sábado, 20 de octubre de 2012

GABRIELA SACCONE (8137)



GABRIELA SACCONE   
Nació en Rosario, Argentina en diciembre de 1961.
Publicó el libro Medio Cumpleaños (Editorial Municipal de Rosario, 2000).

Sus poemas aparecieron en distintos diarios y revistas y fueron incluidos en las siguientes antologías: El turno y la transición.

Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI (Siglo XXI Editores, México, 1997); Monstruos. Antología de la joven poesía argentina (FCE, Bs. As.-México, 1998); Mujeres poetas de américa latina (Caravelle, cahiers du monde hispanique et luso-bresilien, 2003); Twenty poets from Argentina (Londres, 2004); Las 40.

Antología de poetas santefesinas 1922-1981 (UNL, Santa Fe, 2008); Una antología de la poesía argentina (LOM, Sgo. de Chile, 2008) y Antología de la Nueva Poesía Argentina (Perceval Press, Santa Mónica, California, 2009).






Soy sobre todo una cabeza
que no para de pensar en el cuerpo
que me rechaza como a un alimento
en mal estado.

Soy un mal pensamiento.

Hombros penosos que se alzan
para decir quiero pero no puedo
bailar ni en el polo austral
ni en mi propio patio.







El pianista mira
el vacío de los tonos y va
hasta la fantasía del semitono.
Y puede hacerlo.
Yo estoy, Júpiter,
mirándote,
y un portazo te hace temblar
en el cielo.






Trujillo Camacho vino de Pocitos
y terminó en barrio Las Flores
entre la media res que gotea sangre
y la cortina del salón de ventas.
Es carnicero y panadero;
alimenta al pimpollo con restos de facturas.
Pimienta, la mujer, pesa 130 Kg.
cuida el negocio y es
en la nube de polvo seco
patrona de su edén.







Acá están los que caminan
el borde del arroyo Ludueña
como quien pasea
a la sombra de eucaliptos
y sonríe a unas niñas con peinetón.
Pero no confundamos hombres
con chanchos.
Nutridos con desechos
del hospital municipal,
muestran, señores del deseo,
el rosado brillante de sus carnes
que no alcanza, no alcanza,
no alcanza para todos.







Por lástima a tus ojos de borracho
y a tu felicidad por encontrar a Elena,
acepté tus besos y tu choza,
los enormes brazos de tu madre
palmeando a mis hijos.
Acepté revolver basura
y montarme a tu carro.
Héctor, por mi vida sin rumbo,
no vuelvas a beber.





De Medio Cumpleaños (2000):



El silencio, el brillo en la tarde
es más de lo que una espera
al mirar las  estrellas.
Nacemos con menos asombro que dolor
por lo que vayamos a ver,
pero que a esta hora ni un auto
circule por la calle, que llueva y el pavimento
muestre los destellos de un cielo nublado
bastan para enturbiar il male di vivere,
haciéndonos parte de un paisaje de espuma.





Que en mí queden unidos
a lo que debería ser un crepúsculo
tres hombres entre los yuyos hurgando
montículos de basura
a quién le importa.
El puente roto sobre el Saladillo
y más gente para el transbordo
en la explanada del Swift.
El que vende choripanes como hostias
se apoya en la baranda y escupe
al paso de los que él llama
una manga de hijos de puta,
el cielo ambarino vacila sobre el agua
y hasta ese paquebote a medio hundir
parece hundido del todo.





No hay tristeza, no hay fracaso. 
Decepción. Un pájaro grita. 
El caballo relincha, 
le dice al pájaro: ¡Cállate, por Dios!
Dos grandes sapos se zambullen 
por un agujero que tiene 
la tapa de un desaguadero. 
Gordos, cabeza primero, 
luego el cuerpo no pasa 
y quedan con las dos patitas bailando en el aire.

Cómicos los sapos.







Una polilla entre cáscaras de papa, 
este hombre humilde de ojos azules
-vejez alada entre desperdicios,
No es un necio y bala monosílabos
como toda respuesta.
¿Por qué se apiada del censista?
Acercarse a la carpa del traidor
para grabar en la retina
lo que quiere llevarse del Atlanta:
banderines nomás, el hule de las mesas,
y el sol pegando an la cancha de básquet.






Pocas hojas muy verdes en las ramas
de uno y otro álamo, y el resto un sueño;
muro de árboles casi muertos
estirados como juncos altísimos
a los costados del camino.
¿Quién piensa, aquí, en el deseo
de agua que fluye entre la roca?
Tierra agrietada, la mica resecando labios
y la quietud del cielo amenazando tormenta.
Como este largo sendero hacia la nada,
como este largo, largo sendero,
busco eso que vuelva las cosas a su lugar:
alegrarme de estas pocas hojas verdes,
de estar bajo y cerca del cielo
en un camino de montaña,
de la frescura de un río donde las nenas
se mojen los pies, reconociendo,
formas y colores en las piedras.






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