domingo, 2 de diciembre de 2012

HÉCTOR FIGUEROA [8631]


Héctor Figueroa (Santiago de Chile, 1969). Ha dirigido talleres literarios en la Corporación Cultural Balmaceda 1215. Fue becario de la Fundación Neruda (1993) y participó en el Encuentro “Poesía 100%” organizada por la misma institución. Publicó el libro "Groggy" (Esperpentia, 2003) y Intemperancia (Ediciones Tácitas, 2007).
Ha sido colaborador de las revistas Esperpentia y Lanzallamas.




Groggy
(Ediciones ESPERPENTIA, 2003. 90 págs.)



¡MEA CULPA, MEA CULPA, MEA GRAVÍSIMA CULPA!

Todavía no poeta, no soy poeta; no hay poeta, pues de
eso no se sabe. Hasta ahora, pues, sólo sobrevivimos.
Macedonio Fernández

Reconocer no sé el canto de los pajaritos,
el aleteo en el cielo de una alondra o un zorzal.

Como un balde sin niño (que abandonado con su respectiva pala
yace a orillas de una playa anochecida y lunar) 
quisiera concentrarme en un árbol, describirlo.

Se critica la falta de sensualidad del hablante en mis poemas. 
Dicen que faltan bosques, plantas y flores
y mejor ni hablar del carísimo tema del amor.

No sé la diferencia que existe entre una cala o un gladiolo,
entre un nomeolvides y un ciprés, entre un boldo o un jazmín, etc, etc.
Las reconozco sólo como nombres, palabras que aparecen en poemas o novelas,
ecos, significantes sin imagen para mi ojo inmaduro. Por sobre todo
abunda la palabra seto en muchas novelas que he leído, ej:
"El señor Bloom avanzó junto a un seto sin ser observado...". 
Falto de R.A.E o Moliner-diccionarios que sencillamente no tengo-
y pobre de idiolecto, hasta el día de hoy 
siempre imaginé que el seto era una planta
sin saber que en realidad es un cercado hecho de palos o varas entretejidas.

Helecho es que pareciera que no sé describir otra cosa que no sea mi ombligo;
como si el centro del universo partiera de mi barriga cervecera
maréome con el canto etílico del yo-yo.
Lo peor de todo: tampoco sé contar chistes.

Definitivamente, poco dado a la voluptuosidad
este hablante no describe sublimaciones interiores;
falto de trino, cojo de espíritu, sin fantasía
tampoco mitiga la miseria humana
transportándola momentáneamente hacia otro lugar.





GORRIÓN

a don Héctor Novoa, jazzman y mágico pedagogo de las matemáticas

Tiempos de conquista
gorrión fue traído a Chile por sacerdote español.
Gorrión cómese huevos de golondrina,
hizo desaparecer jilgueros
......... (de bello canto pero más pequeños que él). 
Como palomas,
gorrión se alimenta de cualquier cosa, ej: 
cuando pasa camión de basura dejando restos en pavimento.

Extiende alas a gorrión:
encontrarás lleno de piojos su pecho-alas.

Gorriones abundísimos en Chile 
por cables eléctricos de calle
o en limonero árbol patio de tu casa. 
Gorrión canta mal ni siquiera canta 
mejor no hablemos de trinar.

Dicen que gorriones no permiten mucho tiempo de cautiverio;
antes prefieren romperse cabeza contra jaula
-toda sangre salpicada sobre alas 
violentamente heridas pero en vuelo-.





CASA NATAL

Mira nuestra juventud, qué alegría más triste y falsa. Jorge González

Tarde o temprano, majareta o no
pero en retrovisor, hablarás de lo mismo:
de aquella casa grande del musaraña dueño de casa
(adolescente tardío con veintitantos), 
donde fuera de consternación
primavera más invierno,
entre la basura de los rincones y el demonio
o solitario entre la multitud
como un ditirambo al presente, iba desplegándose la fiesta, 
el carrete bello de la estupidez
con actores torpes y desquiciados, refractarios a un futuro 
que los pillaría -solteros o en matrimonio- de la peor manera: 
con trabajos mala paga
y ojos fijos a un horizonte con forma de televisor.

Luego de la diáspora sanguínea
(padre calentón, hermanos responsables e independientes),
lo que importa aquí es el asunto
que lograste echar abajo, derrumbar completamente
la antigua casa de tus padres (que alguna vez fuera 
el típico hogar de la familia chilena
que tanto cuesta levantar
para los de tu condición al menos). 
Bajo plenaria decadencia del imperio
eternas, anodinas noches exprimiéndose como limón seco,
vieja casa, en que ahora sólo ruidos de fábrica. 
Entre las habitaciones y los pasillos de ventanales rotos 
vientos disolutos de fantástica inmediatez, una situación de carpe diem
como consciente a la tempestad, punto metal cero que sobrevendría.

Y tú como único imbécil anfitrión
para ese variopinto zoológico, con todo tipo de aves y animales:
punkis vegetales, aspirantes a escritores, 
mujeres despechadas, absurdos thrash;
cesantes, lesbianas y homosexuales, 
todos amigos de un algo que jamás se concretó.

Humo y jazz,
muchachas pálidas y melancólicas
entrando y saliendo
como rayos de luna en tu cuarto;
tristeza y locura, días inválidos,
jarana interminable a dos cuadras del Matadero.





POR SEPTIEMBRE, CALABAZAS

Una ventolera pasó oreando el último smog invernal. Flotan, por las calles, los primeros escotes. Crecimiento de rosas, aunque es época de narcisos. Alergias. Suicidios primaverales. Independencia de Chile (por secretaría y peluquín blanco). Y la cueca, que no sabemos bailar. Inútiles sociales, rebuscárselas, un pitutito, inventarse el aguinaldo, pero este año no nos quedamos sin chicha. Parque San Eugenio, Estación Metro Nuble: el volantinero amigo de infancia y yo, no logramos vender ninguna ñeclita, ningún pavo. Extraña sensación la de este año: pato y confuso, cesante y sin futuro, sintiéndome más chileno que nunca, más chileno que las rechucha.





"NO ME RESOLVÍ NUNCA A ABANDONAR LA CASA EN EL MOMENTO OPORTUNO"

Actuar, en la inopia, vomitivo actuar, ser un pobre imbécil
y seguir enmascarado, en el trabajo o en el bar junto a los artistas.
pero por sobre todo en la casa de tu católica mami, lugar
donde mediocremente todavía sobrevives
y en que la tetera (lunes a domingo) como en las casas de campo
pasa hirviendo todo el día para ofrecer el té a las visitas.
Neurótico Peter Punk sin su Wendy o Campanita
no hay cosa más terrible para este enano que no vuela
que recibir el insincero bullicio de las visitas (Onetti)
y hacer caso a la pregunta de
"cómo estás, cómo te ha ido" y responder esto a sujetos y sujetas
a quienes no les importa un rábano ni la pregunta ni la respuesta,
pero por respeto a la que te sigue dando el techo tú respondes bien,
de mala gana pero hipócrita y civilmente, no tanto por ellos
sino por afecto a esa habitación que no te pertenece.
Las madres son las madres, las viejas son un siete;
el problema es su gente, a los que debes saludar.

Me han ofrecido arrendar una casa o departamento junto a otros, 
mas no puedo, el estipendio no alcanza. 
En todo caso, siempre será mejor, más intenso y emocionante
-cual Raskolnikof- asestar un golpe de hacha a tu progenitora 
y no a un desconocido -letras negras, seguro titular en el Diario Popular-.
(Nota: Raskolnikof, como se sabe, no mató a su mami sino a su casera)
"Como cuando no tenemos una casa /como cuando no hemos
tenido nunca una casa... " (versos del poeta colombiano Rafael del Castillo. 1962 - ?).

Verde pera, kiwi podrido, sigamos con el lloriqueo:
aunque inválido económicamente, tan diferente no soy a cualquier otro
vulgar común y corriente chileno, de las comunas La Florida o Maipú,
por ej: me conformo con un bungalow,
casa de un piso rodeada de jardín,
pero tampoco le hago el quite -dentro de mis ambiciones- a cualquier cabañita
de esas que dejan botadas a su suerte, en el campo o en las playas de nuestro país.

Ya sea de teja, de zinc, de fibra o pizarreño,
la cuestión es que sueño con el techo propio, esto
aunque no me alcance el puntaje que exige el Serviu
y me sea imposible el ahorro 
cuando no tengo señora ni hijos
ni mucho menos la tenacidad 
para esto o cualquier cosa.



''En efecto, el vivir en casa de los padres es malo. Pero no sólo el encontrarse bajo el mismo techo, sino la vida misma, el dejarse caer dentro de este círculo de bondad, de amor; sí, no conoces la carta a mí padre, las sacudidas de la mosca en la tira de papel engomado."

Franz Kafka. Cartas a Milena.





PROHIBIDO AMOR

Seré el macho
Tu palomo
El agua violenta de tu sed
El querubín de tus recreos imaginarios
Tu poeta privado

Todo lo que quieras puedo ser
Pero si no te atreves a hablar
Yo tampoco confesaré mi ardor
Aquel secreto que ya sé
Nos está inquietando hace tiempo.







Intemperancia (Ediciones Tácitas, 2007)



ORACIÓN PARA BORRACHOS 

Dios da bebida a esos borrachos que se despiertan al amanecer
Farfullando sobre las rodillas de Belcebú, totalmente destrozados,
Cuando una vez más espían a través de las ventanas
Acechando, el terrible puente cortado del día.
Malcolm Lowry



Aristocracia barrial, corte ebrio al hipotálamo de una generación dándose aires de marginalidad en aulas universitarias, sobajándose sin arte ni parte, cansándose mutuamente en lecturas por quien es la más víctima del sistema. Cosa rara cuando los ves correr el último día de plazo a pedir su migaja estatal somatizando cualquier pizca de bronca con proyectos saturados de moda y amenes a la institución. Por eso, intemperancia. Ante todo, intemperancia. Que las sombras sean más que las luces, bien. Pero que las luces cieguen y sieguen.

Ahora que pocos sospechan de la poesía, complacientes, aburren con sus generalidades y encadenamientos infantiles. O creen que por llevar la cuchara a la boca al igual que Yevtushenko son de la misma fragua, no. Vaya este libro que destaca por no perder la autocrítica y el humor en la deriva. Esa risa con que dejamos llorando a nuestros cercanos por una porfía tan extraña como demandante. 

Esa ebriedad hipster o bop con que acechamos el terrible puente cortado del día.  






MEDIOCRE

Eres un mediocre que apenas pudo aguantar la enseñanza media
Un mediocre que no pudo publicar ninguna cosa
Un mediocre que nunca va poder entrar a la universidad 
–ella me reprocha esto como si todo esto me quitara el sueño– 
Y más encima canalla: le arruinaste el matrimonio a un amigo
Mediocre que no te gusta la vida, no sabes ser hombre
Y por si fuera poco
dejaste esa pega que era la única pega que te pertenecía 
–se refiere a mi trabajo como lector de medidores, 5 años
borracho y sin plata– 
Solo faltó que me dijera «falso enano mentiroso»
Y todo este discursito
por culpa del famoso compromiso.
Imagínense,
con todas estas cualidades
qué me voy a querer casar. 
Los cobardes siempre se quedan solos 
–un año en cama juntos y eso fue lo último que dijo,
de ahí nunca más la vi. 
Lo cierto es que no me veo paseando el cochecito
o sacándome la cresta para comprar pañales.





Edipo
                                                Sí; la vida es mujer.
                                                                       Nietzsche


De adolescente que tengo un problema que me encanta:
obnubílanme las mujeres mayores, 
no todas por supuesto,
pero sí las maravillosas, de rostro o cuerpo 
o simplemente de conmovedores gestos.

De aquel etáreo grupo fantástico
me gustaron y síguenme calentando, una que otra vecina,
las madres de mis amigos, las suegras de mis hermanos
(aunque también a veces tengo rarezas, como la de encontrarme 
masturbando con mujeres más jóvenes o cercanas a mi edad
como son la raza de las cuñadas, yo que tengo cuatro,
cuatro cuñadas que no me pueden ver
pero que por esto mismo me las violo mejor,
con rabioso orgasmo de ellas inclusive).

Se sabe, hay mujeres de las que uno se enamora
por su pura voz o la forma de callarse, su forma de sentarse
o de sus movimientos lentos de pantera nocturna e insatisfecha;
¡hay mujeres de las que uno se enamora por cualquier cosa!

Maduritas mamacitas, de rostro ojos o piernas prodigiosas.
Mis imposibles son: Paloma San Basilio, 
Faye Dunaway, Gloria Ana Chevesich, Jessica Lange, etc.
Pero mejor no ficcionar, sigamos en lo real:
en la intimidad, las cuarentonas son lo mejor,
mujeres de un placer tranquilo, satisfecho, sin culpa.

¡Ah, si ustedes hubieran conocido a Lucy, mi peluquera loca!
Una verdadera bruja, un hechizo de placer en la cama,
un encanto del baño a la cocina, de pie en el pasillo o bajo el parrón del patio, 
en cualquier parte humedecíamos el cielo 
(¡regálame tu lechecita, chico maricón!).

Fue un largo idilio, una borrachera intensa.
Hasta el día de hoy me arrepiento de haberla echado
con temor a que me pillara mi madre 
haciendo de su antigua casa un lenocinio
con mujeres mayores que ella.




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