jueves, 3 de mayo de 2012

6698.- XAVIER OQUENDO TRONCOSO


Xavier Oquendo Troncoso (Ambato, ECUADOR 1972). Periodista y Doctor en Letras y Literatura. Ha publicado 8 libros de poesía. Su obra poética está recogida en Salvados del naufragio (poesía, 1990-2005); En narrativa: Desterrado de palabra (Cuentos, 2000, 2001). Antologías: Ciudad en Verso (Antología de nuevos poetas ecuatorianos, 2002); Antología de Nuevos poetas ecuatorianos (2002). Literatura infantil: El mar se llama Julia (novela, 4 ediciones) Su último libro de poemas es Esto fuimos en la felicidad (Quito, 2009). Representante del Ecuador en importantes encuentros poéticos y literarios en España, México, Colombia, Chile y Perú. Premio Nacional de poesía, en 1993. Es director y editor de ELANGEL Editor. Parte de su poesía ha sido traducida al italiano, inglés y portugués. Organizador del Encuentro Internacional de poetas en Ecuador “poesía en paralelo cero”.






HABITANTE DE ISLA NEGRA

    La costa salvaje de Isla Negra, con el tumultuoso
movimiento oceánico, me permitía entregarme con
pasíón a la empresa de mi nuevo canto.
Pablo Neruda (Confieso que he vivido)

Este es mi mar,
mar de la alianza nueva,
mar de los pies de quien aún no habita
las ciudades acuáticas de mis versos.

Mi mar es protegido de neblinas.
Siempre lo encuentro azul como a mí mismo;
tiene de verde como la tinta de estos versos
y lo siento de miel como la Matilde amarilla
que se me escapa en las olas.

Este es mi mar,
esas son las aguas derramadas
por el dios solar de Macchu Picchu.
El mar es el pan del hombre de América.
De él se dan todos los versos y las luciérnagas celestes
que pueblan ese universo paralelo.
A él quisiera ir como medusa,
pero él no me recibe.

La tierra que soy aún está muy seca.







ANTES DE LA CAZA·2

A mi padre
Quiero encontrar el lugar
dónde ubicarme.
Entro en la vecindad
de voces que me dicen:
ve a buscarte lejos,
en los andenes de las penas,
Ve a ponerte en fila con los astros,
deja el poema un rato,
y reconoce los olmos.
Piensa que ya estorbas y no sirves,
que de grande uno se trastroca
y se consume.
Mamá ya no prepara bien las cenas,
no hay comida hasta después del día.
Ve a buscar el círculo vicioso
que pueda hacerte hombre
en el insomnio de los días.
Vete y no vuelvas
hasta después de la caza.






EN LAS ESCRITURAS

Cuando Dios dijo:
Háganse las aguas,
se hicieron las cumbres.
No hubo orden cierta,
ni día octavo.
Se dieron por sí solas.
De ellas supuró el líquido,
los ojos de la selva,
las semillas,
los blasones del mar.
En ellas el demonio tentó a las aguas
cuando el espíritu, en ellas, se movía.






A DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS

Porque estamos en el polvo
-con y para el polvo-
Porque somos herida de polvo
y sobrevivimos como polvo
y nos regocijamos entre el polvo
y hacemos las palabras contra el polvo
y miramos las nubes que son polvo
y desaparecemos hecho polvo
y abrazamos las lunas que dan polvo
y soñamos amarnos frente al polvo
y endulzarnos los dedos sin el polvo
y recuperarnos sobre el polvo
-con y para el polvo-
y soplar
y morir
y resucitar
mezclados en el polvo.





NOSTALGIA DEL DÍA BUENO

… y al fin dirá temblando: “Qué frío hay… Jesús!”.
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje

César Vallejo
(Idilio muerto)


El sueño,
la nieve,
esa nube de hastío que se repite
en los mismos rostros;
la misma calle de la ciudad
que alguna vez
fue cuna del encantamiento.

Sin embargo,
en algún árbol,
por algún techo,
en cualquier teja
deberá anidar el día bueno:

aquel día pródigo
que no se asoma,
que no entra.

En este frío,
el día al que le canto
aún no emigra.





LA LLUVIA, COMO TESTIGO, EN EL CARRETERO

Yo no sé si tú
estarás escuchando la lluvia,
y sientas a raudales
la luz cenital de los autos
que parecen soles
en mitad del carretero.

Habrá una antena
que nos llame de dos en tres
y en cuatro. Y seamos la quinta parte
de un pronombre
que no escucha
a una voz confusa.

En esta noche quiero decirte
que ya nuestra frontera está más cerca
y que llevo en contrabando mi silencio.

Hoy he leído de diez a doce vientos.
El más occidental es tu sombra,
que no es viento
sino huracán.
Estás por visitarme en la ceniza.

Mañana dormirá, entre borrones, mi horizonte.
Sácame de esta aldaba sobrepuesta.
Me duele la cabeza y ya te pierdo
de la cavilación al desasosiego,
de la cobarde huida de un débil mortal,
que se desmorona, piedra a piedra,
en el clímax del frío.



INVENTARIO DE LAS REGALÍAS POÉTICAS

La cortina cerrada del otoño
con su ojo de fina transparencia.

Un puñado de gorjeos en la hiedra
con la verde añoranza del potrero.

Un deshielo de lágrima en pupila
con la espuma torcida del deseo.

La sortija que se esposa con la luna
añorando el perfume de un pañuelo.

La cana donde duerme un viejo lema
que contagia de hinojos al anuario.

Una voz que se quema entre la flama
y un fogón consumiéndose de sueños.

Un cofre fisurado entre la nieve
donde el frío guarda el calor leve.

La cinta reprimida de la oruga
que se pinta de anillos inocentes.

El barco de un timón que se ha mareado
con su casco y su mirada en el poniente.

El canario que sueña en los domingos
un catálogo de rosas en nostalgia.
El trino cantante del océano
y el pubis descubierto de la dalia.

Una palabra con sonidos de aceituna
y un terremoto de sílabas y bruma.

La costilla pelada de un cometa
que vuela cuando el viento se desquita.

El espejo rosado de los libros
que reflejan los diluvios vespertinos.

El pecado que esconde escapularios
y la última cena en una estufa.

El humo corpulento del cigarro
y el cielo lila aún no descubierto.

La tráquea de la esquina en movimiento.
Los salmos que se esconden en las nubes.

El crepúsculo cuando es menos en sol.
El sol cuando se tranca entre los parques.

Tu cruel y efímera y tonta habitación
y el ya deshabitado palomar.

Tus senos con tinturas de esos mayos
que esperaban otros mayos entre chelos.

Tus manos, pasadizos y canales
donde se hace tronar a los juglares.

Una catapulta de versos desbocados.
Tus ojos sobre la jazminada primavera.
Los dibujos de dios entre milagros.
Unas cruces que gritan a Vallejo.
Un dominio de lengua en el lirismo.
Un recóndito sonido entre los pavos.
Una ingrata ingratitud de madrugada.
Un insomnio que plagia el alma en verso.
La espléndida carátula de invierno.

Mi sensible paloma amordazada.
La muerte con pinchadas despedidas.
La visión que se asoma en el desierto.
La isla deshabitada de mi mano.



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