viernes, 10 de agosto de 2012

7376.- FERNANDO GIOIA





Fernando Gioia (Buenos Aires, ARGENTINA 1980). Su primer libro, Retazos de lo mismo, fue publicado por la Editorial Tsé-Tsé en el 2001. Con anterioridad apareció Intentos, en una edición de copias limitadas. Tiene escritos otros dos libros de poemas: Agua y Sunal sur. 




Espiga de sol


XIII

(En este torrente del fuego la costumbre tibia
del sol amanece con besos de deshielo en tu pecho)



XVI

Un eclipse dormido

(Naufragio entre la piel y el sueño)

la húmeda armonía extiende el instante
hacia algún sitio
sin tiempo.





XVIII

Un corazón
evanescente
sostiene la noche





XXI

Ella tira su ropa y entra en mi lecho mientras duermo
la noche y la idea de un refugio
                                                  una parte del mundo
el tiempo sujeta el vaivén sin porqué

ahora
la lágrima
 y la sonrisa
la lámpara
 y el misterio
en una esquina del crepúsculo

todo fluye
 y hundimos en el viento
nuestro latido.



IX

Un repentino acorde
en medio del paisaje
inquieta las hojas
desde el otro lecho
el alado escalofrío
abandona una forma

metiéndose
en el rostro
de esta página

(el contorno último
se aleja cuando
           lo queremos tocar)




abisal


XXV

A un metro del murmullo
 alguien dice           adiós
el rostro de la tarde.




XXVII

sabiduría del agua:
escribiendo el pulso del viento
deja el papel en blanco.





fragmento de la noche



             (...)

Fusión de la canoa
en las aguas del sueño (cascada
mudándose mas allá
del día
y
la noche)



(...)

 (escenario
silencioso
 esperanza detrás
                         del telón)




(...)


Un soñador
despierta en la montaña
antes que mi sueño
y tu sueño
terminen.





(...)

anochece
 esa mano anuncia
               el rock
del alu
cina
do
 rit
mo de las
pala
bras
al oí
          do

sueltas

—todos los mundos posibles—
te veo
la sensación posible en la noche posible:

el hermoso sueño
huye
un sábado mágico
como tu sonrisa
entre confusos
rostros.




sobre la corriente

suelta (entre) la niebla
       la hipnotizada iris
      el pretexto  de las luces
que apagan con (las sombras)
la simetría de la soledad
el desdén o llanura del mapa
hacia la confusión
(¿sangra?) la boca del abismo
forzada a disolverse
en la tranquilidad


interrogación  (una respuesta)
                 el costado de la luz
(no caigas en ella) en su ánimo
el polen inspira el instante
sideral hijo de lo intrínseco
 la crisálida     la paciencia
(el dolor) inmenso de
lirio bajo ese rostro cuando
nos paseamos sin pensarlo
por la disimulada que contradice


despierta (en la superficie) de
       lo escrito el agua  borra
con su leve paciencia
  la noche nunca vista
del sino (nos miramos)
perdiendo la invitación
de las fuentes (las dos caras)
del oráculo son las mismas
que forman y desforman
     nuestro entendimiento




el fruto (del corazón) más ínfimo
 se desliza la miel en la ciénaga
    de tus ojos    la metafísica
(indescriptible) encuentra
la moldura (lo que se siente) cuando
   el tiempo y el espacio se pierden
cuando el agua manifiesta
sinópticos intervalos sin dejar
una huella sin hacer el gesto
                       de un comienzo



  vacilante tiendes
     el péndulo que no toca
el tiempo sobre lo efímero
   (la muralla) se demora y
sigue el trazo (sin fin)
 (¿el tiempo?) seguirá
sobre el revés entre
los párpados de la canción
la viñeta enloquecida quiere
repetir sin palabras la voz


con la presencia crepuscular
(estamos en el medio de todo)
     lo cercano y lo lejano
infinitas distancias la meta
  morfosis de la existencia
la piedra del aroma de la montaña
(todo) las poses del viento entre
los árboles del sueño   lo real
sin motivo necesario
hizo el viaje

permanece visible cerca de la atmósfera
         (            ) adivinanza del plumaje
   la danza de las nubes rosadas
                  de la estrella errante
entrelazada chispa
sobre el lago    el rocío
    se convierte mientras se oculta:
paradoja del naufragio origen del
origen  (¿el final?) huidizo
   llamado (el límite intangible)

extraviada (nos dispersa) una simiente
   el tardío reverdecer (escúchala)
a través del laberinto la (armónica)
 salida ha dejado distintas puertas
     abiertas al mismo lugar
   donde desfallece el sonido
mi huella (regresa) a tu huella
      (yo espero) la semejanza olvidada
(¿estuvimos?) ¿suspendidos con el
equilibrio de las cosas?

 desenfrenados vuelos sacuden
cada ronda        el temblor
(¿las ilusiones?) el ave de la ascensión
el punto inagotable del diadema
transfigura la agonía         desaparece
sobre el espejo      con los labios de agua
el oleaje   su enumeración incesante
     los motivos que emigran
(aunque no existan)
doblegan ese misterio

constelación de seres
(al amanecer)  infinidades de causas
(lo que no lleva el nombre) premonición que
                se antepone de repente (inex
plicable) turbulencia en todos los horizontes
    la dimensión originaria    (transcurre)
tal vez es el origen
lo que en el devenir se juega (o no)
los cuerpos que perfilan el signáculo
   hacia la armonía de los vientos




 (un cauce
      Mi escritura comienza a
                              Henri Michaux



(multiplicidad) constante
 en cada axioma
 fluye (el encadenamiento) de sentidos
        alud: nuestra esfera
la pluma recién salida
del instantáneo refugio
no alcanza la visión
desde la cumbre sin el
imán que rompe
  el eclipse por primera vez

la existencia entre
    un infinito y otro
infinito   esencial  una vacilación
peldaño de las contradicciones
nuestra balanza (rota)
la edad del tiempo
donde se guarda
    lo perdido y
el fortuito abrazo
del afuera

el sortilegio en los ojos
de tus labios
lo verdadero del cielo
busca un crepúsculo
para mostrar el rostro:
semblante que mana
caudales en el doblez
de ese espejo
tus cabellos son
senderos de viento

principio y fin
en el medio
del agua...  el sexo
el incendio de las fuentes
nos refleja (antes y
después) me desvanece
la voz      (nos quedamos
callados para imaginarnos)
ningún sonido
ningún contorno 

eran los constelados
impulsos? reverdecen
de los tallos
no nacidos?
en ninguna parte
somos— el abanico de
plegarias
cuando tendimos
una mano contra esa dispersión
(¿quién nos llama?)

el cúmulo estelar alrededor
del paso sedante
de la música ¿un poema?
nos dice su esencia que callada
mente yace habitando la mácula?
como los trasiegos
llevan a diferentes pasajes
la flor y la llaga
donde esa estación
es más real?

ante el nudo des
      atado    de la sombra
(no pienses en ella)
solo arroja un sueño
glacial en su pecho
 (mientras nuestro minuto
        aprende de lo efímero
 cuando es demasiado tarde)
        confusamente
detenemos algún viaje

hacia el fuego mutable
       la flamígera tierra
sin huellas
                 te encuentras
entre el tacto del río
    y  escribes el día
la noche entonces
es parte de las piedras
que arraigan tu cauce?
sustancias del cambio
                       
un ánfora de inquietudes
                 en tu luz (¿el olaje
 puro?) el sol abandona la marea la pálida
oscuridad ¿dónde recoge
silencios el crepúsculo?
  ¿bajo los flotantes muelles
 éramos otra forma?
    así arrojas el otoño
y vuelve la ceremonia
de los delgados círculos

la razón melancólica
que bordea un jardín
al comenzar ese otoño
(la perpetuidad
de extraviarnos
sin mirar el espejo)
los límites de la tierra
la advertencia de tus pasos
llama al reposo
que amontona los rostros

una duda de briznas
enternece el rumbo del agua
(sumerge la sentencia
del creciente anzuelo)
un pez esparce el reflejo
(la sed que nos ciega
frente a la última gota)
la intemperie desborda
un puñado de abismos
mientras fluye la noche




Naufragios de tu mirada


Un trago que nos invita
a su soledad
el nacimiento de las tardes de otoño
donde no nos vemos los ojos
el sol sin la luna.







Los escalofríos se escapan
del torbellino
demorando la dulzura
las lenguas
en el porvenir
de una bandera

tantos entendimientos
exige la sangre?

tantas manifestaciones
exige la paz?



                                                  



                     La voz del horizonte

 La consecuencia de los astros estrellada sobre las ocasiones
              La corteza del río esperando la nieve
      La ventana cerrada por donde se escucha
                   La llovizna de pretextos
                       el eco se escucha
                                 el eco





Hacia el origen de lo mirado




Constelada
                   tu copa
                              y la mía
                                 bebemos
                    del alba
       y el amor
es amanecer indefinible:
  inclinada hermosura
que prolonga los momentos

recuerda:
si tus ojos
y mi llamado son amantes

—los relojes son absurdos—









Las formas se deshacen?

la nada y el todo
son la desilusión
cuando buscamos
un trozo de paz

la riqueza es
 el ritmo calmo
            del agua
en la pendiente

escúchala
  afirma lo
que digo
y lo desdice

nombra
lo que pregona
la canción
   redentora

los sueños   
sobre la amapola
de la región

indiferente

y
deja
un refugio para los que luchan
 en el umbral
               de las primaveras.



Buenos Aires, entre el inverno del 2000 y el otoño del 2003



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