miércoles, 16 de mayo de 2012

6854.- GUILLERMO SILES



Guillermo Siles nació en 1967 en San Miguel de Tucumán, Argentina, donde reside actualmente. Es Doctor en Letras por la Universidad Nacional de Tucumán, Profesor de Literatura Argentina II y Director del Departamento de Letras en la Universidad Nacional de Tucumán. Investigador del Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Literarias Hispanoamericanas (INSIL). Fue becario del CIUNT y en la actualidad dirige, para este organismo, el proyecto “Representaciones de la poesía argentina contemporánea”. Dictó cursos y conferencias en universidades de Inglaterra, Francia, Alemania y España. Sus trabajos se publicaron en revistas argentinas y extranjeras.
En relación a la microficción, ha publicado El microrrelato hispanoamericano: la formación de un género en el siglo XX (Buenos Aires, Corregidor, 2007), y los artículos “Bajo un breve cielo: Microrrelatos de Borges” (Revista Variaciones Borges 27, 2009), “Microrrelato y globalización. Geishas”. (La pluma y el bisturí. Luisa Valenzuela, Raúl Brasca y Sandra Bianchi (Comps.), Catálogos y SEA, Buenos Aires, 2008), “Borges y el microrrelato: una lectura del género” (Competencia y variación lingüística, Universidad Nacional de Tucumán, 2004), “Short and Sudden fictions: la importancia de las antologías”(BMPress y Asociación de Estudios Americanos, 2004), "Sobre algunas formas breves de literatura argentina: el microrrelato" (Fronteras literarias, 1996), “Las formas de la lectura en textos de Augusto Monterroso” (RILL Nº 16, 2005), “Cómo leer fragmentos y series. Sueños, geishas y ejemplares raros” (Universidad Nacional de la Patagonia Austral, 2005), “El microrrelato: lecturas críticas” (SAL, 2000), “El microrrelato y la crítica: los textos de Ana María Shua” (Revista Reflejos No. 7, 1998), "El microrrelato: un género híbrido" (RILL no. 13. UNT, 1996). Además, compiló con María Eugenia Bestani La pequeña voz del mundo y otros ensayos de poesía (2007), editó y prologó Obra Poética, de Hugo Foguet (2010). Su última compilación es Representaciones de la poesía argentina contemporánea (2011). Poemas suyos aparecieron en la revista Hablar de poesía y en la antología de Santiago Sylvester Poesía Joven del Noroeste Argentino, publicada por el Fondo Nacional de las Artes (2008). El sabor de la fruta (Buenos Aires, el suri porfiado, 2008) es su primer libro de poemas.



POEMAS DE:
El sabor de la fruta 
(Buenos Aires, el suri porfiado, 2008)




LA FERIA

¿Dónde ubicar
estas dudosas mercancías?:
frutos asexuados
de sabor indeciso,
leoncitos siameses,
plantas hermafroditas,
fraguada seda
trabajosa y tenue.

¿Qué regirá los precios?
¿Quién indicará el peso
de la materia
que las compone
sus formas arbitrarias
su sentido?

Incesante flujo
Intercambio incierto.





LOS RECUERDOS Y LAS COSAS

No es verdad
que recuerdes,
haces que recuerdas
para alterar sin culpa
el orden estatuido
de las cosas o
el moroso acontecer
de un tiempo que huye
repartido en otras nadas.

No es verdad
que recuerdes
la piel de los duraznos
o el color de las uvas
de sol tenue
protegidas por sus hojas
la voz
de una mujer sabia
sin saberes
los cuartos de una casa
en la que ya
no habita nadie.

No es verdad
que recuerdes,
haces que recuerdas
para dar pruebas de fe
sobre la caducidad
de los inviernos
la frágil condición
de la experiencia
y su memoria.






BALBINA

Un colibrí te anuncia
en la glicina
que llegaremos el domingo
pronto el ritual de horno de barro
transformará en panes
palomitas y muñecos.
El aire trae aromas
de ciruelas blancas,
naranjas sin semillas
en reloj o pulsera
torneadas por tus manos.
Tu voz irá desmadejando
relatos amorosos
debajo del níspero o la vid
en las siestas del verano.
Cada cerro tiene un color
y un nombre,
el Ñuñorco:
una teta de mujer elevándose entre nubes.
Al atardecer cerraremos las ventanas
para ahuyentar zancudos
al son de un rosario interminable
perderemos la cuenta y los misterios
entre rayos y truenos
de aguaceros torrenciales
que te invitan al miedo.
Será la hora del ansiado regreso.
Como el gusano en el verso de la abuela
querrás dejar la crisálida,
atravesar la oscura noche,
precipitarte al día
de hoy que te envuelve
entre sus manos, pichoncito,
este aroma de panes y naranjas
mordiéndote los labios.





Memoria I

Por esta pena que dura,
por la insistente lluvia
del domingo,
recuerdas una calle
de adoquines y naranjos en donde
hubiéramos podido ser felices
aromados al vapor
de una delgada sopa
a cuenta de otro cielo.

Por tus ojos,
detrás de la llovizna,
septiembre pronto
retornará con sus azahares
invadirá las tiernas tardes
la gracia blanca de los juegos:
rayuelas, manchas y escondidas.

Por las carreras que perdimos
en las veredas de la infancia
las bicicletas regresan
a las sombras del país de la herrumbre.

Cerquita de tu calle un tren
desliza su pereza de fuelle
en atardeceres sordos de coyuyos
para olvidar
cinco pesos poca plata
repites a su paso.

Fue allí donde vivimos.






El recuerdo

a Esteban

Una calle sinuosa
y polvorienta
cuyo nombre ilustre
nadie olvida
solía conducir
al refugio de tu casa
donde el ardor del verde
insinuaba las marañas de la yunga.

Figurado paraíso,
selva luminosa
de música y de libros,
rumor de agua en la alberca,
golpes tenues de aljaba,
puerta abierta al deseo
en los albores de la vida.

No eras vos no eras
aquel niño herido
de palabras
perdido por diferencia
entre dos verbos.
La amistad,
tesoro de la memoria,
te guarda
en la imagen del almendro de nata
frente a la ventana,
en tostadas con manteca y miel
de tantos amables desayunos,
cuentos oídos
en la voz entrañable de Cortázar
una foto, una postal de él
que era tan porteño –decías–
como vos ahora tan cerca y tan lejos.

Un coyuyo aturde a la distancia,
la tarde cae, el sol se esconde
tras la veladura azul del cerro.
Ayer y hoy vuelven a fundirse
en un abrazo fraternal
en infinita comprensión humana.







Designio

¿No ves
la hierba crece al amparo de tus ojos?
¿Por qué mirar
hacia otro lado?
Los campesinos
piden agua y pasto tierno
pronto
habrán de morir
los animales
el campo estará seco.
¿Dónde buscar el reflejo de otros ojos
nacidos de la lluvia?






Octubre aquí

El viento esparce
el oro lila de los tarcos
la lluvia arrastra
los últimos vestigios
de polvo y de maloja.
Si no es el hedor del aire
herido
son las manos
heladas
con saldo a favor
asestando el poder
o su ignorancia,
envenenando el aire
en inviernos de zafra
bocas de ceniza,
talando vida en la mengua
de aquel verde majestuoso
que la maestría del ensueño
celebró que ocurriera.

La comarca sin memoria
jardín o paraíso
primavera o invierno
(da lo mismo),
ciudad sin corazón
es este oscuro río
escurriendo penas
el hedor fantasmal
que el tiempo desparrama
por los ojos de perro
del verdugo.
Allí habrán de reflejarse
las pasiones del odio
su insistente cárcel.






La gracia

a Gustavo

Al aire
da su gracia
bailecito dice
el cuerpo en movimiento
sus manos dibujan
colores y cada acorde
olor de paisaje aligera sus pies.
Retorne en luz el goce de la gente
y descienda la gracia
chacarera, gato
o candombe
tonalidades y siglos,
magia muda perdida
y recobrada en ayeres.
Ojo por ojo
lágrima por lágrima
en desierto de sal
latir por dentro en besos
no en palabras
o de qué se trata, duende,
sentir la piel
igualito que sentir
la lluvia.









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