sábado, 21 de julio de 2012

ANTONIO SILVA [7.297] Poeta de Chile




Antonio Silva

(1970-2012) Poeta Chileno. Autor de: “Andrógino” Ediciones Concurso Eusebio Lillo, Municipalidad de El Bosque, Santiago de Chile, (1996) “Analfabeta” (prologo de Carmen Berenguer) Editorial Cuarto Propio, Santiago de Chile, (2000) y Matria (2008). Su obra ha sido publicada en diversas revistas y antologías chilenas.



YO  NO ELEGÍ EL OPERÁTICO DECORADO DE LA CORDILLERA

pero
pinté de sal y rosa los Andes
para contemplar en él, el blancor de una patria,
Me vestí con los atavíos de mi madre.
Me saqué los ojos para nombrar
Edipa santificada de coronas
En la ceguera vi a la india que cuelga de mis vértebras,
loca que ejercita en mapuñol
el celular corro de las soledades.

¿Cómo comprender el pajaral canto de tu boca en el
        /níveo anonimato de las palabras?

¿A quién preguntarle por el sur o el norte?

He inventado una patria para los despatriados,
mi pequeña ítaca, mi futura lengua
Para el ignoto fulgor que vibra en ventanas tapiadas,
Para el hechizo que una mujer despliega en la finitud
        /de las tiendas
Para la carcajada cesante en la fugacidad de un
        /atardecer alcohólico
en un tempo áfono y áfasico
Para el cuenco donde las cosas caen y,
donde cada sentido riza la concavidad de un cuerpo
Para la pequeña distancia de tus huesos
que imita un futuro día blanco Blanco
de mi memoria
Para el espejal gesto de tu mano
en la trenza de la selva
Para la disposición de lo bello;
el oxígeno de tu boca sobre
el pelaje de mis dedos
Para tu cabeza india

Ramera Amancebada de sol Azteca
Ona Maya Zapoteca araucanita
Quechua Aimará Naguatl
De sangre mi vestido jamás americana
Huk Indiapa Minueto
Trompanne Gapachacun Tzay Ichisaj
        /Selvapita Uchkunkaj



Los maricas

El andrógino es considerado superior a ambos sexos 
porque encarna la totalidad y por lo tanto la perfección. 
Mircea Eliada.

Cruzados en un parque 
En el filamento de las sombras 
Entre el destierro y farol 
Hacen su entrada coja los maricas 
Las bestias de ágata, torcidos e inmundos
trochando gestos 
El decorado siempre bastardo en una ciudad felina,
Los maricas y sus citas 
De párpado en párpado, su lenguaje binario
Como polillas siempre atentos a una nueva antorcha
que surja en el vergel nocturno

Uno es la otra es ella en mí y en el otro

Sus pequeños y violentos actos 
Paridos en estertor de un circo pobre 
En una luminaria se emborrachan los maricas
Y relatan siempre una misma historia 
Despatriados los maricas levantan una bandera 
Un pañolete izado 
. . . . . . . . . . . En la fetidez de las muelas

De la mano van los invertidos 
Al encuentro de matarifes, lumpenajes y soldados 
Al encuentro de mi canto 
Al encuentro de un plumaje abanical
Locos y tristes los maricas condenadamente alegres
Indeciblemente bellos, bellos.

(Matria, Santiago, Editorial Cuarto Propio, 2007).




Mi She

Jamás necesité cantata de sirenas
Jamás pedí asilo en las piernas de dios 
Solo me contenté con obreros de alcohol valiente 
Que cada noche de regresar al pueblo deshojaban mi 
peluca 
A veces me golpearon, es el precio de MI SHE
A veces me besaron; azul intenso penetró mi
Corazón
Apenas líe letras para la compleja vocalización del amor
Soy un cuerpo interrumpido por el desprecio
Aun así tengo neumas que marchitan el destino de
la voz 
Espero para reír de los labios argentes 
Una vocal atravesada en mi lengua 
Un idioma domesticado para la castración
Tengo una vocal escondida para silbar el día de tu 
muerte
Falsamente ruego 
Me voy con mis guachos 
Y no te llevo en el corazón 
Hundo la cabeza en el tren 
De las desiquilibrada

Yo la analfabeta, la precolombina del amor

 (Analfabeta, Editorial Cuarto Propio, 2000).




Doméstica 

Hoy me afano en la cocina del horror
Ollas y trastos iridizan lengua violada 
En el arete de la realidad 
De cuajo el amor hirviente
Del orgasmo toda la sal toda 
Condimentos presas arqueadas por el hielo de mi
canción 
Fulgurante machete

toda a presión

(Analfabeta, Editorial Cuarto Propio, 2000).


Temporera

I

Al taquicárdico pulsar de una estrella
abres el cortinaje, imitando la abertura de tu sexo
–lentamente al nauseabundo hedor de la complicidad–
La oquedad de un mísero pasaje,
Un territorio siempre ajeno.


II

Bajo una luna igual de hocicona vuelves con el azote
/del taco reina
su chasquido enciende el lenguaje de la muerte
Algo más de las 2 de la madrugada; un bazar abierto
/sólo para la venta de cigarrillos sueltos
Una débil música filtra la orladura de la noche
El quejido de una reja de tablas.
La ampolleta es un ojo atómico
que todo lo tiñe de amarillo siniestro.


III

Un lar inscrito en el doblemente tercer mundo el
/trasterío de ollas espejea en la fatua
lumbre la agonía de una casta en desintegración total
Separado por una sábana grasienta, tu pedestre
/e ingenuo mundo;
un póster de Emmanuel, un estuche que irónicamente
/te dice “mis cosas”
Enciendes un cigarrillo y al volumen de la
/promiscuidad
Te internas en el dial de las abandonadas, guiñas perla
/y pestaña y tu labio es un tendido eléctrico
Balbuceas el nombre de tu hijo el de un hombre.


IV

MIHUACHITOMICABRITOMINIÑITOMIAMORCITO
MICABRITOMINIÑITOMIAMORCITOMIHUACHITO

AL FONDO MI GRITO DE LAS NALGAS DE LA
/TIERRA YERBAMOTO RUDA PALTO
JARDÍN DE PÚAS YO MARÍA LEVITANDO SIN
    /CALZÓN
SIN AMOR LA MIRADA FIJA EN UN ORGASMO
LA CASA TIEMBLA VACA PATE’VACA MARACA
   /LACHA SUELTA
RAMERA AMANCEBADA TEMPORERA
EL INCENDIO EL AMOR SE TE FUE
YO LA MUERTA LA MESERA LA MAMONA LA
   /CARA PARTIDA


V

Envuelto en el tísico sudor de una preñez
el cuerpo de una niña babeante
Pupila honda, sal y tiempo en la cicatriz de un útero
La radio mastica el evangelio, azote perfecto. La culpa.


VI

Tu sollozo se confunde
en el oreo de los álamos
Descalza con una tirilluda enagua
te paseas en el pequeño patio interior
y untas tu rostro en el agua estancada de una artesa
que parece calmar la sed de un corazón fabricado a
/patadas
pareces una bruja intentando salvar algo
quizá sólo a ti misma


VII

Tres o cuatro palabras
la gestualidad de una cruz
el hipnótico cojeo de una mujer
internándose en la finitud de la noche
hablando sola o con lo s gatos –que esta noche
/pase luego–
El paso de un tren y el ladrido de lo irracional
anuncian con hocico metálico el futuro devenir
en la frágil oración de una mujer.


VIII

“Soy María Jorquera Melenao pertenezco a esa ralea
de mujeres en las cuales se deposita toda la
animadversión de una moral rudimentaria, sostenida
en el ejercicio de lapidación y exilio de la concubina”
El mísero monólogo voltea los ojos de la noche,
transparentando el óseo lunar
La única ebria es la muerte y sólo ella deja flores y
besos frente a la pequeña puerta de las venganzas.
Una polilla anula el farol de tu casa
El ruido del mar se interna en la ciudad,
hacia potreros y eriales.


IX

LÁMPARA ECLOSIONA MI CASA MI CAMA MI
   /HERMANA
SALTERÍO DE RANCHAS
MI PADRE MI MADRE MI ENAGUA MI LENGUA
LA LOCA LA PASCUALA LA MENOR LA
    /DIEZMADA
DAME UN HOMBRE UN HIJO UNA MAÑANA


X

La noche hunde tu cuerpo
hacia la calle más inhóspita de la tristeza
De la miseria siempre hay ojos ávidos –el botín
/de la insignificancia–


XI

En la navaja de una mañana dibujas una casa
y cuentas los nudos de tu trenza
El sol fermenta las bofetadas de una catástrofe
y en tu pelo graso alguien imprime un beso
mientras los evangélicos cantan un quejumbroso
/himno de amor
y una ronda de niñas te obsequia una...

LA NIÑA MARÍA HA SALIDO AL BAILE
BAILE QUE BAILE QUE BAILE
Y SI NO LO BAILA CASTIGO LE DARÁN.



EL SOL NEGRO DE MATRIA

Por 
Raúl Zurita 

Yo no elegí el operático decorado de la cordillera 

pero
pinté de sal y rosa los Andes
para contemplar en él, el blancor de una patria, 
Me vestí con los atavíos de mi madre (…)


Con este extraordinario comienzo; de tono mayor, épico, que se va con todo, se inicia Matria de Antonio Silva, y comienza un nuevo gran relato para aquello que persistimos en llamar la poesía latinoamericana. La obra de Antonio Silva, desde Andrógino y Analfabeta hasta este último libro, levanta un proyecto único que a través de las marcas del hibridaje, de la transculturización y de la pérdida, muestra una geografía donde los opuestos impuestos por el lenguaje del poder: homosexualidad y heterosexualidad, masculino y femenino, patria y matria, funden sus territorios y dejan de ser experimentados como contradictorios. Este trazado radical culmina en la última página del libro con la imagen suspendida de un pacto mediante el cual las líneas de filiación se reordenan borrando sus fronteras:

                        LA MADRE DE MI PADRE
                        SELLÓ DE SAL
                        LOS OJOS DE MI NATURAL
                        MENTE
                        MADRE

Desde su primera línea poema entonces hasta esa MENTE/ MADRE del final,  este libro es un alucinante dispositivo que dialoga y litiga, más que con una generación determinada, con esa idea del poema que encarnan los poetas fundacionales, vale decir, los poetas muertos. Como todas las poesías poderosas, la de Antonio Silva modifica el pasado y es difícil leer a sus antecesores sin teñirse de su mirada. Es lo que sucede con Huidobro (el de los cantos III y VII del Altazor donde primero se señala que los idiomas que hablamos son idiomas muertos, para luego demolerlos), con Neruda, (no tanto el de las Residencias como el del Canto General), con Lezama Lima, quienes encuentran en estos poemas un nuevo sentido, un doblez tan alucinante como inesperado.

Las relaciones de un texto de la envergadura de Matria son múltiples y seguirán multiplicándose en el futuro, pero la marca fundamental es con César Vallejo. En rigor, estos poemas representan una de las más hondas respuestas que este opaco comienzo de milenio le ha dado a la interrogación que Vallejo dejó abierta en el poema “España aparta de mí este cáliz” sobre el idioma impuesto y las víctimas de ese idioma. La pregunta fue por el dolor. Él vio que en estas tierras signadas por la conquista la felicidad jamás será posible porque el dolor es inseparable del idioma impuesto, literalmente, que cada una de sus letras “es el origen de la pena”. En su sentido más urgente y desesperadoMatria es una reescenificación de ese origen, de ese dolor incrustado en las entrañas mismas del castellano y ya en su primer poema se nos dice que su tarea ha sido inventarles una patria y una futura lengua a los despatriados:
He inventado una patria para los despatriados
mi pequeña Itaca, mi futura lengua (…)
Líneas más adelantes se nos dirá que esa “futura lengua”, será un idioma “Quechua Aymara Naguatl”, mostrándonos que antes que nada los despatriados son los expulsos de un idioma que carga en cada una de sus palabras, en cada signo y vocablo, la memoria de la infinita violencia que significó su implantación. Es el tema central, y exactamente es eso lo que nos muestran permanentemente los grandes poemas del mal llamado nuevo mundo. En otras palabras: cada vez que recorremos las letras de este A B E C E D A R I O como está nombrado en el poema “Zapatos de campesina” de Matria, nosotros los lectores volvemos a hacer presente el genocidio que significó la imposición de la lengua en que están escritos los poemas. Pero esa lengua somos nosotros. Al leer nosotros somos los victimarios, nosotros somos ese origen de la pena.

Los poemas de Silva son así territorios donde las palabras marginadas irrumpen en el decorado del idioma imperial, acosándolo, purgándolo, recordándonos que en la violencia original del idioma estaba ya prefigurada la violencia racial, social, económica, política, que atraviesa la historia de estas ex colonias. El castellano se levanta como el primer victimario y la impronta de su tragedia; sus cientos de miles de víctimas arrasadas, segregadas, muertas, por y en la lengua que nosotros hablamos, no podía sino reiterarse en todos los ámbitos de la vida:

            de sangre mi vestido
            jamás americana,

Los seres que pueblan Matria son así, antes que nada, efectos del lenguaje, pliegues de él. Marginados, violentados, violados primero por el lenguaje impuesto, esos personajes se nos presentan en la escritura de Silva como una pulsión de esa misma lengua, esto es: de las culpas, remordimientos y esperanzas que el hecho del habla implica. Las palabras en Matria están permanentemente a punto de transformarse en las palabras de las lenguas marginadas, en ese “quechua aymara naguatl” levantando el mapa de una ciudad que existe únicamente porque revela la profunda conflagración de un idioma que no ha alcanzado la paz con sus hablantes y que, por lo mismo, no puede sino transformarlo todo; un continente, un país, un barrio, en periferia, en margen.. Pero esto no es menor. Me atrevo a afirmar que si algo como la poesía latinoamericana existe con Vallejo, Huidobro, la Mistral, de Rokha, Neruda, es porque esa poesía es la constatación más profunda y demoledora de un idioma que no puede nombrar inocentemente la violencia porque él es la violencia. Es en ese límite donde se escribe este libro y la poesía de Silva reinventa a sus propios precursores. De partida comparte con los poetas fundacionales el esplendor de la escritura, salvo que ese esplendor tiene en Silva un signo opuesto: oscuro, desmembrador, inquietante. Matriava orillando el borde de sus propias palabras como si quien escribiera lo hiciese también bajo una doble impulso; por una parte el de reinstalar el principio del placer en el corazón de un idioma católico y castigador mediante el uso de los tonos mayores, de los incontables niveles fónicos y rítmicos, de los contrapuntos, produciendo el efecto de un gran decorado, de un escenario crepuscular y radiante a la vez, mucho más cercano al barroco, con el peso histórico que ello significa, que a los amaneramientos del neobarroco, dicho en breve, mucho más cerca de Góngora y del Neruda de las Alturas de Macchu Picchu que de Severo Sarduy, y por otra parte, el impuso de romper con las propias palabras, triturarlas, reducirlas a sus meros efectos sonoros para que ellas efectivamente permitan la instalación de un nuevo significado.

Me ha parecido que parte de lo magistral de Matria radica en mostrarnos esa lengua sitiada, quebrada entre la memoria de su propia violencia y el impulso del placer. Pero palabras como poesía, poemas, poetas, nos parecen, y a veces no sin razón, altamente sospechosas, y sin embargo es necesario revindicarlas porque nada de este libro ni de su autor es decible si sacamos esas palabras. Se trata entonces de una extraordinaria poesía y de un extraordinario poeta, y de un extraordinario poeta a secas, sin más, en el sentido más ortodoxo del término, con un alucinante manejo del sonido, de los quiebres sintácticos, de las aliteraciones, con cierres maestros como Periferia de tu canto, del poema “Una patria”, capaz de llevar el idioma a su máxima magnificencia  que no es otra que la magnificencia de las grandes exequias. Lo que se está mostrando es una ceremonia fúnebre; la de un idioma que sus propias palabras entierran:
Qué vas a hacer con esta lengua difunta
Con esta diadema sonora, con esta cabellera de amor que peina el deseo
Es otra vez el gran tono, el máximo resplandor, pero es un resplandor que no ilumina ninguna plenitud, sino al contrario, que hace más evidente su mancha, su indisimulable vacío, la herida que lo corroe. En otras palabras, el resplandor del lenguaje en Matria devela todas las fisuras, grietas y derrumbes, que están en la piel viva del lenguaje. Pero la piel viva del lenguaje es la piel viva de nuestros cuerpos. Limitamos con las palabras, limitamos con las palabras atroces de un idioma que al hablarlo nos convierte en los beneficiarios y cómplices de un gigantesco acto de fuerza pero que al mismo tiempo es el que nos da una pertenencia, un lugar. Esa contradicción irresoluble es lo que encarnan los personajes de este libro: sus permanentes quiebres de géneros, sus travestismos, sus nombres cruzados, sus santidades plurales e invertidas, son aquello que la sociedad, la sociedad chilena actual, quiere usufructuar pero jamás exhibir como esos ejemplares padres de familia que se suicidan porque descubren que tienen Sida. Lo que emerge entonces es la belleza estupefaciente de un sol negro que se levanta con todo lo reprimido y cuya capacidad subversiva radica en el hecho de que en la poesía de Silva no existe la más mínima sombra de auto conmiseración. Es una poesía brillante y dura, sin concesiones:

            Penetrar y ser penetrado
            esa es la ley del universo

Creo también que leer Matria desde perspectivas generacionales o de género es válido, pero reductor. Un libro como este vuelve a recordarnos que tanto en poesía como en la vida, lo crucial es lo sexual, no lo hetero, lo homo o lo bisexual, y me ha parecido también que estos poemas están más cerca de esa forma de eternidad que encarnan los poetas muertos, Huidobro, Neruda, Mistral, Vallejo, que de los poetas de esta o aquella generación. Al mismo tiempo entiendo perfectamente que un poeta de la potencia de Héctor Hernández lo sitúe como el mejor poeta de los 90 y que lo sienta como el gran referente. Cuando la reacción reaparece en todos los ámbitos, -y en poesía a través de cerros de poetas tan nuevísimos como viejísimos, que quieren revivir los discursos de las buenas abuelitas: el buen poema, el oficio, el pulido, y cosas tan nauseabundas como esas, (sí, el buen poema, pero con demencia, con desborde, con mirada, con riesgo, con enfermedad)- es necesario agrupar fuerzas y reconocer aquellas obras que apuestan por  lo otro. Por lo que no es esto, por aquello que no es lo que está y que debería estar.

Es la apuesta de Matria y de su universo maravilloso y maldito. Se trata entonces de uno de los remarcables libros de la poesía chilena y Chile entero está concernido en él aunque sólo lo sepan cuatro personas. Parodiando a Pound diré, lo siento tanto por ti, Chile, porque no conoces a esas cuatro personas.


COMUNICADO

Estimados amigos; tengo la triste misión de informarles de la sensible muerte de nuestro amigo el poeta Antonio Silva.

Antonio falleció el día 21 de mayo de 2012 a las 11 horas en el hospital Barros Luco, debido a una enfermedad respiratoria sumado a un muy débil estado físico. Antonio se encontraba recluido desde hace casi más de un año debido a problemas de salud. Se alejó de todos sus contactos y cortó todo vínculo con las personas. No se bien en verdad si fue decisión de él o de su familia, que hay que decirlo- mantuvo una actitud muy inhóspita con todos los que intentamos acercarnos a preguntar por su salud. No abrían la puerta. Es más, el domingo pasado volví a ir a su casa, tocar el timbre y desde una ventana de un segundo piso su hermano me dijo que Antonio ahora vivía en la comuna de El Monte, a la que supuestamente se había mudado por “mejor aire”.

Me pareció muy extraña aquella respuesta y comencé a inquirir entre vecinos sobre lo que estaba ocurriendo. Ya lo había hecho antes frente a las respuestas de su familia que me decían que Antonio no estaba en Santiago pero estaba bien de salud y ánimo. Mediante un familiar que trabaja en el registro civil me enteré de la noticia. Todo esto fue una cruel mentira para quienes buscábamos saber de él. Hace un año Antonio estaba recibiendo un tratamiento médico que lo mantenía fuera de toda posible actividad.

Con mucho pesar cuento estos datos, pues Antonio falleció hace casi un mes y su familia no informó del hecho a sus amigos. Tengo información que no recibió velatorio ni responso alguno. Desconozco si sus restos fueron cremados o sepultados en alguna parte. Con su familia no hay dialogo posible y comenzaré pues a averiguar por otros medios los datos para dar aviso a ustedes de donde se encuentran los restos de Antonio.

Quiero agradecer como amigo de Antonio a todos quienes me preguntaron por él e inquirían por su salud y estado. Lamento como muchos seguramente no haberlo acompañado ni apoyado en sus horas de dolor y angustia. Su familia tomó una opción que me parece equivocada y muy poco justificable.

Hago un llamado a sus amigos a no olvidarlo, a difundir su obra, a valorar la pasión que puso por la poesía.

Un abrazo,

Samuel Ibarra Covarrubias


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