sábado, 22 de septiembre de 2012

7899.- LEYMEN PÉREZ



Leymen Pérez. Poeta y editor cubano con importantes lauros, su obra ha sido recogida en Antologías de Cuba y otras partes del mundo.

Nacido en Matanzas en 1976. Desde muy temprano se vislumbró en su personalidad un especial atractivo hacia la literatura, y un creciente interés por componer obras que evidenciarían su talento y madurez creativa. Estudió en su ciudad natal. Pronto alcanzó membresía en la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) de su provincia. Actualmente es editor de Ediciones Matanzas y miembro del consejo de redacción de la revista cultural de esa provincia.

Ha publicado los poemarios: Números del escombro, 2002; Pared con grabado de Pollock, 2004; Circo artesanal, 2005; Hendidura, 2005; Tallador de ruidos, 2005; Transiciones, 2006 y Corrientes coloniales, 2007. Entre los premios obtenidos se destacan el Regino Pedroso 2004; Cauce 2004 y 2006, Hermanos Loynaz 2005, José Jacinto Milanés 2006, Calendario 2006 y la Beca de Creación Prometeo 2006. Con el cuaderno Fatigas del trópico obtuvo la Beca de Creación Prometeo 2009 y el XVII Premio de Poesía La Gaceta de Cuba 2012. Sus poemas aparecen en revistas y antologías cubanas y extranjeras.




MODOS DE FORMAR

reduciendo
lo mismo a lo otro como Deleuze
reduciéndonos
como un eco que ha tocado una pared y otra
y después regresa hasta abrirnos el pecho
tramo a tramo del línea más corta hasta el suicidio
hablamos como máquinas textuales
del caos que hay en otros sitios
y nuestro caos se coagula en la sangre
se cristaliza y reduce a lo otro que está en las ruinas
no en la casa envejecida frente a su vertical silencio





SUCESOS

1. las deformaciones que encuentro son parte de mí.
2. arrastro el cuerpo. arrastro la sustancia que lo disuelve.
3. vértebra que duele.
4. imagen que cae desde la mano.
5. le oigo decir a Z: ciérrate, ciérrate,
que nada tiene sentido.






GOZA DE TI MISMO-DICE KIERKEGAARD.

1. En la oscuridad de la mente las ideas son menos densas.
2. Hay energía y vibración en la angustia del animal
que muere en tus manos.
3. Está también tu angustia…
Goza de ti mismo —dice Kierkegaard.





UNA IRÓNICA PERIODICIDAD

Sol estaba en la frontera y Parménides no lo creía. Sol ha existido eternamente (una idea muy común para los griegos y los cubanos). saltaba dos veces lejos de la frontera y Sol hacía lo mismo. ojos cerrados para que las ráfagas de viento no puedan salir. de un muro a otro fragmentábamos las distancias, las ausencias. en la frontera todos cojeaban de la pierna izquierda. iban dejando un rastro como las babosas, una irónica periodicidad. Parménides también dejaba un rastro. no lo creía. Sol tampoco. demasiada contracción de los eventos-pensarían. la frontera tenía una estructura rota, una voz rota. con la lengua golpeaba en la lámina de agua. en un cuerpo se almacenaban las ilusiones, los residuos.






LA NÁUSEA

una gran náusea, una gran náusea, una gran náusea, oh Sartre;
y pude vaciarme frente al vacío de los otros;
después me encerré como una oruga huyendo de la intemperie
que estaba recta a mi rostro;
una gran náusea en forma de cono donde podía expulsar la rabia
del animal que avanzaba en mí
hasta la roída médula, hasta las rápidas líneas del significante
que parecen una mancha de campo: deforme como la rosa,
como el abismo del pobre paisaje donde la humedad retorna;
una gran náusea, oh Sartre, y falsos temblores entran en mi boca
mientras la oruga lucha por salir/ vaciarse.






Soleada cáscara

Cuba, soleada cáscara.

En una semilla rompiéndose
por dentro vivimos, hilando
el dolor de los gajos
con el dolor de los frutos
dormidos, sin sueños ni paisajes
que abracen a los restos.

Cuba, hay otro mundo mejor.

Separado del cuerpo
comienzas a comprenderlo.
Separado del cuerpo
no hay tejidos enfermos,
no hay átomos asfixiados
de tanto impulso,
auras, espigas, hebras,
agujeros negros que
te hayan creado.
Nada hay que trasmutar.
Somos parte del vacío
al mismo tiempo que
somos parte del todo
como ciegas olas que trae
el silencio hasta el interior
de un falso paraíso.
¿Somos energía y vibración
o sepultura de imágenes?

Cuba, soleada cáscara.

Cerrada con la voz del bosque
que vibra dentro de cada semilla,
cerrada como una lenta raíz
que no siente al tallo contraerse.






El cortador de naturalezas

Me siembro
por dentro y me arranco
por fuera. ¿Sobre qué van a apoyarse
las manos? ¿Qué se deshoja
entre el sol que ha plantado Olga
y las costuras del silencio?
Hilo soy (naciendo). Tierra soy
(rompiéndome la aspereza).
Dos o tres encarnaciones
tengo en los ojos. ¿Cuántas capas
de tela necesita el cortador
de naturalezas? Ciego estuve
(¿estoy?) mientras abro el cuerpo
de una patria extraña
donde también sale y se oculta la luz
desde los mismos dolores.
¿Cuál es tu dolor, naturaleza?
Léenos el tiempo que nos abraza
la infertilidad de nuestras semillas
y muda la cáscara
el tronco que respira
su propio vacío. Me arranco
y me siembro por dentro.
Una naturaleza abierta
es mi dolor. Aprendo
a golpes de tijera
como el cortador
que también es cortado
en grandes y pequeñas vidas.






Albañales fatigas

Albañales fatigas, sombras
almacenadas con cuidado
para que podamos contemplarlas,
respirarlas, muerte tras muerte,
nacimiento tras nacimiento, vacío
tras vacío. Nada queda
por destruir. Todo se
amontona sobre el cadáver
que nos examina.

No hay cosedores de tejidos
que rehagan la piel, la voz
del caimán acostumbrado
al sol y a la playa donde
reposan los que se llevan
miel a los labios y oro a la boca.

En los ojos de los políticos
he visto el abismo, el miedo de
la madre naturaleza a remover
la naturaleza donde duermen
sus muertos ilustres y los
que nos hicieron creer
agua limpia que ya no limpia
los huesos.

El gusano también se cansa
de tu angustiada carne.






Tierra muerta

Desde que el aborigen enterraba a su cemí
y el colonizador su crucifijo

desde que el criollo enterraba a su criolla

desde que el revolucionario se enterraba
–cabeza abajo–

tierra muerta es la tierra que crece
en las mutiladas manos
que reman surco adentro
contra la tierra

tierra hay en la lenta sangre de la patria
alta y baja
árida y semiárida
blanca o negra según leemos
en los altos racimos
o en las raíces vencidas

tierra muerta hay en la muerta sangre
de los hombres de la independencia
que ya no pueden reencarnar

en las rápidas semillas de las sombras
y en el lenguaje que se abre
como una herida
en el fruto que se compra
y vende, en las hordas cubanas,

dentro de la naturaleza que pasa
por La Florida y desembarca
en La Habana hay tierra muerta

sobre mis ojos, los ojos de mi padre.




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