domingo, 22 de julio de 2012

7313.- ALDO TORRES PUA





Aldo Torres Pua: (Pitrufquén, CHILE 1910 - Londres, 1960). Poeta Chileno: Autor de “Imágenes silvestres”, Imprenta desconocida, Temuco, Chile, 1933. “Corbán, rapsodias y elegías” Imprenta Letelier, Santiago de Chile, 1940. “Otoño encuadernado”, Ed Nascimento, Santiago de Chile, 1955, “Memoria Permanente”, Ediciones Botella al mar, Buenos Aires, Argentina, 1952. “Montecino” Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1955. Su obra se encuentra publicada en varias antologías chilenas.




RESPIRACIÓN

El aire de todos es mi respiración. Construye.
Mis pulmones reconstruye. Y éstos se multiplican
Y prolongan la memoria de los relojes.
El aire está poblado de respiración.
A veces, de repente, me parece
Que penetramos en la transparencia de todo
Desvestidos aun de la postrer sonrisa.
Es entonces la trágica hermandad de las islas.
La piedra sepultada duerme profundamente
Soñando una corola. Es su respiración.
Desde la planta de los pies suben mis ojos
Con la antigua confianza vertical del lirio
Y trasportan ocultas mis miradas
Una sal de pretéritas pupilas.
Cómo temer al sol, cómo temer al viento,
Con la vieja costumbre de morir
Agazapada entre los huesos.
Cómo temer al árbol sin dinero de hojas,
Cuando mi pecho multiplica su caudal escarlata.
La brisa de la tarde es un cristal que pasa.
Pero mi cráneo es un vaso de tierra,
De tierra en transito hacia el vidrio.
Todas las cosas son respiración en reposo.
Todas las cosas, con mi nombre y lo sonoro
Que crea mis oídos, el rayo
De sol que tiembla moribundo,
Y la penumbra que alumbra las noches,
Y la copa sin ojos del otoño.
Una lágrima se desliza como una araña,
Y es una bolsa de respiración.
El lejano ladrido de los perros nocturnos
Es una esponja de respiración.
El recuerdo respira en los retratos.
La muerte respira en la aurora que pasa.
Por puertas y ventanas entra y sale,
Sale y entra, la respiración.
Un clavo de tiempo fija mis pulmones
Entre la respiración que viene
Y la respiración que va.




CIRCULO

Contemplar el azul y aun exprimirlo entre los labios
No es desear la resurrección, triste ignorancia del soplo
Cuyos pétalos nutren la perfección del círculo.
Lanzo una piedra y al caer son dos piedras distintas.
No es la separación. Se multiplican.
Si miro al sol, una dorada sangre me recorre
Y un pájaro de piedra disparada
Quiere romper mis sienes.
Niños y ancianos pasan hablando con mi voz.
Tiemblo en la pregunta y tiemblo,
Tiemblo en la explicación.
Si desde el caudal de mis venas
Se levanta una niebla como un gran pez que crece,
Esa es la noche y las estrellas son
Las silabas perdidas de la luz.
Somos la primavera y el invierno de la brasa.




LAS DOS SERPIENTES

La serpiente del sueño nunca termina
De pasar bajo los párpados espesos.
Hilo de arena, avanza sobre alfileres,
Se sujeta con pinzas infinitas.
La otra serpiente es la del hambre,
Y gira en redondo dentro
De una bolsa obscura y ciega.
Proyecta su peso como una sombra,
Atándome a la tierra que media entre mis pasos.
Ambas se alternan y confunden.
Una me tritura y desmorona hasta un susto de abismo
La otra prolonga mis vísceras en equilibrio
Sobre clavos.
Ambas son una misma.
Cambian solo de nombre.
Y a ello juegan
Mientras vago
Por la noche urbana.




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