jueves, 3 de mayo de 2012

6701.- REMIGIO CRESPO TORAL


Remigio Crespo Toral (4 de agosto de 1860 - 8 de julio de 1939) era un destacado escritor hombre público cuencano, el cual es considerado como una de las figuras más importantes de la poesía y de la literatura ecuatoriana.
Crespo Toral se destacó no sólo en la literatura pero también en la política ecuatoriana. Desempeñó cargos diplomáticos, administrativos y políticos como los de: Diputado por la Provincia del Azuay (1883, 1890, 1899, 1903, 1904 y 1915), Rector de la Universidad de Cuenca (1925-1939), Director de Estudios del Azuay (1894), Abogado Consultor del Ecuador en Madrid (1905), Cónsul de Chile en Cuenca (1899), entre otros.
Fue el cuarto de los siete hijos de Manuel Crespo Patiño (1819-1893), Alcalde de Cuenca y de Doña Mercedes Toral y Sánchez de la Flor (1828-1909), hermana del Obispo de Cuenca, Remigio Toral (1814-1883). Entre sus hermanos, uno que fue bastante conocido era Roberto (1851-1923), un eminente hombre de negocios.
Nació en la ciudad de Cuenca, Ecuador, provincia del Azuay, Ecuador, el 4 de Agosto de 1860, en una casa situada en las calles Luis Cordero y Presidente Córdova, en la que hoy funciona la Casa de la Cultura Ecuatoriana (Núcleo Azuay). Fue bautizado por el Presbítero Sr. Manuel Hurtado, en la Parroquia de El Sagrario de Cuenca, el mismo día de su nacimiento, con los nombres de José Benigno Salvador. El de Remigio fue probablemente añadido posteriormente.
Pasó su infancia en la Hacienda de Quingeo, propiedad de su padre en los silenciosos y escondidos campos del valle del mismo nombre, cerca de Cuenca, en donde tenían una casa. Allí fue donde Remigio recibió las primeras enseñanzas de su madre, quien le enseñó a leer y a escribir, siendo esa la manera con la cual hizo todos sus estudios primarios.
Después de su infancia en la propiedad familiar, a los trece años de edad, como sus hermanos mayores, estudió en el Colegio Seminario San Luis de Cuenca, a donde entró el 1ro de octubre de 1873.
Dicho colegio era considerado en aquella época como el mejor de la ciudad, en donde eran educados los más distinguidos hombres de Cuenca, entre los cuales Alberto Muñoz Vernaza y su hermano Nicolás Muñoz Vernaza, Rafael María Arízaga, Honorato Vázquez, que fueron compañeros de Remigio.
Fue allí donde este último estudió hasta 1877, habiendo cursado allí sus estudios secundarios y donde se destacó en lenguas, historia y geografía, religión, humanidades y latín, en los exámenes. En 1874, fue invitado a formar parte del Liceo de la Juventud Literaria de Cuenca, de lo que escribió en su autobiografía:
En 1874 ingresé a El Liceo de la Juventud presidido entonces por el Dr. Julio Matovelle: antes había escrito ya algunos ensayos en prosa y verso. En El Liceo comencé a escribir en los periódicos literarios manuscritos que redactaban los socios: en "La Abeja" principalmente y fundé "El Alba".
En 1877, entró a la Universidad de Cuenca, para estudiar derecho y de esa manera obtener el título de abogado, hecho que sucedió nueve años más tarde, el 24 de mayo de 1886.
Desde su juventud, Crespo Toral se interesó en el periodismo y la literatura, por lo cual, en 1881, fundó, junto con el Dr. Honorato Vázquez un periódico, al cual llamaron El Correo del Azuay, en donde Crespo publicó numerosos artículos sobre la política.
En varios de ellos, denunciaba y criticaba al dictador de la República, Ignacio de Veintemilla, quien al enterarse de ello, mandó a perseguirlo (1882). En 1883, el Gral. de Veintimilla fue derrocado y el nuevo Presidente de Ecuador, el Dr. Luis Cordero Crespo, cuencano que estimaba a Crespo Toral lo designó Diputado por la Provincia del Azuay. Crespo Toral ocupó este cargo, llegando a ser uno de los más jóvenes diputados de la historia nacional.

Edad adulta
Su primer amor, hacia su prima hermana, María Teresa Toral Malo (n. en 1866), dejó una huella indeleble en todas su poesía, especialmente en su libro publicado en 1917, llamado La Leyenda de Hernán. En 1885, Teresa puso fin a su relación con Crespo Toral al casarse con el General Antonio Vega Muñoz (1856-1906), afectando a Crespo Toral.

Matrimonio
En los años 1880, debido a su talento de escritor, Crespo Toral era muy conocido en Cuenca, y en 1886, cuando tenía veinte y cinco años, un hombre de gran importancia, el Gobernador del Azuay, Dr. Manuel Vega Dávila, personaje que lo estimaba y confiaba en su gran inteligencia, le dio la mano de su hija Elvira, de dieciocho años, con quien contrajo matrimonio el 23 de octubre de 1886 y con quien tuvo nueve hijos.
Ellos fueron: Remigio (1889), Elvira (1890), Cornelio (1891), Rosa Blanca (1893), José (1896), Rafael (1897), Filomena (1899), Panchita (1901), Emilio (1903) y Teodoro (1914).

Vida pública de 1885 a 1913
En 1885, a los veinticinco años, Crespo Toral publicó por primera vez su libro titulado Mi Poema, el cual le mereció la crítica de un extranjero por primera vez, la del destacado chileno Benjamín Vicuña Mackenna. En 1888, con su poema América y España, Crespo Toral obtuvo la lira de oro y el primer premio en un certamen organizado por la Real Academia de la Lengua Española, de la cual Crespo fue miembro desde 1889.
En 1889, año en el que publicó su libro Últimos pensamientos de Bolívar, viajó por Perú y Chile. De retorno al Ecuador, en 1890, fue nombrado Diputado por la Provincia del Azuay, calidad con la cual viajó acompañado de su joven esposa a Quito para asistir al Congreso de 1890.
En el año 1893, junto con Honorato Vázquez y Miguel Moreno fundó la revista La Unión Literaria en Guayaquil, en la cual escribía bajo el seudónimo de Stein. En 1895, junto con su amigo Honorato Vázquez, viajó a Caracas como uno de los Representantes del Ecuador en la Celebración del centenario de nacimiento del patriota venezolano Antonio José de Sucre, al cual Crespo Toral haría un elogio en su obra Canto a Sucre, publicada en 1897.
En el año de 1898, Crespo Toral viajó a Estados Unidos, Inglaterra y Francia, acompañando a su anciano y enfermo suegro, el Dr. Manuel Vega Dávila, con quien luego volvió a Cuenca, en donde falleció este último.
Durante su gobierno, el General Eloy Alfaro, destacado político quien a pesar de ser contrario a las ideas conservadoras de Crespo Toral, lo nombró Diputado por la provincia del Azuay, hecho sucedido en el año 1898. Entonces, Crespo Toral concurrió al Congreso en esa calidad desde 1898 hasta 1899. En septiembre de 1899, Crespo Toral fue designado Cónsul de Chile en Cuenca. En 1903 y 1904, fue por cuarta vez Diputado por la Provincia del Azuay y asistió a la Asamblea en Quito.
En 1905, el Presidente Leónidas Plaza Gutiérrez lo contrató como Abogado Consultor de la Legación del Ecuador en el Perú y España, la cual estaba a cargo del Dr. Honorato Vázquez Ochoa, gran amigo de Crespo, para defensa del pleito territorial del Ecuador y el Perú, encomendado al arbitraje del Rey de España Alfonso XIII. Entonces, Crespo Toral viajó en una gira diplomática con Honorato Vázquez, Ramón Menéndez Pidal y otras personas a Lima, Santiago de Chile, Buenos Aires, Río de Janeiro, Lisboa, llegando finalmente a Madrid el 4 de junio de 1905. De vuelta a Cuenca, publicó en el año de 1906, el folleto intitulado Algo acerca de la enseñanza universitaria.
En 1908, reeditó su libro Mi Poema. En 1909, al cumplirse el primer centenario del grito de la independencia, Crespo Toral publicó un libro titulado Cien años de emancipación.
En ese mismo año, su hija mayor, Elvira contrajo matrimonio con Gonzalo Cordero Dávila, hijo del prominente hombre político y Ex-Presidente Ecuatoriano, Don Luis Cordero Crespo, volviéndose Crespo Toral el consuegro de este ilustre personaje. En 1910, al suceder un nuevo conflicto con Perú, el cual casi terminó en guerra, Crespo Toral calificó a 1910 como un "año terrible".
En 1913, participó en la fundación del Banco del Azuay, primer banco existente en Cuenca, liderada por un destacado hombre de negocios, Federico Malo Andrade. Algunos años más tarde, Crespo Toral sería el Vicepresidente de esa gran institución bancaria.
En el año 1915, en junta de distinguidos ciudadanos de Cuenca como Julio Matovelle, Honorato Vázquez, Alberto Muñoz Vernaza, Ezequiel Márquez, Francisco Talbot, entre otros, fundó el Centro de Estudios Históricos y Geográficos del Azuay.

Valparaíso 1905. El doctor Remigio Crespo Toral mientras era el abogado consultor de la República en el conflicto con Perú.


Coronación
En el año de 1917, el Presidente de la República, Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, la Universidad de Cuenca y numerosas personas que valoraban el talento de escritor de Crespo Toral decidieron coronarlo como Poeta Nacional.
Esta fue una ceremonia muy importante, que tuvo lugar el 4 de noviembre de 1917 en la Plaza Mayor de la ciudad de Cuenca, la Plaza Vargas Torres (ahora Parque Calderón) a la que asistió toda la ciudad, incluyendo altas personalidades políticas como el Presidente Baquerizo Moreno, los Embajadores de los Estados Unidos, Bélgica, Chile, Perú, entre otros.
En el acto solemne, intervino el Dr. Rafael María Arízaga, quien colocó sobre las sienes del Dr. Crespo Toral una áurea corona de laureles.


Remigio Crespo Toral durante su coronación.

Últimos años
En 1919, fundó, junto con Alfonso Moreno Mora, la Fiesta de la Lira, lo cual era un concurso literario, que tomaba lugar en las afueras de Cuenca, en tranquilas tierras de la campiña azuaya.
El 4 de noviembre de 1920, al aterrizar por primera vez un avión en Cuenca, piloteado por el aviador italiano Elia Liut, una gran multitud de personas estuvieron presentes en el evento, como por ejemplo Crespo Toral, quien era una persona de gran importancia en Cuenca, por lo cual pronunció un discurso en el que enfatizó, refiriéndose al aislamiento, abandono y el atraso que sufría de Cuenca y del Azuay:
"Ya solo nos quedan los caminos del cielo."
Uno de los últimos cargos que desempeñó este ilustre azuayo fue el de Presidente del Consejo Municipal de Cuenca en 1926.
En 1925, fue designado Rector de la Universidad de Cuenca (lugar donde había estudiado cinco décadas antes), ocupando este importante cargo hasta su muerte, ocurrida en Cuenca, el 8 de julio de 1939, frisando ocho décadas de existencia.

Memoria, homenaje y legado

En Cuenca y en el Ecuador, existen varios lugares que llevan el nombre de este destacado personaje, como:
Museo Municipal Remigio Crespo Toral, en el 7-07 Calle Larga, Cuenca.
Calle Remigio Crespo Toral, Cuenca.
Estatua a Remigio Crespo Toral, en la avenida Solano, Cuenca.
Parroquia Remigio Crespo Toral, cerca de Cuenca.
Escuela Remigio Crespo Toral, Cuenca.
Escuela de Bellas Artes Remigio Crespo Toral, Cuenca.

Obras

Últimos pensamientos de Bolívar (1889)
Canto a Sucre (1897)
Mi Poema (1898)
Cien años de emancipación, 1809-1909 (1909)
América y España (1909)
La Leyenda de Hernán (1917)







ALBORADAS

Cual de un sol moribundo los reflejos,
cual de extranjera playa, de allá lejos
viene el recuerdo de mi edad primera.
¡En el espacio azul, qué resplandores,
qué arrebol entre nubes de colores!
¡Dadme volver atrás! ¡Ah, si volviera!

Aún miro, como en sueños, alto monte
cerrando el horizonte;
una heredad perdida en la arboleda,
y entre juncos el río, en curso blando,
al umbral de la granja murmurando. . .
¡Sólo una sombra de esos tiempos queda!

Mis hermanos y yo, por esas lomas,
de yerba en flor - bandada de palomas
nacidas a la sombra del olvido,-
al resplandor de la primera aurora,
subimos con la mente soñadora
al cielo, desde el nido.

La luz de la mañana
ya cruza mi ventana
en brilladores haces transparente
y rocío sutil aglomerado
por el opuesto lado,
cubre las hojas del cristal luciente.

En el alma aún presentes las visiones
de otro mundo y los sones
de un himno oído en inefable ensueño,
¡cómo a la voz materna
el niño se prosterna,
rebelde a los estímulos del sueño!

Y melodioso trino,
célico acorde, cántico divino,
al resonar la voz del campanario
del cerro en la eminencia,
se escucha la cadencia
de las alternas notas del Rosario.

Y su diana el gallo vigilante
lanza aquí, más allá y en la distante
heredad. Los devotos labradores,
-¡comienzo santo en la labor diaria!-
entonan la plegaria
ante una cruz de espigas y de flores.

En el humilde templo de la aldea:
-¡Que bien venida sea
tu apetecida luz! -exclama el cura.-
¡Padre, mi labio con amor te nombra;
cubra tu augusta sombra
mi grey, que en tus favores se asegura!

El buen maestro, al rezo
al pequeñito adiestra, que travieso,
del divino gorjeo se recela;
y de jilgueros inocente trino.
con aire campesino
estallan las plegarias de la escuela.

Y el canto del Rosario
el templo asorda, invade el solitario
monte, en el antro mísero solloza.
¡Doquiera suenas, cántico sublime,
donde se ama y' se gime,
en el palacio, en la olvidada choza!

Fatigada la frente,
torno la faz a oriente,
a esas auroras de una edad lejana;
y cólmase la copa de mi llanto,
pues aún amo el encanto
y el perfume y la luz de una mañana.

(De Mi Poema)





ANOCHECER

Cuando el sol tras el monte se apaga,
y el crepúsculo dice silencio,
y amortajan las nieblas el valle,
del sol para el duelo;

de la tarde en la breve agonía,
cuando gime en las pencas el viento,
como faros, se encienden en lo alto
trémulos luceros.

A la luz de esos astros, velada
por la gasa sutil del ensueño,
otra tierra feliz adivino
de paz y misterio.

Y con rumbo a la patria soñada,
una estrella -mi estrella- a lo lejos,
me parece que alumbra la ansiada
ribera del cielo.

(De Plegarias)





LA TARDE

¡Cuán bella y melancólica la tarde!
Vasta hoguera de luz, el ocaso arde;
y el sol, aunque a la muerte se avecina,
del iris los colores,
como lluvia de flores,
derrama sobre el valle y la colina.

Tras el tenue cendal de la penumbra,
el crepúsculo alumbra,
triste cual sí velara la partida
del astro agonizante; desolado
gime el viento en el prado,
el agua llora del peñón vertida.

La voz de la campana
-clamor augusto, súplica lejana-
se extiende por las pampas; aletea
bajo el alar la tímida avecilla;
devoto el campesino se arrodilla
al Angelus del templo de la aldea.

El toque de oraciones
llega a los corazones
cual gemido de allá, del otro mundo,
y queda todo en plácido sosiego;
sólo el silencio, luego,
es cántico solemne, himno profundo.

La estrella de la tarde solitaria
asoma en el cenit, y la plegaria
brota del alma y en los labios suena:
-Cuando despierta y cuando muere el día,
¡salve, Virgen María!-
se oye doquier, en música serena.

En el cañaveral el viento gime;
es ya la noche... En majestad sublime,
con tu misterio y soledad asombras,
solemne y triste, y al Señor levantas,
con notas sacrosantas,
Naturaleza, el himno de las sombras ...

Después, la luna nueva
lentamente se eleva,
antorcha de la aldea y las cabañas;
y tenue resplandor, cual gasa leve
se extiende en el paisaje, y como nieve,
amortaja la vega y las montañas.

¡Tardes del tiempo aquel, anocheceres
que ya no volverán, como los seres
que duermen en el fondo de la tumba!
Sólo quedan dolor de la memoria,
leve sombra de dicha transitoria,
el eco de una voz que no retumba ...

Enfrente a la heredad, sobre la cumbre
del monte, se esparcía intensa lumbre,
y asomaba una estrella: esa era mía;
¡pues, en ella, vestida de pastora,
verte, al primer destello de la aurora,
soñé, Virgen María!

La indiana melancólica bocina,
en la estancia vecina
gemía de unos pobres; vigilaba
el perro fiel ladrando en el otero,
y el corcel altanero
en la granja piafaba.

Arrobábanme en lánguido embeleso
la cadencia del rezo
por infantiles labios repetida
y brotada de amantes corazones
y, en cándidas visiones,
de ángeles el descenso y la partida ...

¡Amor de los amores, torna y vierte
en la sombra de muerte
el raudal de tu luz! Mas ¡ay! la onda,
no la alta cumbre a repasar alcanza. . .
¡Adiós, dulce esperanza!
¡Ya no hay un eco que a mi voz responda!

(De Mi Poema)





MAYO

¡Oh gratas primaveras
Que alegráis las andinas cordilleras!
Cómo a su primer rayo
Rompe en flores la pampa solitaria!
¡Es la hermosa estación de la plegaria,
Mes de las almas y la gloria, ¡Mayo!

La errante luz en el jardín se posa:
Colorea el clavel, pinta la rosa,
Y derrama triunfante en su carrera
La risueña cascada de colores
¡Estación de las flores,
juventud de las almas, ¡primavera!
Cuántos rumores en el patrio río,

Que despeñado desde el monte umbrío
Se deshace en espumas;
La alfombra de las hojas cubre el suelo,
Y pasan por el cielo
Aves y nubes e irisadas brumas.

El valle, cual colmado canastillo,
Luce su pompa al brillo
Del sol: vierte el moral en el sendero
Sus blancas flores y el purpúreo grano:
Y el maíz, en la pendiente y en el llano,
Corónase de plumas altanero.

Bajo toldos de verde enredadera,
A la opuesta ribera
El brazo extiende la orgullosa puente;
Y vestida de helechos y de grama,
Los aires embalsama,
Y mírase en la límpida corriente.

En vértigo, la rueda del molino
Gira entre el torbellino
De las raudas espumas: cubre el techo
El blanco polvo como tenue gasa;
Y adentro el trigo pasa
De la ancha tolva en la prisión estrecho.

A la sombra del sauce
Duerme el agua en el cauce,
Donde murmura queda;
Y viciosa y lozana,
Se baña en la corriente la líana
Que encima de los árboles se enreda.

En medio el pradecillo de claveles,
Cual nido que se esconde en los vergeles,
Surge en el bosque la heredad modesta,
Do el humo del tejado lento asciende,
Donde la lumbre que la esposa enciende
Es del esposo fiel la única fiesta.

En torno el arrogante
Monte que cine en oriental turbante
La neblina que al campo da frescura;
La ciudad cual bandada de palomas,
Se recuesta en las lomas,
Y las plantas oculta en la espesura.

¡Oh valles de la patria! oh azulada
Linde que cercas la feliz morada
¡Donde habita la paz! Aquí los huertos
Están siempre y los setos florecidos,
Y calientes los nidos,
Y es alegre aún la casa de los muertos.

Cuanto la vista abarca
En la andina comarca
Se elevan de la Virgen los altares,
El ara de los campos se improvisa,
El musgo la matiza

La consagra el amor de los hogares.
En concierto perenne
Los campanarios suenan; y solemne
Un himno nuevo canta
La vieja Catedral, y a los remotos
Montes lleva sus ecos, como votos
Que a los cielos levanta.

En la pobre capilla
¡Cómo risueña brilla
La Imagen de la Virgen de la Escuela!
¡Cuántas rosas y lirios
Qué de nevados cirios!
¡Cuánta plegaria que a los cielos vuela!

Y las cestillas llenas
Vierten en los altares azucenas;
Ensaya la inocencia el dulce arpegio
Mezcla de queja y bendición y orgullo;
Y en creciente murmullo
Los cánticos se escuchan del Colegio.

¡Qué cartas a la Virgen dirigidas
De querellas henchidas!
En hojas de color con orlas de oro
Qué cosas se escribían inocentes:
Ansias locas y súplicas ardientes,
La primera pasión, el primer lloro.

También yo te escribí... Puse temblando
En tus manos la carta. - Yo, ignorando
Del mundo, te pedía
Un hogar a la vera de mi calle;
Una heredad en el nativo valle
¡Y el don de la adorable poesía!

(De Mi Poema)






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