viernes, 16 de noviembre de 2012

CLAUDIO PIERMARINI [8406]





Claudio Piermarini. Nació el 16 de enero de 1956 en Buenos Aires y vive hace muchos años en Tucumán. Es artesano. Estudió filosofía en la U.N.T. y fue invitado a leer en el Centro Cultural Virla (dependiente de Secretaría de Extensión Universitaria), en el ciclo Poetas por Poetas y en librerìa Altamar. Tiene un libro publicado y, como dijo el filósofo chino Ju-Lio-Cara-Bel-Li, después de ver el CV de Borges (apenas una carilla): A Curriculum corto talento largo.






La necesidad de lo contingente

Un jueves
encontré a Dios en un cineclub.
Era morocha.
De Aries.





Alienación

Se puede morir de disyunción.
Se puede llorar al pie de las iglesias,
hasta agotar el agua de las fuentes
y convertir el Edén en un desierto calcinado.
Uno puede darse al sacrificio
en un altar para dioses que no existen,
o entregar el alma a feroz idolatría
y adorar todos los fetiches del Capitalismo
hasta volverse de plástico,
ser un simulacro de la vida,
un muñeco de cera organizado,
andar y desandar los vastos hipermercados,
confundiendo felicidad con mercancía.
Se puede consumir
todo tipo de drogas ilegales
y, con la cara de Guevara
tatuada en el antebrazo,
jugar a la ruleta rusa con narcopolicías.
Se puede morir de pie
defendiendo una mentira,
por no turbar el sueño
de los sepultos antepasados,
yacer con prostitutas un alba de cenizas,
por el bien del Patriarcado
y con un guiño del Papa,
o escribir un libro de poesías
como un gran cementerio
de amores enterrados.
Se puede traicionar al propio corazón
una y mil veces,
sólo para volverlo a traicionar.

Pero lo que no se puede,
bajo ningún concepto,
es tratar de vivir en la verdad,
soñar tu propio sueño,
decir: yo quiero, yo deseo
y no tener, al instante,
que negarlo.





Andrea

Ya sé, amor,
que en un momento cualquiera
moriremos,
porque el misterio,
que hoy nos da el latido,
es apenas un hilo delgado.
Y sé,
que por más
que hondamente lo indaguemos,
nunca sabremos
a dónde dan las puertas de la muerte.

Pero, ¿acaso no es bello estar aquí,
acariciando entre tus piernas
tu boca secreta,
mientras alzo tu pollera
y tus párpados se caen ?






Tribunales populares

¿El día del juicio,
podrá Dios redimirse
con haber sacrificado un Hijo?






"Un cuento contado por un idiota"

Todas las monedas de nuestro amor
cayeron cruz.
Si vos amanecías,
sobre mí llovia
el cántaro de la noche.
Causa y efecto fueron un velo,
que escondía un designio monstruoso,
un dios sin ojos y sin luz
que, con mala fortuna,
gobierna el mundo.

Todos los pétalos de la rosa
desparramados en el viento,
todo lo que busques
para perderlo.
Siempre Julieta se equivoca
y en su tragedia de enredos,
sin comprender la trama,
se suicida a destiempo.






Pecado original

Un dios al que nacemos debiendo
no es un buen dios.
Es un Banco Universal de la Desgracia.






Caminos de mierda

Con fusil y con flor,
partimos buscando
en mañanas desnudas
como hornos,
detener las ruedas aceitadas
del karma implacable;
dormir las perras de la Historia
una larga siesta en Acuario,
sin calvario y sin coroneles.
Sin fusil y sin flor,
de uno en uno
caimos sangrando
en la panza del Diablo,
envenenando la simiente
y pudriendo la siega,
como niños desconcertados,
que despiertan, para siempre,
a un alba de bayonetas
o túneles y pesadillas.
El ángel del Mal
echó suertes en su oficina.
Para algunos, entonces,
fueron tumbas
las arenas voraces del Orden,
el gusano sistemático, perfecto
del martirio,
y a los otros, cadenas perpetuas
en cuchitriles del espíritu,
totem-televisores,
cenizas de la libido,
largas, muchas, rutinarias
rayas de cocaína,
piedras frìas desmenuzando
esos jóvenes corazones viejos.

Como estrellas finales,
todos ardimos invocando
manos, huesos, cabelleras,
no significantes nombres
de profetas muertos
amados en vano.
Llorando, inútilmente, debajo
de un sordo,
mudo
y ciego
póster en llamas.








Rosas en el viento

Cosita,
que me dejaste
atormentado en el Eclipse
y un hueco en el alma,
como la bomba en Hiroshima,
rosa perdida en el laberinto,
no voy a cantarte,
borracho de tango en el abismo,
las metáforas negras
del rencor y del olvido.
Ni quiero hablarte aquí
del viento de la pena en torbellino,
que me muerde
por las calles de tu barrio.
Fresca, como una mañana entre los álamos,
voy a cantarte una canción sencilla,
que sólo diga cosas así:
me hiciste feliz,
lloramos y reímos
al amparo de los bares
y, temblando en tu balcón
la luna roja,
me diste en la penumbra
lo mejor que tenías.
¿Qué más puedo pedir?

Que tengas buenos vientos
en los mares de la vida
y en la curva impredecible de las olas,
de nuevo te traigan hasta mí,
giradas las ruedas de la Rosa.







A Hegel

También anda Dios,
enamorado en tu red,
Divina Maya.
Nadando con nosotros
en el río de los vivos.






El Jugador

Como las flores del ceibo
cuando el aire de muerte loestremece
mis pasiones se van por el río


y el corazón se queda solo
tiritando de frío,
igual que el árbol en laorilla. 

Muy bien,
la saciedad es la tumba de la sed
y en la orgía desfallece

el deseo más desenfrenado.
Pero digan lo que digan
los tibios que calculan

No es menos rojo el rojo
porque dura un día. 
como el jugador empedernido

mal ganado o bien perdido
la intención esta en la apuesta. 







Solo, sólo

Intento un poema
que defina mi alma,
como si agitando una rama seca
pudiese detener el río.

Busco una flor mental
que acabe con mis ojos
y sólo puedo decir
que hay dos pétalos de rosa
rojos sobre el piso,
que estar aquí y mirarlos
es tan bello,
desgarrado,
fugaz,
que siento a mis costados
la presencia tranquila de la muerte

y tengo miedo.







Dealer Killer
                                                                                                         
                 para un turro que conozco

El vendrá,
siempre,
como la noche.
Con sus largos dedos blancos
de frío papel glasé,
su sonrisa narcicista
y su carnet del diablo.
El vendrá sin duda.
Vos sos su droga.






No cure for love

No hay pastillas
contra el fantasma de una mujer,
que vuelve cada noche como una loba
a arrancarte jirones de su piel
tatuada en tus entrañas.




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