viernes, 16 de noviembre de 2012

CATALINA GARCÉS [8413]


Catalina Garcés Nació en Medellín, Colombia en 1980. Realizó estudios de Literatura en la Universidad de Antioquía. Promotora de lectura, trabajó con las Bibliotecas Móviles de Medellín en 2004, donde impartió talleres en las bibliotecas municipales y en las zonas rurales. De 2006 a 2011 fue editora del programa Palabras rodantes, proyecto cultural en torno al metro de Medellín, en el que se publicaron textos de la literatura universal que se repartieron en las estaciones del metro. Ha formado parte de la organización del XXII Festival Internacional de Poesía de Medellín (2012), donde también ha participado como poeta.
¿Es esta en realidad una era globalizada?, se pregunta Catalina Garcés. ¿La verdadera globalización no debería tener una buena dosis de equidad, de revolución cultural, económica y política?, y si la globalización está definida como un proceso dinámico de sociedades que viven bajo el “capitalismo democrático” o la “democracia liberal” y que se han abierto a la liberalización y democratización en su cultura y en sus relaciones internacionales, ¿por qué la realidad de nuestro mundo es tan distinta a esa definición, si se supone que ya estamos globalizados? Yo, particularmente, dudo de la globalización actual de la misma manera en la que dudo que seamos un Mundo Moderno, pues la Modernidad tal y como fue dibujada por las mentes de todos aquellos intelectuales que pensaron en una manera distinta de vivir, que pensaron en la igualdad entre los hombres, aún no nos ha llegado, no la hemos alcanzado: sigue siendo un hermoso proyecto de sociedad. Y como se quedó en proyecto, y como además es el paso primero para que se dé la verdadera globalización, entonces concluyo que ni somos “modernos”, ni somos“globales”. Sin Modernidad no hay globalización.




UNO

De una extraña sustancia están hechos nuestros cuerpos, 
tan extraña es que, como imanes, queremos vivir cuerpo a cuerpo,

uno en el otro 
dos en el uno

y hasta buscamos respuestas en una almohada cuando hibernamos precariamente
o adoptamos otros nombres y hablamos con símbolos y con canciones
y diariamente trabajamos en cosas 
tan extrañas como nuestros cuerpos
que se deforman intentando un equilibrio entre el trabajo 
y la gran obra
o simplemente seguimos la luz que dejan nuestros muertos
y nos miramos a los ojos también a veces
y cuando no 
esa necesidad de la tercera línea de este escrito permanece
como la luz de algunas estrellas ya desaparecidas, y nuestros muertos
en la noche.







DOS

Sin movimiento, así comienzan todos nuestros días
en estatismo involuntario, 
nos obligamos a nacer.






DICIEMBRE 18

Quiero sentirme a mí 
dentro de mí
quiero la luz creadora que me forma 
en conciencia reflexiva
quiero saberme, intuirme,
quiero la paz mía
la paz de estar en casa-cuerpo
sentirme yo misma universo







TODO Y UNO

Saber de mí sin artificio,
verme como corriente apacible.

Quiero el calor de tenerme cerca
y creer que existo.

Vuelvo a mis manos,
desprendo los hilos
que antes dominaban los movimientos 
de mi cuerpo,
busco la música en este texto
y sin embargo me desvío por otras calles
de la mano de mi hija,
ella no sospecha lo que pienso de estas aceras
de muertos que respiran
con sus pies sucios que se asoman por un plástico roído.
Este no es un texto protesta ni una crítica social
o siempre lo será a pesar de mí
¡quiero hablar de todo y lo sé!
Necesito calma y esta quietud,
huyo de la academia
literalmente:
este es un sueño y no un poema.

¿Te he dicho que a veces 
me avergüenzo de lo que escribo
pero nunca de mi amor?
¿Me escuchas?
He escogido otros lenguajes:
un buen silencio siempre nos caerá bien
y esta pequeña distancia
y el beso de despedida en una esquina
de este mismo centro lleno de muertos,
esquina eternizada
y la certeza
de que siempre nos quedará la música
aunque ella no esté
o tal vez sí
a pesar de nosotros.







TEMPERATURA

Más allá del cielo,
en el otro cielo,
más allá de la palabra amor,
entre un silencio y otro silencio
y en los linderos
que ya no son fronteras
y en la fronteras 
que no quieren ser cuerpo,
se encuentran nuestros versos.

Y más allá de los días que se suman
se deja caer la hoja
y una nueva vibración
construye la casa
más allá del cielo,
en este cielo
y en estas aguas,
en las aguas del sexo
que no quieren ser 
océano que separa
encontramos al fin las alas
de un pájaro de fuego
que se dibuja en la espalda.

Más allá de la palabra amor
ya no hay excusa
para que una danza 
sea la respuesta
al reclamo de los labios
más allá del beso.


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