miércoles, 2 de mayo de 2012

JUAN SALZANO [6.655] Poeta de Argentina


Juan Salzano 

(Buenos Aires, ARGENTINA 1980) es poeta, performer y Prof. de Filosofía (U.B.A.). Miembro de los grupos La madre-Res, Manikhem, Laboratorio Sintético Deleuziano (LSD), Frente Dionisíaco, y del proyecto extitucional: Escuela Cuaternaria Inter-Reinos (ECI-R), propiciado por la Estación Alógena.
Ha publicado: Muletología (Buenos Aires, Tsé=Tsé, 2006) y ¡Afrodictum! (Montevideo, La Propia Cartonera, 2010). También compiló y prologó: Nosotros, los brujos. Apuntes de arte, poesía y brujería (Buenos Aires, Santiago Arcos, 2008), y realizó la selección, traducción y prólogo de: Deleuze y la brujería (Buenos Aires, Las Cuarenta, 2009), con textos de Matt Lee y Mark Fisher. Ha publicado en revistas y antologías de poesía -virtuales y en papel- de Argentina, Brasil, Uruguay y Perú. En la actualidad, prepara la edición argentina de ¡Afrodictum! para la editorial ALLOX de Buenos Aires y se enfrasca en la escritura de un nuevo libro: AMEBA MAGA

Se han publicado textos suyos en los libros: Poemas completos de Néstor Perlongher (2012), Indios del Espíritu. Muestra de Poesía del Cono Sur (2013), Plebella. 25 números. Antología 2004-2012 (2013) y Perfórmatas “X” Alógenos (2013). Tiene inédito el libro de poemas: Ameba Maga. Conspira en la Estación Orbital Alógena.


PARA INTERRUMPIR LA TRANSMISIÓN

la estrategia consiste en empalar la letra y al que la escriba
escupir ese espejo textual, vómito barroco que refleja
un iceberg de ladillas en el cielo
antes de abrigarme al frío que flagela
fabriqué un pronóstico indescifrable salió en las noticias
me aproximé a la hipertrofia, a la santidad de un homúnculo
empeñé los fórceps que me coronaban
así todo evité la calvicie
lentamente me paré en seco como un ábaco
y de mis pies evolucionaron acuosas ratas de abadía
nadie lo supo yo callé y eché una ojeada al desierto entre mordiscos
las vio mi ojo masticado pacían las féminas encabalgadas sobre antílopes
noté que existe un atributo pornográfico en la ceguera de sus ojos
denegaron mi noble petición de rasurar las pestañas de las aves
yo que mecía la cuna de un amigo nonato no poseo manos ni nada sin embargo
así todo aceptaron mi verde contribución
me pagaron con postales catedralicias con este ornamento cristológico
asistí a la sombra agonizante de mi gloria póstuma
bajo el vidrio más último el grito obsesivo exige que no me mueran
el deseo es un remedio posible
por ejemplo las alergias y un bebé de jade
arroja dardos porque no quiere tomar la teta
así todo salí en las noticias
si me van a morir y nos veamos en el baldío altar del escéptico
escribimos rápido y para nadie títulos
de poemas como ‘Ni que los lagos decir un cisne’
los ocultamos más rápido en frágiles cráneos de melaza
contemplamos la estratificación ahí van
al olvido y los condenamos y nos desquiciamos
obscenamente de seda bailamos si traspapelamos la documentación
adquirimos los gestos corporales de la masonería
fingimos la sonrisa esterilizada del genio mi bisturí
atraviesa la carne y la desnudez sin un rastro de pudor
pero se le oxidan las entrañas, las murallas del miedo
el cielo colección de percepciones no se yergue sino como hipóstasis
apenas rozando una ceniza de obsesión, de demencia
pero sobrevive el infante olor a piojo, a lengua quemada se la trueca
por papel secante, yo y el río
nos ahogamos juntos una poesía fraternal, oculta y fraternal
así todo salí en las noticias.




MULETIZAR O LOS RITUALES DEL POSESO
(fluxores y rapsodas).

Un Babuino en el centro de la recámara. El sonido de las cadenas oficia de exquisito fetiche para las hialinas rapsodas. Los babuinos, escrutadores de cristales, siempre intuyen la inminente sordera, los chillantes relámpagos del sacrificio. Cada vez que se acercan al delirio, sus escamas deslumbran, su os(e)amenta esplende. El Babuino aúlla, osificado, se sacude entre cadenas. Bascula su mirada frente a múltiples brillos que rodean su espectáculo y se acercan. Se debate, estrechándose en la eslabonada herrumbre. Resopla. Fracasa en el intento de evaporarse. Hay demasiado frío, demasiada nieve. Ocultas detrás de los brillos, acristalados fermentos, diez rapsodas avanzan como algas costeras. El Babuino no mira otra cosa que los cristales, y las rapsodas evitan así ser reconocidas.

arrinconado en salivares
llegará el momento de mi indecencia
cuando la dermis no sea
más que recipiente
y los hilos o redes no tengan
más que el nombre de rapsodas

Deshiláchase en sierpes el rostro del Babuino. Aprovechan las rapsodas para hincar sus reverberos en las escamas lacias, en la ruidosa dermis del sacralizado papión. Alunadas por un leonino impulso, solapan al Dermión los cristales, y al hundirse en el refractario bálsamo, en vuelo ascienden al nivel de daimon. Se barajan como alientos, o como súcubos principiantes, y se inoculan en el vitral cansino del antiguo animal. El Babuino, entretanto, se ha cercenado el hueso de una pata, y lo usa ahora de diamantino bastón.


no es índice de extraviado fatalismo
ser violado por demonios,
poseído por hermosas rapsodas,
pues aunque hurgase entre mis ropas
sin hallar un punto fijo o referente
aún sería cómplice del fértil ajetreo


Detonación de oro en las mejillas del Bab Escrutador. Bu Cristalino es zaherido en sus nervios por el andar desatado de las deseantes. Pero ellas aún no estallan. Todavía no inducen. Las rapsodas solo recorren el globular interior del casi mutante. Preparan los fluxores, las bebidas o alimentos que abrirán la pluma intensa de los flujos. La petaca tracia parece un fluxor. La pulida raiz, el hierático tallo también. Instilados en venares, estos pillajes propician las alianzas entre escamas y musas. El Buino, empolvado por la espiral de los pulsos, le sonríe a la escaramuza. Enciende sus pedales y es aguado en la tintura: mixtura perdigonal. Ahora sí, la posesión es estallido, rapsódicos flujos de extranjería. El enseñorearse es siempre bifronte, y el naufragio es fraguar la isla de los muertos. Las antorchas esparcen el oscuro doble sobre el muro. En sombras, se repite la demonológica caterva. El ProBuino toma el bastón óseo y lo eleva al techo como un báculo: destruida la distancia entre la prótesis y el hueso, el Bab ha sido muletizado. Las rapsodas se arremolinan, y en loada rotación (di)osifican al Ino. Deshuesado y ornado en dosificada turbulencia, el Bábico Uno emite su bramido. En el pistón del delirio, sus cristales deslumbran, su (di)osamenta esplende.


decanto en la nebulosa
trapa de asirios senos
eréctil arena de una ubre inoperante
trasuntando mutaciones en la rueda de los bosques
arremeto en la fritura de otros azares
con el parche en la zona descubierta
o en la hiperbórea aleta de tormentas
que ventila carpo a carpa
la respirada secuencia de aniquilamiento
para no creer que me muero
sin relevos o deserciones
y la sonrisa y el carcaj
hada flechada por su mismo espaldar
inventa una gesta en el lazo
el frenesí encontrando su pareja.



DE CÓMO EL LAXO TÓLOGO SE CONVIRTIÓ EN EL DR. BAOBAB

mil rapsodas, libertinas, lo atestiguaron de bruces

por favor, paciencia
el fluxor nos lleva a donde quiere

ni ensartado en mil temores, ambicioso
se empipeta el mamón de su atorrancia
y pasa por todas las fases de la luna

de muletólogo a deshuesado
a laxo tólogo sin su mula
reducida ahora a nunca sombra de su viaje

pluridiestro el deshuesado y sin tributar el ánimo del desquite
trapo de la corrija, acaso alienófilo
despotrica en los anfiteatros, los muchos –los tantos–
y onironauta se vuelve (entonces engastado)
del tole-tole y de su vil ameba.

jibarizado hasta no ser más que selva
de secuelas y ambulantes naderías
cromatiza su os(e)amenta y enarbola su estrategia:

“From the being conscious to the consciousness of being, I colapse”

y marítimo encendido se altiplana en una chispa
seguido de cerca, relamido
por su mula chirle en negativo

hoy sin duda un destino sobrevuela
todo ese desmate y toda esa garruña
de hermoso sopor infiltrado

secreto fluxor que sobre un tumor secreta
el orín desbloqueante que libera al deshuesado

cuando a los ojos apretados aún le sobra la condena
por momentos desunida, siempre semiplena,
orbita rauda de su hedor la secreción
–alienáutica camerata del sin hueso
patinando ansioso por delante de la esclava
que no es Ama sino en el olvido
que no ama sino en el delirio

basta entonces con un gérmen
un mero bacilo sin cobija y lejos de la higiene
para integrar el marasmo desarmante
reanimarlo con sabor a tajo cocoliche, y delirarse

ahora, una merma y un terrunio me marean
antes de que el (t)oropelado sol me convierta en vestigio
pues una fuerza obscura favorece al laxo friso

deshinibitorios fluxores, acoplados cual laxante a la sombra de mi nombre

en ese entonces cuadrante, enchiripada
la osamenta de mil planos un sablazo acomete
y en la masturba se adhiere al tráfico del dérmico horizonte.

bastará con la oval carcajada
ortopédica
que en el borde bábico del precinto
resuena ósea e infinita:

“—Dr. BaoBab,
su paciente lo espera—”.



NOVOSACRUM PARA EL DESHUESADO

¿de qué empetrolar el secular alabastro,
ahora que se ha visto la indómita fractura?

ojo con desafiar al sin nombre ni cráneo

aquí la afamada mutante, la aclamada
exquisita cortesana, niñaputa
que fácil llega con el canto
revestida en dioses, endiosada
por lo bajo, de ser mejillón y sin asco,
con su aletear en zoo se multiplica
y en un balar también dimensionado, ya es protozoo
de enlodada referencia

en desafiante resoplar
de sabandija ecuestre, afeminada
sustitución de una senil vitrina, de una
malgastada bencina, se ornamenta

para restallar con qué risa, metralla en frenesí
lo novosacrum que comienza
por la infantilina de un sexo, de un calambur

¡recienllegada Mamana
erotizada por tu convulsa baba oracular
con mueca y fabla de parturienta
carcaza (maraña del encanto), desmimada

dános una nueva, emputecida danza!
(verbigracia!)


Los tres poemas son de la segunda sección del libro "Muletología"




De la serie AMEBA MAGA 

que me dejen, Simorgh, que me dejen
tirado sobre esta alfombra erizada
de enredaderas y ramas y rumores animales

que me dejen en la cálida
emponchada meditación de la vizcacha
en el despertar irracional de una proteína
de mi cuerpo ya sin mí
huésped kamikaze que irrumpe
luego del deshielo en la resurrección del colibrí

y si una célula inasimilable se desprende
de mi piel deleble y salta
de corteza en corteza
del cerebro al árbol y de éste al cerebro
cromodinámico que vive desperdigado en los plumajes
de todos los reinos de todas las horas
y se enfauna y se enflora
cepa frágil de inter-reinos
como una antigua operadora de la transmisión vegetativa
que ensanchara el sensorio hasta abarcar
el sudor inhumano de esta fábrica de impregnaciones
(de sí misma materia prima
la ola intensa y sus destellos)

que lo dejen a este primate
tirado sobre la alfombra irisada
de las efigies móviles y las especies que se deshacen
que pierda refugio el ex humano (este hechizo
recientemente exhumado)
y se rinda ante la experiencia, oh Simorgh
de la pasta blanda que somos





monstruo flujo monstruo menstruo
mantra un entre de ingrávido trino
recorre mis escamas una por una
hasta minar el cuerpo y su intacta telaraña

trino guía o más bien trino
brujo que dispersa el tímpano de leche
y lo adhiere a la paciencia abisal
de un iceberg que lentamente se desangra

el témpano vivo adelgaza al invocar
el viaje del trino el enfático trineo
por cada viraje transpira una bruma
sin escamas vuelve el cuerpo hecho glaciar

monstruo vaina menstruo slalom
si hubiera acaso un pensamiento hialino
para rozar esta crin apenas de un hachazo
o la crisma bajo hechizo de esta reciente amebaba

monstruo halo maestro hielo si me
autoiniciara









no es en las muñecas ni en sus venas azules
que hallamos que podemos hallar un arroyo frío
desde donde nos miremos el cuerpo los huesos temblar
como un bidón de vibraciones que sirviera
que pudiera servir a un polizonte cualquiera
para hacerlo estallar –al cuerpo– con la sola mirada
espía pero liberadora de una llama líquida
que creciera que pudiera crecer en las cuencas
oscuras y marinas de un jabalí o de una muñeca
que no dice mamá ni papá cuando se tira
de la cuerda en su espalda cuando se tira
cual clavadista –el cuerpo– a las cuencas oscuras
y profundas del cráneo del jabalí que no son
–las cuencas– tu puta madre ni es esa reluciente calavera
el bufido de tu padre ni es éste el que pudiera
volverte polizonte en un espacio cualquiera sino éste
el que podría parirte –polizonte– como un huevo en llamas
flotando entre las estrías de un arroyo frío
que no brotara de las muñecas ni de sus venas en relieve
de un azul profundo como el del plástico lejano del cuerpo
de esta muñeca sin memoria sin historia que no dice
lo que pasa o pudiera estar pasando
en sus entrañas marinas y oscuras como la Luz
que nos baña y contempla desde todos los puntos
del espacio como una ubicua llama líquida
desde donde nos miremos –polizontes de nos– el cuerpo
temblar como un huevo que pudiera parir que ya estuviera
pariendo un clavadista un bidón de vibraciones siempre a punto
de zambullirse y estallar en las mareas de la Luz






de obús ferino a lúpulo vaho
de ínsula difusa a infusa duermevela
me trepo y me retrepo y desenvaino hasta yacer
volátil en el tufo de la savia alucinada
o abducida tromba que desfila
en la eléctrica fronda subnacer
a los deltas del rizoma ameboidal
o ya no ser sino la anguila
transplantada a la astilla estelar
donde bulle lunar el latido y subterráneo
levar la dosis hasta que fibrile







corazón que nada
en un jardín oculto
marinado a fuelle
del bosque pulmonar
inflama el pneuma
un surtidor que late
sin forma sin
surtidor sin
latido
sin mal ni
bien sin
pecado ¡just sing!
no me han pescado
soy un pez
aún aurando
arando el aura
el agua de la aurora
del alba coronada
donde hoy nado y bailo
inflamado y nada
urde esta llama
ni mi omega
ameba maga






¡AFRODICTUM! (Fragmentos)

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¿Por dónde entrarle a esta caída? ¿Por la inversión del vuelo? ¿Por la inmersión en el frío velo? ¿Helo al hielo, ya, sobre las pistas de aterrizaje?



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Trepo hasta mi cuello y encuentro la medalla –sin contornos, estropeada. ¿Qué portaba entre sus puertos?

En esta insignia, ya sin signos, me amuleto. Ameba maga, lo confieso, me recreo: ¿en el goteo gótico, geométrico gateo? Aunque son geometrías sagradas, curvadas, las que disponen nuestro gesto.

Y es en este gen orbital donde el músculo se ejercita, porque no hay agendas en la conversa microbiana. El cristal que nos guía, psicopompo, es un grial fundido.

¡Transparente copa

                       de luz trans-aparente, 
                       nos vuelvas tu gotera de loas 
                       o liebres de rapiña:       
                       gondoleros o boticarios 
                       de larvarios porvenires!

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Ay, esta flocular rabieta, esta lumbre desigual, ilumina con su esmalte el penacho de la noche. Porque ahora somos manada en nuevos hangares: juglares en cuero, más que nada.

Y porque en las terrazas involucionamos entre “tintos de verano” para oír los trenes bien lejos; porque los bichos con los que tropezamos nos hablan de nichos níveos en pleno desierto; porque ayer o mañana habrán existido estos caciques sin tipis ni razas, mantrando carcajadas –grumos– al borde de las grammas:

¡comete todo, víbora pluvial, y esfumate! Devoranos el todo, pero dejanos el postre: la postrer dentina de tu tarascón: el agrietado diente con el que nos inyectás el afro-derrape, la vibra plural a deshora.

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Porque en este diente está lo nuevo y lo más antiguo –porque de este vientre gotea el disolvente universal.

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¿Patinamos ya sobre el lupanar de los pasajes: salvajes alianzas, danzas orantes donde tu gabardina se postra?

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Estamos en el mapa pero tan lejos de su urbe: en la vecindad de las termitas nos dejamos, para el manduque de otro océano performer.

La enredadera nos tiende sus fumos, su céfira polvera. Por ella nos sumamos a los entrevagidos, a los vahos que agitan el molinete alucinante.

Y si volvemos, no somos ya nosotros, ay, sino otra calesa pirotécnica, otra feria sin límites.

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Ya te espían por el oído: una jeringa laxa, una galaxia de jergas. Cable afiebrado transmitiendo las sobras del canto, la nota tuerta: puerta breve hacia los sones.






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