lunes, 18 de junio de 2012

7046.- OCTAVIO CAMPERO ECHAZU



OCTAVIO CAMPERO ECHAZU
CAMPERO ECHAZÚ, Octavio (Tarija, Bolivia, 1900 - Cochabamba, Bolivia, 1970).- Poeta.
Abogado con estudios en Sucre, donde también fue profesor de literatura. Director del colegio y docente de la universidad ‘Juan Misael Saracho’ de Tarija. De manera póstuma le fue dado el Premio Nacional de Cultura (1970). Proclamado ‘Maestro de la Juventud Tarijeña’. El año 2010 el conjunto de su obra fue declarada como Patrimonio Cultural de la Nación por ley 036 del Estado Boliviano.
Emilio de Medinaceli publicó un ensayo en 1969 sobre el poeta tarijeño, en el que en parte introductoria anota: “Octavio Campero Echazu, el gran poeta de Tarija, es el creador de la poesía para mí llamada camperiana, del amor terrígena, expresada en el lenguaje popular de los indígenas tarijeños, llamados los chapacos en parte y también en el Español castizo”.
Juan Quirós lo definió: "Impregnado en las esencias de su natal terruño, ha escrito una poesía sensorial, grácil y llena de aciertos, de un García Lorca incorporado a la poesía chapaca en cuanto a símbolos, manera y técnica se refiere, pero conservando avaramente la esencialidad del patrimonio de la tierra propia".
Para Juan Siles Guevara, Amancaya es una de las cien obras capitales de la literatura boliviana, argumentando: "Amancayas es un prodigio de claridad en la captación de esencias chapacas, cuyo habitante, sentimental y limpio, fluye de estas páginas...".
El poema titulado precisamente ‘Amancaya’, en un parte dice: "Amancaya, amancayita / -lámpara de la alborada-, / en tu cáliz una estrella / se ha quedado rezagada. / Ya en los ojos de los bueyes / -pozos de paz de la casa-, / amancaya, amancayita, / despierta la madrugada, / y la vida en los corrales / ordeña leche de vaca".

LIBROS
Poesía: Arias sentimentales (1918); Amancayas (1942); Voces (1950); Poemas (1958); Al borde de la sombra (1963); Aroma de otro tiempo (1971).





AMANCAYA

Amancaya, amancayita
lámpara de la alborada
en tu cáliz una estrella
se ha quedado rezagada.

Ya en lo ojos de los bueyes
pozos de paz de la casa
amancaya, amancayita
despierta la madrugada
y la vida en los corrales
ordeña leche de vaca.

Amancaya, amancayita
primera copla del alba
no hay mocita que no lleve
tu perfume en la garganta,
cuando te cuelga en su oreja
por confidente del alma.

Amancaya, amancayita
frescura de la mañana
cántaro al hombro, las mozas
se van al río por agua,
y en el aire flota un limpio
olor de ropa lavada.

Amancaya, amancayita
Urna de esencias chapacas,
¡bendita sea la tierra
que te nutre con su savia!





Porque van diez años que dejé mi tierra

Porque van diez años
que dejé mi tierra,
ya nadie me quiere
conocer siquiera.

Es cierto, he cambiado,
mi madre está muerta,
la casa vendida y el molle –coplero
de notas de pájaros- convertido en leña.

Porque van diez años
que dejé mi tierra,
las gentes me miran
con ojos de ausencia.

Ayer una moza del campo
-ánfora de greda
colmada de soles y lluvias,
olor de tierra,
amancaya rosa, que invertida es una
lírica pollera-
no quiso conmigo
bailar a la rueda,
porque van diez años
que dejé mi tierra.

Pensar que yo pude colgar zarcillos
de dulces tonadas de Sella;
enflorar con rosas y risas
la flor de su oreja;
trenzarme a sus largos cabellos
color de tormenta
y aventar el trigo de sus sensaciones
en rosadas eras!…

Pero aquella moza,
fragante y huidiza como agua de acequia,
se me fue con otro…
-¡malhaya mi sed de querencia!-
porque van diez años
que dejé mi tierra.



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