domingo, 2 de diciembre de 2012

JUVENAL AYALA [8636]




JUVENAL AYALA (Iquique, 1959): Ha publicado: Poemario, 1982; Escupitario, 1984; Zona de Pesca, 1986; La Diablada, 1988; Andanías, 1999; De naufragios y otros poemas, 2002; Poesía, 2007. También ha editado Antología Poética del Norte, 1998 y Cuatro poetas iquiqueños en la literatura nacional, 2001. Ha obtenido primeros lugares en los concursos nacionales Pablo Neruda de Valdivia y Silvia Villaflor de La Serena. Mención honrosa en el concurso nacional de San Felipe 1999, entre otros reconocimientos. Fue director de la Sociedad de Escritores de Chile durante dos períodos. Sus trabajos han sido incluidos en varias antologías, revistas y sitios de Internet.



De Zona de pesca (1986)


SITUACIÓN ACTUAL

De pronto, las estrellas,
La ardentía son miles de ellas
Sobre un pozo negro interminable.

"Tira tela hueón,
si lo poeta no conduce
a nada"

la pesca súbese a golpe de fuerza
y al viejo de mi taita
se le sale la voz por los brazos.

"Agarra la red hueón"

Y tomo el moño, trozos, la negra
Calina de malla y reineta
Que va cayéndonos encima como
Una lluvia insoportable.

Pero no importa, en tierra-casa,
Atiborrada de versos y ganas,
Seguirán sacándose cresta y media
Las manos, pero asidas a un negro bic.

Aunque mientras tanto:

"Agarra tela hueón."



EL PANGUERO

A Osvaldo Gutiérrez (QEPD)

Caes de pronto: estrella fugaz.
Efímero, dejándonos en vilo, boquicerrados,
alumbrando de pronto los atérridos sin tierra,
aquella que surcamos de vez en cuando.

Cuánta angustia hombre de la panga.
Te preocupas allí la vida entera,
solo como el que más, esperamos el ¡Larga!
para hacer tu tarea ardua y osada.

Pero el cielo es buena compañía,
Qué recuerdos, qué nostalgias, cuánto sueño.
Solo, como un beso de adiós flotando,
aferrado a la esperanza de pesca buena.

Cuánta hiel cuando largas la vida.
Húndanse los ojos del amor y el descanso,
húndese el océano de la paz,
hasta hacerse sólo un largo sueño largo.

Porque caes de pronto compañero del mar,
te haces rabia en nuestra pena de pescadores.
No ha sido bueno el tiempo de bolichear,
a bordo sólo el recuerdo y un llanto de hombre.

Un llanto de hombres a bordo del recuerdo,
estrella fugaz que por nuestro cielo pasaste.
Cada vez recordaremos el color del mar en tus ojos,
Y en los nuestros a pesar de la bruma, homenaje.



LA GOLETA

Como una casa
con sabor a familia y voces,
esta es compañeros
la cocina, el desván, la cama,
el rostro indesmentible,
la cara lavada.

El comedor risueño
y la que nos da la paga.

Con sus palos en sol,
en ancho su suave danza,
a lo largo un cuerpo airoso,
adentro -como hijos-
aferrados ufanos a su panza,
nuestros sueños de volver mañana.

Esta es, hermanos,
la vida rumbeando esperanzas,
como otro marinero audaz
de esta costa morena y brava.

Aquí su cuerpo metálico,
nuestros pasos no desconocen nada,
ni vaivenes, mareas y vientos...
¡Todo tiene color a casa!



MI ABUELO

Mi abuelo solía llevarme al muelle,
tejía sus redes en la arena del Colorado
y temía sus olas mi esplendor de niñez.

Andaba tras cangrejos en el óxido negro
de los pilotes, los botes varados, la arena
y mi abuelo reparando cabos y varillas.

Y eso es aquel hombre fuerte: mi infancia.
Cuando nacía junto a él, mi espíritu,
y el bote de mi vida apenas tocaba mar.

El velero de la suya varaba ya esperanzas,
y no alcanzaba a entender naufragios
y no sabía pensar sino sus bogadas.

Su sarta de congrios, cabrillas y hasta
una albacora, de aquellas que pescar solía
y traer a puerto, más que sus bancadas.

Yo no supe bien, cuando cambió rumbo
al océano interminable de negras aguadas,
sino cuando hundiéronse sus ojos,

Su ceviche, su andar altivo, su papaniagua,
y el amor de los días que al muelle llevarme
solía mi abuelo, ¡ah, cuándo la infancia!



IQUIQUE

A Bernardo Guerrero

Iquique, un pequeño punto en la carta náutica,
latitud 20,12 grados Sur, longitud 79,09 West.

Un trozo de alma en el corazón del escribidor.

Un paisito nuevo nacido desde hace tanto,
una playa, una cuna, una imprenta, un sindicato.

Un rico impuesto pesquero ofrendado a Santiago,
y una ciudad propia de extranjeras autoridades.

Puerto de pirómanos, mitómanos y dipsómanos
-meto manos en las guaridas de guardianes-

Una ciudad para querer su Iquique.

Unas hilachas de chumbeque oscilante a la boca.
El Chicote que se murió sin pena ni gloria.

O el Torito que quiso fintear a un pesado camión.
O la familia paseando por la calle Baquedano.

Iquique, o la manía vaga de la noche a cuestas,
un laurel apolillado y taquillero a diario.

Un pueblo de viejos añorando 'nocauts' de antaño,
y cuando la vida dióles un solo gancho derecho.

En cada esquina, un ex campeón de Chile,
haciendo guiños a botellas que siempre nacen.

Un souvenir religioso, una diablada ostentosa,
un almacén de chino, una chifa y un gringo.

Iquique, y un desfile interminable de barcos,
su caleta de pescadores, y un muelle antiguo.

Un rumbo seco al regreso de la faena nocturna,
una mujer alumbrando desde su seno amante.

Iquique, y Estrella de Chile domingo por medio.




De La diablada (1986)


DESDE EL MAR...

Desde el mar de la Quebrada de Camarones
como un corte
un camino
un puente de aire entre tierra alta.

Podrá cubrirse de flor el ocre pampal,
el desierto de mi país cortado a punto,
cuándo podrá descender la reina andina.
cuándo, digo yo, podrá entrar el océano
el piélago
el inmenso
aluvión de libertad al recinto inhóspito.

Y una vez por todas hacer camino bello
del fruto, la miel y las aves a todo pasto
y a todo chancho, surtiendo tierra duela.



POR EL GUANO ANDABAN AMARILLOS ESCLAVOS...

Por el guano andaban amarillos esclavos.
Sus negreros vertidos de blancas manos
repartieron sus trenzas por el litoral.

El guano y la tierra eran changos,
el mal del tiempo hizolos polvo y tumba
y allí quedó su porción de ceniza.
impregnándolos el alma por los siglos.

No hemos olvidado changa tierra tu duelo,
el martirio y el terror no hemos sepultado.

Luego el mercader extraño y su corona
de libras, mutiló la tierra, vendió el agua
y fornicó algunas virgos del pueblo.
-Desparramó con ello su odio y hedo-

Siempre han venido a este suelo a desalojarnos
de peces gasterópodos, cholgas y sueños

Y vinieron entonces a despojarnos de vida
hasta del Sur de Chile con su Dignidad a cuestas

Ay zurdita, si tanto hermano como chitón
despegándolo de vida, sacándonos de quicio.

Sólo hasta que golpeemos fuerte, viendo temblar
la tierra enterrando sus odios, sus hijos
y abrirse al océano calmo de la libertad.



EL DESIERTO DEL NORTE...

El desierto del Norte, hablemos de Pampa
Perdiz, por ejemplo; No es una voz oscura
Aparecida sobre media-noche de la muerte
No una roca llorando calor arrojándosenos
No una mutilación al hurtador de la plata
Ni el castigo por los siglos de Balmaceda

El desierto de Iquique es un pedazo de voz
Del loco Taberna, Lizardi, Torito o ene-ene 
Haciéndosenos desierto el corazón de pampa.



DIOS MALLKU AQUÍ ASISTIMOS...

Dios Mallku aquí asistimos
con nuestros llamos y alpacas,
aquí venimos con el ganado
de bodefal en bodefal.

Hemos andado bastante,
como el sol sobre la Pacha-Mama.
Y hallar muerte de animales
sabe amargo siempre, tata.

Es triste padre bajar al valle
y encontrar aridez de espanto,
triste la soledad, la muerte,
la ausencia, allí crece llanto.

Aquí, pastoreo muy tranquilo,
un sacrificio para la madre,
esperando el tiempo nuevo
de paz, crías, canto y baile.

Mas, hela aquí de improviso
en medio de la abundancia,
rumbo tras el lejano ocaso
sus pechos, su leche, su agua.

Una mujer padre santo,
blanca como la cumbre sagrada
desperdigando sombríos vivos,
bailes, verde y esperanza.



AQUÍ EL MUNDO ABAJO ES UN VUELO...

Aquí el mundo abajo es un vuelo,
El cielo tan cerca y el sol tan lejos.

Hace frío y fría es el alma de los viejos.
No hace mucho el alcohol tuvo hijos.

Y el baile fue padre y madre de la risa,
No ha sido bueno el tiempo de los corvos

Ha rasgado el alma con su acero fuero
Y ha hecho daño a la piel del andino.

Hace falta el pan, falta el abrigo
La quinoa se han llevado y robado el vino.

No hacen nada más, que asaltar sembríos,
Robarnos las llamas, cazar y herirnos.

Como un recuerdo añejo, negro y vivo
Nuevamente han venido a buscar delirios.

Cosechar el odio, plantar denigros
Haces falta padre, baja de tu altar esquivo.

Que es nuevo el tiempo de crecer los hijos,
Padre de mi madre, hacedores de mi amor.

Has descender tus puños como deshielos,
Florecer la cumbre, florecer el pueblo mío

Repartir la quinoa, maíz y tus ojos divinos.
Derramando fuerza para derretir aceros.

Bajar el agua, ahogar fieras y sus graznidos.





De Andanías (1999)


ENTONCES

Desde aquella metamorfosis 
sus ojos se hicieron míos 
como una marea de ardentías 
llamaron su atención 
y quedé abandonado a ellos.

La misma marea de luces 
acaparaba mi vista cuando
la soledad cubría de cuadernas 
mis pasos y sus horas.

Me despojé de tiempos, 
actinias, resacas y muelles.
Y ya no fui sólo el prisionero 
de los murmullos caracolinos 
del hastío y la locura.

Sigiloso me acerqué 
hasta el océano pálido 
de su cuerpo.



PRISIONERO

Y recorrí de una vez el amanecer 
preso de sus senos, 
posé mi ser sobre sus corolas,

y en ese itinerario claroscuro del amor, 
fui un pez intruso
amallado a su pubis.

Y allí quedé entre sus redes, 
indiferente a la fuga. 
Ah, madriguera de gozos,

qué será de esos lloriqueos
escapados cuando la playa serena 
guardaba lágrimas del cariacontecido.



ASÍ

Fantasma de algas, mujer de puerto, 
ribereña, de una sola vez 
tu cuerpo, mil besos y nocturnías.

Marea de extraños colores donde
se dibujan brillantes
los despertares del silencio. Es cierto.

Ya no siento alergia del otoño
vocerío de sirenas, malecón de antaño, 
sus pilotes cubiertos de picoroquillos.

Hoy, humedezco mis ojos con tu mirada, 
en tu océano de piel blanca 
refresco mis manos

Y todo aquello, aparecida de la noche, 
venida de las profundidades, 
mujer de mis ganas y mis riberas,

lo que naufragó, se ahogó y colmó
de algas, peces y caracoles. Todo eso. 
quedó varado, donde la bajamar

empieza a dejamos un poquito más de arena, 
y donde hoy te extiendes y mi cuerpo 
superficie de espuma, tiembla.



AHÍ MISMO

El océano, ahí mismo, 
Rompiendo y rompiéndose, 
como loco.

Allí, siempre en su sitio. 
Sepultando y desperdigando 
a pesar de las horas, 
del viento, lunas llenas 
y vaivén de lagarto intruso.

Sin embargo, digo la mar, 
alborotándose las piernas 
loca como sismo

Mientras la vida da tumbos 
embiste y capea olas.


ELLA

Cuando proclama que todo cubre, 
se deja penetrar y hasta reclama 
a todo hombre hacerla suya,
se viste de azul.

Y hurga en el corazón del deseo,
ramonea las ansias de avanzar.
y canta con nosotros.

El guitarreo colorido de su cuerpo, 
sus senos de verde esmeralda
y la blanda cama blanca de espuma
va y viene
va y viene
va



ANCESTRAL

Ruido siempre siento, un murmullo 
lejano, pero al oído 
como un recuerdo gasterópodo.

Pegado a piel, sonoro y lúgubre. 
Y es tan sólo el canto, 
el canto del océano 
que traigo desde Ayalas lejanos.

Y llevo a cuento y estanco,
tengo apegado como una escama 
no dejada en cuadernas
sino aquí en el sino propio y aleve.

Navegando en el corazón.
Que baila cada vez de la risa y el ruido 
Arrojando canto y danza de mar.



INFANCIA

A Papá

Siento en los pies
dureza blanda, costra intermareal, 
colonia calcárea de gusanos.

Niño y dueño de la costa
oteando atónito trozos de océano, 
resumido allí en Iquique ancestro.

De allí viene ese amor de mar,
de aquel instante de playa infante, 
bajo el muelle del Colorado.

De escamas secas en piernas del padre, 
y manos de sal y vísceras, 
puños de remo y surtos de sol.

Siempre adrede viene el tiempo
de cielo abierto y costa cercana, 
viene y ataca mi alma dolida de ayer.

Viene y arremete la memoria, 
Marejada de tiempos muertos, 
brotando del paisaje y el sueño.



MARÍTIMO

Los piqueros planean y luego en picada,
en línea recta estréllanse en la superficie, 
y su pico logra atrapar un pez.
Y cuando engullen y se sacuden, 
levantan el vuelo otra vez.

A lo lejos, sueño siempre aquella imagen.

Y cuando la albacora o su aleta dorsal 
Y superior caudal atrás, cortando aguas. 
Llega a encontrarse con el barco, 
Azul bella mitad arriba, y plata abajo. 
De frente, hermosa, a su destino fatal.

Aparece lejana otra vez en mi memoria.

Recuerdos lontanos y viejos,
Sin océano con olor a padre y hermanos. 
Impregnado insoslayable de redes y riberas, 
Con la heredad antigua de peces y anzuelos. 
Y sólo, ahora, en mar de gente indiferencia.



CUANDO RIBEREO OCÉANO CALMO

Cuando ribereo océano calmo, 
no llegan a mis pies las olas

ni me traen tus pisadas;
es más, allá lejos, sol muriente

parece caer con lo inmenso, 
también tus pies, cuerpo y risas.

Absorto observo el astro agónico, 
clamando no sea despedida.

Que no muera otro día
sin ver los míos reflejos en tus ojos.

Cerca, tan cerca uno del otro. 
Prolongación y puente de bocas.

Ocurre luego en la franja semihúmeda: 
Ni olas ni sol ni ojos ni besos.



LLUEVE VIENTO

Llueve viento y sus olas 
barren cardos, hojas, papeles.

Y allí van, viajeros terribles, 
también versos como besos

con la remota esperanza
de hallarse pronto con tu boca.

Pero el viento costero, aleve,
no traspasa cerros hasta tu enclave.

Y aquí anclo, solo de puerto, 
náufrago de tus dientes albos,

abiertos mis ojos húmedos de costa, 
y de olas que el alma arroja.

Bañándome en el propio,
doloroso meandro de tus ojos ausentes.



LA MAR

Canta durante la noche
y baila tu cuerpo en mis sábanas.

Estoy solo.
Costera y certeramente solo de tu sol.

Canta y baila la mar
en oscura sola noche sin luna, 
pero tu resplandor en mis sueños.

Estoy despierto.
Completamente insomne de tus besos.

Brama la mar.
Asoma, viene, despierta y arremete. 
Y tu imagen y pupilas la acompañan.

Y sigo solo. Oscuramente solo.



COMO CUANDO LAS OLAS REGRESAN AL OCASO

Cuando mi padre lleva al fondo 
anzuelo y carnada
adivinando qué pez circunda el cebo,

le da y quita nylon,

en su nave balanceándose aquiallá, 
cercana a la ribera y sus olas, 
atento al tirón del intruso atrevido.

De un mismo tirón en otro barco 
y lejano a la mar de mi suelo 
alguien me da y quita recuerdos.



ATENTO ATISBO BARRIOS VIEJOS

ambulo con la vista en las cornisas, 
en balcones y miradores.

Allí quisiera al horizonte
llevar mis ojos y su nido de sueños 
que está más acá de la mirada.

Sostenerme sobre estructuras
cual cofas estáticas en tierra firme, 
vigía inquieto hacia el horizonte.

Hacia donde aparecen navíos
O regresan, desplegándose alegres, 
a pesar de horas caprichosas.

Allí pudiera por fin tenderme 
sobre tejados viejos, besos al sol, 
pero hacia la mar toda esperanza.



CALEIDOSCOPIO

A mamá

Tomábamos la enagua de mamá 
Y con tapas de cuaderno 
en un tubo imperfecto 
echábamos con los hermanos

papelillos
que antes trozáramos. 
Peleábamos el instante supremo 
Del jinete a caballo

Un beso furtivo
el bosque, los duelos, las ninfas 
y nuestros personajes del fondo. 
Pero era la enagua de mamá

con el tubo cartón
que mirábamos contra la ampolleta. 
Y era ella sin duda 
la imagen del universo único.

Eran sus manos como el caleidoscopio 
donde a veces pongo mis ojos 
para ver de vez en cuando 
la posible belleza del mundo.



ANDANÍAS

A Francisco Lussich, en Ángol

Sobre la superficie, la proa 
Lleva mis ojos cortando aguas.

Hacia el este, cortina o costa 
Con sus farellones y puntas.

Entre tierra y mar,
Como siempre la esperanza.

Tierra sepultando aguas, 
Océano bravío sobre tierra.

Y como una medusa,
Yendo y huyendo de la vida.



VALS

Te mecías acunada, acurrucada
Entre mis brazos octópodos, submarinos,/
ventosos, 
entre mis brazos te mecías y te meces.
Oh viva, oh viva eres dichosa como la nave

Y así como una embarcación a la deriva,
ancha manga arriba, amplia y vasta
y poseedora de mis playas, aguamarina
¿Qué es sino un ir y venir de naves esta lucha?

Caletana, tan pronto vienes y no te vas, 
Andanías te trajeron a mi lecho solitario.
Un misterioso rumbo te posó en esta ensenada 
donde acurrucada te mecerás en mi vaivén.



ENERO DEL 97

Mis compañeros hablan 
de la gorda de la fuente de soda
Y estamos a veinte horas del puerto.

Comentan libaciones cerveceras
y pescas milagrosas.
Y navegamos a ochenta millas de la costa.

Dicen: -"recítanos un poema, poeta"- 
Ocurre, miento, no los memorizo. 
Pero en silencio, voy recordando,

pensando todos los versos
que hago para ti, desde tanto. 
Desde mareas y antiguas andanías.



MARINA

Miro desde este sitio que oscila, 
Hacia tierra con tanto, tanto temor. 
Si pusiera un pie en la ribera
Si tan sólo me posara en punto exacto, 
Un rato nada más sobre sólido terreno 
O sobre suelo estático y firme pisara.

No me atrevo! Y quedo a la deriva, 
Desde aquí no soy nada mas un hombre 
Solitario encima de maderamen flotante, 
Meciéndome sobre andanías que pasan 
Y acunan inconscientemente mi ser 
Como si fuera sólo plancton que navega.

Me definitivamente quedo a bordo,
No quiero llegar a poner pie en orillas 
Ni pretendo corteza terrestre ni costa 
O puerto, muelle, labios, manos, copas, 
Que me hagan sentir de este mundo. 
Como si a la mar fuera nada más de paso.



AL DETENIDO DESAPARECIDO

La mujer leía fotonovelas Selene 
Y bastante literatura corintellada 
-vaya, que bueno es leer decían-
-porque él se entregaba a Estefanía 
que en Bruguera contaba el Oeste.

Nunca supieron que leía el hijo.
Y éste en hojas de esperanza y vida 
Tomó el camino donde lo escondieron.

Ellos leían, pues desde el camino aquel, 
El es un cow-boy cualquiera,
Que busca y pregunta por el hijo ausente.

Y ella es una novela rosa que sueña 
A su edad, con la espera de un niño.




De De naufragios y otros poemas (2002)


1

Entro al bar "El Democrático"
allí están los hombres, pescadores 
navegando en cerveza o vino negro 
acordándose de grandes peces.

Me tomo un trago, leo Café
de Náufragos del poeta Carlos Levy 
y naufragamos otro tanto.

Entonces recalo como siempre
al pasado, los fértiles días, los años 
en que aquella cara era mi rostro.

Y los peces en la mesa, la albacora 
frita, deshaciéndose en sus dientes 
cual ofrenda del amador.

Salgo del bar, náufrago de Levy
de mar, de ayer, de rostro ahogado
y voy lento, lerdo, llevando cabizbajo 
esta embriaguez de terrenal mareo.

2

Navego otro día
sobre andanías que me sostienen 
desde viejas olas.

Que me llevan y traen y es lo mismo.
Tornando otra vez a esta mar egoísta 
y regresando con las manos vacías 
desde sus parajes de aguas.

Nada más, pienso ahora
en la mar de tus sábanas, 
donde pez te ofreces, 
te entregas, te comes mis carnadas.

Y te alzo pletórico en mis brazos 
cansado ya de derrotas.

3

Vengo desde hace tiempo
al intento. La osadía de trazar, 
desplazar el lápiz en el blanco.

Navegar de nuevo.
Otra vez al cuaderno. Vieja cuenta 
que cobra el tiempo.

Bucear en seco
escudriñar en la antigua idea 
de un naciente verso.

Tratar de pronto
otra fórmula de alquimia viva 
para este ejercicio moribundo.

6

Rebusco entre pálidos papeles, 
aquellas palabras, 
aquellos lloros, gritos, vítores.

Averiguo si aquel baúl arcano 
las guardan y atesoran
con la tinta sólida de entonces.

Hoy quemo resplandores,
ardo letras tejidas a llanto y risa.
mas, no quiero cenizas que me hieran.

11

Sólo tengo playas en los sueños
y en la bahía de mi alma 
plácida duerme la memoria. 
Y te tiendes
pareces de verdad mujer de costa.

De verdad pareces
venida de las profundidades 
aunque te hallara entre los cerros

Como un pez de tierra milenario.

13

Hacia el oriente, siempre miro al oriente
como si viniera de un viaje largo, en el Queen Mary
por ejemplo,
contento trazando el piso azul de mis alegrías, 
el azul aguaje
donde advierto, busco lentejuelas, tumbitos ti otros
pequeños
o mayores organismos que danzan y se abrazan 
a la superficie.

La noble proa de madera como un cuchillo rasga 
la fina, suave, ondulante capa de vida que nos lleva 
de regreso.

Veo también, rápidos, zigzagueantes chanchillos,
llámense delfines,
nos adelantan, danzan, se cruzan y ríen,
tomado de la roda, les hablo como a mis ancestros,
les agradezco.

Volver del oriente a la costa, a la casa, al puerto 
de mi memoria.

Entonces salgo del poema, del ensueño y advierto 
los cerros
nevados de la cordillera de los andes, los árboles, 
los pájaros,
las nubes que van a dar al horizonte de mi casa, 
del nido
que hemos construido pleno de libros 
con mi compañera,
para que Santiago sea el puerto desde donde zarpo 
cada día
y que al otear hacia el oriente, siempre al oriente, 
deje a los peces
tranquilos del norte nadando en el corazón 
de los sueños.

15

Mi padre teje redes frente a la casa 
y yo tejo palabras 
frente al blanco de la hoja.

Entre punto y coma y acento 
tejiendo voy la esperanza
de un trazado de mareas y agua.

Frente al puerto caen las redes 
al fondo de tina mar malvada. 
Así a mi alma caen las palabras.

18

A la multiplicación 
del pan y los peces

Vino la multiplicación 
de la poesía

Seguramente
uno de los discípulos 
escribía versos

A no ser que Jesucristo 
fuera poeta clandestino.

21

A veces ella me mira a los ojos
y pregunta
¿En qué piensas?

En nada digo,
en nadie, reitero.

Ella finge creer y calla.
Advierte llena de olas mi mirada

22

Un nuevo día derrama sol sobre 
los prados de esta plaza solitaria.

Los niños piensan en la televisión 
y los nísperos reverdecen otro año.

Sólo yo parece estoy absorto
en los nuevos botones vegetales.

En los pájaros que perturban
el amarillo de arbustos jóvenes.

Un nuevo día aparece tras los cerros 
y me levanto cubierto de tu cuerpo.

Este es el día me digo, el día nuevo 
de estar junto a ti en los árboles,

Los pájaros, Ñuñoa y la solitaria plaza.

25

Lluevo hacia adentro
grave el baño este de amargo 
que a diario
me cuelgo como un collar.

Salgo a la playa
siempre entre tierra y mar 
y siento esta ocre marea
subiendo y bajando por el cuerpo.

Y no sé en qué sector,
en qué rincón bien escondido, 
en qué trozo de órgano herido, 
existe un islote de dulzura.

29

A Carolina en el hospital

La casa vacía 
desborda tu ausencia.

En los pliegues de las sábanas 
apareces ingrávida, 
etérea y aérea te acercas.

Y el silencio no socorre 
siquiera un segundo 
esta melancolía.

Más allá, las horas
se pasean sin nosotros.

Haces falta. Como
la tibieza en esta casa vacía.

33

Me veo correr
desde la puerta de una casa ribereña.

Llegar al bote
del abuelo con su carguío de escamas.

Allí me quedo -niño--
sonriendo atónito de admiración.

Todavía tiritan los pescados
con un aire de muerte en las agallas.

34

No sólo recuerdo los peces moribundos 
llevados pronto a la mesa 
en tina sarta colorida y brillosa.

Y los ojos de mi abuelo somnoliento 
guiñándome por el dinero 
subrepticiamente regalado.

También es posible detener el tiempo 
en las paredes de su casa 
aquella morada mirando la caleta.

Y un afiche del gráfico argentino 
con la foto de Nicollino Locche 
retratando nuestro tesón de bravíos.

Tarde de box

Los viejos beben, el radiorreceptor 
chisporrotea en la onda corta.

Se han reunido en El Colorado,
La Puntilla y El Morro. 
En el Cerro La Cruz los matarifes.

Los pescadores y portuarios vestidos 
de huaso, los nortinos disfrazados, 
esperando la hora del knock out.

Porque seguro será El Tany el vencedor 
el Tany del barrio, del corral, del puerto, 
el flacuchento del agua de nuca.

Después el vino sabrá amargo, el traje 
de chileno demás y el día oscuro y frío 
en la bahía tumba de La Esmeralda.

40

Brota del paisaje diario
del cotidiano paraje de la ciudad 
un aliento raro
un hálito agrio.

¿Por qué huele mal el hombre,
por qué las ideas, la conducta, el lenguaje 
suele manar como neblina de madrugada?

Y suele colmarnos
todo el día alianza de bocinas y miedos 
sin un ocaso, un sol 
tras las olas de mayo



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