miércoles, 1 de agosto de 2012

7350.- EMILIANO TAVERNINI


Emiliano Tavernini
Nació en Olavarría (Argentina), el 26 de junio de 1985. Cursa el profesorado en Letras en la Universidad Nacional de La Plata.
Autor del libro: Prolemario, (2012) 
WEB DEL AUTOR: http://elcuchilloenlacultura.blogspot.com.es/







Sabores de amor

Me pierdo en tifones de piel,
bamboleo
y agito mi materia oscilando
entre la carne ardiente
y cielos abiertos
a tus jardines
flotantes.

Me absorbe la inocencia.
El tenso falo
desgarra
célula por célula
la inmensidad latente.
Tras las cálidas mareas
circunnavegan          
caravanas de dulces orgasmos.

Espesos océanos invaden la esencia.

El ardor se hace fuego,
el ritmo
nace y renace entre tus piernas,
ranitas de estanque
nocturno
que se retuercen y saltan,
empujan
suben y bajan…

…las cuerdas vocales
comienzan a desatarse,
saboreando el clítoris
que descansa en tus labios
oigo vibrar tu alma…

El aire es sucio,
el sabor ácido.
Mi pecho
demasiado pequeño,
estalla.

El mundo gira, se derrumba
oigo el temblor.
Busco el equilibrio
y descargas eléctricas
sacuden las extremidades que arquean los pies.

Quiero correr al origen.
Quiero dormir en tu vientre.
Quiero morir bajo el amarillo de tus ojos
porque jugamos en mágicos parques,
bajo la luz del amor
nos ensuciamos.
Por suerte
nadie nos reta.

Aferrado en tus brazos
pierdo razones,
y entiendo.




Agustiniana 5

Entramos, la luz se cortó, tal vez presagio,
tal vez cábala de lo que no debe ser, o debió, o debiera.
Te hablé, me contestaste, reímos. Me anime a mirarte.
Te desnudé, floté, volé, quise hundirme en tus ojos, lástima que no hubiera agua,
sólo la sequedad de sonrisas.
Café, sorbos azucarados por la distancia, bar alma de tango.
Éramos melodías y nuestras palabras interjecciones y suspiros,
las letras mas hermosas,
Ferrer reducido a poroto, Manzi un fulano y así sucesivamente.
Tu boca. Yo evité mirar el reloj, la muerte,
sin embargo en la blancura de tu rostro veo los segundos y las arruguitas que no conocí,
las que te besaron otros labios de los que me hablas como a la pasada.
Yo prefiero olvidar. Reímos.
Al fin se sienta la confusión a nuestra mesa, ansío esos segundos que no poseí, ansío esos días tuyos
que se nos fueron.
Ya sos grande, lejana observo a la nena que fue muerte pintada de vida,
que fue amor pintada de sol.
Te  apuras a pagar, el tiempo, al fin supe que existía.
El tiempo,
(ma’ que física ni que mierda, esa tarde en la mesita del bar se olía tiempo,
se veía tiempo). Me revelaste la fugacidad de la manera más desesperanzada.
Me hubiera gustado que me pongas un nombre.
Salimos.
Nos perdimos en la masa, inútil intentar demorarte como en el bar.
Un abrazo en la parada del colectivo.
Una última mirada, vos de espaldas.
Un suspiro.
Artículo Indeterminado
como ser humano
patea una lata de cerveza.





I.1

La sol
tan parecida a soledad
a soliloquio
de náufraga baldosa
pisada por quimeras,
estandartes de tu rostro.

El luna
tan diferente del estío,
de cuerpos orgiásticos
flotando en la arena,
salvo tu traslúcida figura,
salvo tu virginal semblante
espiga de amor.







VII. Minuto cero

-¡Pará!, quedáte…
todavía no te describí
los colores de la nada
el fluir marino del verde
los lunares naranjas del prisma azul.
-Eso…, sentáte
sentí el dulzor del tiempo
detenido en la distancia.
-¡Pará te digo!
¿alguna vez te hable de la flor?
¿de la agobiante calentura de sus pétalos?
¿del rocío plácido que se desliza por su tallo,
penetrando su esencia
en la tempestuosidad de la mañana?
-¡Vení, mierda!
olfatea el latido de mi agonía
recordá la canción de estas gotas
el ritmo fúnebre en el asfalto, no lo olvides nunca.
-¡Quedáte ahí!, así...
mirá ese relámpago
mirá como me parte el alma
sentí el olor a carne quemada
el ardor de la descarga inesperada
en cada átomo de cuerpo.
-¡Y ahora escucháme!
tocá, sentí el relieve del abandono
meté el dedo y escarba en la cicatriz abierta
de esta ilusión
¡escarbá dale!
lamé el espeso vino púrpura de tu mano,
respirá estas manchas de pulmón tuberculoso,
que brotan de mis ojos hundidos,
ya perdidos.
-¡Te aprieto, sí!, ya te vas, pero antes
oí la aplanadora rodar por mi pecho
escuchá el crujir de cada hueso
de cada esperanza inútil
desgarrada por las astillas óseas.
-¡Vení, acercáte más!,
empujá, seguí enterrando estas cuchillas en mi garganta
¡con fuerza!, procurá traspasarla
que no brote sino sangre, negra sangre
de esta boca solitaria
que no se atrevan los morados labios a gritar te amo.

Ahora si, decapitame tranquilamente,
dejá rodar la cabeza por la vereda,
despellejá el torso y arrancá las entrañas.
Asegurate de que caigan en la cloaca,
que desciendan en las más lóbregas profundidades.
Ahora si, ya está, ¿viste que fácil era?
Andate si querés, ya sos libre,
decime que nunca me quisiste, repetilo tranquila.

Camina hasta la parada
camina serena
suave
hermosa
como nunca, sin apuros
y toma el 70
por los buenos tiempos aunque sea.






Mutar

¿Porqué no ser árbol?
y despertarme en el arrullo
con una vida verde y frondosa
estática.
Dejar que me penetre el viento
Dejar que la lluvia recorra
el laberinto de mis entrañas
Sentir cosquillas octosílabas de insecto
Desnudarme impúdicamente ante la luz
Bañarme en la altura
Reír en primavera
Ser sombra del amor
Ser testimonio fiel de la historia
Ser esperanza
Ser arte
Ser
cualquier rutina o azar
alejado, en conjunto
o presente acá
con mi corteza y mis decenios.
Esperar una muerte seca y lenta,
tal vez morir mártir
para devenir mesa o escarbadientes.
Ser Árbol
y no este cuerpo destructivo
inquieto
inútil
triste.





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