miércoles, 21 de noviembre de 2012

LEOPOLDO BRIZUELA [8491]


Leopoldo Brizuela (La Plata, ARGENTINA 1963) es un periodista, traductor y escritor argentino.
Su madre era hija de un catalán anarquista; su padre, riojano, trabajaba en la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales y "viajó durante muchísimos años en los barcos de YPF que transportaban petróleo entre los yacimientos de la Patagonia y La Plata". Dice Brizuela al respecto: "Por eso, desde que tengo memoria, nombres como Ushuaia, Comodoro o el Cabo de Hornos me provocan esa emoción que se siente al entrar a un templo –y un barco para mí es un templo mucho más imponente que cualquier iglesia– o al empezar un viaje o una nueva relación amorosa".
Sus primeros relatos los publicó en 1977 en la revista Oeste, por consejo de Gustavo Nielsen. Al año siguiente comienza su colaboración como periodista en distintos medios gráficos.
Estudió un tiempo en Cambridge y al regresar, se recibió en 1980 de bachiller en el Colegio San Luis de los Hermanos Maristas.
Dos años más tarde ingresa en la carrera de Derecho, pero después de otros tantos la abandona y se pasa a Letras en la misma Universidad Nacional de La Plata, que también dejará a los dos años para retomarlos en 1993.
Em 1984 comenzó a estudiar canto con Leda Valladares, con quien colaborará durante cinco años. También en ese año comienza a cantar en público.
Publica su primera novela Tejiendo agua en 1985, luego de ganar el premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat.
Ha traducido a Henry James, Flannery O'Connor, Eudora Welty, entre otros y coordinado diversos talleres de escritura, entre ellos en la cárcel de mujeres de Olmos y de 1990 al 2000 en la Asociación de Madres de Plaza de Mayo.
Entre 1995 y 2001 se desempeñó como docente de la cátedra de Guion Cinematográfico en su alma máter.
Brizuela ha hecho pública su homosexualidad, asumida desde los dieciséis años (la misma época en la que decidió escribir su primera novela), y ha editado en 2000 una antología de relatos gais titulada Historia de un deseo: el erotismo homosexual en 28 relatos argentinos contemporáneos.
En 2012 ganó el Premio Alfaguara por Una misma noche, novela en la que Brizuela "hace una inmersión en el terrorismo de Estado" iniciado en Argentina "en 1976, con el golpe de la Junta Militar que gobernó hasta 1983. Brizuela ha creado como hilo conductor a un escritor en la cuarentena que vio de niño cómo en 1976 la casa de uno de sus vecinos era asaltada por los militares que buscaban a una de sus moradoras. Tres décadas después, un hecho parecido en la misma casa le hace rememorar el pasado y el papel que desempeñó su padre en todo aquello. A partir de ahí, Brizuela levanta un mapa de una de la épocas más nefastas de la historia latinoamericana con una larga estela en la vida social, política, psicológica y cotidiana". "Una obra escrita en la penumbra, desde los interiores de la intimidad cotidiana que refleja la sociedad. Un thriller existencial", señaló Rosa Montero, presidenta del jurado.
Algunas de sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Además de la antología ya citada, ha compilado otras: Cómo se escribe una novela (con Edgardo Russola, 1992); Cómo se escribe un cuento (1993) y la de relatos Instrucciones secretas (1998).

Obras

1985 - Tejiendo agua, novela, Emecé, Buenos Aires
1987 - Cantoras, reportajes a Gerónima Sequeida y Leda Valladares; Torres Agüero Editor, Buenos Aires
1992 - Cantar la vida, conversaciones con las cantantes Mercedes Sosa, Aimé Paine, Teresa Parodi, Leda Valladares y Gerónima Sequeida; El Ateneo, Buenos Aires
1995 - Fado, poemas, La Marca, Buenos Aires
1999 - Inglaterra. Una fábula, novela, Alfaguara
2001 - El placer de la cautiva, nouvelle
2002 - Los que llegamos más lejos, relatos, Alfaguara, Buenos Aires
2010 - Lisboa. Un melodrama, novela, Alianza
2012 - Una misma noche, novela, Alfaguara

Premios y distinciones

Premio Fortabat de Novela 1985 por Tejiendo agua
Primer Premio Edelap de Cuento 1996
Premio Clarín de Novela 1999 por Inglaterra. Una fábula
Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires para el bienio 1999-2000 por la novela Inglaterra. Una fábula (2001)
Beca de la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa (2001)
Beca de la Fundación Antorchas (2002)
Beca del Banff Center for the Arts (Canadá, 2002)
Premio Konex 2004, Diploma al Mérito en la categoría Cuento: quinquenio 1999-20035
Premio Alfaguara de Novela 2012 por Una misma noche






Danza

Muy poco antes del mar, amor, el río se demora 
en remolinos de tierna resaca. Mira cómo, en tu ausencia 
cenizas de la luna, la borra de los días 
se enlazan 
y danzan 
girando sobre sí 
como ese salvavidas recién tirado al agua, al que nadie se aferra.
No hay historia de amor: hay una danza 
anclada al corazón de la memoria.

¿Te acordás? -¿Bailar, amor? El mar, la mar, y los marinos 
saben. Los hijos... –Bailar, amor. Bahía. María Bethânia.
-¿Así? No sé. Soy tieso como un faro, mis pies 
de acantilado sólo han bordeado abismos, no saben de las olas 
más que un secreto ávido quebrado en la rompiente, una vez, otra vez.
-Así, amor. ¿No ves? Somos rompiente. Los brazos se aferran como algas 
a las rocas, las caderas se topan, el viejo matrimonio
del agua y de la tierra. La luna
dibuja su alta alianza. Yo soy ese secreto. Zarpemos.

-No puedo, amor. El mar, la mar, la danza, son siempre imprevisibles 
y estos primeros pasos son las mismas mentiras 
que cantaba mi casa, caracol de la orilla:
partidas y retornos eternos de las olas
veranos y bandadas y estribillos y madre 
procurando, afanosa, paralizar la espera.
Y mi padre volvía siempre imprevistamente. Ya no podré seguir.
-Podés, amor. ¿No ves? Ya es alta mar ahora, el corazón del mundo
es quien ritma los cuerpos, y las constelaciones
y aun la costa, a lo lejos, se uniforma y se curva
y su abrazo es de olvido, maternal, y de niebla.
Ya desapareció. Cayeron ya los muros, como ropas, o redes
que levaran desnuda la verdad abisal:
tu casa me amó, amor, como lo amó a tu padre. Vos me abriste,
entré. La libertad. Bailemos. No volverás allí.
Dejame hundirme. El viento
anuncia tempestad. Hundámonos.

-No puedo, amor, le temo a mi reflejo: es la primera vez.
Mi rincón era oscuro, los ojos de mujeres
tan sólo devolvían su propia soledad.
Siempre quise un espejo, pero nunca llegaba varón que me mostrase
más que un rostro mudo y ambiguo como el mar, que yo amaba
como a cumbre de iceberg. No hay recuerdo del cuerpo en que pueda confiar:
-Podés, amor. ¿No ves cómo, al hundirnos
amarrados, girando, un barreno que apunta el centro de la tierra
toco manos y anémonas y muslos y delfines
y pecho y mantarrayas y labios y corales
y pulpos y pelos y nalgas y anguilas
y el deseo madura como perla en la concha?
Al surcarte, te beso como el agua al cadáver
del bello marinero al que algas avarientas
amarran aún al vientre galeón 
hundido. ¿Quién te talló a la imagen
de su pasión, su delirio? Hemos tocado fondo. Vamos
más lejos en la noche, en la danza, en el paso
final.

Yo no creía poder, pero era un torbellino la corriente, la danza
rotaba como un cráter y al fin se deshacía
en el cardumen blanco que llaman la locura.
Silencio. La ceniza se aposenta en el fondo
Bethânia canta sola, y antes que llegue el sueño
una certeza, al fin: -¿Sabés? Mi padre, allá en Bahía
se asombró de hombres solos, en cáscaras de nuez
disputándole al mar el resto de su vida, la mejor de las muertes.
Ya no temo al recuerdo, ya no te dejaré.
-Yo tampoco. Durmamos. Los cuerpos, en el sueño
bailan entretejen la mutua indiferencia, cada uno
en su fondo, en su deseo. Y uno solo. Y el día los sorprende
de nuevo en una orilla, como vuelven a ella
las olas, los veranos y los padres. Les dice:
Bailar, amor. El mar, la mar. Bahía. María Bethânia.

No. Eso no era la vida. El mar, la mar, los marinos
no engañan. Y vos no eras marino: caracol de otra orilla. Emergimos en ríos 
diferentes, corrientes que no hay que remontar. Y yo bajo, derivo
detritus de barranca, embrión desprendido, las islas de este delta
cadáveres de locos varados de terror.
La desembocadura. El río desanuda recodos del dolor
y la resaca, dispersa, se acelera. Una bandada espera
haciendo ronda al sol como aquella pitanza
que el río le tributa con cada nuevo otoño. ¿Seré yo parte de ella?
¿Mi red levará al sol entre los peces?
Ah esa otra danza, anclada en mi memoria: viva como bandada, carozo
de mi poca valentía. Y allá voy, amor. El mar, la mar
ahora está vacía. Bahía, amor. María Bethânia. Yo.
La vida.


Fado, 1995








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