viernes, 22 de junio de 2012

7137.- ELIZABETH REINOSA ALIAGA


Elizabeth Reinosa Aliaga 
Bayamo, Cuba. 20 de septiembre de 1988. Estudiante Universitaria.  Miembro de la  AHS. Premio de poesía Despertar, 2006. Segundo Premio Poesía Mural, 2006. Mención Nuevas Voces, (2006 - 2007). Mención Primitivo Arcos, 2006. Premio de poesía José Antonio Echeverría, 2006. Premio Blancolvido, 2006. Finalista en el concurso Caminar entre Sueños (Argentina 2008). Ha publicado en la revista Río Hondo (México) y el libro Homenaje a Gloria Fuertes (España - Academia Iberoamericana de Poesía).







Dualidades
Después de todo,
Queda la  máscara,
El sortilegio, las invocaciones
Que serán consuelo 
O un dolor de muertes íntimas.

Después de todo
Sigo alimentando mi entelequia,
Aunque sé que los caminos 
Ya no pueden conducirme a ningún sitio,
Que todos se anulan,
Que me pierdo,
Sin entender aún, la dualidad
De ser Isla y Navío.

No sé cómo admitir lo perdurable
Sin temer lo pasajero de la estancia.
Cómo pernoctar en mí misma.








Por otras muertes

Detrás de Abuelo fueron las palomas,
atraídas por el origen de sus alas.

Yo no quiero seguirlas
si es preciso mirar lo cotidiano desde arriba,
el niño que se esconde entre los árboles,
la abuela que endulza el regaño.

Para nombrar la vida, 
hay que dejar que esas aves
nos enseñen a mirar desde el otro lado
- la cara contra la pecera –
Siempre fuimos  peces
añorando la vida más allá del cristal.

Ver a los otros, donde antes estuvimos, 
puede ser terrible…
si olvidamos que el río fue nuestro,
y que es única la tentación de escribir 
un poema que se ilumine con las noches
en las creímos ser felices.








Señales

El tiempo suele dar señales para el cansancio,
Para abandonar las llaves y los hilos
Que alguien tejió para sostenerme,
Y sentir en los huesos algo más que tierra,
- Reliquia que como todo
Es temor de lo efímero-

Las horas son líneas 
Que convergen en la misma nada
De aquel siglo de muñecas 
que ya han perdido la estructura.
No sé si reconstruir la dicha de caer,
De impulsar el día atado por las cuerdas.

Ya no sé pensar que existo...











Aguas

A Virgilio



La Isla parte en otra acción de pernoctar
Y nos preguntamos por qué no partimos antes 
Nosotros o los barcos,
El agua  que resbala como un río hacia sí misma.

Hemos ido a zozobrar sin nuestros cuerpos…
Esta lengua de calles, de ciudad se aleja y arrastra nuestra ausencia,
que seguimos desde aquí
Desde esta orilla del mundo ahora inexacta…

La Isla parte 
y detrás quedamos
a la espera de otra Isla
Que nos salve del naufragio.


II

De donde vienen las aguas
La voz del abuelo
Es una red para apropiarse
Del niño que juega a retener la infancia entre las manos
- Su tímido goce de las cosas imposibles-
Una red para apresar el río en una palabra estrecha 
para la lluvia que atraviesa nuestras calles
Llevando todos los secretos,
Esta agua que nos ahoga la vista
Creciendo inconteniblemente con pretensiones de mar.
Vivimos en una isla de aguas
El abuelo, el niño y yo…
Una isla que navega hasta encontrarse.







Yo también tuve un perro ladrándole al silencio

Una cruz, un libro,
Un país de agua para calmar la sed.
Tuve los cuerpos sin sombra y
las sombras de otros cuerpos.
- Una Isla Negra
sin peces, sin orillas-
Aprendí a amar lo inexacto.

Conocí mi rostro desde la posición del espejo
y deseché las causas, los tonos de mi voz…
mi propia tentación de ser.
Odié los regresos, las partidas a ningún sitio 
y la quietud.
Pude borrar las horas sin historia, las tazas vacías,
los pretextos para no abandonar los territorios
marcados por la soledad.

Tuve razones para ser feliz sin serlo,
tuve un río y certidumbres
de fluir, de ahogarme,
de conspirar contra la salvación.








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