lunes, 19 de noviembre de 2012

MARÍA DEL CARMEN MARENGO [8459]





MARÍA DEL CARMEN MARENGO
(Balnearia, ARGENTINA  1968). Ha publicado en poesía El fuego invisible (Alción, 2001), El camino de los ángeles (Alción, 2003) y El libro de los jardines y los abismos (Recovecos, 2007). En ensayo, Geografías de la poesía. Representación del espacio y formación del campo de la poesía argentina en la década del cincuenta (Editorial Municipal, 2006).
Y la nouvelle El legado (Alción Ed.). Recibió el premio Luis de Tejeda en género ensayo en 2005. Es docente en la cátedra de Literatura Argentina III en la UNC y de Lit. Argentina y Lit. Latinoamericana en nivel terciario.




Un padre
que te suelta
la mano
un segundo antes
de que mueras.

Si sólo supieras
que no quería dejarte.


*


Y caminamos solos
por el día y por la noche.
Desde aquel día
caminamos solos.

Y todavía hay quienes ven
las huellas
del que nos llevaría
de la mano.


*

Y nos convertimos
en niños
que van cantando
con una escudilla.
Nos convertiríamos
en estatuas,
de esas que se deshacen
con solo tocarlas.


*


De pronto
nos dimos cuenta
de que íbamos a ser huérfanos.

El cielo
se nos vendría encima
como castigo.


*


Si te abandonan
como a un niño,
como a una niña,
en el viento,
frente al mar.
¿Adónde crees
que irías a buscar
las palabras
que te faltan?



*


Que iban a estar ahí,
inmutables.

Un mundo para nosotros,
alrededor de nosotros,
cuidándonos,
viéndonos.


*


Todo el abandono
podría compararse
con esta pequeña tarde.



*

Levanto el barrilete
y las nubes negras
me avisan
“Está cerca”.

Pobrecito
el barrilete solo
y la niña sola.


*


Una red
que te envuelve y te acaricia,
te cuida
y te abraza.
Una red de dulces hilos,
como a pez de juguete,
para dejarte
en el mar.


*


Volvieron a ser niños
cuando abandonaron
el Paraíso


                     de El camino de los ángeles



Estar ahí

Estar ahí 
otra vez. 
Adonde todo pertenece. 
Reconocerse, 
quizá en una criatura 
o un perro. 
Reconocerse 
y volver, 
otra vez, 
al desierto. 





La lágrima

La lágrima 
despojó a los hijos 
de su deber. 

Hizo flaquear 
sus ambiciones. 

Y gobernó 
en el desierto, 
donde habían construido 
su nueva casa. 
La lágrima 
impuso condiciones. 

De El fuego invisible 






Un hilo

Un hilo 
pasaba por su cuerpo. 
Pasaba por su mano, 
pasaba por su pie. 
Era la línea que va 
de su mano hasta su pie 

Como un ángel malo, 
se soltó. 





Píe

con tu pie tocabas el suyo 
y te unías al hilo. 
Con tu mano te aferrabas 
como quien tira 
del hilo 
de un barrilete 
y lo arrastra. 
Dispuesto a tirar de él 
Eternamente 

De El libro de los jardines y los abismos 






Perdido

Perdido el cielo prometido, 
no buscas 
nada semejante 
ni nada 
que pueda parecerte tan hermoso. 

Y si ya creíste 
que te dieron 
y te quitaron 
todo lo que podía serte dado y quitado 
¿a qué entonces 
jugar 
a lo más puro, 
a lo más ferviente? 
¿con reservas? 
Nada redime con reservas; 
menos aun 
si quedan hojas rotas, 
restos de frutos 
de la discordia. 





Se derrumbó todo

Se derrumbó todo, 
sobre tu cabeza, 
bajo tus pies. 

Como el domo aquel 
de Santa Sofía 
que no resistía 
los terremotos 
ni la propia presión 
ejercida sobre las columnas 
que la sostenían. 

Y te preguntas 
por qué. 

(Todo junto, 
en un mismo año). 

Construiremos 
con cimientos antisísmicos, 
ya el tiempo ha pasado, 
y que tu corazón emigre 
de aquella ruina. 








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