sábado, 21 de julio de 2012

7296.- EDMUNDO HERRERA


Edmundo Herrera
Edmundo Herrera
Edmundo Herrera Zúñiga (Renaico, 1929). Poeta, Técnico Industrial en artes graficas, profesor normalista y profesor de estado para la enseñanza industrial, ha ejercido la docencia en distintas escuelas del país. Publicó: "Canto de la Sombra", poemas, 1958, Ediciones Lírica Hispana, Caracas, Venezuela, "Larga Mano para Jean", poema, 1960, Editorial del Pacífico, Santiago, Chile, "Llamada al Libertador", poema, 1960, Editorial Cronos, Santiago, Chile. "La Casa del Hombre", poema, 1964, Editorial Universitaria, Santiago, Chile. - "Oscuro Fuego", poemas, 1970, Ediciones Asociación Chileno-Árabe de Cooperación, Santiago, Chile, "El Paraíso de los Pájaros", poemas, 1971, Ediciones Grupo Fuego de la Poesía, Santiago, Chile, "Encuentro en la Joven Poesía, Chile-RDA.", estudio y selección, Antología, poemas, 1971, Editorial Instituto Chile- RDA, Santiago de Chile - "La Poesía Chilena Actual", estudio y selección, Antología, poemas, 1972, Ediciones Instituto Bancario de Cultura,"Soy el Subterráneo Ángel de la Vida", poema, 1977, Escuela Nacional de Artes Gráficas, Santiago, Chile, "Manzanas y Ceremonias", poemas, 1979, Editorial Universitaria, Santiago, Chile, "Poesía Combatiente de Nicaragua", estudio y selección, Antología, 1982, Editorial Libertad, Santiago, Chile.






Tiernos Ladrillos.                                              

Uno a uno
construimos la ternura,
unidos, amarrados a canciones
que canta mi mujer
al lado de la cuna,
la sopa caliente
y la camisa que plancha, sonriendo,
y que me gusta lucir por el barrio






El Hueso del Hombre Llora.                            

La misma reverencia el lunes;
amanecido de papeles hasta llegar la noche.
El martes la faena se repite
mientras el sol detrás de las pensiones
observa luminoso; alguien nos mira con dolor.
La polilla me persigue toda la semana.  Siempre
tengo un jueves de ceniza para morir antes del alba.
Siempre el hueso del Hombre llora en viernes su vasta
soledad, su mano levanta auroras
y el traje duerme en la despensa.  Cuando el domingo
llega a mi casa tengo el alma oscura y atrapada sin remedio.






James Joyce.                                         

Dublin nos acosa con nieblas extraviadas.
Stanislauss, ángel guardián, oscuro celador,
nos lleva hacia la casa perdida en la noche.
El vino abre alas, azules paraguas, acoge canciones,
ilumina pasos cuando vamos obscenos y orgullosos
por callejuelas prohibidas. "Con un salmo en los labios"
caemos a prostíbulos, bebemos sin descanso;
el vino enciende la vida, trae el rumor de la existencia
a la mesa.  Que soledad nos ronda,
penetra huesos, invade crepúsculos?  Qué soledad
trae sombras, clandestinas puertas?  Un día París
abrirá su cofre dorado para el hambre, para vivir
el hambre es necesaria.  El universo nos pertenece,
nada tiene comienzo ni final, en las esquinas de los puntos cardinales empiezan sueños;
la niebla de Dublin levanta sus cortinas.  Epifanías
y canciones nos aguardan; somos pecadores
sin salvación posible.






Familia Humana.                                     

Vieja piel alabada, errante semilla,
mariposa de la tristeza, te persigue la noche;
veloces 27 horas de trabajo cada día, remendadora
de trapos, cosedora de la luz, lavandera de llagas.
Para la sociedad a color eres la teleserie
más importante; en tercera dimensión se ven
tus zapatos rotos, la cuchara desvalida
y un hambre de ternura en tu pasajero plumaje.






Morirme en una Plaza.                         

Ganas de gritar,
de golpear puertas y alejarme corriendo por las calles,
perderme como un loco suicida con la cuerda al cuello
y morirme en una plaza llena de perros,
trapos viejos a la orilla de los árboles;
hacerme ceniza entre ancianos que leen sus periódicos
con lustrosas manos y sombreros.  Con vasos de cerveza
morirme en medio de la muerte
que es otra vida; olvidar
la misma vida cambiada de los muertos,
consumiendo platos y licores.  Los muertos caminan,
se hartan de vinos,
estampillas
y se agitan honorablemente
en las notarías.






Desvalido.                                               

A medianoche, el Hijo del Hombre
se encuentra perdido en la ciudad.
No tiene documentos, tarjetas de crédito,
pases especiales, partido político,
amigos de gobierno, influencias,
ni casa, cuenta bancaria, auto último modelo;
es un desvalido ciudadano civil
a merced
de la jauría que lo acosa entre la niebla.






DEL LIBRO: CANTOS DE LA SOMBRA:

CANTO V

LA ÚLTIMA CARTA

El grito rompe la noche
Y alarga sus piernas entre los árboles
Viejos. Como
Un vaso que arde en la mesa,
Reunidos para corroborar la
Llama de las mejillas, para que
Los vigiladotes de la sangre nos dejen
Contener la piel y la melancolía, dejamos
Desterrados
Los pesares en un rincón del alma.
Esta noche juego mi última carta. Alguien
Gentilmente
Me sirve un vaso de sangre. Todo parece
Perfecto en mi última carta. Habrá
Que cumplir
El itinerario de las predicciones amables.
Entre desconocidos
Se puede jugar con facilidad elegante
La ultima carta. Mientras se beben dulces
Y condenados
Vasos de sangre; y se habla también, de
Teorías y de equivocados dedos,
Se puede jugar la última carta. En los
Últimos días de vida que me quedan
La juego sin fatiga. Aquí en el salón se
Reparten ceniceros y los
Perdedores parecen muñecos especiales.
Aquí no hay pecadores
Arrepentidos, solo hay muñecos. Sé que
Nada es fácil de sobrellevar
Al final del juego. Al final
Hay que estrecharse efusivamente las
Manos y ver que la balanza de las horas
Tiene tolerancias amables
Al final es fácil jugar la última carta.
Es elegante
Perder la cabeza en la ciudad. Juego
Mi última carta.




CANTO XVI

SOLEDAD DE LAS AGUAS

Encuentro una carta en el bolsillo
Y tu efigie indefensa: en el perfil del cielo
Encuentro la muerte presente. Quiero saber
Si soy suicida
Habitando en la arena. Aquí vivo mis sueños, hallo
La vida,
Sin ventanas y sin hastíos. Estoy mirando
Cómo las cosas alzan
En las cenizas, su vuelo.
Ni con el aire, ni con el agua soy suicida.
La sangre llega acompañada de tambores.
No aparece sola,
Está llegando con el hombre. El hombre no
Ha de morir como las flores.
Su vida es como el secreto de la lluvia. No soy suicida. Cierto que estoy
Enfermo, pero con vida. De escuchar los
Signos de la sangre estoy con vida,
Con ojos y con fuego. Me defiendo
Heroicamente de
Almohadones,
Entre centavos y sueños:
Me defiendo de la ebriedad persistente y
Hago mi
Mísera jornada. La cabeza
Me cuelga entre
Sábanas. Frazadas y obscuras sobrecamas:
Me defiendo
De todo, porque terriblemente todo me
Afiebra
Me degüella
Me aniquila
A veces quiero que cese el sonido. Que los
Pájaros cierren los
Párpados y el agua que muerde las
Piedras
Se quede lenta. La tarde con sus perros hambrientos
No cesa de gotear su luz por los dormitorios
En el agua,
En su mansión subterránea,
Penetro para saber sus secretos trepado a los
Árboles.
Existo frente a un espejo que
Rompe el pez
La espina y
El presagio de las señoras que están
Embarazadas. Te escribo todo esto,
Porque tú me entiendes, amiga, que yo casi
Entiendo
Todo esto. Si, porque aparecen nudos en
Mis manos

Y nudos en la voz y nudos también en
La garganta. El verano gotea
Temblores de agua en la mañana.
El tiempo viaja hacia perdidas regiones del
Planeta. A
Juntar sus largos viajes por el aire. Los
Tejados se quedan a la espera de los
Gatos y de las
Palomas
Perdidas.



CANTO XVIII

LÁGRIMAS COTIDIANAS

En un temblor del poderoso coro de los
Muertos; en una hora
Violenta del viento que roza las venas
Te estoy cantando.
Te estoy cantando en la contigua casa del
Milagro en la que la
Ceniza adquiere ojos y
Lágrimas que golpean
Algún antiguo esqueleto
Que la lengua guarda.
Te estoy cantando como si siempre lo
Hubiera hecho de madrugada
Con la lascivia febril, con
Lascivia multiplicada en el
Rayo inagotable de mi boca. En la mañana me pregunto si vivo o
Muero en tus pasos. Nada sé
De tus sueños y dolores. Solo que aquí
A las
Diez de la mañana estoy vendiendo mis
Zapatos para pagar algunas clases
De natación y de bailes.
Vuelve la luz del día a cegarme: vuelve
Su pupila y su aire.
Repto atormentado
Entre escombros,
Relojes,
Especies varias.
Quiero alejar de mis ojos
El canto del mar,
Su incesante sueño movible. Vuelve la
Luz a
Cegarme con los presentimientos
Húmedos del amanecer. Escribo tantas
Cosas: campana
Muerte,
Paloma,
Perro y
Flauta.
En la tarde borro las palabras y
Me largo a caminar por las calles del
Puerto. El día gris y espeso se afirma en
Las casas. Los árboles
Cierran los parpados cuando vuelvo.
Como la muerte que tallo día a día,
Como su cuerda ciega que anudo a mi
Cuello te tengo y no detengo
Su laxitud. Desde los
Huesos pálidos, desde lo hondo del sueño, desde el centro
Gris de las cenizas
Pido la sed para mi boca. Pido el delirio,
El viento pido, el
Agua, el
Fuego pido para saber que existo no
Existiendo,
Que hay rayos en el césped y
Lenguas en la lluvia.
En esta carta he querido contarte todo
Esto. Hay algunas
Cosas que quisiera decirlas mejor. Se caen
De la pluma y las dejo ahí
Para que veas como son y lo que quieren.
Me miran los ojos
Y las dejo ahí para que veas cómo son.
Mi pavor
Adquiere el habla de los dioses
Adentro de los museos. Ayer estuve en
Uno y
A las pupilas cayeron
Arenas,
Luces,
Pájaros,
Botellas,
Sombras,
Manzanas, marchitas flores. Estuve adentro
De algunos cuadros
Rasguñando testimonios. En unos me quedé
Helado y vencido. En otros
El relámpago golpeó mi sangre y me
Temblaron los huesos. Extraños
Colores que yo quiero pintar con mi boca.
En el infinito
Del fuego quiero descubrir la porcelana.
Descubrir
La curva de las madrugadas en las
Raíces del tiempo, en las neblinas
Del sueño ¿Por qué siempre balbuceo
Palabras inútiles en la aurora?
Pregunto siempre por el origen y el vacío
De los eslabones. Todo sucede
En persistencia tenaz y sin memoria.
Todo va quedando atrás, todo sepultado.
Solo el recuerdo.
Recuerdos. Todo en piedras muertas sobre
El polvo. Los arqueólogos
Coleccionan ojos
Antiguos,
Sepultados
Dientes y
Vendas de colores. Coleccionan piedras
Perdidas, voces, troncos.
La muerte sube hacia la materia viva
Para exterminar su
Ajetreo cotidiano. Para lamer
Sus vértebras vitales. La muerte es una
Vigilia sin vestigios ni huellas
En las antiguas faenas el canto era
La luz de la muerte. Tú comprendes
Amiga, mi impotencia. O quieres comprender
Este afán urgente y satánico
De vivir lleno de luces y querer buscar
Siempre la incógnita de la
Materia:
Algún día encontraremos el signo de la luz. Uno no puede defenderse
Tiene que asistir a comidas, a bailes,
Tener horarios y andar con corbatas,
Pañuelos,
Monedas,
Trajes azules.
He aquí que ya no me entiendo. Uno cambia
Lo cambian, lo recambian y le dan
Vuelta el pellejo.
Así entre metales, lanas, piedras y
Espejos estoy expuesto al
Lloro y a la centella del cielo.







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