jueves, 21 de junio de 2012

7110.- MARÍA JULIA DE RUSCHI



María Julia De Ruschi nació en Buenos Aires en 1951. Tiene tres hijos. Ha publicado los libros de poesía Polvo que une (Premio Leopoldo Panero 1975, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1975), Et amava (Zona Franca, Caracas, 1979), Artemis cantando, Artemis (Monte Ávila, Caracas, 1982) –este último libro ha sido traducido al italiano por Elémire Zolla (Artemide, Conoscenza Religiosa, La nuova Italia, Firenze, 1980)–,  La mujer vacilante (Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2003), Salir de Egipto (bajo la luna, Buenos Aires, 2007) y Nada escrito (Buenos Aires, hilos editora, 2010)

Ha traducido a Sylvia Plath, Tulipanes y otros poemas (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988) y a Mario Luzi, Viaje terrestre y celeste de Simone Martini (Premio del Ministerio de Relaciones de Italia, 2002, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2002). Formó parte del comité de redacción de la revista Último Reino. Ha colaborado en prestigiosas publicaciones literarias del país y del exterior: La Opinión Cultural, Megafón, Último Reino, Hablar de Poesía, Poesía, Zona Franca, Eco, Vuelta, Cuadernos Hispanoamericanos, Escandalar, entre otras.




En Nada escrito 
Buenos Aires, Hilos Editora, Buenos Aires, 2010




La mesa

Es ante ese pan blanquísimo y el gesto absurdo, desmedido y soberano, cuando siento que soy un depredador y que no quiero vivir más así.
Que el reino es uno solo.
Es ante esta mesa que pido el don de la santidad, la custodia del mundo.
Y sé que volveré a olvidarlo una y otra vez.
Pero volveré a la mesa, y cada día, poco a poco, mi propio cuerpo va a sentir que ha sido amasado con la misma harina, con la misma hambre infinita. 
Y quien quiera lo multiplicará.




Sueño

Sobre la mesa había una cabeza, una cabeza humana, y era la cabeza de su padre, las cuencas de los ojos vacías y rodeándola una corona de espinas.
Estaba puesta sobre un plato y debía comer de ella. 




Lágrimas derramadas en el Río de Safo

Mara, tu árbol de Navidad es una ballena.
En el río de Safo derraman las mujeres lágrimas amargas, Mara, hiel, y palabras proféticas que no son siquiera escuchadas, Casandra, y los sordos hombres siguen de largo sobre alfombras purpúreas que cubren las montañas de basura sobre las que han erigido sus palacios de oro los hombres.
Has hablado con Afrodita en sueños, has hablado y sabes... 




Su secreto

Su secreto era su pobreza.
Volvía a verla, y sus ojos marinos eran cada vez más grandes y su sonrisa estaba cada vez más llena de peces inquietantes. 
No poseía nada, caminaba como una reina, miraba a su alrededor como una reina.
Era magnánima, munificente, como todas las reinas sobre nada.
Lo había empeñado todo, menos su arte. El puro arte de lograr apoyo.
Sabía que verdad en la tradición hebrea es apoyo.
Sabía que hay cosas que no se pueden de/fin(ir), cosas que desbordan, que hacen caer los muros, o al menos deberían presentarse como ventanas.
Entonces su tarea era des/fondar: tanto las falsas imágenes descendentes como las ascendentes, sobre todo estas últimas.
Y luego encontraría apoyo. 
Y era dos: una que veía, una que escuchaba. Tenía testigos.
Y su tercera madre dialogaba.
Iba a parir miríadas luminosas como la abeja reina.




Mercado místico

Hablo de él:
La ternura por un caracol subiendo por el vidrio de una ventana.
Estuve dentro de una nuez y en una plaza creada por Bernini, es una cuestión de escala. 
Ahora la maravilla acaba conmigo.
Hablo de él:
Fui demasiado privilegiada.
Me enseñó a ver huellas tan invisibles que les resultan intolerables a los ángeles.
Su fuego no es oscuro, no consume:
Solo que con la otra mano se pega un tiro en la sien.




Exilio

Nikolai tenía genio, razón y locura, historias que le comían las manos como hormigas en un sueño o en un laberinto. Pudo tirarlo todo. De nada le servía la taxidermia, la carpintería, la cerámica, el molde de las palabras, las islas. Una palmera alta hasta la luna que se multiplicaba y un pequeño sapo que repetía la ansiedad de la noche. Nikolai no debería haberlo hecho, pero lo arrojó todo por la borda del barquito con que jugaba de niño en la bañera o en los charcos o en la alcantarilla donde corría rápida el agua de Dios.





Tres poemas del libro inédito Amor de niña


1

QUISE volver a despedirme
darme vuelta y decir adiós
verte una vez más
pero el único pan que se multiplica
es tu ausencia
me alimenta aún hoy
alimenta mi deseo
de hacer caer los días del lado de la muerte
y dije que estaba enamorada de la belleza del mundo
¿he vuelto a ver la belleza del mundo?
despierten a la niña
a la niña asesinada
el tiempo
ese espejo de aguas que enloquecen
como un animal salvaje
merodea los últimos fracasos



2

CUANDO llueve, ya no es amor
cuando medita el álamo, ya no es amor
escucho, escucho
las sombras cuchichean entre sí, ya no es amor
¿qué es entonces
esa frontera, esa nieve, ese terror?
la montaña, el despeñadero
la luna en el abismo
de brazos abiertos



3

VENCIDA por el vuelo de un pájaro
digna de alabanza la inteligencia de la nube que se deshace
herida por la noche digna de alabanza la sabiduría
de la estatua que permite que su silencio sea ridículo
a fuerza de meditar en él
nada de lo que soy
puedes robarme de mi ignorancia







del libro Polvo que une 
(Ed. Cultura Hispánica, Premio Leopoldo Panero 1974)




EN LOS SUEÑOS


sólo hay muertos
que no quieren morir


HAZ ALGO - DIZ ALGO


HAZ ALGO 
DIZ ALGO
mi brazo está muriendo
mi pierna está muriendo
mi dedo mi ombligo
mi labio mi ojo
muriendo muriendo
mi otro brazo muriendo
mi otra pierna muriendo
y yo no quiero morir


HAZ ALGO
DIZ ALGO
vuelve a contarme aquello
de lo que solíamos reírnos
estoy pendiente de una inspiración
de una espiración
de un latido
siento como 
en una inspiración
en una espiración
en un latido
puedo morir
y yo no quiero morir


acércate
estoy sobre la mesa
entre los cirujanos
desnuda blanca y ciega
y el pensamiento una uña
cargada de relámpago
acércate
estás aquí
ves mi pecho abierto
y la sangre que se empapa tibiamente
de silencio
hay demasiado luz
voy a apagarme
retenme
detén la transparencia


HAZ ALGO
DIZ ALGO
estoy tan sola ahora
tratando de no espantar un latido
una pulsación
un hálito
y hay un algo que me inunda
y que se hiela
un sabor blanco
baja a cerrar
mi garganta
todo es tan blanco 
el techo y los muros blancos
la blanca luz de mi cuerpo
la blanca inutilidad de una sonrisa


y no hay nada donde habitar esta soledad
no puedo crear nada para desaparecerme
el pánico me sujeta inmóvil a esta blancura
¿es una espada esta luz blanca?
¿es el tajo 
de la espada de la sombra?


¿quién envía
al ángel resplandeciente
que arranca de raíz
el árbol del misterio
y siembra la isla más blanca
en el instante donde la locura
encuentra a la memooria
y regresa vacío del absurdo
¿quién divide
en vida y muerte
el único lenguaje
de los hombres
-los muertos nada saben-


y yo siento
que voy a morir
y siento
la vida
en mí punto de seprarse
de mí 
siento mi vida
como una ráfaga
de agua
o de luz
que advierto solamente
porque ya me abandona


HAZ ALGO 
DIZ ALGO
desaparecerán la luz
los cirujanos
el amor
mi cuerpo
el terror
y mis deseos
¿qué haces ahí?
a la cabecera de mi soledad
a los pies de mi soledad
mirándome
esperándome
sabiendo que ellos separan la vida de mi carne
con el filo de la nada


¿es indiferencia?


¿una pesadilla?


despiértame
funde esta luz despiadada
con algún canto 
con algún hechizo del canto
con tu voz
que tu voz me retenga
tus palabras son cuentas en el hilo
son cuentas de música sagrada
en el hilo blanco en la mano blanca
no tengo sed
no tengo hambre
sólo
tengo
una especia
de recuerdo
muy frágil
a punto de derramarse
toma mi corazón
en tus manos
¿son puras
tus manos?
qué sacrificio
a qué dios
a qué inaudible
mensajero de lo sobrenatural
cuándo


HAZ ALGO 
DIZ ALGO
acompáñame
o desaparece


esto no es la agonía
esto es demasiado simple
y perfetcto
ellos
son inmortales
los cirujanos
las madres
y los hombres buenos
y tú
no me alcanzas con tu amor
dejas que el instante toque mi corazón
para hacerlo caer en algo parecido al sueño
pero si supieras
qué aniquilamiento
qué contrario a mí misma


ahora ellos están condenados
a observarme como a un pez
que ha mordido el anzuelo
y se sacude sobre las piedras
bajo el sol implacable
un sol implacable son los ojos de los vivos
como quien quiere seducir a un pájaro huidizo
a un pequeño juguete enfermo
como quien enciende un juego con los signos de la noche


así 
muero


en el último grito de mi corazón


que se niega
que se nuega


HAZ ALGO
DIZ ALGO


no quiero morir


tengo un reino
y estoy en el cuerpo de un ser abierto por la luz
aún no soy todo lo que nombro
para no morir


y con qué espanto mueren los animales
y con qué espanto
deseo vivir








1º DE OCTUBRE


1
la muerte
incita a las flores a la voracidad------
en el origen de las palabras amadas hay deformaciones
de las cules todos querríamos ser el cadáver
el cadáver perpetuo y sonriente-------
en el origen de la belleza la piedad está ausente


mi boca está de luto por el dolor que adora y muerde
-cuando la sangre llevaba la palabra muerte
cuando la boca dijo muerte!
oh amor mío
mi boca canta adora y muerde
las palabras entran al bosque
hacen sangrar las hojas
y dejan en la tierra semillas de cadáveres


las sombras nos nombran y cuando se les pregunta
callan
acorraladas


amor mío 
la muerte canta a media voz y nace la mañana
es el cuerpo dividiendo la noche
y la mano sin vida que busca
la mano ausente de dios


las voces
se tocan en el polvo se aman
en el polvo se aman


este mal
¿qué hipocresía vino a confundir?


¡los muertos recientes tienen
esa expresión de asombro!







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