miércoles, 9 de mayo de 2012

6775.- PETER BOYLE

Mario Licón Cabrera y Peter Boyle



Peter Boyle (Australia, 1951). Sus tres primeros libros de poesía: Coming home from the world (1994), The Blue Cloud of Crying (1997), y What the painter saw in our faces (2001), han recibido varios premios incluyendo el New South Wales Premier’s Award, el South Australian Festival award y el National Book Council Award. Su más reciente colección de poesía, Museum of Space, se publicó en 2004 por la University of Queensland Press. También ha publicado traducciones de Federico García Lorca, Luis Cernuda, Eugenio Montejo, César Vallejo, Pierre Reverdy, entre otros.
Vive en Sydney.
Ees un reconocido poeta, catedrático y traductor australiano. Su obra poética ha merecido prestigiosos premios nacionales y sus traducciones han aparecido en importantes revistas nacionales y extranjeras. Una colección de sus traducciones del recientemente fallecido poeta venezolano Eugenio Montejo, bajo el título The Trees fue publicada en Inglaterra en el 2004 por Salt Publishing. Anteriormente Peter Boyle había publicado I'm going to speak of hope, poemas de César Vallejo, editado por el Consulado de Perú en Sydney. Peter Boyle ha sido invitado a varios festivales Internacionales de Poesía, entre ellos el de Medellín, Colombia, en 1997, a la Semana Internacional de Poesía de Caracas, Venezuela en 2004, y al Festival de Poésie Franco-Inglesa de París, en 1999. Su colección de poemas más reciente Apocrypha fue publicad en mayo del 2009 por Vagabond Prees, Sydney.


Concha marina

La escritura que hallaste en el fondo del mar
sigue hablando a través de ti.
No importa cuánto hicieras para olvidarla,
sus palabras dan tumbos y más tumbos
en tu boca paralizada.
Implosión excesiva,
todo el peso del universo
contenido en sus simas
te ha dejado por único lenguaje
una sílaba inquieta.
He de añadirte a las demás,
hablantes
de una insondable resistencia.

Traducido por Jordi Doce





Lluvia a medianoche

Una leve llovizna
envuelve la casa donde escribo
al borde de la nada.
Si todo fuera un sueño,
una vida perdida y triste
fundada en vanidades,
la lluvia se lo calla.
Como si un coche me llevara, hipnotizado,
al aeropuerto de los muertos,
enumero los nombres
de quienes han quedado atrás.
La lluvia está borrando la tierra
y sé que nada puede regresar.
Podría estar de viaje,
podría estarme quieto.
La lluvia no descansa,
monótona, intraducible,
pura elocuencia
al otro lado del lenguaje humano.

Traducido por Jordi Doce



César Vallejo

Muerto estos sesenta años en París
donde la lluvia y la nieve una vez más
sepultan los hambrientos bulevares,
te detienes con la cabeza inclinada,
sobre lo que parece ser una lápida,
el amplio sombrero de un ranchero en tu mano
y con la mueca de un hombre que todo lo pierde en una riña de gallos.
Amigo,
escucho la aguda canción que flota bajo tu aliento.
En la más oscura pesadilla convocando los nombres de todos los colores,
tú murmuras tan silenciosamente
la dicción salvaje de un químico cerebral.

O te encuentro en el hospital
donde las brilladoras zumban
enormes círculos sobre el piso iluminado por la luna.
Los rayos x clavados sobre la pared,
sus negros garabatos
ensartando el dolor de la tierra al dolor de las estrellas.
Un blanco pájaro te visita diciendo «Abre esta puerta».
La cortina de tu cama de enfermo espera para moverse
como la vela de un barco.
En Perú el caballo de tu infancia
todavía mastica su hierba, sacude sus crines
en la última sequedad del verano.
Un poema o una vida
ondea entre este tan trivial como portentoso asunto,
incorpora el sarcasmo,
reparte su propio apretón de manos.

Y si después de tantas palabras
ni una sola palabra
y si entre tantas respiraciones
ni un solo suspiro
cruza el vacío.

En un sueño despertaste para encontrar el antepecho opuesto a tu cama
cubierto de dinero,
pequeñas monedas de oro y plata que brillan ante ti.
Lo mismo en el cuarto próximo
y en la puerta del frente.

Tales son los desconcertantes regalos entre las cabezas vendadas.
Flor de putrefacción sobre la piel
de uno que guarda el crepúsculo.
Privilegiado siempre con la opulencia del aire,
César Vallejo,
bajo la lluvia de París
buscando el gesto correcto y final,
dando a estas estéticas cosas del más allá
su nombre humano.





Paul Celan

Caminó fuera de Bucarest.
Dejó Viena.
Caminó lejos de sus piernas
de la infancia
del pesado flotar del manzano en flor
del soliloquio de la ceniza.
Salió de sus ropas
de su nombre familiar, de su primera voz.
Dejó Sarajevo, Praga, a Venecia atrás.
Dejó su reloj su brazo derecho
su tráquea
y la mejor parte
de sus impacientes dedos hablantes.
Limpio del tiempo y las puertas
avanzó más allá de sus zapatos, sus interiores, su muerte
y despidiéndose de los cabellos de la orilla del río
de la tersa piel de las conscriptas moléculas
penetró en las aguas del Sena
donde construyó su hogar
-un espacio que brilla con palabras perdidas,
boca que se bebe el cielo,
árbol otoñal floreciendo en su muerte,
savia agonizando desde las flores.





Kinderszenen

1

Tú eres mi amiga.
Me hablas desde un cielo gris y una sopa delgada.
Penetras en mi muñeca con palabras de amor.
Rozas los dedos de mis pies como trigo
para esparcir mi soledad entre los pájaros.
Usas mis ojos
para que yo resplandezca en la oscuridad.

En la sala colectiva de pacientes
la risa está llorando.
El tren sobre la pared
se alarga de marzo a octubre.
Trece, los carros que él tira
lucen como perros salchichas rayados.
El azúcar, manchada de rosado,
viaja desde su garganta hasta sus ojos
y se eleva
como una nube azul de llanto.

2

De nueve, tal vez siete años,
ella tenía un hueco en la cabeza del tamaño de un pulgar.
Caminaba en el abierto mirador del hospital
con la levantadora manchada.
Su rostro ladeado como un hacha mondada,
todas las oscuras constelaciones sobre ella
vaciándose sobre dos ojos ausentes.

Rostros como peras arrancadas de la infancia
- sabios ojos arrugados como pasas -
mi cómplice en la sala de sufrimiento infantil,
resplandece ahora en el cielo nocturno,
fantasma luminoso
que quemas los dedos de la luz del día.

3

Tres de la mañana.
Descansas la cabeza doblada,
aplastada como una tortuga.
Tus pequeñas manos encogidas
dentro del sueño
excavando puñados de remansado calor húmedo,
mientras la boca se mueve constantemente
como si transformara esta extraña inundación
en un suave ronroneo de la voz.
Desde el pasillo te vigilo
pequeño gnomo rey de frialdad alargado otra vez, forcejeando
desde las sábanas,
hacia un cielo nocturno de frágiles años.
Retorciendo los brazos y piernas
nadas contra la embestida de los elementos
mientras la tierra se inclina contra mí.

http://www.festivaldepoesiademedellin.org/
Traducción de Guillermo Martínez González







7/10/2010

The nightmare of eternal school returned to him like a thousand candles spattering a steady rain of wax across his exposed arm. A pencil, snapped off, had long ago drilled into his open hand the insignia of the scribe. Nonsense babbling at his lips and the unrelenting consciousness of being at each moment under judgement were tied onto his feet like an acrobat always dragging at his heels the island he wants to escape. Between a prison and a prison he chose the one with the smaller knives. Yet he remembered (in a false memory) how Moritz Schlick was murdered by the repeated blows of sharpened pens.


8/10/2010

The fig tree in autumn laments its journey to the sun. All that distance it has travelled to find warmth and now reluctantly it feels itself sent back, plodding those interminable miles and the view across the river and the pile of abandoned cars, now three or four, now five or six, only minor variations on the topos abandonment. With a touch of exhaustion it shrugs off its regrets. Maybe one day, it mutters, and then there are still the birds whose chatter, almost intelligible, reminds him how chirpy some people can feel. The sun, yes, one day he will go back there. One day, yes, that fire in the bones


9/10/2010

There are moments that must be kept outside of speech. A boat drifts exactly above violent indifferent depths, a place with no residue of light, or a kayak wavers over a shaft or boundary line that passes from the heavens to some strata from the time before grass grew on the earth. For those crossing such barriers, silence is the pact that a different speech may be given. Cautioned by its presence within them, they sometimes will knot a reed around one ankle to remind themselves to listen for silence. They know the story that reeds and stones have sometimes trapped the dark of where they have been and can help its release into everyday sounds, jarring but tempered enough to find shelter in the human ear’s inner quiet.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada