de trabajo
no eran motivo de canto,
más bien era de desencanto.

Ahora tus frustraciones
y cansancios escondidos bajo tu manta.
Jornalero continúa tocando
que yo abro este surco
que tú araste con sudor.
Una tosecilla añeja
lo acompañó hasta su muerte.
Era el precio recibido
como premio al Molinero
que carraspeaba a su mala suerte.

Hoy para ti no hay distancias,
en una blanca nube
y montado en tu alazán
recorres todos los espacios
Jornalero no dejes de sembrar cantando,
destroza sin piedad el grano, desgranado
hasta transformarlo en pan.

Molinero de ropas y de alma albas,
canta cantares de esperanza
sudando con el favor de tus manos
que hoy más seres vas
alimentar.



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