miércoles, 20 de junio de 2012

7104.- SILVIA MERCEDES ÁVILA




SILVIA MERCEDES ÁVILA VILLANUEVA
(La Paz, Bolivia, 1940‑1992).- Poetisa y periodista. Hija de Antonio Avila Jiménez y Laura Villanueva. Estudió en la Facultad de Humanidades de la UMSA. Militante del Partido Comunista de Bolivia e impulsora de la creación del Instituto cultural Boliviano‑Cubana. Delegada a las Jornadas Latinoamericanas de Poesía, Piriápolis, Uruguay (1968). Como periodista estuvo ligada a ‘Clarín Internacional’, ‘El Diario’ y ‘Rebelión’. Fundadora de la Unión de Trabajadores del Arte y la Cultura (1978). Juan Quirós sobre Tu nominas los sueños, anotó: "El buen gusto que falta a muchos poetas jóvenes se impone aquí sencillamente. Poesía sin estridencias, estallidos y sonajeras verbales. La joven poetisa busca para su canción la palabra pequeña y frágil y la insinuación que, sin dejar de serlo, dice con su lenguaje de sugerencia más que las enunciaciones rotundas y directas". Ella escribió: "Te encontraré de nuevo / cuando las calles reflejen amarillo en los cristales / y los árboles se tornen / en vida que se hiere sin sentirlo siquiera. / Te encontraré de nuevo cuando exista / esta frase en todos los lugares: / Prohibido barrer los parques en otoño".

LIBROS
Poesía: Tu nominas los sueños (l963); Del ídolo y su sombra (1971); Poesías (antología, 1993).




ELEGIA 

Está el viento nuevo de este enero  
rodando por los días con su lluvia  
cortina dulce de las horas  
está la angustia 
con su palabra que ya crece en río. 
El plazo del ensueño está cumplido. 
Ha llegado una nueva soledad con tiempo nuevo.  
¡Cuánto ha muerto en los iguales y pasados días!  
Ha quedado mi voz frente al misterio  
de brumosos jardines 
donde se escriben poemas en las hojas  
de un sauce 
y el llanto es un reloj de acuáticos  
minutos. 
Inerte está la muerte en su aposento de astros, 
inerte está la vida en los rostros amigos  
habitantes comunes de las noches añejas. 
¡Cuánto ha quedado en la memoria azul de los caminos! 





TÚ NOMINAS LOS SUEÑOS 



He esperado tu ser, 
he nombrado un aliento 
para sentir tus manos 
en todos los umbrales, 
eres una palabra que suaviza  
los rostros, 
cotidiana tibieza  
de regazo y caricia. 

Era aquella simiente 
una plegaria, 
un pequeño remanso 
de existencia sin tiempo,  
y vinieron la luz,  
tu voz, 
la noción de las cosas,  
que nominan los sueños.



II 

Una ternura queda 
me llega de tu nombre  
cuando el día comienza  
y las voces se alejan 
por los recintos límpidos  
con tu imagen que lleva  
un aroma de espliego,  
de esperanza en los días 
que vendrán desde el tiempo. 

Juntas en el recuerdo  
zapatitos y mimbre,  
el primer paso,  
las trenzas rubias,  
los primeros versos.

Entristece a veces 
con la pena de amor  
que todos traemos  
para decirte de ella  
muchas cosas. 

Hablamos de los pinos,  
del otoño y la lluvia,  
de las llaves perdidas,  
de las sombras azules. 

Una hermana mayor  
despierta en tu corazón  
cuando reímos juntas  
sin motivo. 

Para tu voz mis poemas. 

Cuando el día termina  
una ternura queda 
me llega con tu nombre. 






CARTA A LEONARDO 

En qué infinito tibio. 
En qué recinto de astros  
eres tú con Morella? 

Te llega nuestra voz 
como eco insomne  
de licor nocturno? 
Como mensaje de penumbra  
y pena? 

Tan sólo está la noche 
de por medio 
para llegar a tu jardín de otoño,  
para encontrar tu voz  
y tu mirada 
que tal vez está triste 
con la angustia 
que sabes nos aguarda 
en todas las palabras, 
los poemas 
y tu nombre.







DEL ÍDOLO Y SU SOMBRA 



Esta pesada sombra 
de tristeza 
sobre la tarde queda 
como un ídolo, 
antiguo hito de pena 
sobre el tiempo. 

Rito final el humo 
como un cántico 
asciende su espiral 
en las colinas. 

Los parques se repliegan 
hacia el cielo, 
buscan su otoño 
adormeciendo cauces, 
viajando en el crepúsculo 
y la muerte. 

Esta pesada sombra 
de tristeza 
sobre la tarde queda 
como un ídolo. 




II 

He caminado a solas 
como un ángel 
por los puentes sombríos 
y en silencio 

He buscado las máscaras  
del viento
y tu rostro ha venido  
a recordarme 
añejos vinos de canción  
sin nombre. 

Tu antigua voz 
está lloviendo pétalos  
dentro mi temeroso 
corazón abierto. 




III 

La mirada de Dios  
sobre la noche  
se parece a la tuya  
cuando llegas 
con nuevos nombres;  
paca tatuar mi piel  
para inventar peldaños  
y ascender el amor 
y magnolias  
y los aromas. 

Cuando partes 
del umbral oscuro  
cantan los ríos 
su visión nocturna. 





IV 

Mi sangre es un grito  
en los naufragios. 

Sacrifico mis venas  
a tu cauce. 

Hundo mis mástiles  
en el alba inquieta  
para juntar el tiempo  
y la ceniza 
en nuestro ardiente 
corazón de hoguera. 

El tiempo y la ceniza 
llevan siempre 
una presencia astral 
hasta la sangre. 






Desde los álamos 
inquiere tu estatura 
de antiguo ídolo 
en mi pesadumbre 

-¿Qué hechizo viene desde  
las arenas? 
He buscado saber  
sí un sueño habita  
el aire de lo eterno  
que te ronda. 

He buscado saber 
y sólo tengo una imagen  
de dioses desterrados. 



VI 

Tu presencia 
de infinito aliento  
permanece en mi sombra  
con su rota quietud, 
con la sed y la angustia  
junto al día,  
como si fuera yo  
un corazón inmenso  
de rituales, 
profecía de esfinges,  
remota quemazón,  
lumbre innombrada. 




VII 

Este maligno amor  
como una ráfaga  
sume mi adoración  
en tu vorágine. 

- ¿Qué detiene tu voz? 

Quiero invocarte. 

Sacrificar mi tiempo 
a la resaca, 
quedar sobre la sangre  
derramada, 
y que duela tanta  
la agonía 
como esta piel que  
duele desvelada. 





VIII 

Un augurio de pena  
trae al día  
su símbolo mejor.  
He vuelto del camino  
que llevaba a los álamos  
y al viento... 

he vuelto para hablarte… 

Creo en ti 
por el amor maligno,  
por el ritual idólatra 
que exige tu antigua voz;  
por la deidad perversa  
que duerme en ti su  
eternidad. 

Un augurio de pena  
trae al día  
su símbolo mejor. 

Tu imagen y las máscaras 
dormidas. 


Imagino que el tiempo  
puede traerme 
la soledad con máscaras  
dormidas, 
temo entonces 
las angustias oscuras  
de tu ausencia 
junto a fuentes sin agua  
y parques tristes. 

Alargadas las calles 
y los álamos 
me devuelven tu imagen 
cada día 












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