miércoles, 20 de junio de 2012

7099.- MERY FLORES SAAVEDRA




MERY FLORES SAAVEDRA
(La Paz, Bolivia, 1935).- Poeta y periodista. De profesión abogada.
Trabajó en medios como ‘Presencia’, ‘La Nación’, ‘El Diario’ y la revista ‘Cordillera’. Premiada en distintos eventos literarios.
Para Juan Quirós, Mery Flores “es una profesional del soneto, con lo cual no quiero decir que no use otras formas de poesía. Los hace buenos y hermosos, llenos de vida, y de vibración que su alma -inquieta siempre- imprime a cuanto se le presente o toca”.
Yolanda Bedregal, en 1977, la distinguió así: "La mejor sonetista boliviana. Su poesía es honda, sugerente con dejos de melancolía e insatisfacción brotada de una intimidad sensitiva pero no sensiblera. Intensa y expresiva, maneja idea, sentimiento y forma en buen equilibrio".
Entre sus poemas está el nominado ‘Ser’, que dice: "La palabra es un vino que, transido, / embriaga el alma a medias solamente / y es en la soledad el ser, silente / árbol por sus raíces defendido. / Y es así mi verso, uno pensativo, / ceniza que tal vez huya aventada / por el tiempo, destello fugitivo; / luego... sombra en la sombra abandonada, / nacido en soledad, verbo cautivo / de sus raíces de alma enamorada".

LIBROS
Poesía: Fervor (1952); Brumas (1958); Cuatro poemas (1959); Poesías (1959); Sonetos (1965); Poemas de la sombra (Premio ‘Franz Tamayo’ de 1969, ed. 1975); Los silencios de Dios (Primer Premio ‘Franz Tamayo’ 1981, ed. 1988).





BIOGRAFIA 

Morelia es de tristeza, 
de tristeza infinita. 
Nombre escrito en nube lila sobre míticos azules.  
Morelia es de la lluvia 
y viene en las voces que despliega la noche:  

Morelia es de la noche. 
Nilamor es de nube, 
de nube de septiembre que llega con la lluvia.  
Nilamor es el vaso lleno de tu tristeza,  
de todas las tristezas. 

Es música en vez de llanto: 
los pies de Nilamor pisan la hierba fresca  
sin sandalias doradas. 

Sus labios se humedecen en la niebla del sueño,  
sus manos son pañuelos de llantos subterráneos  
que desbordan orillas que guardan otras islas. 

Nilamor es de nube, de nube de septiembre,  
es el velero loco que sigue a un barco errante  
por los mares del alma. 

Nilamor es el eco de todas las canciones  
y de todos los llantos. 





MENSAJE 

Cuesta dar a luz una palabra 
cuando ella está amasada, como el hijo,  
con nuestra propia sangre.  
Porque es más fácil, a veces, llorar  
que desgarrarse el alma  
para entregarla al viento en una frase. 

Verbo: 
jirón de angustia amanecido 
de una esquina del alma. 

La rosa de los vientos 
hoy te marca la ruta en la dársena norte  
donde va a anclar la vida... 

Allí, en la niebla, 
en la eterna niebla, 
donde calla adormida la voz canción de cuna,  
paloma trashumante 
de todos los senderos. 

Sangre mía, 
hermana de su angustia,  
hilvanada en palabras,  
derrámate en mi poema  
para llorar su sueño...! 





HIJO 

Y en mitad del sendero 
te has de abrir como la flor  
- anunciación del fruto-. 

Te espero, 
heridos los pulmones de la ansiedad del mundo  
y la mirada abierta 
al horizonte nuevo de tu presencia, 
sangre derramada en mis cofres vados de esperanza. 

Soy tierra que te aguarda 
a la orilla de un mar atormentado;  
final y principio 
de un camino vertical y distinto  
proyectado al infinito. 

Eres el sonido guardado en caracolas  
barridas por la niebla, 
capullo prometido a esta mi primavera desolada  
y tan mía... 

Aún tu nombre es mañana 
y en mitad del sendero has de ser el milagro. 

Soy la orilla infinita que aguarda tu llegada.  









INASIBLE 

Escala sin final, cuadrante cero,  
gota de agua, translúcida simiente  
de la bruma intangible, dulcemente  
retorna a ser la nube de aguacero. 

Ingrávida campana en el ligero  
paso del viento, dice suavemente  
la oración del otoño y el relente  
dispersa golondrinas del alero. 

Horas y lluvia, lágrimas; esencia 
de la vida, del tiempo que se esfuma  
en la niebla infinita de la ausencia 

Golondrinas inútiles, espuma  
inasible del sueño que silencia 
su canto de sirena entre la bruma. 






NORTE 

Dejaré que mi nombre se consuma 
junto al violín de voces acalladas  
y me iré dispersando en las miradas  
como nube que en el confín se esfuma. 

No importan las palabras ni la espuma  
del mar, las rosas deshojadas,  
las azules lámparas ya apagadas,  
la dársena por siempre entre la bruma. 

Sobre huella de lluvia pasajera  
marcado quedará por siempre leve  
este paso de tímida viajera;

y herida de presencias, clara y breve  
gota de llanto, universal quimera, 
me hundiré en la pupila que me lleva. 






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