domingo, 21 de octubre de 2012

RAFAEL MENDOZA (8144)




Rafael Mendoza. 
Nace en San Salvador, en 1943. Hijo de Rafael Antonio Mendoza y de Teresa Mayora, sobrina nieta del escritor Manuel Mayora Castillo. La familia de los Castillo, emparentó con la del General Manuel José Arce. De ahí que Mendoza también tenga lazos familiares con los escritores Arce y Arce Valladares. 

Es miembro fundador del grupo literario “Piedra y Siglo”, surgido en los años sesenta entre estudiantes de la Universidad Nacional de El Salvador” (UES). De los nueve miembros que fundaron esa agrupación, sólo Luis Melgar Brizuela, Julio Iraheta Santos, Ricardo Castrorrivas, José María Cuellar, Uriel Valencia, Ovidio Villafuerte, (los tres últimos ya fallecidos) y Mendoza, lograron desarrollar una actividad literaria seria y continua. 

Este autor cursó estudios de Letras y de Leyes, habiéndose graduado de la segunda especialidad. Se desempeñó toda su vida como redactor publicitario. 

Mendoza ha publicado en editoriales de su país las siguientes obras de poesía: Confesiones a Marcia  (Editorial Universitaria, separata , 1970); Los Muertos y Otras Confesiones (Dirección de Publicaciones, Ministerio de Educación, 1970); Testimonio de Voces  (Dirección de Publicaciones, MINED,1971); Sermones  (Edición privada del autor, 1972); Los derechos Humanos  (1ª. Ed., Facultad de Economía, UES,1974; 2ª.Ed., Editorial Universitaria, UES, 1980); Elegía a Media Asta  (Premio “Club de Prensa de El Salvador”, plaquette. Edición del autor, Urge Print, 1977); Entendimientos  (Sonetos). (Dirección de Publicaciones, MINED, 1977); Homenaje Nacional  (Edición del autor, Central Impresora, S.A. de C.V, 1986); Los Pájaros  (Editorial Universitaria, UES, 1987); Poemas Para Morir en Una Ciudad Sitiada por la Tristeza (Ediciones Palo Verde, 2004); Este Mal de Familia, con obra suya y de sus dos hijos, también escritores, Mezti Súchit y Rafael Francisco (Ediciones Palo Verde, 2008).

Tiene inéditos los libros “Querido Homo Sapiens”, “Los Versos de Atonión y de Valeria”,  “Lo que en Amor se dijo” y “Partes de Guerra”

Selecciones de la obra de este autor han sido traducidas al ruso, al inglés, al francés y al griego; también figuran en antologías como “Con la Cruz a Cuestas” (Ediciones La Hora Cero, San Salvador 1977); “Arme y Desarme” (Universidad Autónoma de Querétaro, 1983); “Para el Combate y La Esperanza”; “Homenaje a El Salvador”  (prologada por Julio Cortázar, VISOR, 1982); “Poesía Salvadoreña” de Helena Jordana (México, 1982); “El Salvador’s People’s Poetry”, Ediciones Cordillera;  “Quizás tu Nombre Salve” de la francesa María Plumier (Editorial Universitaria, 1992) y la más reciente, de la misma autora,“Poemas por El Salvador”, Editorial Delgado, 2008.



Con el alma a media hasta

Decido
No volver a llorar
Pues ya no puedo.

Propongo
No volver a reír
Pues no me sirve

Deploro
No poder ya gritar
Pues no hay oídos.

Lamento
No llegar a morir
Porque estoy muerto.







Secreto profesional

Cuando me maten
Todo seguirá igual:
Las calles con sus hormigas
Los árboles con sus troncos meados
Las aves con su pedrada en el costado
Los cafés con sus narcisos
Los postes con su propaganda
Los ríos con sus cadáveres
Los libros con su capa de polvo.

Pero un día caerán otros
Y otros
Y otros más
Y cuando ya seamos muchos los caídos
Alguien dirá que las cosas deben cambiar
Y caerá también.





Las flores de cedro

Ha soltado sus flores el cedro de enfrente.
Son flores muy duras y oscuras
Como la suerte de mi país.
Y no tienen aroma.
Como si prefirieran reservar su fragancia
Para tiempos mejores.

Unas caen en los patios de las casas;
Otras, en los tejados, en los aleros.
La mayor parte se pierde en la calle.

Los niños pobres de los suburbios
Recogen las que pueden cuando pasan a la escuela
Y mientras suben la empinada cuesta
Van arrancando pétalos…
Uno… dos… tres… cuatro… cinco…
Luego le dan un puntapié a lo que queda.

Yo me quedo muy triste
Al ver los pétalos regados
Pensando en lo que harán cuando le arranquen
El último a mi país.




RARA AVIS

Soy un fantasma indócil.
Integrado pero indócil.
No hay conjuro que logre aprisionarme
ni engatusar me dejo por pasajeras artes
de pájaras que invadan mi estación.

Soy un fantasma impuro.
Hago el amor en parques con las estatuas.
Hurgo luminiscencias de angelicales cópulas.
Me deslizo en los sueños de las adolescentes
y exorcizo a los manes que sus antepasados
disponen cada noche junto a ellas
para enfriarles el alma.
También acostumbro sembrar tentaciones terribles
en el pulso de las beatas que no aman a Dios
más que a sus escapularios.

Soy un fantasma impredecible.
Borro a diario mi nombre de los misterios.
Cambio el curso del frío cuando entristezco.
Me desangelizo después de cada creación.
Y en todos los ciclos de mi existencia
dejo mi impronta clara. Inconfundible.

Soy un fantasma ingenuo.
No he dejado de creer en el hombre.
Y todavía brindo por la paz
cuando bebo tristezas ajenas.
Después regreso a mi locura
y repaso la lección.





YA GIMEN TUS INDOMITOS MASTINES

Estás ahí, dragona,
esperando en la oscuridad,
velando tus armas, salaz,
con el codicioso organismo ovillando apetito,
fiera desnuda disponiendo la lid.

Mírate los enhiestos botones del pecho,
dominan el claroscuro con su brillo;
y las piernas apretando el imponente caracol,
verticilo ardiente, suave, limoso,
en sereno control del torrente
que las ansias agitan.

¡Ah, golondra!
Ya gimen tus indómitos mastines.
Reclaman mi cabeza.
Calculan la tremenda acometida,
el envión del esperado invasor,
la refriega en el rítmico galope,
las mil y una escaramuzas que adoptarás,
en la ya irrefrenable sofoquina,
para salvaguardar tu retaguardia de los embates.
Y al cabo de la carga decisiva,
laxos por fin los indomables muslos,
la capitulación de todas tus defensas.

Sí. Sé que estás ahí, jadeante, sudorosa,
tomando posiciones en tu acecho,
repasando la estrategia a implementar,
las tácticas de manos, labios, dientes y saliva,
esperando la hora en que yo me levante de escribir
y me vaya a la cama, a la celada urdida.

Después, como si nada,
saldrás como siempre a pasearte en la playa
con tu insolente aire de ingenuidad,
leyendo los nuevos poemas que nacieron,
como muchos otros hoy libres,
bajo tu permanente estado de sitio.

23 de julio, 2002






EL SON DEL JUBILADO

(A Guayo Molina, otro loco intemporal)

Sentado mientras escucho al Bebo Valdez
veo mis manos juntas entrelazadas
y pienso en el día-noche en que ya no podré vérmelas
ni sentirlas.

Para entonces las manos del Bebo
tal vez aún le arranquen sones al piano que es su patria.
Tal vez esa visita me sorprenda cuando las manos de mis nietos
afanadas estén en armar sílabas o juegos.
Tal vez las pobres manos sufridas manos de mi mujer
al ver el tiempo detenido para siempre en mis pupilas
dejen caer el bastidor de los bordados con que mata las horas
secas horas de la vejez y los malos recuerdos que mi tozudez
le ha dejado clavados en lo más tierno de su corazón.

“Hay que saber que la vida
se aleja y nos deja
llorando quimeras…”
dice El Cigala cantaó.

Y en los surcos resecos de esas dos armas con que me gané la vida
y en sus lunares
y en las más hondas huellas de caricias que ellas dieron
veo el camino largo
largo viaje del hombre
queriendo aproximarse a la verdad que nunca alcanzará.

Y la tarde sonríe con la sonrisa cínica
del tiempo que se nos fue poblando de mentiras
las que imaginamos cuando salimos del bosque lluvioso
a atacarnos unos a otros.

Mientras del piano salen más notas “pa’gozá”
me observa en esta meditación mi inseparable vaso de mi cerveza.
con su majestuoso y refrescante oro transparentando el atardecer.
Desde ahí me sonríen con benevolencia la Historia y sus héroes
La apuro con la normal parsimonia del jubilado que permanece cada día
cada hora
conscientemente
a la espera del mítico can.

En eso sale el Cigala con Lágrimas Negras
y me pongo a bailar solo
y oigo el grito de mi mujer anunciando que la comida está servida
y entonces entiendo que las manos de esa artífice
aunque pequeñas
son más manos
son más
son
son son son…





Naturaleza muerta

La gente se detiene a ver
Televisores en los escaparates
A comprar golosinas
O a matar el tiempo
Mientras los oradores
Desde el monumento a la libertad
Se esfuerzan en explicar
Los problemas nacionales.

Después la gente va a sus casas
A comer y a comentar
Lo que se puede hacer
Con los problemas nacionales
Mientras en las suyas
Los oradores se apoltronan
Frente a sus televisores
Satisfechos de la jornada.





Libertad de pensamiento

En aquel tiempo el Galileo entraba en su burro
A la historia de los grandes pensadores,
Mientras Calígula pensaba convertir a su corcel en Cónsul.

Después el pensamiento anduvo sobre ruedas,
Llevándose de encuentro a otros cristos,
A las brujas inventoras de kábalas y sortilegios contra malos
Pensamientos,
A los descubridores de la fórmula “libertad, igualdad y fraternidad”,
A los independentistas que no pensaron en que el tiro les iba
A salir por la culata,
A los seguidores del Tío Carlos
Y a tantos otros que pensaban que la luna no era queso
Ni la dignidad un estropajo para mantener botas pulidas.

Para gozar la libertad de pensamiento
No deberás pensar en la libertad;
Debes pensar en la bandera y el himno nacionales,
En la estatua de la libertad
Y que en el paraíso hay graneros suficientes
Para mantenerte después.

Debes pensar seriamente en que tus hijos no piensen mucho,
En que si nada tienes nada puedes perder,
En que si no tienes empleo te sobra tiempo para pensar,
En que el tiempo pasa indefectiblemente
Y en que después de muerto ya no pensarás.

En lo demás no pienses.
No te corresponde.
Profundos pensadores elaboraron
Una Constitución Política
Para asegurar sus destinos en su patria.





Libertad de conciencia

Que una conciencia sea libre o no,
Depende de la dirección del viento.
A eso se debe que existan demasiadas conciencias
Con vocación de veletas,
Sobre todo en esas situaciones
Que determinan una estabilidad económica
Según soplen los vientos en cada Dirección Administrativa.

Los casos más interesantes de conciencias subyugadas
Pueden hallarse en los lugares en que abunda
La concientización armamentista,
Cuyos miembros difieren de otros, concientizados
Pero privador de armas.

En esta forma
Podemos tener conciencia de lo que significa
La libertad de conciencia,
Cuando un Estado,
Enajenado por su inconciencia,
Consiente la enajenación
De la conciencia nacional.





Poemas desde la cama

I

Cuesta mucho esta forma de instalarse.
Parecemos bandidos de TV
Que deben cuidarse de la policía.
Dentro de unos años,
Cuando mis confesiones sean leídas públicamente
En las Academias Naturalistas,
Nadie querrá creer lo que luchamos por incendiar
Estos momentos.
Cuando eso, te levantarán una estatua
Con una placa de piedra lunar que dirá:
“MARCIA
LA AMIGA HORIZONTAL
DE UN CONFESOR DESCONOCIDO”.
Bajo ella llorará tu madre cada tarde
Y rezará novenas por tu alma.
Al cumplir las niñas los quince años
Quemarán hierbabuena a tus pies y pedirán
Que las virtudes les sean concedidas.
¡Lástima!
No vivirás para ver las ferias del amor,
Ni tu vida representada en las catedrales,
Ni las reinas “de la pureza”,
Cabalgando desnudas en blancos alazanes.
¡Lástima, Marcia!
¡Lástima!
Pero lo bueno es que los hijos de nuestros enemigos
No tendrán que esconderse para instalar su amor,
Te lo aseguro.




II

Siempre he querido hablar de ciertas cosas que debes conocer,
Aunque supongo que no las creerás. Por ejemplo,
Los misiles. Han dado misiles a los pueblos.
En todas partes tienen campos llamados “bases”
Donde cabrían cientos de familias pobres.
Si lo vieras. Pueden tirarlos donde quieran
Y hacerlos estallar desde un sillón igual al de tu jefe.
¡Y los pájaros! ¡Se chamuscan cuando estalla un misil!
¡Se evaporan como pequeños hiroshimas en el aire!
¡Qué decirte de los árboles! ¡Se vuelven
chicharrón vegetal! ¡Si los vieras!
Pero tú no puedes ver nada damita mía.
Tú sólo puedes estar a mi lado para amarme
Y prestarme tu espalda para que pueda
Escribir mis versos desde la cama.
Pero créeme:
No todo es juego de sábanas y corr-que-te-alcanzo.
Con dos o tres misiles nos pueden hacer mierda,
Y sin moverse de la silla.
Y tú preocupada por una gripa. Te abates
Porque el 30 por ciento le cayó a los cosméticos,
Y chillas cuando pierdo un botón de la bragueta;
Pero…
¡Si te dieras cuenta
De las cosas que hay afuera!


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