martes, 14 de agosto de 2012

7411.- RAQUEL GARZÓN




RAQUEL GARZÓN
Córdoba, ARGENTINA 1970. Poeta y periodista. Especializada en temas culturales desde hace más de una década, actualmente trabaja como editora en Ñ, la Revista de Cultura de diario Clarín de Buenos Aires, y colabora con el periódico madrileño EL PAÍS y su suplemento Babelia. Ha publicado cuatro libros de poemas: Crucigramas, Cataclismos, Poemas grises y Riesgos de la noche. 




Poema urgente

NO pronuncies gestos ni palabras.
No diluyas dotes de ladrillo:
el agua, el viento, la madera
los sueños, la piedra y el martillo
son signos glaucos de la vida
que no requieren comprensión ni olvido.
No pienses:
no hay sinapsis en vigencia.
Vencieron los plazos
y los buitres caminan lo que no pueden volar.
No me des la paz que no te pido
ni la guerra que puedo generar por cuenta propia.
Dame de vos lo más prohibido,
aquello que intuyo estás negándome:
tu fuerza brutal de cataclismo,
tu ronca raíz de remordimientos,
el fatal infortunio de tus días,
la fe que no tienes ni te inventas,
el plomizo ritual de tu rutina,
la asfixia venenosa que desgarra tu silencio,
el temible despertar de tu conciencia,
los trazos grotescos de tu infierno,
tu pobre lucidez de madrugada,
tus giros idiomáticos traviesos,
tu caos, tu insolencia, tu resaca,
tus afiebradas tormentas,
tus castillos de arena casi en ruinas,
tus furiosos dragones lanzallamas.
Dame de vos lo que no quieras darme.
No te protejas de mí, no te me escondas
Porque antes de desconocerte por completo,
tengo urgencia de aprenderte de memoria.






Riesgos de la noche

EXTRAÑO privilegio el de ser para otro alguien
como la luna en el agua:
dama de brumas,
fauna del cielo,
fuego y asombro.
Ese azar, si bendice, no es neutral
y confirma la visceral sospecha:
Toda belleza es arbitraria.


II

Ser, otra vez, la sola.
La que en vano mece su ración de luna
y enciende una vela por segundo,
tratando de ahuyentar la noche.
Un tibio animal que enrola furias
y envuelve el corazón -madero de naufragio-
en lino crudo,
para teñirse el pecho de sol blanco.


III

... y nombrarte despacio,
con dolor de terraplén que se desarma,
resignando sus vigas y sus mañas,
mientras todo lo que amo me abandona
en silencio y para siempre
Buenos Aires...







Entrevista con el vampiro

La bestia, corazón de estaca,
no ayuna por piedad.

Huele a frío,
el viento se embolsa en las cortinas
y has aprendido a perder.

Muerde,
tiemblas,

rojo el cuello blanco,

y la delicia pasa de ti
como de Dakar, la nieve.






Huellas del aroma

Mi rareza consiste,
larga e incauta,
en llevar al extremo del tacto
la palidez de tus besos
y ponerte en perfumes
como otros, en palabras:

Café, coñac, naranjas.




II.

Al despertar
él
un picor de comino,
ojos de salvia lidiando con el sol,
voz áspera y curry, sobre el mediodía.

Una luz mandarina
para celebrar el aire.







El escapista

Tu patria es lo incierto.
Ese botín de humo
que no poda su silueta.
Un mapa de escalofríos
con ripio en las venas
y el vicio de apuñalar.
La noche que se cierra
como un vientre de plomo
y los ojos del búho,
que hierven insomnios.

Tu patria es desear,
en cada nervadura,
un roce que no llega.







Franky y yo

No presumas ya de cicatrices,
que cada quién tiene su rosario de costuras
y para terror, querido monstruo,
sobran las nubes de gritos y anís,
que dibujan los vecinos
cuando ella amenaza con irse
y él la eclipsa en la enésima tunda:
Pan y prontuario ofrece el cine de su barrio.

No te quejes, Franky.
Tu miseria paga con literatura,
se esmera en celuloide
sin goteras ni escorpiones masticándose tu cama

y te ahorras ver
cómo muta el testigo en cómplice
con cada silencio.







El cansancio

Todo este circo arrollador
las bondades y las farsas
el alba de los pescadores
y la humillación de la red vacía
flagelarse y descreer
la intimidad de los rincones
una tarde de hace 20 años
y la vaga complicidad que obró Vermeer
los trucos del amor
producir
replicar
reproducirte
por la magra calma de sentir
que no has vivido en vano.







Flashback y versión de infancia

Anoche nomás,
hace casi 30 años,
tenía un libro de Verne entre las manos,
cierta ansiedad al llegar a la tabla del 9
y una fascinación por la química
que no me ha acompañado hasta aquí.

Mi color era el rojo,
mi día, el viernes
y el verano, ese bosque,
mi teoría acuática de la felicidad.

En esta foto mi madre me lleva de la mano
y su roce es un túnel de regreso
a las mil tortugas de mi infancia
que gastaron un nombre siempre igual:

Cleopatra.
Tengo 10 años,
soy la mayor de cuatro hermanos,
duermo en un cuarto de muebles blancos
y en mi casa no se puede envejecer
(papá es cirujano plástico).
Temo no estar a la altura de lo inalterable.

Creo que, si Dios existe,
se esmera en ello los domingos
cuando mi abuela nos lleva a La Merced
y rezamos al Señor de los Milagros,
mareados en incienso,
oraciones importadas del Perú,
que repito aun dormida.

Nado bien, tiro al blanco
y cuando crezca
quiero dar la vuelta al mundo en bicicleta
aunque no llegamos ni a Cosquín en la última excursión...

La velocidad traga el resto del paisaje:
Sigo siendo esa urgencia.






Meditación del fuego

Leño, apiádate de mí.
Cuesta arder,
el cosmos se resiste a mis cortejos.

Hay hielo en la raíz de cada cosa.

En todo lo que toco y temo,
peste añil,
humedad de aguaviva.








Para olvidarse mejor

Un hueco, un silencio,
un despojo mínimo,
imperceptible para otros,
esa grieta nerviosa en tu archivo de recuerdos,
polvo,
niebla,
lluvia ácida.

En esa gota de tu vida vacilas, extranjero.
No eres lo que no conservas
y otro alguien, a su ritmo,
ha perdido tu nombre para siempre.

Magia negra,
la edad fuerza las renuncias.
Envejecer también es alejarse.

Curiosa equidad
que borra por igual deslices y noblezas,
la amnesia hermana.

Bendice su baño de inocencia:
Quien te olvida te aligera.






Vanidad del bonsái

Yo, frivolidad,
me crezco en lo pequeño.
Por mí no pasa el tiempo,
la distancia no me roza,
mi pecho es de coral.
Me bastan el agua y la sed,
para entender el libro de la vida.

El detalle es algo inmenso.








Cacao

Al dios negro de mis horas sin café,
punzón amargo,
hielo seco de la mejor estiba,

nada de azúcar
ni celofán,
ni mariposas en la proa.

Alcanzan el hachazo de sabor,
el trópico perfume,
ser moneda y testigo,
un hijo sagrado de la selva.

Pura droga dura,
toda América en un grano,
cacao.







Clasificados

Compro
corazón piedra preciosa

capaz de levitar,
blindado contra la cirrosis,
con artes de mujer fatal y GPS
para noches de ronda.





II.

Se busca
bonzo militante
dispuesto a vivir con desmesura
como un piromaniaco
invitado a ser su propio infierno

con el fin serio de indagar
el engranaje de las llamas.





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