viernes, 22 de junio de 2012

7129.- ADALBERTO SANTOS



ADALBERTO SANTOS
Holguín. Cuba. 11/6/1975. 




Estación de la zarza florecida

Un hombre cruza junto a mí
pedaleando en su ignorancia
mientras yo hago de tu nombre un catafalco 
sobre el cual puedo amontonar toda tu belleza.

Llevada contra la efímera trascendencia de las cosas
algo que no será tu nombre quedaría atrás
acaso el perfume velado
que abandonan las rosas invernadas
la prisa con que las manos disponen el rapto de su aroma
formas arrancadas a la orinal patria de sus cuerpos
para cumplimentar el llamado de otras manos
el ademán de otros ojos
o esa tardía caricia que lanzamos sobre los que dejan atrás la vigilia
hacia el recodo insoslayable 
amantísimas figuras hermoseadas en la muerte.

Nunca es fausto detenerse en lo inefable
y así como ese hombre que ha pasado sin detenerse 
pedalea junto a su música ominosa
e ignora la categoría de tus labios
o la sombrilla roja para conjurar la humedad nocturna
así lanzaré hacia el pasado 
el feudo de todo lo que en tí estuviese contenida:
no más el monstruo mítico comiéndose mis poros 
ni la mano definitiva dispersando el verano
en mi ha comenzado la estación de la zarza florecida. 






La estrella de ajenjo

El nombre de ese astro es Ajenjo (…)
y muchos de los hombres murieron
por las aguas que se habían vuelto amargas.
Apocalipsis 8,11


Adagio

Como un hámster detenido por un fulgor amargo
en su inmediatez circular
su juego de ir hacia ninguna parte
en el contorno de una palabra preguntada con dolor y reverencia
¿quién eres isla?
¿por qué me contienes y sólo contengo de ti
aguas conmemorativas y amargas
como si fueras la bestia terciaria 
que rezuma una humedad de ajenjo?

Fulgor amargo he dicho
Estrella de ajenjo:
¿cuáles son tus abalorios y cuales tus labios verdaderos
Para bendecir o abandonar la via dolorossa de tu cuerpo?

Como el mínimo hámster envejecido en tu circularidad amarga
te conmino:
presta es la edad de las presentaciones.






Corpus

Los muchachos y muchachas se deslizan 
Como el pasatiempos de la infancia
- aquellas figurillas de papel y su ropa recortable
Con la pésima moda del setenta -.

La noche es una arena multicolor
Donde se intercambian la saliva y el semen 
Al coste en las monedas:
Armani
Figurativo el de los pechos
Dolce & Gabanna
Ajustado el de las nalgas
Carne dispuesta sin neón y sin confetis.

El demonio no puede seducir en Prada 
En esa arena multicolor      diorama cotidiano
Donde los cuerpos se reciclan
Como las figurillas desechables de la infancia.







Dharma

En verdad quisiera llamarme Camilla
y esperar con fruición 
el derramamiento de una lluvia portentosa 
que festejase la natividad del amor
- la hipótesis de la Consolación dictamina
el fausto acontecer
en el acumular sobrepasado del tiempo -.

Pero ninguna isla es un hombre
y mi prolongación no alcanza la acritud sonora de otros nombres
New York     Belfast      Okinawa   
que me permitirían acaso rebautizarte inerme.

Hámster en su ley sin demasiado tiempo:
sólo la pregunta permanece.






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