miércoles, 9 de mayo de 2012

6779.- PAOLA VALVERDE ALIER



PAOLA VALVERDE ALIER
Escritora y poeta costarricense, nacida en San José hacia el año de 1984. Desde los once años se introdujo al mundo de las letras, desde allí empezó a cultivar sus primeros escritos plagados de sentimiento y emoción, pero fueron unos talleres literarios que refiraron su estilo de escritura durante su adolescencia. A sus 17 años se graduó como bachiller en el Panamerican High School y realizó sus estudios profesionales en la Universidad Latina.

Sus poemas se caracterizan por un profundo lenguaje que recorre los sentimientos humanos, adornados con un toque de honestidad, sin perder su esencia mágica en el contenido de cada verso. También se revisten de metáforas exquisitas, que en algún momento se equipara a una princesa o una boxeadora, se adentra en cada personaje y convierte cada situación en su propia autobiografía: bañadas de imágenes y fantasías. Sus versos son magia pura mezclada con realidad.

Durante cuatro años recitó sus poemas en centros penitenciarios de su país como La Reforma, también en librerías y centros culturales. Hacia 1999 publicó su cuento “Caracolas en el camino” como parte de la antología Realidades y Ficciones. Dos años más tarde lanzó su primera obra inédita en prosa Sombras y Perfiles (2001), después le siguieron El suburbio de los pulpos, Fabricada por abejas y Princesa.

En su rol de gestora cultural, conoció al poeta hondureño Dennis Ávila, actualmente su esposo, y juntos emprendieron su negocio de bares culturales San José como: Rayuela y El Lobo Estepario. También le ha permitido organizar y coordinar el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica junto a Norberto Salinas. Hoy en día es embajadora de Costa Rica dentro del sitio web literario Poetas del Mundo.

El pasado mes de diciembre, lanzó su más reciente obra poética La Quinta Esquina del Cuadrilátero (2010). Su libro, hecho a base de papel reciclable, como parte de su filosofía para proteger los recursos naturales, retrata la vida de una boxeadora apodada la Perra de Pavlov, quien enfrenta sus propios demonios por medio de golpes, ganchos y caídas, con el fin de reivindicar su condición femenina y otorgarle un aspecto cinematográfico a este poemario.




I

Me gustan los poemas gordos que se burlan de su gordura
se ríen de sí mismos frente al espejo
son poemas seguros y simpáticos
no piden perdón si quiebran una tabla
se llenan la boca con palabras
pero son muy educados
no hablan mientras mastican
ponen una servilleta en su regazo
y se ofrecen a lavar los platos

Mis poemas gordos
podrían charlar con los tuyos forajidos

Sé que evitamos los rollitos en la panza
pero amor te digo
los poemas flacos me aburren
son tan pálidos
que no dan ganas de meterles los colmillos

Mis poemas gordos
podrían jugar con tus poemas forajidos

No creo que corran tanto como los tuyos
pero seguramente
los seguirían a paso de tortuga

Yo también fui gordita
y comprendo la esperanza de un gimnasio
podrías enseñarle a los míos algo de aeróbicos
si haces con ellos
lo que hiciste por mí
probablemente y hasta los podamos inscribir
en el reinado de belleza de poemas esculturales.






FUERON OTROS LOS DE FANGO

He tenido tantos niños,
tantas casas.
Fueron
y se fueron los de Paja
                 los de Alfalfa.

¿Y tú,
qué haces despierto a esta hora?

Escapo al temporal.

El Niño de Barro
tiene la piel de barro
hace aviones de papel
los lanza desde su casita del árbol.

Se acerca.
        -Quiero que viajes en mi avión-
Le explico que no hace falta
tengo alas.
Pero insiste.
Los Niños de Barro siempre insisten.





VIDA LARVAL

Una puede nacer muchas veces
ponerse más alas de la cuenta,
enamorarse
construir su casa en la casa de un cuento
encantar si es de niños
asustar si es de viejos.
Una puede decidir no leer un libro,
comer mayonesa cuando hace frío
disfrutar de lo cursi
encerrarse en la árida celda
de un televisor.
Quebrar ramas
clavarle aguijones a la mañana,
y suicidarse poco a poco
hasta el andén que dice
“aún no terminamos de llorar”.
Una puede reventarse contra el techo
sacarle los ojos a la foto de ayer,
rescatar los instantes como estampas o celajes
que nunca fueron del mismo color.





ABEJA RUPESTRE

Hace mucho apresaron mi espíritu en una pared
el garabato de otros labios
a la tinta que prometía inmortalizarme.

Aprendí de los náufragos,
hombres sin zapatos
divididos
entre ellos mismos
y cientos de estrellas de mar.

Trajeron como ofrenda las palabras,
salitre, barcas
sábanas blancas.

Época de cazadores y recolectores,
redondel
donde el viento nos alza la bandera
para trenzar el infinito.

(Poemas del libro Fabricada por abejas, Inédito.)






DE El Suburbio de los Pulpos
 
Un snack para Bretón

"Je Cherche l´or du temps",

Epitafio

       Sin necesidad de aclamar ritos al hálito, el sepulcro, empuña el silencio de quien concentra el adiós en los versos.
Entre la palma y la aguja recostada a su costilla hubo de hacer un lazo trenzado a su nombre.
       La revolución en punta de los animales nocturnos desenfrenados por el antipadre y los designios inicuos de Sigmund Freud.
       Bretón, la imagen que sangra y tatúa espigas de doncellas en las sienes de Paris ha muerto y resucita con tumbos de aspereza cada vez que su corona es extraída de bibliotecas avasalladas con insurrecciones urbanas.





MADRE

  Madre,
Podrían haberte construido de barro y arena
Afilado las manos con migajas de pan
Pero no,
Decidieron hacerte más grande
Plantando caña, desbordando azúcar
Decidieron hacerte de alfalfa
coronando universos en tu mirar.





De prosas y verdades

Una línea descalza dibuja el raso del papel que hojea espirales frente al diván; muchas páginas de mi diario han penado ya el lumbre posado sobre la

chimenea… todas las ideas se descuartizan en el basurero.

Y yo, murmullo en la poesía de un meollo quebrantado. Tan bella,

inexorablemente bella, copulando estrofas en el blanco de un pensamiento

magro.

He untado tantas veces mis manos en el olvido, la tristeza me embarga, pero

aún así sigo siendo hermosa, los años no delatan que mi cuerpo se ha

cansado de fingir espasmos a la extremidad barata de lo ajeno…

Los cauces deforman la pared que respira el llanto celeste de las golondrinas.

Se suicidan diariamente un par de gotas sobre la ventana. Y el gato siempre estéril, fosilizado por el tintineo agobiante que desea traerse el techo a los orígenes de Eva.

¿Cuantas veces habré cambiado de refugio para matar los demonios

clandestinos que osan simularme apego en las orillas esbozadas por sus

lenguas de fuego? ¿Cuantas veces habré sido yo quien lapide un sueño?

Hoy renuncio a mi infortunio, hoy me uno con mis venas para verme fluir

en otro color que no sea opaco…






Simplemente Yo…

Yo, simplemente yo, formando parte de la tierra, alimentándome de injusticias, estudiando la vida, estando tan sola… aquí.

Yo, un ave en cautiverio, un amanecer opaco, llena de errores, defectos y

virtudes. Yo, la causa, la culpa, la que logra que se pinte en tus labios una

sonrisa.

Y es que a pesar del destino que se rompe en mil pedazos, todavía existen ilusiones y fantasías encerradas en corazones de niños que corren libres por

el campo, esos que aún no pierden la inocencia… porque hay los que tienen hambre y frío y ven a sus pueblos morir. Otros ya no sueñan, ya no, no aman y se niegan a llorar, les duele el alma, sus últimas lágrimas se han ido

consumiendo en pequeñas dosis de agresión, de polvos blancos y

sustancias tóxicas que los hacen volar a un cielo que se desmorona poco a

poco…

Yo, la mujer fuerte, la que lucha, la que no se deshace pero tiene miedo.

Yo, que aprendí a palpar el mundo desde tus manos y que, egoístamente, vislumbra un futuro perfecto a tu lado.

Yo, que olvido el sufrimiento, que ignoro el mundo y no pienso en el pasado.

Yo, la que se ve más bella junto a ti, la que te mata y resucita.

Yo, simplemente yo: nada. La que no es nada, la que hoy quiere cambiarlo

todo, la que solo podría amarte.

Yo, la que estuvo un día en la otra orilla de tu océano. Tú, el que hizo lo

imposible por llegar a mí.

Y será solo ahí, cuando ambos cerremos los ojos y expiremos un suspiro

eterno, que formaremos parte de ese inmenso mar. Sólo ahí seremos algo.

Y yo, ya no seré simplemente yo, la que te ama.
 

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