martes, 24 de julio de 2012

7323.- ABRAHAM NAHÓN




Abraham Nahón (Oaxaca, México, 1974). Poeta e investigador social. Labora en proyectos de antropología aplicada en el Ciesas Pacífico Sur, y se enfoca en temas relacionados con los pueblos indígenas de México. Director de la revista cultural Luna Zeta, editada en Oaxaca desde hace 10 años. Incluido en las antologías Hora de tinta (Fondo Editorial IEEPO, 2004), Anuario de Poesía Mexicana 2004 y Anuario de poesía mexicana 2005 (FCE, 2005 y 2006, respectivamente); Oaxaca. Siete poetas (Secretaría de Cultura, 2006); Cartografía de la literatura oaxaqueña actual (Editorial Almadia, 2007) y El vértigo de los aires. Poesía latinoamericana (1974 – 1985) (CONACULTA, 2007). Coautor del libro de ensayos y fotografía Memorial de agravios. Oaxaca, México, 2006 (Marabú Ediciones, 2008). 




Señales

Hay a quienes no necesitas 
preguntarles su historia: 
la llevan en el aliento.





Ficción 

Nadie nos conoce realmente: 
quien logra conocernos más 
es tan sólo 
quien mejor nos imagina. 

Intenté hacer un poema…





A Judith, quien habita en mí

Intenté hacer un poema que comprendiera la posibilidad y el azar. 
Que tu mirada sobre él, como un sol laborioso, lo atardezca. 
Y rote su palabra, al leerlo 
desde distintas coordenadas, 
o contagiado por tu soledad 
revele párrafos que abreven 
de la fuente de la antigua plaza: 
corazón que se ofrece 
incesantemente 
para nadie. 
Dejar que su voluntad lo transforme en otra versión del poema, 
cautivar y enamorarse con todo y sus reflujos, 
para no ser sólo palabra escrita: cicatrizada. 
O que como una manzana mordida, a la intemperie, 
pueda pudrirse a su propio antojo, 
o vivir entre anhelos, rencores y batallas 
como un pueblo de palabras. 
Que el poema 
nunca sepa que es poema. 






No quiero imaginar el mapa del dolor en tu rostro

A Erik Nezzar, viajero total, in memóriam

No quiero imaginar el mapa del dolor en tu rostro.
El asombro no se desvaneció
ante esas alas exangües
como derretidas por un legendario sol.
Áspero fue el camino
a esa otra dimensión
que en profusas charlas y humaredas quisimos vislumbrar.
Has traspasado la oscura cortina que nos separa
de la sala de proyecciones del misterio.
Eres misterio.
Y te recuerdo,
más allá de tus audaces exilios terrenales,
viajando en la contemplación,
cuando al caer la tarde te detenías
como un gran árbol –sostenido por el viento entre sus ramas–,
hasta integrarte poco a poco en el follaje.
Ahora entiendo: este sencillo acto
revelaba la metáfora de la muerte.
Duele pensar que tus hijos,
al desplegar sus años,
no podrán aprehender de tus actos
tu más sensible enseñanza:
la vida es movimiento.
Tardamos en dominar el fuego, y más en fecundar la tierra.
Nos aburrimos de vagar y fuimos haciendo altares
para venerar a la palabra y distraer la soledad.
Años dejamos pasar, para hacernos de memorias,
plastificar nuestro corazón y prodigarle a las imágenes
el fulgor de nuestros deseos.
Excepto, una pequeña cosa:
supimos, casi en el acto,
abatir lo diferente,
su misterio náutico,
lo náufrago del otro. 




MÁS OLVIDO 

  Para Gerard Macia 

Podríamos pensar que los espejos alucinan precipicias rutinas  
o que el sueño exhala un inocente aliento  
sin lograr animar lo no vivido. 

Podríamos casi sentir entre las manos 
cómo esculpimos esmeradamente 
momentos donde nada queda 
como en la cita amorosa  
ya consumada. 

La palabra es la ceniza más antigua de lo que vamos siendo,   
y la existencia, constante huida,   
porque vivir es desdecirse.  

Podríamos contar,  
que el tiempo que nos queda de vida,  
es más olvido. 






ANTES DE SER TOCADA 

Me gustan los poemas breves 
para pasar pronto de un horizonte a otro 
como cuando me bifurco en tus senos 
o arribo a los crecientes litorales de tu cuerpo 
sin dejar que esperas inútiles 
o vacilaciones 
repriman esta fluidez  
que te hace vibrar 
como una cuerda 
antes  
de ser tocada por el polvo. 





EN LOS PLIEGUES 

busqué descifrar 
sin flores  
en la mano 
las líneas 
de tu entrepierna. 

en los pliegues está el deseo 
dijiste negándote 
a desdoblarte  
con el dulce licor de tu cuerpo. 

desde ese día, 
he batallado 
por endurecer tus formas  
pero tu belleza  
–constelación sustentada en lo ausente– 
es herida liminar sólo en tu sombra. 



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