jueves, 27 de septiembre de 2012

7939.- RAFAEL ALBERTO VÁSQUEZ



RAFAEL ALBERTO VÁSQUEZ
Nació en Buenos Aires en 1930. En los años 60 integró el grupo “Barrilete” y compartió la dirección de la revista del mismo nombre. También compartió la grabación de un disco con poemas leídos por sus autores y música de la ciudad, Buenos Aires vuelta y vuelta (1966). Entre 1982 y 1986, con otros poetas, formó el “Grupo de los Siete” que editó varios cuadernillos de poesía.
Publicó 7 libros de poemas: La verdad al viento (1962), Apuesta diaria (1964), La vida y los fantasmas (1968), La piel y la alegría (1973), Hay sol en Buenos Aires (1975), Cercos de la memoria (1992), Este sitio sin paz de la memoria (2007). Además, un cuadernillo editado por la Secretaría de Educación del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Rafael Vásquez-Ciclo de Poetas del 60 (2003), aproximación bio-bibliográfica sobre el poeta desaparecido Roberto Jorge Santoro, con un apéndice documental y una selección de su poesía.
Recibió el Tercer Premio “Evaristo Carriego” del Consejo del escritor (1962); la Faja de Honor de la SADE (1964); Mención en el Concurso Municipal de Literatura de la ciudad de Buenos Aires, poesía édita, bienio 1992/1993 (1998). Fue incluído en ocho antologías editadas en el país y una en el Paraguay.
Su último libro, del que fue extraída la biografía, es EXPLICACIONES Y RETRATOS (2011)





DESTINO

Vuelvo.
Tu piel es un destino que juega con la vida,
influye en los horóscopos del aire
y gobierna otros soles derramados.
Vuelvo
para quemarme en ellos.
El metal encendido
circula en el abrazo total
e inunda el caos.
Tu sangre se respira
mientras abro tu cuerpo de silencio
en mis manos
y el mapa de tus pechos ilumina la noche. 

(del libro  “La piel y la alegría”)







CARTA


Hijo: tengo tu carta entre las manos;
la llevo en el bolsillo, cerca del corazón,
camina la ciudad
conmigo.
A veces ni la leo,
es como si al mirarla entre mis manos 
me hablara de temblores y de abrazos, 
de distancia y silencio,
silencios que me vienen de tan lejos. 
Como siempre, me cuesta
juntar esas palabras del principio:
decirte que estoy bien, que el trabajo no pesa
                                               y siempre escribo.

Sé que ataré después el hilo de la historia, 
diré cosas triviales, me pondré en una foto,
me alegraré contigo de lo poco que cuentas
(también una manera de sentir que te extraño)
y al fin, como otras veces,
fracasaré en decirte todo lo que te quiero.

Hijo: pensar que yo creía
que era fácil hablar con los demás
y en años no lo aprendo.
                            
(del libro "Cercos de la memoria")






NO  HABRÁ  MÁS  PENA  NI  OLVIDO
                                              a Carlos Gardel

¿Cómo puedo explicarles tal rareza
a cuantos ven la fama, las modas, el olvido,
el estruendo que pasa?
¿Quién fue Gardel?
O más: ¿quién sigue siendo?
Media vida en la muerte. Y no se nota
porque vuelve a cantar todos los días.
Pero el misterio es otro.

                                        No es la suma
de la técnica a secas, de las cifras,
de algún pobre recuerdo interesado.
Es el empuje de su voz que salta
viejos tiempos y músicas y letras
para dar en el blanco, donde duele.

Gardel es la memoria del tango, ese chispazo
que nos arruga el corazón y canta.

(del libro “Cercos de la memoria”)

  





ME  ACUSO


                            “Porque me duele si me quedo
                             pero me muero si me voy”
                                        María Elena Walsh

                            (“Serenata para la tierra de uno”)

No puedo imaginar
este final de invierno en otro sitio.
Ni cambiar soledades, afectos o paisaje.
Elijo esta crueldad de no mirarnos,
de sufrir la ciudad,
de los primeros gritos que despiertan.
Cómo hiere el exilio es lo que ignoro.
Porque tardan las cartas.
                                        O se callan.

Y los amigos nos desencontramos.
Ahora que hasta el aire se nos cambia
quiero reconocer: no fui valiente.
No di la otra mejilla
ni grité la injusticia por las calles:
lo dije en mis poemas.
Me acuso de esta voz sin resonancia.
Me acuso de estar vivo
                             
(del libro “Ese sitio sin paz de la memoria”)





TESTIGOS

Las palabras son testigos peligrosos.
Uno las fue soltando,
diciéndolas, hablando solamente.
Y pasaba el amor, la vida,
la sucia realidad que nos gobierna,
o pasaba el verano
o luchábamos juntos por cosas que nos unen.
Ellas quedaron fijas
mientras todo cambiaba alrededor
o se perdieron.

Y aquéllas que quedaron
nos acusan de lejos
para siempre.

(del libro “Ese sitio sin paz de la memoria”) 





FECHAS

                                   a los desaparecidos


Fechas para encontrarse o despedirse,
días en que el amor nos cambia el mundo.
Viejos aniversarios
con la muerte que enluta el almanaque.
Fechas siempre precisas
o apenas traicionadas por lo frágil del tiempo.
Sin embargo hubo veces
en que toda certeza fue borrada,
en que no existió un lunes, ni un domingo, ni un jueves,
ni un número ritual del calendario 
porque nada se supo.
Porque la noche se tragó las sombras,
el grito, el nombre fiel, el apellido.
No hubo testigos
ni explicaciones, ni quizás, ni nunca.
Sólo quedó el abrazo, el hasta luego,
la cita que no cierra,
el miedo triste.
Un silencio distinto para el duelo
y un cálculo imposible muy adentro.
La fecha del final sin rastro alguno.

(del libro "Ese sitio sin paz de la memoria")






SABES  CALLAR

Sabes callar a tiempo y me interrogas
con tus ojos que todo lo adivinan.
Y esa mirada llega desde un mundo
que nunca supe descifrar contigo.
¿Por qué si la lectura de unos ojos
puede darme la clave, no lo acierto?
¿Por qué no es sufrimiento y sin embargo
hay un desasosiego que me invade?
Sabes callar cuando mi propia noche
se enreda en un vaivén de la memoria,
cuando no sé decirte las palabras
que acaso en otra vida te dijera.
Sabes callar lo justo: como un beso
que llega y que se va sin pedir nada.
                             
(del libro "Explicaciones y retratos"






LA  MANO

La mano, para darla.
Para apresar también en su hueco otra mano
o para declararse prisionero
de ese gesto feliz cuando la noche
sale a contar historias. Qué sencillo
cambiar ese rescoldo de la infancia
por un viaje de sombra hacia el misterio.
Me dejo guiar. Puedo sentir apenas
un estremecimiento sin certezas,
un tal vez imprevisto que no alcanza,
un para qué borrado del olvido.

Y tu mano en mi mano, caminando. 

(del libro "Explicaciones y retratos")






LA MUDANZA

Había olvidado cómo era.
Digo: vaciar la casa y emprender la aventura
de empezar. ¿Qué se empieza?
Ahora cuando el hijo quiso mudar de barrio
y le ayudamos
a desvestir paredes y recuerdos,
a dibujar adioses y ver cómo deslucen los espacios
que van quedando grandes,
uno guarda sus pasos,
los ruidos de los pisos por donde la madera
gemía como un gato invisible.
Y busca los lugares donde el sol y las plantas
disputaban la luz.
Aunque no fue mi casa
hay siempre algún rincón que se verá en las fotos,
una música vieja,
el choque de las copas para apurar un brindis,
lo que queda del tiempo.
Fechas que están ligadas a aquella geografía
mínima de los cuartos:
tortas de cumpleaños, navidades y ruidos
con que el año cambiaba sin cambiar demasiado.

Hay que empezar entonces
e inventar los recuerdos para la casa nueva.

(del libro "Explicaciones y retratos")







NO SE  EXPLICA

Si uno explicara qué quiso decir con la palabra.
Si el claroscuro del poema fuera
el dibujo coherente de la anécdota: 
aquí estaba el amor,
en esta mesa del bar nos encontrábamos,
esa noche fue así.
¿Dónde quedó aquel diálogo
que omitimos sabiéndolo
porque el recuerdo a veces se atesora en secreto?
La desnudez nos ilumina.
Si todo el tenue relato se expusiera
secuencia por secuencia
como una vieja película olvidada
ya no nos quedaría
más nada por decir
y llegaría el silencio.

Por eso es que el poema no se explica.

(del libro "Explicaciones y retratos")                        


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