martes, 25 de diciembre de 2012

JORJE ALEJANDRO LAGOS NILSSON [8.946]



JORJE ALEJANDRO LAGOS NILSSON

Nació en Punta Arenas en 1941- Murió en 2013
Salió de Chile en enero de 1974, regresó en septiembre de 2003. Ejerció la docencia y el periodismo en México (1974/75), Venezuela (1976/83) y Argentina (1984/2003).

Ha publicado ocho libros. El primero en Chile en 1959 – relatos en comandita con Patricio Guzmán–, los restantes en México –poesía–, Venezuela  –poesía– y Argentina –ensayo, investigación periodística y poesía–, el último en 2002. En 2001 su poemario Altamar/bajamar fue publicado por la revista Fronteras, del Instituto Tecnológico de Costa Rica. Algunos de sus trabajos se han traducido a otros idiomas.

Dirige la revista de cultura y política latinoamericana Piel de Leopardo (www.pieldeleopardo.com) y Ediciones del Leopardo.

Firma Lagos Nilsson. Su nombre es Jorje (con jota) Alejandro. Lagos Nilsson vivió en Caracas, se sembró en Buenos Aires, ahora está en Santiago de Chile, su tierra natal. Dirige "Sur y Sur", antes dirigió otras revistas memorables como "Piel de Leopardo". Escribe y amontona. Allí hay novelas, poemarios y ensayos.

Es misterioso, menos para sus amigos, entre quienes nos contamos por fortuna. Ahora sabemos que un grupo de jóvenes en esta ciudad capital de Venezuela se han inventado "Ediciones Pájaro Negro" y publican de Lagos Nilsson un poemario titulado Arca de la alianza.



Adiós a Jorje Alejandro Lagos Nilsson
Por Ernesto Carmona

Este que acaba de morir era un amigo entrañable. Preferimos quedarnos en silencio. Publicamos esta sentida nota de Ernesto Carmona. Cuando nos recuperemos del golpe lo invitaremos a ir a buscar vino de a pesito, como acostumbrábamos decir en Buenos Aires. En Caracas lo lloramos.

En una larga agonía larga –cruelmente prolongada– comenzó a abandonar lentamente este mundo Jorje Alejandro Lagos Nilsson (Jaln), gran poeta, amigo entrañable y, además, ensayista, novelista e, incluso, un notable periodista y analista político.

Nacido en Punta Arenas (1941), y siendo hijo de un juez de la República era casi natural que Jorje llegara a Santiago a estudiar derecho en el relativamente nuevo edificio de mal gusto que diseñó el arquitecto Juan Martínez Gutiérrez  para la enseñanza de las leyes en el incipiente capitalismo de un país que transitaba de la agricultura medieval a la gran minería metalífera dependiente del gran capital foráneo y criollo, igualito que hoy.

La escuela más apetecida de la Universidad de Chile, en la calle Pío Nono, a orillas del Mapocho y a la entrada de lo que hoy es el barrio bohemio Bellavista, quizás lo único bueno que tenía para el joven poeta rebelde era el bar para uso de los alumnos, que en esos tiempos usaban el uniforme clásico chileno de traje gris marengo, o negro de frentón, camisa blanca y corbata.

Doris Jiménez, quien lo conoce desde los 17 años y fue compañera suya de aula en 1960-61, recuerda que la apariencia de Jorje desentonaba con el promedio del alumnado de la escuela de leyes, tanto que un día el estirado profesor Alberto Baltra le preguntó si se dirigía al estadio a ver el clásico universitario, el popular partido de fútbol en que se medían las dos universidades, la Chile y la Católica, pero acompañado del montaje escenográfico de hechos actuales que se abandonó hace décadas. El clásico era la suma de los dos espectáculos, el fútbol y el teatro en grande, como un circo romano chilensis. Pero a Jorje no le interesaba el fútbol, sino la política, la poesía, la novela, el ensayo y el periodismo de opinión.

Jorje se esta yendo tras los pasos de su amigo José Bózic Laboric, otro colega puntarenense que como él también vivió el exilio en Venezuela, pero se le adelantó en 7 años. El lunes 20 de marzo de 2006, Jorje escribió una suerte de epitafio para Pepe que hoy resulta absolutamente válido para él mismo: “Hoy supimos que el Bózic partió. Por mucho tiempo el vino no sabrá a nada. Nunca haremos ese viaje que nos prometimos a Magallanes. Habíamos comprendido el valor del silencio de la amistad, pero nada me preparó para su callar definitivo. Nos conocimos cuando niños en Punta Arenas una tarde de otoño en un sitio baldío en la esquina de las calles Chiloé y Fagnano. Allí se jugaban largos partidos de fútbol, ¿que solían terminar con aparatosas reyertas? No teníamos más de ocho o nueve años. Participábamos poco, casi nunca, en las “pichangas”: ninguno de los dos tenía habilidades con la pelota, ni entre las piedras que solían marcar los arcos. Charlábamos. Pepe es el último de los amigos de infancia que me queda. Que me quedaba. Nunca terminó sus estudios de periodismo en la Universidad de Chile. No lo necesitó. Esta actividad que le come a uno la piel y los ojos le ardía: fue su única vocación y, de algún modo misterioso, me empujó también a ella.

“Jamás pretendió nada, lo suyo era dar. Beber una larga cerveza, comer a cualquier hora, oír lo que podían querer decirle. Respetar al prójimo. No mereció, desde luego, que lo embarcaran, en las condiciones en que todos fueron embarcados, y lo depositaran en esa isla en medio del Estrecho para cumplir la pena de ser peligroso en tiempos de golpe, tortura y negación de la persona humana. Pepe fue socialista toda su vida. Dawson no lo aniquiló”.

A Jorje tampoco lo aniquiló el golpe, la perdida de su hermana Gloria Esther –detenida desaparecida que trabajaba en La Moneda–, ni el exilio en México, Venezuela y Argentina, junto a su esposa Luisa Werth, sus hijas Alejandra y Selene, quienes lo están acompañando en su tránsito a la muerte. Y su sobrina, Marcela Mesa Lagos, hija de Gloria Esther, victima de la dictadura y de la desidia del poder judicial que la secundó. Al igual que Pepe Bózic, Jorje  también fue socialista, pero de los antiguos, los izquierdistas como Salvador Allende, aquellos que nunca se “renovaron” para abandonar sus compromisos con el trabajo para ponerse al servicio del (gran) capital.

Pronto Jorje Lagos abandonó la escuela de derecho y se dedicó a la poesía y al periodismo, rubros que parecen incompatibles pero no lo son. Jorje-escritor dejó ,ás de una decena de libros. El primero data de 1959, un texto de relatos con Patricio Guzmán, quien incursionó en la literatura antes de convertirse en documentalista. Jorje-periodista dejó miles de artículos en decenas de medios latinoamericanos: los más recientes pueden hallarse en el portal Surysur.net, que comenzó a animar hace casi una década.

En el gobierno de Allende trabajó en la radio El Loa de Calama, cerca del mineral de cobre de Chuquicamata. El exilio 1974-2003 lo vivió en tres países latinoamericanos:
México, 1976-1983; Venezuela, 1976-1983; y Argentina, 1984-2003.

En 2001 su poemario “Altamar/bajamar” fue publicado en la revista Fronteras, del Instituto Tecnológico de Costa Rica. En Argentina fundó la revista de papel e Internet “Piel de Leopardo” y en Chile, “Ediciones del Leopardo”, que publicó varios títulos. Después, se asoció con su hija Alejandra Lagos Werth para sacar adelante Ediciones Pájaro Negro. Se vino a Chile a fines de 2003 para trabar hasta 2004 como jefe de redacción del diario electrónico ElMostrador.cl, de donde lo echaron.

Dejó numerosos libros inéditos, la mayoría ensayos o ficción como la “Novela de la lluvia”. Entre sus libros figuran “Breve historia del pensamiento social” (Editorial Claridad, 1988, Argentina); “Contracultura y provocación” (Editorial Al frente, 1989, Argentina); con Sylvia Vergara, también de Magallanes, hizo el “Breve diccionario del habla popular” (Ediciones del Leopardo, 2002), y “Corazón de la alquimia” (publicación conjunta de Ediciones Nueva Generación y Ediciones del Leopardo, 2003).

“Pasaje de salida”, poesía, fue publicado en México, a fines de los ’70; “Percepción del tránsito”, poemas, aparecieron en Caracas, también a fines de los ’70; “Contracultura y provocación”, ensayos publicados en Argentina; “Arca de la Alianza”, poesía, Chile; y “Zaga”, poesía, Chile;

En Argentina también hizo periodismo en publicaciones de Editorial Perfil y en el periódico del mismo nombre. Cuando lo fui a ver anoche me acordé de una visita que le hiciera hace dos años, cuando me mostró a un anciano muy encorvado, a quien me costó reconocer. Era Camilo Taufic, con dos grandes maletas a cuestas, quien ya había recibido el placement para asilarse en su casa por un tiempo ante el infortunio tan frecuente de los periodistas y escritores viejos y pobres. En ese momento, mientras saboreaba una copa de cabernet sauvignon, la mayor preocupación de Camilo era decidir en cuál maleta comenzar a buscar su teléfono celular extraviado, pero no se decidía a iniciar la tarea en ninguna de las dos. “Está listo p’a la foto”, me susurró Jorje mientras me servía un café de verdad. En efecto, lo despedimos en junio 2012 en el mausoleo del Círculo de Periodistas. Y recordando que fui a visitarlo entre el verano y el otoño, nunca me pareció que la foto de Jaln sería tomada tan pronto…

Ojalá que esta semblanza sea del agrado de Jorje, que siempre se escribió con jota.

*Periodista y escritor chileno.





Ensueño

Hubo una vez un libro viejo
una coraza antigua
un sol terminado
y el horizonte

Nadie imaginara el cielo
si no hubiese caballos sobre la Tierra.





El último jardín

El jardín late con el Invierno
las mareas desafían al hielo
como siempre / Y estas distancias
en las hojas sacuden sus alas mojadas

¿Dónde están las cabalgaduras del mito
o la inocencia
ganada a costa de caminos y de hambre?

No reconozco mi herencia
Perdí los ojos frente al sol
En esta oscuridad no soy elemento de la vida
ni de la muerte
ni del olvido
Mis caballos sucumbieron en el desierto

Animal de vino
sólo el sueño acaba
con los fantasmas de la vigilia

El último jardín espera por mis huesos
en la Patagonia
No se los daré
Prefiero esta inmortalidad de juguete
un llanto oscuro y fatal, innombrable
a la hora de mi muerte

Alguien se ha puesto a nombrar
calas y calafates
Me oculto detrás del coirón
y la mar de las toninas

Amanece
galopando hacia el descubrimiento
que enjaezará la muerte algún Otoño.




Navegar conmigo

No podrás venir a navegar conmigo
las rutas del aire
los meandros del fuego
esas esquinas que acusan y guardan
el secreto de la mar

No podrás venir conmigo a la muerte

El juego es soledad y espuma
hígados rotos
noches casi tan oscuras
como la tiniebla del abismo
en la hondonada de la espera

No, no podrás / nada vale semejante sacrificio

En esta mar no sirven las brújulas
ni el tiempo
que devora recuerdos.
No hay un segundo nacimiento
ni una ventana abierta a la calle

No podrás, y es triste saberlo.




ALTRI TEMPI

Aquí llueve / en otra parte una mujer
canta un corrido
(nada hay como la guitarra de México)

¿Me habrá perdonado ella la marea
desbordada en la tienda de lona
allá en la playa cerca de Maracay?

Dije que no en Buenos Aires hace tiempo
y es con este whisky
volver a abrazarte por los riñones

Ninguna historia se escribe para la eternidad

Tuve un perro que supo de hambre
una máquina de escribir color verde
y otra mujer que descubrió mi ausencia

La mejor manera de terminar es con un disparo
me decía, me digo
Disparé en la noche para no caer entre las flores de setiembre

Ciento treinta y ocho días cuento
y contaba no menos de doscientos veinte
sin escribir una línea

Me pregunto si éstas valen la pena.       

 (Mayo 2005)




ÁNGELES

No vino el ángel / me dejó encadenado
a otra historia que no escribiré
y a la sicología de la mediancohe

“Ven”, pedí al ángel. “No quiero los canales codificados
nunca me ha tentado el plástico”

Dije: puesto que no soy príncipe en esta vida
ni rey de voz ni de lenguaje / muéstrame
las ventanas que miran hacia la pampa helada

Era un ángel de ciencia-ficción
de carbono temporal  / huidizo, incierto, ansioso

(Junio, 2005)




ANTES DEL VINO

Contar historias después de comer
y después de contar historias / irse
a dormir con una mujer buena
—y tal vez despertar.

Sí, Wilde, se mata lo amado / primero
el filo de los sueños por soñar
luego los sueños soñados
y las aves que agreden antes de amanecer

(Es honda la mirada del gato / libre
como la primera llama del incendio).      

(Julio, 2005)




QUEMAR NAVES

Las incendias cuando todo lo demás
hase agotado

Arden con la facilidad de un cigarrillo
que tira contra el viento
mientras todo ha concluido

Los dioses no ciegan al elegido:
le conceden otra mirada
le extienden el invierno

Le acercan la montaña que estuvo allí
y que ahora al revés lleva consigo

Quemas tus naves –o tus alas–
nada más queda por hacer
La victoria es una derrota infinita

En la disyuntiva del fósforo
no es bueno pensar en los retornos imposibles

no es bueno convertirse en cartógrafo
de los continentes derruidos
Quedarse o partir es lo mismo

Pero las incendias cuando todo lo demás
hase agotado.                            



De Corazón de la Alquimia

No es un perro

Acezante no es un perro con salario de huesos 
el hombre / Su vida trata de un lento aprendizaje
de una espera 
Permanece desnudo / terrible en tanto abreva a solas
cuarzo y metales 
Un buitre acecha al profanador / al incendiario que construye 
su nido de ceniza muerta 
en el alcanfor de los iniciados (extraviados o asfixiados) 
Theleme consigna estructuras de fatiga y cieno:
no nos pertenece ni risa ni olvido 
Tal vez llanto, espectros y oportunidades
de navegante arrastrado 
Es uno el solitario a la deriva de los espacios
Es uno el que nombra astros y ocasos / muerde abismos
golpea muros, fracasa para fracasar de nuevo
hiriéndose con la propia mano afilada

Es uno el rey que no duerme ni está despierto
Uno el perro que perdió su salario de huesos



Conocer el sueño

Acariciar la muerte / robarle su abrazo a la castigada palabra
Dormir nombres de olvido / capítulos aprendidos y borrados 
idiomas que se fueron, y recuperarlos
Asesinarla en un día calmo / mirarla por siempre

Nada corrompe al que duerme / Pero el silencio 
del mercurio no es el alma de la inmovilidad
¿Serán tu alma esos cursados infinitos 
que separan y juntan los absurdos 
tristes dominios de la forma en el veneno?


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