domingo, 18 de noviembre de 2012

PETER REPKA [8441]



Peter Repka (14 de enero 1944 , Bratislava - ESLOVAQUIA) es un poeta eslovaco, novelista , dramaturgo y periodista, miembro del grupo de los Corredores solitarios  (Osamelí bežci) junto con I. Štrpka e I. Laučík. 
Su primer libro de poemas en solitario es el debut La gallina en la catedral (Sliepka v katedrále, 1969) una obra inconformista que derriba muchas tradiciones y para la poesía eslovaca de la segunda mitad del siglo XX significa un punto de partida. El libro consiguió salvarse de la guillotina de la censura de los periodos de la normalización y la ocupación, pero inmediatamente después el autor desapareció de la escena literaria pública durante muchos aňos., borrado por el dedo del “gran hermano“. Su debut literario estuvo precedido por poemas tempranos, del periodo en que se formó el grupo de los Corredores solitarios (Osamelí bežci), publicados sobre todo en la revista Mladá tvorba (Creación joven) desde 1962 (donde Repka trabajó también como redactor) y le siguieron  ciclos y manuscritos escritos con posterioridad a la ocupación y que no pudieron publicarse: los ciclos  Med-itaciones y Quema de juguetes  (Med-itácie, Pálenie hračiek, 1970) estaban destinados a publicarse en Mladá tvorba  pero el segundo ya sólo pudo arder con el último ejemplar de la revista, que acababa de ser prohibida. El manuscrito del libro de poemas  El periodo del clima (Obdobie podnebia) y los ciclos Luminal (Luminal), Haiku peregrino (Pútnické haiku) y Abecedario (Abeceda) fueron surgiendo uno tras otro ya en Alemania, adonde Peter emigró para vivir con su mujer Angela (conocida traductora) y donde trabaja y vive hasta el momento. A las obras anteriormente mencionadas les sucede su hasta el momento única serie de cuatro libros Fe-rro-ca-rril (Že-lez-ni-ce, 1992). Esta obra hace hincapié en el carácter comunicativo de un mundo habitado por seres humanos, que de otro modo sería un mundo de soledad y abandono. Mi amigo el desierto (Priateľka púšť, 1996) empalma tanto formal como temáticamente con el libro anterior y lo desarrolla hacia una extensión conceptual y vaguedad mayores.





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XIII/3

Los santos están por todas partes, el cuerpo en Nevers, una costilla en Lourdes,
en la santa nieve y en la santa lluvia.
No proporcionaron a los tallistas madera para las esculturas.
Santa Bibiana, patrona de los borrachos, santos de yeso haciendo eses,
criptas llenas de antiguallas.
Recordar a los santos su alta alcurnia
como si los insultaran.
Es fácil para ellos transportar agua en redes,
colgar un par de pantuflas en un rayo de luz.
En aceite hirviendo reposan como en un baño de agua tibia,
el fuego no los quema, con lágrimas apagan las llamas,
no resultan apetitosos a las fieras, las ataduras de los ahogados en el mar desatan,
en el cielo no se afeitan cada día.
Los confesores aconsejan a los santos
rezar menos.
También al que pasó toda su vida rezando,
para no morir como abad.
Incluso los mártires del zangoloteo sin rumbo
ansían la paz de espíritu.
Los dioses están enojados, no responden a las preguntas de incienso,
no quieren profetizar.
A Dios con el incienso le da por estornudar,
los santos estallan en carcajadas.







XIV/11

Poco antes de la ejecución, entre los soldados rasos,
charlaba con el Arquero.
Sólo somos soldados, opinaba, los ángeles no saben estrangular.
Llamó a Elo del vagón de las víctimas
y le mostró sus películas.
Dispárales, decidió Elo,
eso ya no duele.
También el siglo veinte.
Grushenka, Grushenka,
vayamos al jardín de Dostoievskii.
¿Y qué haremos allí, Piotr Iusufovich?
¿Y qué haremos allí?
Contaremos almas muertas,
Grushenka,
almas muertas del Gulag.



Traducción Patricia Gonzalo de Jesús






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