martes, 6 de noviembre de 2012

PAULA PEYSERÉ [8292]



Paula Peyseré (Buenos Aires, ARGENTINA 1981). 
Publicó las plaquetas de poesía La Racha (2003), Llorona (2004), ¡España, qué hermosa eres! (2005) y Pálpito (2007) en Guacha editora. En 2007 publicó Las afueras bajo el sello editorial Siesta, que puede leerse acá: www.las-afueras.blogspot.com . Integra las antologías Última poesía argentina (2008), de Ediciones En Danza, Lo humanamente posible (2008), de la editorial El fin de la noche y Autogol (2009) de Editorial Funesiana.






No cantamos con un cancionero hecho pelota

No cantamos con un cancionero hecho pelota, no queremos
las radios por la mitad.
Esto será una guerra pero
no veo los hongos de las explosiones.
No podemos cantar con un cancionero arrugado y roto, sí
improvisamos a medias
cuando no nos sabemos las partes.
Esto no es un campamento en Dresden,
ni es Heidelberg, ni La Candona.
Tomamos café y mate a toda hora,
sólo los quejidos y algunos olores
-que no identificamos como tales-
son similares a los de una batalla.

La autopista pasa arriba
del Parque Chacabuco.
Una chica va imaginando sobre el 86
a dos moribundos tomados de la mano
en la zanja de un tren checo ¿cómo puede ser?
Ahí abajo, los niños juegan a la pelota
contra una casilla de chapa. La estación Villa Luro,
el departamento que desde su living  abre
las ventanas al tráfico de camión.
Carteles les indican que está Prohibido
estacionar o detenerse, franjas blancas
hacen relámpago el asfalto. Postes de banquinas
boca afuera, la avenida
Curapalihue flota 3 metros sobre la ciudad.

No cantamos con un cancionero hecho pelota,
para éso preferimos tararear
muchas veces seguidas la única parte que sabemos,
repetir
hasta inventar una estrofa que nos haga sentir bien.
Estamos en las tres cuartas partes de 2007,
duro con este que tampoco creció alelíes
ni césped suave en los corazones...
6 se mudaron, 2
se salvan de sobredosis y todas
pero todas nos negamos a cantar
con un cancionero hecho pelota.
Golpeamos las tablitas de la mesa, golpeamos
la madera de un asiento,
los pantalones golpeamos, y los marcos de la puerta;
hacemos una canción muy pegadiza
reemplazando la comida y el exceso.
Intuimos que solamente se puede
aprender a comportarse musical…





Cerveza

Después de leer una cosa
me calenté, o no sé
si fue a causa de los jeans apretados que tengo o me meo
pero invoqué a la María-Sugestión-de-camionero
-entusiasmo que regala flores,
flores por sí mismo-
¡y ay, si a este teclado te arrimaras justito
justito ahora, te monto
de pronto y te pido no te lleves
tu olor de sucio..! .. Saquemos otra birra,
pongamos un almacén.

Recuerdo la costumbre que tenías
de despertarme a media noche
con tu pija alto promedio recalcándome de atrás
con qué ganas de dar
como si hubiera
un concurso en juego, un concurso con vos mismo
delineada y salivosa, boca ancha que sabías
mojada siempre y cumplidora,
parecer a mi carnosa hacía: Labial
-una uvita pasa-, que la tuya era un buzón.
-Beber una concha nunca pude- confesaste
y apenas oírlo, en mi métrica de género
te juzgué represor y Avaro
pero se ve que el tabú aumentaba
el fetiche de besos a regalar
en lengua y garpaban de Almagro
a Villa del Parque ida y vuelta,
femenino hacia otros lugares
diversos, sea la axila,

el talón, el plexo, los ojos.

Llegabas ebrio para ducharte y mojarnos
borracho pero erguido, estar
alcoholizado te calentaban los recuerdos,
succionando de mi cuello la carne
en pala de la lengua la punta
¡ comerme el cuello! Y no podía ser,
evidentemente nunca te alcanzaba.
Entonces arrasabas
por la espalda, dos horas, porque soy muy maciza:
-Grandota- me decías
-lo más hermoso que vi en mi vida- me decías
-hacéme con Quilmes-
y yo interpretaba: en tu abdomen
jugar al muertito que no acaba, alargado,
con olor nuevo a malta, el sexo
de chuparnos en cerveza.
Cojer se volvía hermoso,
algo de religión, amistades,
abrazarse con despedida o viajes,
porque se parecía más a emborracharse que a querer 






Canción del cuerpo sin órganos

lo que me canta el culo comprende
un chiste para un reo y un bobo

o cualquiera se daría cuenta que no es sano

lo que me canta el culo predica: flor es egoísta
separàla de las otras, las màs verdes que no pretenden
corola ni tienen coronita

lo que me canta el culo, dàte cuenta -incluìlo-
encanta en su mafia;
mi Capacidad de olvido

ya no me acuerdo,
lo que me canta

(... algo cariñoso, estrofas
quejidos de niña simpática que grita,
se le va de las manos y grita)

se pone nervioso cantando y arremete






1

Este es un poema especial, especialmente
para leértelo en la cara y que te quede
en la comisura como una baba elegante.

Después de nochebuena perdiste la memoria
Creías que la nuez era un insecto y que mi mano era un canasto.

Te llevé arrastrando de la capucha contra el cordón,
te ubiqué entre las palomas apuntando
de frente hacia el camión de los bomberos, para tu entretenimiento y mi alegría
-Ya llega santa claus!!- gritaban los niños en la vereda 
y a vos te daba una curiosidad genuina: ahí entraron
las fuerzas del agua a poner fuerzas de choque,
chorros de mangueras festejando contra el aire.

La caña de pescar nos levantó antes que salga el sol y de que sea
demasiado tarde para empezar a compartir la mercadería.

-Te olvidaste los apuntes!! Así no voy a estudiarte
Te olvidaste de traer la ropa de nena que habíamos quedado...!-

Cuando llegó la hora de abrir los paquetes, volviste al regazo de Prima felicidad

-Sí ... es para vos la marmita con monedas, la marmita
de monedas de oro humildemente
es todo lo que pude comprarte,
para lluvia y arco iris y elecciones: tenés que esperar hasta el año que viene-



2

Una casa que en algùn momento fue tremenda 
ahora quedò habitada con el olor de abuelos o familiares borrachos,
un escenario de Lucrecia Martel, pero mejor.
El buen gusto resiste al polvo:
cuentos apilados de antologías chinas, sillones de pana bordeaux, 
retratos de familiares con barco, una copia de warhol, 
una cancha de tenis derruida por las moscas, 
comida por los piojos un arpa sin cuerdas. Ceniceros de carrara.

Los amigos se amontonan al ras de la pileta, de las 3 a las 6 de la mañana
entre hojas secas que flotan y las pulgas del agua a los muslos. 
–Ahora nos agarra el picor- comenta la cordobesa que sabe de molestia al aire libre.
Un gato salvaje come del plato del perro. Hay dos 
cuidando el carbón. Ella baila flamenco y el maneja un taxi.
La pianista de pechos enormes juega a la escondida en la pajarera 
debajo del roble. Tres voces de cáscara gritan -Adivina què es esto :
¡taaanto lo querìa! ¡el cajón sin su ropa! ¡Hago siempre lo que quiero! 
¡Taaanto la querìa! -
Un muchacho en silla de ruedas empuja un sobrino al agua 
con la màscara de jirafa puesta. Y Màscara de cordero 
se besa con Cebra, con Marmota y F100.

Cada fuego artificial de los vecinos se grita como en mundial de fútbol. 
Cada frase merece felicitación y cada abrazo 
un brindis: la comida vuelve a ser el don 
del gorgojo metido en la lata.

La quinta es terror y lujuria, 
las pizzas te las hago en mi inconciencia; 
alguien olvidò una chocotorta en el congelador pero nadie va a agarrarla porque 
da patada el cable suelto.

El perro en su bajòn nos recuerda el olor a chocolate:
se tragò un 25 secándose al sol. 
Lavamanos del baño quebrado: a la alta que llega en moto, 
le baja la presión. Tolstoi revive
con la universidad del boca a boca, a su novia matemática 
le inventa un gesto de chacarera.

Lo màs extraño de todo, bajo el filtro bodrio de la mente que trasnocha 
es la sensación de autenticidad / un Spa de droga blanda,

bienaventuranza del Seguir de largo 
parece un librito de cuentos.



3

Hace mucho que no tengo esas uvitas
caminando entre los dientes y las perlas
que pedían las proteja entre algodones
quedaron pasitas aplastadas..

Hace mucho que no tengo esas uvitas
caminando entre los dientes y las perlas
que pedían las proteja entre algodones
quedaron pasitas aplastadas..
es un placer perder uvitas: verlas caer violeta, humeando!
Es un manjar ver cómo la fruta
se transforma como negra suda el baile,
la naranja bronceada más feliz
en el balcón que la cereza en el postre,
el tomate trangénico no da alergia,
la lechuga muere en grupo y el durazno 
es de un encantamiento a prueba de destino y alcohol.
La mosca y la hormiguita,
la perra y la cucaracha se congregan animosas a lamer
República del fermento y La desproporción del moho.
El único que hace asco y pone prurito, es el nene 






ENERO

De tanto poncho durante el día de setiembre
Sara decidió necesario
pegarse una ducha, abandonar la tranquera
y el escritorio, dejarse
influir una siesta
.La Señora Mercedes hacía un té,
porque la Alcira no estaba, hacía de dueña,
con un té y con su amigo párroco
quien se refería a la eficacia del diablo
sobre los úteros, como si recordara
anécdotas de cabra, con sorna de la muchachada
que da rienda suelta al buitre
en una rivera, un descuido, un yuyo
después de una misa,
típico cojedero..
El cura –si de él hubiera dependido
la administración de justicia- quería aplicar
el método de la cruz
de cristo por excelencia.
No digería la hermosura de perdonar,
entender o apoyar al sexo
adolescente, la libertad
de vientre, la papa
y la liebre que corre
.La señora Mercedes servía cucharas
con la esperanza pobre
en su aristocracia del calor
de dar amistad, una desmesura, un pico
de glucosa. Y el padre,
en su salsa retribuía
la invitación con autoridad de monólogo,
arrebatado, predicaba subido
a la mesa ratona sudando
el ritmo y el dedo erecto
Mientras, Sara retozaba su estado de metáfora
irreverente, preñez del Verso, exageración
por solemne, por hermosa, y en lugar de estirar la pata,
una horita aunque sea para aliviar
el peso de la criatura, tenía que torturarse
el oído con los gritos hósticos del padre
venido a menos en su papelón
Se levantó Sara como quien recibe
una llamada del destino, del sistema,
medio zombie aunque dentro
de sus cabales narrativos.
Y con mano firme de macho madre
decidió por la apertura angosta
del placard agarrar la Charlesville;
mecanismo de chispa, modelo 1898.
No previno la catástrofe porque estaba en Juego,
de hijos se trataba,
y la travesía del mito llega tarde
que es como mejor se aprovechan
los francos laborales o estéticos.
Una tacita tembló y la mesa
crujió bajo el peso del gordo en su sotana.
La señora Mercedes tomó carta en el asunto
porque intuyó el vilo histriónico, honesto
que era el sueño ligero, frágil de Sara:
sugirió al padre que baje,
que baje del volumen de su voz y del mueble.
Pero el hombre tumulto se rascó la barbilla
sprendido en que la dama
cuestionara su porte y ¡Orgullo:
negro, cruel ! Sara Gallardo entró como yegua
sudada en Palermo, y mejor, en el monte;
apuntando la fuerza de Santa Bárbara en su rayo,
masticó entre dientes un proverbio de campo
acerca de la sabiduría
en la cosecha y los modales
y en el trabajo, hizo Fuego:
contra el rosario del cura
que perdió la voz y el pecho
la virilidad de conducir Enero







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