jueves, 12 de julio de 2012

7250.- ALEJANDRO CERDA ALVAR




Alejandro Cerda Alvar (Viña del Mar, Chile, 1972)
En 1993 ingresó a la Universidad Andrés Bello para estudiar psicología, que abandonó para viajar por Latinoamérica y practicar vida espiritual. En 1994 conoció al poeta Jorge Teillier, el cual caló hondo en su determinación por dedicarse a la poesía. Ha sido publicado en numerosas revistas y antologías: Antología de la nueva poesía porteña - Revista Trilce a cargo del poeta Omar Lara, Revista Hacer Región del gobierno regional de Valparaíso a cargo del poeta Ennio Moltedo, Mil rostros de la poesía Chilena a cargo del fotógrafo Jorge Aravena Llanca (Berlín, Alemania), Antología joven (Editorial Cuarto Propio) a cargo del poeta Tomás Harris, La Pata de Liebre a cargo del poeta Aristóteles España y revista La Gaceta, de la editorial Puerto de Palo. Ha obtenido los siguientes reconocimientos: Segundo lugar “Juegos Florales de la Ilustre Municipalidad de Valparaíso” año 2003, primera mención en el “Concurso Nacional de Poesía de la Fundación Neruda 2004, Primer lugar en el “Concurso de Poesía Regional Premio Municipal de Literatura 2006”. Ha sido traductor del prestigioso poeta Zen Shinkichi Takahashi (Triumph of the Sparrow: Zen poems). Su último trabajo es una antología bilingüe de 12 poetas Tejanos y 12 poetas Chilenos para la prestigiosa revista de poesía Dirty Goat (New York, EEUU) y la revista El Navegante de la Universidad del Desarrollo, Chile.







De Contemplaciones (selección de poemas zen).


Afterimages 

Se reintroducen las imágenes a su escena:
el lago traspasa las formas que entran en él.
Gansos salvajes vuelan en dirección opuesta
al sentido en que el viento acoge sus movimientos.
Las formas que se desprenden de este reflejo
pasan por el tiempo perdiendo su consistencia. 





Poema silencioso

Nos íbamos por la ruta 
de los hombres pájaros
hacia la costa de los muertos
donde los chinos
practicaban el misterio
del poema silencioso.
Cruzábamos las islas
donde los bambúes
recreaban la perfección del silencio
y las flores de loto
construían sus casas de agua
en el país de la lluvia.
Entonces solíamos replegarnos
a lo más hondo del espíritu,
a los largos sonidos
que meditaban en nuestra existencia,
a la inmensidad del alma
donde habitaba la intensidad 
con que un hombre sueña.
Luego, en la madrugada,
el advenimiento de antiguas palabras
restaba fragmentos
a un silencio que hablaba 
por dentro de nosotros.
Finalmente llegábamos 
al horizonte de las sombras
donde todo era para nosotros,
la descarga del viento en nuestras frentes
y un breve espacio de luz
moviéndose entre la oscuridad
y el reflejo del agua
dejado en nuestros ojos.





Sombrero 

Como si las volutas del té
nos dijeran:
“La vida es un sueño que ya se soñó”.
Ahora recuerdo tu casa 
con olor a barco viejo 
y tu sombrero suspendido 
sobre el vaho de tu cuerpo.
Recuerdo el oleaje de luces
que atravesaban las habitaciones
y el sonido del agua lavándote los pies.
Recuerdo la danza en el salón 
como si fueras una ciega palpando la claridad del día,
y recuerdo la belleza de tus ojos absortos,
como el recuerdo de un gato
mirando la oscuridad.





Ópera China

La muchacha ciega recuerda
Que el maestro de música
Suele decir:
“En la ópera china el silencio es una máscara
representada con música”,
es así como a través del pensamiento
ella puede cantar con sus ojos
y darle vista a todas sus palabras,
dejar que el aroma de la imágenes
que la acompañan y la hacen vivir
se filtren por la estática del olvido,
y aquel silencio la visite con música
y nunca lo abandone






Benarés

Cuando las fogatas aparecen al caer la noche
Las piras se alargan a través de las oraciones
Y lo que percibimos como un manto mágico 
Es un cuadro más profundo 
Donde se agita la vida que expira en el Ganges.
Pero hemos adquirido el insólito poder 
De cantar junto a los muertos,
Verlos desvanecerse junto a los matices 
Que se desprenden de las mandalas encendidas.
Ahora que todo está visto
Podemos descansar, 
Podemos dejar que nuestra alma 
Atraviese tranquila por la respiración de los sueños,
Que nuestro espíritu navegue
Como una semilla esparcida
En un lugar más allá de este mundo.





El ritual del té

“Chuang-Tzu 
y la mariposa que lo sueña”

El monje pinta untando con té
Una seda japonesa,
Soñando con una bailarina de cristal,
Que danza sobre la palma
De un emperador que quiere ser mariposa.

Entonces el uno se sueña dentro del otro,
El monje danza
Dentro del cuerpo de la bailarina,
La bailarina eleva oraciones a Buda
Dentro del cuerpo del monje.

Así el ritual se completa
Como la anciana contemplación del guerrero
A su armadura desnuda,
Como los puentes elevados
Sobre los jardines de la ciudad prohibida.

Lento es el viaje del té
Cuando derrite la miel
Dentro del sueño de las flores,
Profundo es su aroma
Como la delicada piel de la bailarina,
Infinita es su sabiduría
Como la esencia del monje
Contemplando el silencio.






Me gusta el sonido de las gaviotas
Lejos del mar

a Juan Luis Martínez

Me gusta el sonido de las gaviotas
Lejos del mar,
Porque reconocen una parte de mí
Que no conozco.
Representan el lenguaje
Que puedo hablar mientras duermo,
Definen la extensión
De un sueño profundo
Que no recuerdo mientras despierto.
Revelan la existencia
Del misterio de lo desconocido,
Descifran la ruta
Del regreso hacia mí.






El espíritu en el espejo

No hay nada que decir
Cuando tus manos y la mías
Toman la forma exacta
De la llama
Que desplaza al espíritu
En el espejo.

No hay nada que decir
Cuando la última nieve
Lucha en tus ojos 
Para no morir.

No hay nada que decir
Cuando tu sangre viaja en mi sangre
Para compartir la embriaguez
De la marea en su nido.

No hay nada que decir
Cuando el mar se presenta
En el ojo inasible
De tu luna
Pequeña. 





Pascual

Mi perro se convierte en lo que sueña
Y lleva puesto mi rostro en su rostro
Para peregrinar hasta el árbol
Más distante de la lluvia.
Espera largamente el aullido
De mi boca en su boca
Y derrama su cuerpo
En mi cuerpo
Para exorcizar su ofrenda.
Duermen sus ojos en mis ojos
Y confunde mi nombre con su nombre,
Se pierde en mi espejo
Para que yo pueda encontrarme en el suyo.
Asemeja su vida en mi vida
Y desaparece su muerte con mi muerte.
Convoca su perdón con el mío
Y regresa mi sueño a su sueño.
Retoma su edad en mis años
Y hunde sus pasos
Donde ya no llegan los míos.





La zona

Ya del otro lado
el aroma de las flores
no existe

es una constancia
voltearse
en el follaje
y sentir
que la realidad se disipa
al sueño
de otros

como el agua aquí
lleva la consistencia
de la sangre
lo erguido está envuelto
en otro latir

debajo de este espacio
nace una formación invisible

un rezo que no es para dios

palabras que calladamente
van cerrando las bocas
que duermen

pasos que se hunden
en el reflejo
de una fuente perdida

noción de un árbol
que respira
por dentro
de nosotros

semillas que se
vuelven
hacia el color
de lo que aún no nace

fragilidad
que se desprende
de lo
que no conocemos
puertas y ventanas
que entran
en nosotros

sol oscuro
espejo
de una nieve
nacida
de otro mundo

debemos adaptarnos
a ese flotar de oraciones

al altar
que no deja nada afuera

al perfume que los tiburones
concitan en su ciclo

a la respiración que se
abstrae
en la humanidad
de Shiva Brhama o Vishnu
a la escalera
de niebla
donde los
abuelos
nos cuentan
cómo éramos
antes del cuerpo

a los ojos
perfectamente abiertos
en la oscuridad

al signo
que encuentra
significado
en el ritual
que hace
cotidiana
la santidad
del sadhu

al imperio de nubes
que se aquieta
en los ojos del pobre






VIII

He de aludir al silencio
y voltear mi camisa
hacia el hechizo
que la contempla

Delicadamente abrir sus botones
para la violeta flor de las olas,
verla danzar
en la silueta
de un monje dormido,
creerla real
como creer que los sueños son sueños,
sentirla en el agua profunda de la roca,
asumir su sencilla
belleza
en lo constante





V

Puravi
ausencia de escritura
escritura en el silencio de la pintura
pronunciación de las formas ausentes
en la no presencia

recreación de los pájaros
en el misterio
de sus vuelos desdibujados
invisible arquitectura
construida en el no decir

templo manifestado 
fuera del templo

divinización del sueño
sumergido en las profundidades
de su ausencia

respirar a través
de la luz
que nos necesita

mantralizar la belleza
detrás de los ojos cerrados

tallar el silencio 
de las palabras
en el silencio del paisaje

acumular en el peregrinaje
manchas y líneas

encarnaciones rítmicas
de forma única





“Entre los árboles”

a Colomba y Almendra


Entre los árboles
Mi hija no es más que un sueño
Que aparece y desaparece.
Es la dicha inexplicable
Que nos abandona y nos visita
Sin término.

Una gran multitud de árboles
Moldeando el silencio por las tardes,
La paz de una cama de hojas
Para la siesta del verano.

Resucitar para habitar
Sus ojos llenos de flores,
Perderse entre las sombras de los árboles
Para ser rescatado
Por el murmullo del viento.





Acariciar la luz

Nos fuimos aferrando a la luz que pasa
A través de las caricias impresas en las lámparas,
Nos fuimos aferrando a la idea de amar y ser amado,
Como si palpáramos algo divino,
Como si acariciáramos el vientre de una mujer en cinta
Por primera vez.






Carta para otra realidad

Si bien las flores existen en la ladera
En que su aroma encanta la visión 
del que observa fuera del tiempo,
los sucesos que regresan
al rencuentro de lo impalpable
tienen la noción de habitar 
fuera de las casas en que el universo
juega con la íntima redención
que busca lo sagrado y lo permanente ,
la memoria que poseen 
los contadores del viento
y los catadores de soledades,
los monjes que penetran 
el inverso tesoro del agua,
la plateada imagen en que el azogue
forma el reflejo de un espejo incorpóreo.
Ese estado
se suspende en el vació del ser,
en el soñador que desnuda el silencio
en lo impronunciable,
en el profundo dormir
que la especie transita 
por su signo invisible,
en el brillo
que la sombra 
se traslada hacia la blanca zona
de su última forma,
en la caída en que el árbol
vuelve a ser hoja .
Pues lo es también para la tempestad
Que en el círculo encuentra
el centro de su movimiento,
o en el laberinto que viaja al término
De su punto ciego,
O la deidad de cuatro brazos
Que busca la belleza en el error
Que enternece al sabio.
Miremos bien esto que a través 
De no ser 
Se es para siempre,
Esta mirada que viaja 
Cuando tus ojos duermen 
En la velocidad que los muertos
Disponen a tus noches,
la claridad en que el ángel
Transparenta el día
Que te cubre de tu existir
En la ausencia,

En la pisada que desaparece
Dentro de las planta
En que el pie respira 
La embriaguez de su existencia.
Fija ese callado pronunciar 
En el declive 
De la atmósfera en el destiempo,
En el dínamo en que nuestro aspecto
es el desconocido cantar de un pájaro
que destapa la tarde 
de luces y sombras
y desembarca 
en un fulgurante vuelo nativo.












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