viernes, 22 de junio de 2012

JOSÉ LUIS DÍAZ GRANADOS [7.147]


JOSÉ LUIS DÍAZ-GRANADOS

(Santa Marta, Colombia, 1946).
Poeta, novelista y periodista. Ha sido: jefe de Divulgación del DANE (1977-1978); delegado al XII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (Moscú, URSS, 1985); miembro del Consejo Asesor para la Profesionalización del Artista Colombiano (1991- 2000); presidente de la Casa Colombiana de Solidaridad con los Pueblos (1992-2000); presidente de la Unión Nacional de Escritores (UNE) (1996-1997); presidente del Instituto Cultural “León Tolstoi” (1997-2000); asesor del Contralor de Bogotá (2006-2011); regente del Foro Internacional “Pablo Neruda” (2008-). Viajó por la URSS, Europa Oriental y Cuba. Durante muchos años ha sido profesor en varias universidades y centros
docentes del país y del exterior. Exiliado en Cuba (2000-2005). Premio de Poesía “Carabela”. (Barcelona, España, 1968), finalista del Premio “Rómulo Gallegos” (Caracas, Venezuela, 1987), Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar” (Mejor entrevista en prensa) (Bogotá, Colombia, 1990), Premio Nacional de Novela “Aniversario Ciudad de Pereira” (Pereira, Colombia, 1994). Distinciones: Orden Civil al Mérito “José Acevedo y Gómez”, Grado Cruz de Oro (Concejo de Bogotá, 1998). Medalla de la Amistad del Consejo de Estado de Cuba (2001), Medalla de Honor Presidencial “Centenario Pablo Neruda” (Gobierno de Chile, 2004). Libros de poesía: El laberinto (1968-1984), La fiesta
perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003), Poesía completa (3 tomos, 2015). 

Su obra narrativa está reunida en: Los papeles de Dionisio. Cuentos, 1968-2012 (2015) y Las puertas del infierno y otras novelas (2015).

Además, es autor de varios libros para niños (Cuentos y leyendas de Colombia,
1999), de ensayos literarios (El otro Pablo Neruda, 2003) y periodismo (Gabo en mi memoria, 2013).


Alba

Para mi loca vida, al mediodía
un día más día que todos el sol regó la lluvia
y el alba al mediodía aún era alba,
más sutil que un minuto transparente
y más minuto que un océano eterno.

Cisterna pura donde cabe mi ser entero,
mar de rocío que me acaricia incesante,
patria perenne de mi corazón,
jaula donde descansa para siempre mi alma.

Alba-luz, Alba-sol, Alba-marina,
Alba-día, Alba-siempre, Alba-del-alma,
Alba hoy, Alba-azul, Alba-de-julio,
Alba-amor, Alba-esposa, Alba-dormida,
Alba-verso, Alba-única, Alba-mía.

Navío, vasija, cueva, balandra de mis sueños,
gaveta donde guardo todos mis pensamientos,
cofre donde se esconde mi sonrisa,
donde moran mis ansias y mis recuerdos.

Alba, norte presente, norte eterno,
carne mía, mi sombra, mi gemela,
mi compañera loca, mi pulsera,
mi mágico aposento, mi pequeño castillo,
donde habita el amor definitivo.



Poema cero

Hay hombres que cazan lagartijas con una mano podrida. 
Hay hombres que beben miel en el mar para calmar la sed. 
Hay quienes se ocultan en la transparencia para defecar.
Hay hombres que duermen en el fango para ver crecer los helechos.
Hay quienes no salen de su casa para poder viajar. 
Hay hombres que no aman por temor a naufragar en alma ajena. 
Hay hombres sin patria que padecen la despierta pesadilla de la suya. 

Y hay quienes cantan en silencio desde el escondite de su tedio.



Atardecer

Yo la gota Tú el mar 
Yo el instante Tú el tiempo 
Yo el gránulo de arena 
Tú el desierto 
Yo un punto oscuro 
Tú la noche inmensa 
Yo para ser bebido 
Devorado 
Por una fuerza 
De águilas fraternas 
Hacia un todo infinito 
O a la nada 
Hacia la soledad 
O hacia el olvido.




Algarabiónica

Sombra pesada pasada voy a demolerte
a torcerte como a un trapo mojado
para volverte añicos y sacarte luz.

Y no sé cómo eres yo que sé que existes
yo que sé lamer los ríos de ariquipe
escuchar el incienso en locos templos
desbaratar comodidades dominicales
angelicar satanases inverosímiles
ladrar a los perros que aúllan
perecear con el father de las luces
sacrificar un mundo para pulir el universo
nerudiar hasta el fin de mis días
mamasantear y okey y el poder para qué
besarte el bezo allá en el besadero.

Entretanto yo atisbo bonaeréo canto
chiflo diciembro emerjo fantaseo
garcho huelo imagino jodo kirio
locomoto llovizno malbarato
nicaraguo ñequeo oberturo
pajéome quitopesares repentizo
sartrocamío tiro unjo veintinuevo
walquirio xifoido yugulo zarzamoro.

Tu dulce habla, ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos, ¿a quién los volviste?
Una cosa es California y otra fornicar en Cali
gaudeamus igitur juvenes dum sumus
s’io ti fiammeggio nel caldo d’amore
trágate tu babita atarbancito
omnia mecum porto llevo todo lo mío
conmigo oh misterio descíframe
la gracia no está en orinar
la gracia está en hacer espuma
allí donde tocar es sabrosísimo
cóndor quetzal volvereta crisálida
poema antipoema gobledegook murmurio.

Doncel no yo ni émulo del ídem
en apetencia muda de tu guedeja oscura
todo por tí deidad mujer idolatrada
hurí odalisca diosa proterva o pudibunda
alhaja ágria de bombachos gualdas
fembra descolorida coima de Teusaquillo
adorada mi ninfa presea infanda boba
zagala mía saliva de sílfide peluda
monstruo gacela ménstruo impía la susurra
fámula primorosa de patas provocativas.

Comunícote ahora concubina en potencia
en momentos más inesperados besarete
lugar mancha nombre no acordarme
oh dulces prendas por mi bien halladas
tuyo del alma firmo original y copia.



La fiesta perpetua

Mi historia está llena de silbidos y dédalos,
de voces y de veces, de jodidas preguntas,
de estaciones narradas para un inventario
de cicatrices y de resonancias.

Mi historia es una casa que envejece
con sus recintos intactos. Mi historia
es un cuerpo que habita entre estupores
y una boca que incendia las palabras
cuando bebe el amor. Mi historia debe ser
un banquete,
una fiesta perpetua
donde conviven el duende y el disturbio.



De noche

I

Es un gesto. Es un signo. Un ademán
de querer decir algo (y no decirlo).
Un pensamiento inmóvil, una mueca
de ángel,
            un estar y no estar
y estar ahí.
            La mirada indagante
o ya perdida
            o dos luces de miel.
O dos soles de asombro.
Un gesto, un signo, un ademán
y una certeza dulce de estar vivo.



XIV

Que no vuelva la tormenta.
            Pero vuelve
entre sombras y campanas.
Ante el día sin presagios
abdica mi palabra.       




XXV

Hice dos casas.
Una era un volcán lleno de uvas.
La otra era una barca con relámpagos.
En el día habitaba la casa de volcanes.
En la noche dormía sobre aguas de luz.
Siempre feliz,
            soñaba.
Cuando volvía a la fábula
me embriagaba,
            bebía mi quemadura.




Silencio y memoria

I

No tengo miedo, nunca tengo miedo,
Porque está aquí mi padre.
En la sala, leyendo, mi padre.
Entrando por la puerta,
Colocando el sombrero en el perchero,
Saludando a mi madre, mi padre,
Escuchando, escuchándome,
Contemplándome el sueño, mi padre.


2

Hace cuatro décadas se convirtió en poema.
Entre los naranjales y las palmas
Sus manos blancas y orgullosas
Saludaban o se despedían
Y sus ojos melancólicos, rotundos,
Miraban algo escépticos
El fulgor delirante de la tarde.


3

Ahora no sé si duerme en algún sótano
Donde el mar aletea tal vez llamándolo,
O si libra un combate en orbes locos
Mientras su rostro invisible es la semilla
De una nueva estación o de una estrella.


4

Su recuerdo es verano y es océano
Y es arcilla y es nieve y es ciudad,
Y es ese rostro único, esa figura única,
Ese padre que veo entre estas letras
Que me bebo entre lágrimas
Mientras contemplo su sueño
Y me aproximo a él con pasos lentos.



Matrimonios

Me casé dos, tres veces. Fue en el siglo
Pasado. Con cada mujer escribí libros, poemas.
Escribí libros y letrillas. Con cada una de ellas
Bebí y viví rones y estancias. Crucé en navíos
Los insondables lagos, extraviados
De todo el mundo y de nosotros mismos.

Éramos fábricas de sangre y de cansancios.
Éramos a la vez perfumes y batallas,
En danzas de alboradas aún llenas de estrellas.

Me casé dos, tres veces. Y tal vez fui feliz
Porque ahora es de miel y leche puras
La tinta con que escribo estos silencios.



Saudades

(Invierno aún golpeando en primavera).

Viendo y oyendo a Charles Aznavour
En La Habana, al filo de la medianoche,
Mientras estallan olas contra el Malecón,
Veo y escucho sordas oquedades
Y siento vuelos y palpo rupturas,
Tantas, que siento que la noche es sol
De cielos rojos y Bogotá es París
De tiempos idos, tiempos aturdidos
Que ahora son sólo sueños, sólo sueños,
Sólo sórdidos sueños o suspiros.




EN UN BAR FRENTE A LA MAR OCÉANA

A Javier Bozalongo

Una vez, hace cuarenta y cinco años,
me refugié en un café mientras llovía.
Dos hombres jóvenes hablaban de literatura,
Disertaban de temas y de autores
Sobre los que sólo yo pensaba que tenía dominio.

Me acerqué sin pudor y discutí con ellos.
Me recibieron con simpatía, me invitaron
A un café; al rato, todo había concluido.

Me ocurrió muchas veces, en Bogotá,
En La Habana, en Gera, en Leningrado
---donde veía a una muchacha rubia leer en el Metro
O a un joven escribiendo en un café
O a un anciano tranquilo leyendo Moby Dick---.

Algo anotaba yo, me sumergía en sus mundos,
Imprudente, sin pedirles permiso,
Manifestaba algo haciéndome notar,
Como queriendo decirles a todos:
Yo conozco los temas de su interés preciso,
Yo leo, también escribo, por favor,
Dénme paso para seguir avanti,
Yo también he afinado mi flecha
Y he apuntado hacia un blanco
Al que siempre he acertado a equivocarme.

Pero aquí estoy ahora, frente al mar de Almuñécar,
Contemplando su bahía
---tan parecida a la de Santa Marta---,
En un bar donde un hombre joven de barba incipiente
Le lee a su bella novia un párrafo de MacBeth,
Y les digo en silencio: acepten un minuto
De interrupción, pero es que necesito
Que sepan que yo existo, que hago parte del orbe,
Que también he inscrito las huellas de mi alma
En palabras que a lo mejor leerían
Y algo les podría encantar o hechizar o cautivar.

Sí, por favor, no me espanten tan pronto,
No soy Melville, ni Shakespeare, ni Neruda,
Pero algo he soñado para que ustedes sueñen
Y sé que alguna línea mía derrotará la muerte.

Almuñécar (Andalucía) España, 17 de mayo de 2014.










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