jueves, 12 de julio de 2012

ALEJANDRO ZAMBRA [7.253] Poeta de Chile



Alejandro Zambra Infantas 

(Santiago, 1975) es un poeta y narrador chileno seleccionado en 2007 por el Hay Festival y Bogotá Capital Mundial del Libro como uno de los 39 escritores latinoamericanos menores de 39 años más importantes y elegido en 2010 por la revista británica Granta entre los 22 mejores escritores de lengua española menores de 35 años.

Estudió en el Instituto Nacional José Miguel Carrera, en el cual fue presidente de la ALCIN (Academia de Letras Castellanas) y después en la Universidad de Chile (Licenciado en Literatura Hispánica). Magíster en filología hispánica (CSIC, España) y doctor en literatura de la Universidad Católica, es profesor de literatura en la Universidad Diego Portales. Ha colaborado con críticas literarias y columnas en diversos periódicos como Las Últimas Noticias (donde durante tres años tuvo la columna Hoja por hoja), El Mercurio, La Tercera y The Clinic; también ha escrito para el suplemento literario Babelia de El País, la revista española Turia o la mexicana Letras Libres.

Su mayor éxito ha sido su premiada novela Bonsái, traducida a varios idomas europeos. Adaptada al cine por Cristián Jiménez, la película fue presentada en el Festival de Cannes 2011.

Sobre la literatura chilena, decía en 2003 que "en la prosa, creo que el mejor escritor chileno de todos los tiempos es José Santos González Vera, que tiene una maestría impresionante para captar el paisaje de ciudad chileno, mi paisaje. Juan Emar también me interesa mucho".

Respondiendo a una pregunta sobre Proust, dijo: "Nunca he sentido una influencia estilística verdaderamente determinante, salvo al principio, a los 15 años, cuando leí los poemas breves de Pound. Escribí, en ese tiempo, un libro titulado Hamartía, que era una colección de imágenes sobre especies de errores, o instantes contradictorios. Creo que no eran muy buenos, pero sí tengo conciencia de haber imitado el estilo de esos poemas de Pound, y de esa escuela heredé un deseo de precisión. Luego, al leer a Proust, no pasó por mi cabeza escribir así. Pero disfruto mucho esas lecturas".

Vive en La Reina, en la zona oriental de Santiago.

Premios

Premio de la Crítica de Chile 2006 por Bonsái
Premio del Consejo Nacional del Libro de Chile 2006 por Bonsái
Finalista del Premio Altazor 2007 por Bonsái
Premio Altazor 2012 por Formas de volver a casa

Obras

Bahía Inútil (poesía). Ediciones Stratis, 1998.
Mudanza (poesía). Quid Ediciones, 2003; Ediciones Tácitas, 2008.
Bonsái (novela). Editorial Anagrama, 2006. Fue traducida al inglés para Melville House por Carolina de Robertis[1]
La vida privada de los árboles (novela). Editorial Anagrama, 2007.
No leer (ensayos). Ediciones Universidad Diego Portales, 2010.
Formas de volver a casa (novela). Editorial Anagrama, 2011.
No leer, recopilación de críticas, Ediciones Universidad Diego Portales, 2011






INVERNESS


I

Los barcos regresan esta noche
ensayando con los surcos
en el agua
la última bienvenida
(El mar es un
pedazo de lluvia)
El puerto está igual
desde hace años
todavía es invierno
y todo el horizonte
es una mirada
hacia el fondo
de la noche.


II

No quisiera quedarse, ni salir 
Ezra Pound

Cuatro paredes cuando sopla
el viento:
sin movimientos
o con el solo movimiento de los ojos
un hombre pone su atención
en el suelo
Mañana hablaremos del mar
Mañana cambiaremos el lugar
de esa ventana.

III

Una casa, una ventana
Abrazos para una derrota
Abrazos para un regreso
Una casa, una ventana
y cuatro paredes cuando sopla
el viento.

IV

Alguien cambió el lugar del bosque
que antes estuvo aquí
donde sólo quedan pedazos de mar
acercándose a mis manos.






LA NOCHE PERDIDA

I

El agua de esta parte del mar
El viaje, los trabajos y la espera
Esta noche es la noche perdida
Esta noche es el día siguiente.


II

Ella pronuncia palabras antiguas
y teje un abrigo para los tiempos difíciles

Desde sus ojos es posible ver
los árboles cerrados después del invierno
la lluvia de los días anteriores
Ella pronuncia palabras antiguas
como si siempre hubiera que partir.


III

Esta noche vuelvo sobre mis pasos.
No tengo frío, pero ya he pasado mucho tiempo
en esta parte del mar. Es la séptima vez
que escribo esta carta.


IV

Cuál es la relación
entre el invierno y la ausencia del barco
entre la sal y los peces nuevos
entre esta noche y el porvenir
Esta noche es la noche perdida
Esta noche es el día siguiente.




EL DÍA SIGUIENTE

 Sobre la carga de los días persistentes
En el lugar en que debía estar una sombra
En espera del antiglio roce entre los peces y la sal

Desde aquí es posible escuchar
la respiración de la lluvia

(Observa el movimiento de las aguas.
Cuáles son las sombras que originó tu paso.
Cuál es ese sueño que no recuerdas.
Cuál es tu tristeza. Cuáles son las formas de 
tu tristeza.
Tu llanto. Cuáles son los colores de tu llanto).

La noche es la invención de la paciencia
Y esta noche todo sucede por última vez

El viento no respeta la forma de los árboles.
Las raíces pierden el sentido de sus años
La música se desvía hacia la orilla del océano 
Y tú vuelves a ofrecer 
tus cicatrices al viento

Ven, el invierno conoce la duración de tu viaje
Ven, esta noche es el día siguiente

Deja que los dioses calmen tu dolor 
Sólo ellos pueden hacerlo
Yo sólo miro por la ventana
Y espero el final de nuestro último abrazo.



POEMA EN UN LIBRO VACÍO

Y, con todo, el cuerpo es un lugar donde nada muere
Paul Auster

Observo una de las cuatro paredes 
Cuando alce una mano 
esa sombra será mi sombra 
Hace dos horas es tarde
También es tarde en la pared.

Tomo la posición de un cuerpo cansado
Decido que el viento golpea intensamente en la ventana
Decido la situación de mis ojos
Pienso en una fotografía
En la mesa hay un vaso con agua hasta la mitad 
Beberlo es lo único que está pendiente.

Observo una de las cuatro paredes
Cuando pienso, esa sombra es sólo una sombra 
con bordes exactos e inevitables 
una imagen parecida a un cuerpo
Hace dos horas llegué a este cuarto
Al cerrar la puerta sentí el ruido 
que hace algo al destruirse
Quizás era la última nuez 
o una fotografía difícil 
o los restos de un espejo.
Si abriera la puerta no miraría hacia el suelo. 
Para qué.

Observo una de las cuatro paredes
Propongo las orillas de mi sombra
Mi sombra se refiere a la pared
Todo se refiere a la pared
En la pared es tarde
Hace dos horas el viento insiste contra la ventana 
Traspaso papeles de una caja a otra
No son recuerdos, son fragmentos 
que anticiparon esta hora equívoca.

Miro una fotografía
La oculto en un libro
Si alguien lo abriera
pensaría que marqué la página 
en que dejé de leer 
o que quise recordar ese poema, 
este poema.

Puedo asegurar que no es así. 
No es así.

No necesito mirar mis manos 
Sé que las tengo cerradas 
Miro, en cambio, hacia el lugar 
donde está la mesa
Veo el vaso y no veo el agua 
Veo el agua y no veo el vaso
Es como si pudiera jugar con las palabras.

Observo una de las cuatro paredes
Si alzo una mano esa sombra será la mía 
Si hago el menor movimiento 
ocurrirá la sombra de alguien 
que toma un vaso de agua 
y piensa en sí mismo 
como en un extraño.



PROPIEDAD DE LA ESPERA

Trata de sentir el suelo
Sus pies se hunden en la arena seca
Busca sus pies
Detiene el movimiento de sus manos
Ha encontrado sus pies pero no los mira
Todo es igual a como era antes
Necesito explicar que es así,
que todo es igual a un momento anterior, 
doloroso.
Supongo que hay mar ante sus ojos 
y que ella mira el mar
como mira el centro de un espejo difícil.

 de Bahía inútil (Santiago, Ediciones Stratis, 1999)






VIAJE DE LAERTES

Mi equipaje ya está a bordo.
Adiós, hermana mía
Cuando los vientos sean favorables
y el barco seguro,
escríbeme.
Y si en mi ausencia tienen lugar
los tiempos difíciles,
guarda estas palabras en el fondo de tu pecho:

Hermana,
Ofrece tus cicatrices al viento
Recuerda los espasmos del océano
Respeta el tronco de un árbol caído
(Duerme, la noche siempre llegará a la misma hora)

Si es necesario que regrese
Sera para traer un gesto de neblina
entre los ojos
Será para relatarte
el pasado del mar.
Y entonces
volverás a encontrar
el lugar de tu ventana
Volverás a ser
el reflejo de una lágrima
entre las olas
de la tormenta




II. ANTES DEL VIAJE A LA BAHÍA INÚTIL

Ha llegado la noche anterior al viaje. Hace muchos años 
decidimos emprenderlo, y aunque parto sin compañía, 
es imposible borrar un nombre que no ha sido escrito. 
Para partir será necesario vencer el miedo a navegar y a olvidar. 
Quizás debido a la posible persistencia de esos miedos 
es que necesito llenar esta página. Aquí describo, en parte, 
la habitación en la que he vivido hasta hoy, una forma de 
hacer que permanezca, en una memoria que comienza a apagarse, 
justamente esta noche, la última de una vigilia sostenida, tibia 
e improbable.

El umbral

Sólo hay una puerta para el mismo umbral. Desde hace 
tiempo ensayo una manera de enfrentarlo. Las manos hacen 
un movimiento acompasado por el sonido de los pies en la 
madera hueca. Las pupilas están conscientes de reflejar una 
puerta. Cruzo el umbral como si fuera un anciano orgulloso 
de que las palomas se queden en el suelo cuando pasa. 
Cruzo un umbral sin saber en qué punto comienza o termina.

La pared

La pared es blanca pero basta observarla con detención 
para reparar, cada vez, en una nueva mancha. Hay restos 
de papel autoadhesivo esparcidos sobre la pintura, tan 
gastada que deja ver algunos colores anteriores al blanco e 
incluso esbozos de frases escritas con una tinta que no fue
indeleble.
En el centro de la pared, en el lugar en que ubiqué su centro, 
está el espacio en el que antes hubo un mapa. No era el 
mapa de esta ciudad ni de ninguna que yo haya visitado. 
Sólo diré que en él había nombres de muchos lugares y un 
enorme espacio pintado de un color parecido al azul. Hace 
un año lo descolgué porque quería ir olvidando de a poco la 
forma de esa ciudad. Sin embargo, a veces
me sorprendo dibujando su contorno, impreciso y continuo 
hasta cerrarse por completo.

La ventana

La ventana muestra un pequeño patio por el que transita, a 
medio metro del suelo, la humedad. Quizás por esta 
humedad inexplicable es que todas las noches, sin importar 
la estación, se empañan los vidrios. Para abrir la ventana 
sólo es necesario un mínimo esfuerzo. Sin embargo, yo he 
renunciado a hacerlo.
Desde esta ventana es posible ver algunas botellas vacías 
puestas en posición horizontal y cubiertas por un polvo que
se renueva cada cierto tiempo. Un gato duerme entre ellas y 
cada vez que intenta acomodarse desliza una hacia el suelo. 
Sobresaltado, interrumpe su descanso por unos minutos.
En el fondo del patio persiste una vieja parra cuyas hojas 
barren el suelo y lo cubren provisoriamente.

Una fotografía

Sólo diré que esta fotografía la he mirado por más de veinte años. 
No puedo llevarla conmigo. Voy a recortarla, 
comenzando por sus bordes hasta hacerla más y más 
pequeña. Hasta que desaparezca, y su recuerdo sea la 
sustancia de días por venir.

Nota

Estas palabras fueron halladas encima de la cama de la 
habitación que aquí se refiere junto con una fotografía. 
El manuscrito tenía una nota al pie que decía: "Me es imposible 
llevar conmigo este papel. No cabe en mi equipaje. Además, 
no debí escribirlo. Quizás tampoco deba dejarlo sobre este 
colchón manchado con gotas de café. Pero lo dejo, 
pensando en qué dirá quien llegue a vivir en esta
pieza oscura. Por favor, no rompas esta fotografía. Rompe 
esta hoja".
Como se ve, no llegué a romper aquella hoja. La fotografía 
se la obsequié a una mujer de ojos grandes que vino 
preguntando por un hombre que no era yo. Traía una 
manzana roja en cada mano. Supongo que ninguna de las 
dos era para mí.



Sobre Mudanza de Alejandro Zambra

Prólogo de Raúl Zurita
http://edicionescontrabando.blogspot.com.es


“Yo he tenido 20 años y no permito que nadie 
venga a decirme que es la edad más hermosa”

                                                                                                                             
Paul Nizan: Aden Arabie

Leí por primera vez Mudanza con asombro y admiración; su trama, su inolvidable comienzo, su estructura, su musicalidad, su dolorosa contención, hacían de él uno de los poemas más sobresalientes de la ya notable poesía que los nuevos poetas habían comenzado a publicar hacia fines de los noventa, renovando el decepcionante panorama de la literatura chilena posterior a la dictadura. Sin embargo, ahora al volver a leerlo su impacto es aún mayor: no sólo se trata de un poema en el que ya están contenidos los ejes centrales de la obra de Alejandro Zambra, sino que nos muestra como muy pocos autores pueden hacerlo, que sean cuales sean sus nudos: la separación en este libro, la muerte en Bonsái, la ausencia en La vida privada de los árboles, la infancia en Formas de volver a casa o los jóvenes lúcidos y despojados de Mis documentos, escribir es siempre una mudanza, un cambio de piel que nos prepara a nosotros, los hipócritas lectores, para los ritos a menudo sangrantes de una despedida.

Es lo que me hizo recordar la frase de Paul Nizan, citada al comienzo. Repaso cada una de las líneas de este libro. Sus dos personajes no tienen nombres como si quisieran así ser preservados de una destrucción inminente, y me doy cuenta que es el mismo poema y que simultáneamente no lo es. A diferencia de la atemporalidad de la infancia(y posiblemente de los sueños), toda juventud es un ensayo de sobrevivencia y tanto la frase de Aden Arabie, una feroz denuncia de un joven al colonialismo francés,como la juventud de los personajes que cruzan la obra de Zambra, jóvenes que a los veinte años emergían de una dictadura, comparten un punto central que sólo se hace visible cuando ya la inminencia de la muerte se le revela al lector con la certeza de un hecho personal e irremediable.

Comprendemos entonces, once años después, que este poema no sólo marca el inicio de una de las narrativas más deslumbrantes de la nueva literatura hispanoamericana, para mí la más crucial y herida, sino que es la respuesta que un poeta joven le hace a la sentencia de Nizan: no es fácil tener veinte años, pero no lo es porque menos fácil aún es haberlos tenido. Me ha parecido que esa es una de las constataciones centrales de este enorme pequeño libro. Al menos lo es para mí. Y la muerte lo sabe.

Los lectores de esta nueva edición de Mudanza leerán así un poema con la conciencia de que su desenlace no está en él sino en su deriva y que por lo mismo posee un hondor distinto, una perspectiva de la que antes carecía. Como en Bonsái, en Mudanza hay un él y un ella. La voz que habla, él, es conminado a irse: “Me dijeron que avisara treinta días antes”. En Mudanza él o la voz que habla dice que ella duerme al lado de él y que no lo sabe porque duerme. En Bonsai él dice que al final ella muere y que el resto es literatura. La muerte es la gran crítica literaria. Ella poda y deja sólo los hechos cruciales. La escritura de Zambra está podada por la muerte, sólo queda lo esencial.

El resto son palabras. Dolorosa, perfecta, a menudo magistral, la obra de Alejandro Zambra se construye al otro lado de la literatura. Como si hubiese sido escrito un segundo antes de su fin, esta reedición de Mudanza conmueve porque el hombre que allí habla aún no sabe que la escritura es la forma que ha tomado para él lo irremediable.

Mayo, 2014.




3)

Me quitaron las palabras de la boca,
esas cuatro o cinco líneas que diría
si de pronto regresaran con el vuelto
y las sillas tapizadas nuevamente:
grabadoras que repiten unas voces
tan seguras de que alguien las escucha.
Las llamadas telefónicas fracasan,
es muy tarde en Bad Hersfeld y en Madrid
es muy tarde en Elvas y en Manresa
en Granada nos quitaron
los cigarros de la boca
y alcanzamos con el vuelo
al mirador. Alguien dijo que la virgen no
demora, alguien dijo que esperáramos
al dealer, que grabáramos los nombres
de una vez, que juntáramos la plata
mientras tanto.
Cae la noche sobre Quito
y en Santiago 
treinta locutores prolongan las aristas
de un problema con múltiples
aristas: grabadoras que repiten
unas voces tan seguras de que alguien las
escucha. Ella viaja largas horas a Granada,
ella espera que la virgen no demore,
amanece en Albayzín y los borrachos
sentenciamos que esta vez
fue diferente, que los clavos se oxidaron
y el silencio
fue una especie de resuello reprimido,
que la virgen no mejora con los años.
Amanece en Sacromonte y en Santiago
y en Bad Hersfeld adelantan los relojes.
Este día es el más largo,
esta noche es la más larga
–nos advierten que los diarios de mañana
no cubrieron la noticia, que hace frío,
que conviene que cerremos las ventanas
y los ojos
     porque en días como estos
no se puede –no se pudo– hacer favores
ni hacer caso de las cosas que te dicen
las tarjetas de destino:
     a la cárcel
pero rápido, al cine al hospital a la plaza
de armas pero rápido, ella es débil
tú eres blanco pero a veces solamente,
cada tanto recomienza
lo que ahora desconoces, no nos quites
el saludo, no tenemos más
cigarros, ya no importa que despiertes
cuando rondas por la noche ni que pierdas
la jugada o la tajada muchas veces
el azar es previsible y la forma de 
la boca se conmueve cuando chupa:
las llamadas telefónicas fracasan
es muy tarde en Bad Hersfeld y en Madrid
es muy tarde en Elvas y en Manresa
en Granada nos quitaron los cigarros
de la boca y alcanzamos a llegar al mirador,
escogíamos lugar cuando te vimos
y quisiéramos saber si no te importa
que pasáramos de largo por la noche, muchas veces
el azar es previsible, las llamadas telefónicas
fracasan, me quitaron las palabras
de la boca, esas cuatro o cinco líneas que diría
si de pronto regresaran con el vuelto
y las sillas tapizadas nuevamente.













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