lunes, 15 de octubre de 2012

JUAN COTTO (8044)



Juan E. Cotto (Suchitoto, EL SALVADOR 8 de enero de 1900 – México, D. F., 24 de enero de 1938) fue un poeta y periodista salvadoreño.
Cotto vivió en Guatemala y México donde pudo relacionarse con intelectuales de la talla de José Santos Chocano, José Vasconcelos, Antonio Caso, Ramón del Valle Inclán, y el pianista Salvador Ordóñez. A los veintiséis años, mientras se encontraba en México, hizo una disertación de Beethoven en la inauguración de un monumento en memoria del músico frente al Palacio de Bellas Artes. Durante la época de la gran depresión sufrió muchas penurias económicas y vivió bajo el mecenazgo de importantes personalidades de la época, aunque logró trabajar en la Secretaría Mexicana de Instrucción Pública y la legación salvadoreña en México. Fue colaborador de semanarios e incluso vendió enciclopedias. También realizó viajes en algunas partes del Caribe e impartió charlas literarias en la Universidad de Columbia.
Fue nombrado representante de la UNAM ante la Universidad de El Salvador, pero cuando retornó a su país no tuvo una buena acogida debido a una serie de difamaciones en su contra. Hombre apreciado por quienes le trataban, Manuel José Arce y Valladares escribió acerca de él:
...rezumaba pulcritud. Conversador amenísimo, embelesaba a sus oyentes con no escaso caudal de cultura…Vimos cómo en una tertulia conversaba en desenvuelto francés con unas gráciles parisinas…
También Vasconcelos opinaba sobre su persona:
En su intuición de gran poeta se conduce como en la vida, indiferente al éxito inmediato, lejos de toda injusticia, y atento nada más a los instantes únicos, sublimes, de la historia del alma.
Cotto murió de tuberculosis en la capital mexicana y fue enterrado en el Panteón Civil, años más tarde sus restos fueron repatriados a El Salvador.

Obra

Cantos de la Tierra Prometida, México D.F., 1940.





LA MANZANA

Dios no me lo ha prohibido.
ni siquiera
la serpiente del circo me ha mirado…
¡esta manzana me la como!

Peligra el paraíso
del nuevo Adán que viva entre nosotros
y guarde en el temor de esta manzana
el oculto sentido de su vida.






VERANO

A MARIANO BRULL

Se está comiendo a si mismo
aquel niño en el jardín…
Tiene un durazno en la boca,
rosado y rubio como él.

Cézanne no quiere que rompa
el milagro del pincel…
El niño robó esa fruta
a un verano del pintor.







PINOS

A XAVIER VILLAURRUTIA

Pinos, pinos de variados rumores,
—los pinos que tienen trinos—
¡Son los mejores!

Pinos, pinos de luna llena,
—los pinos que tienen musgo—
¡Son para la Nochebuena!

Pinos, pinos del nocturno idilio,
—pinos fragantes que vieron—
Un día caminar a Virgilio.
Pinos, pinos de liras tiernas,
—los pinos que yo he cantado—
¡los pinos de las canciones eternas!





NOCTURNO EN PATZCUARO

PARA CLAUDIO ARRAU

Rema suave, suavemente…
No rompas los luceros
que en el fondo del agua están dormidos!

—Dueños somos, amigos, del secreto
que en el más puro amor tienen las almas.

Alza la mano, guarda el remo…
¡No sea que se rompan los cristales
que guardan el tesoro de la noche!

De CANTOS DE LA TIERRA PROMETIDA, México D.F., 1940.






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