miércoles, 15 de agosto de 2012

CATALINA GONZÁLEZ RESTREPO [7.413]



CATALINA GONZÁLEZ RESTREPO

(Medellín, COLOMBIA 1976). 
Catalina González Restrepo es Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de Antioquia y Magistra en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, ciudad donde se desempeña como editora. Ha publicado Afán de fuga (Editorial Universidad de Antioquia, 2002), Seis cancioncillas (de agua salada) y otros poemas (Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional de Colombia, 2005), Deseos para los caminantes (con Juan Felipe Robledo, Golpe de Dados, 2007), La última batalla (Pre-Textos, 2010) y Una palabra brilla en mitad de la noche (Universidad Externado de Colombia, 2012). Sus poemas han aparecido en revistas y antologías nacionales y extranjeras y han sido traducidos al francés, portugués e italiano.  


EN VEZ DE LA PÁGINA

Yo,
acostumbrada a hurgar en las bibliotecas,
lastimada por el olor a moho,
alérgica al polvo,
prefiero hundirme en tus piernas cálidas,
ávida de beber esa humedad que calma la sed
sólo por un instante.
Yo,
decidida a abandonarme,
acepto tus arbustos,
en vez de la página fría y estéril
que al fin y al cabo viene de ti.





VAIVÉN

De tanto vestirnos y desnudarnos
estamos envejeciendo.

Nuestras imágenes en múltiples espejos
se van quebrando lentamente.

¿Qué traje elegimos hoy
el de la vida o el de la muerte?





SILENCIO EN LA MESA

Mientras masticamos la carne del abandono
alguien ha corrido una silla
para sentarse y beber con nosotros.

Vivimos en sonidos que no podemos decir,
improvisamos un concierto que jamás vendrá:
el piano suena muy alto y mis voces callan.

Morir es mejor que oír,
los músicos son niños con hambre.





DIOSES PEQUEÑOS

Dormimos como hermanos,
reptiles a punto de despertar,
en una cama que no es de nadie.

Estamos enfermos,
amar es un vicio
que nos ha dejado ciegos.

Todo lo sentimos ajeno,
sólo tenemos el miedo
y esta maleta que empacamos
y desempacamos al ritmo del deseo.

(de Afán de fuga, 2002)





CRISTAL

La imagen se repite
como una pesadilla infantil.

El cuerpo de la juventud
reflejado en habitaciones
donde los espejos cubren las paredes
y el miedo se confunde con la inocencia.

Aprendimos el juego del deseo
hasta la vergüenza,
hasta quedarnos sin cuerpo
ni espejo.





HORA

El día te fue dado
para interpretar
cada signo,
los anuncios del clima
y los de tu cuerpo:
para elegir cómo cubrirlo,
con qué alimentarlo
y cuándo embriagarlo;
adónde lo conducirá
cada paso tuyo
y adónde lo llevará la vida,
sin saber en qué instante
se esfumará
o qué enfermedad lo acosará;
para decidir
cuándo pones perfume
en tus manos,
en qué momento
saldar tus deudas
o darte en el amor.

La noche te fue dada,
engaño sublime,
para hacerte creer
que duermes y descansas.





EL POETA DE LA BAILARINA ANÓNIMA

Una bailarina ronda tus páginas,
mis pies ni siquiera aparecen.

Ella se ha ido,
pero se detiene en tu retina.

Podría ponerme zapatillas,
danzar,
y sólo la verías a ella.

Seguirás disfrutando banquetes en soledad
que quemarán los paladares,
ella será alimentada por tu memoria
mientras muero de hambre.





VIAJE

Hemos sometido nuestros cuerpos
a los rigores del instante
y este mundo se ha agotado
para nosotros.

El frío nos ha llevado al hastío,
el verano amenaza con devorarnos.

Sería mejor cambiar todo el equipaje
pero la memoria es caprichosa,
en las aduanas hemos perdido
algo irremediable.



PROMESA

La señora, vestida de negro, exhibe su viudez
mientras nosotros compartimos el postre.

Nos habla de esa llama
que se enciende y apaga,
nos mira a los ojos,
dice que se la jugó toda y no perdió,
la muerte nos hace vulnerables a la verdad.

Desordena su pasado
y se alegra de tu mano sobre la mía.

Quizás adivina que hace rato sueño con llegar a casa
y que lentamente dejas caer mi falda,
la misma de esa vez,
cuando cenamos con tus amigos
y aún no éramos nada.

(de La última batalla, 2010)




La última batalla

Llegas luminoso con el día,
tú, que te creías derrotado,
y prometes borrarlo todo
y haces que soñemos con carrozas
cuando nos debatimos con leones.

Somos dueños de casa,
huéspedes del asombro,
nos vestimos de rojo
y dormimos sobre manchas de fresa y leche.

Nunca faltará el vino en nuestra mesa,
siempre la azucarera estará llena.





Jardín

Entre cortinas espesas y camas altas
habitamos el palacio del encierro.

No abandonaré este recinto,
nunca saldré desnuda a los campos
ni te besaré frente a los comensales.

Sólo en la soledad de nuestros cuerpos
te amaré,
con gotas en los labios.

Exprímeme
déjame el vaso vacío a mí
bebe de mi sed

¿y si la muerte llega de pronto
e ilumina un cuarto oscuro?



Pirómanos

Personajes que se van quemando con los días,
goteras que caen a la fogata,
está nevando con chispas de fuego.

No me pidas sed
no hagas camino con las llamas
no juegues con las cenizas de la que soy
no codicies mis huesos
no me dejes el fantasma de la espera
lejana no me ames.

Bébete el granizo de la que seré
derrumba las fortalezas de la muerte
hazme tragar el sol del miedo
ahógate con el agua evaporada de mis dedos
que estoy bailando en el erebo
y tengo los ojos rojos.




Alimento

Revisamos nuestros buzones
esperando siempre la última carta,
vivimos para recibir.

Somos como pájaros que guardan las alas
mientras sus corazones laten
en pechos calientes.

—Yo cargo tus palabras en la cartera
como una limosna extra—.

No podemos dormir,
soñamos con anillos en cada dedo,
que mides mi torso con tus manos
y descubres la piel
antes de que se marchen los invitados.




Duelo

Mientras en la cajita mecánica
se debaten el segundero y el minutero,
persigo mi destino.
Voy de la cama a la almohada,
de la almohada al olvido.
¿Quién,
con su puño imbatible,
matará la puntual monotonía,
el afán de espera?



Desierto

De la infancia
el sonido del mataculín,
el miedo a resbalar
y la afición por el vértigo.
—Los deseos como piedras que caen—.
¿Cuántos mundos he perdido?
En el sueño de encontrar en el espejismo
un cactus sin espinas,
de querer sin herirse,
hallo un espejo en la habitación del frente
pero está vacío.






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