martes, 17 de abril de 2012

6514.- RAÚL PÉREZ ARIAS


Raúl Pérez Arias nació en Buenos Aires en 1956. Fue fundador de la Cooperativa de Arte "Cultura con Todos" y co-fundador del Centro Cultural "Amigos del Arte". Dirigió las revistas literarias "Látigo de fuego", "La antorcha literaria" y "Emergiendo", y los grupos reunidos bajo el mismo nombre. Ha publicado en poesía: La inmovilidad de los ruidos (2007), el cuaderno Sixtina a Grecia (200/) y Qué y otras circunstancias (2010). Actualmente dirige la revista "El mirador de la Cultura".



IDENTIDAD

Es inútil
no dejo de insistir
la verdad me enfrenta.

Trato de ser grande
no sé dónde queda mi casa
afuera hay un niño solo.



DUELE

Duele.
Alguien nos asfixia
entre la sien y la locura.
Otro no puede dormir
su página genocida.
Ahora buscan una excusa
entre miseria y monoblocks.
Mañana les cerraré otra envidia
eso sí les duele.



LA OTRA HISTORIA DE LA INQUISICIÓN

Todo nació
-dijeron-
del desorden de las cosas
-la fe-.
No hubo punto de apoyo
-el carpintero faltó a la cita-;
celebraban la crisis
en una asamblea vacía.

No les importaba el silencio
ni la sordera del oído izquierdo
-total les quedaba uno-.
Así terminaron una mañana
la boca clausurada;
una cruz candente
les quemó hasta la última sílaba.

Los inquisidores cedieron al fin;
los civiles volvieron del cadalso
con la manos liberadas
de tanta petrificada sangre.
Ahora deambulan por la vieja ciudad
tratando de recuperar su diezmo,
la dignidad de un salmo
que envejece de soledad y tristeza.



LATIDOS

Latidos
que no dejan nada.
Hablan
esparcen ironías
mueven a la risa.
Suenan
de tanto insistir.

Latidos
sin motivo
sonámbulos requemores.

Se van
lamen inoperancias.
Recuerdan
heridas fugaces
en destinos
de venas
a la deriva.



IGUAL QUE SIEMPRE

Hoy ni el árbol
genealógico
de aquellos ojos
lo sostiene.

El sol mete miedo
ante una luna
sin salida.

Nada lo conforma
teme que sea
él mismo
en las diagonales
apretadas
de una plaza
siempre igual.


Poemas a Grecia.


Konstantinos el manco de Troya

Konstantinos está en la playa
durmiendo su siesta atrasada.
Tiene el estómago vacío de afecto,
sus años huérfanos de gloria.
Quiso ser como Ulises
porque en su aldea
lo llamaban “El Troyano”.
Pero su juvenil anhelo lo golpeó
cuando lo dejó manco
la soldadesca golpista del 73.
Konstantinos lleva cicatrices siglo XX,
amarguras que no entiende ni reniega.
A veces llora
mastica las miserias
de su burlona pensión.
Entonces, toma su vino amigo
en las noches de vigilia
mientras mira pasar la vida.

Ahora, Konstantinos
está despierto en la playa
esperando hacerse a la mar
con su trirreme.

Tiene ordenados sus trastos
Y un fantasma que no alquiló.
Pero sigue su lucha y pelea
con el joven espíritu mutilado
hasta que Ulises
un día
lo venga a buscar.




Su nombre no importa señor

Ayer murió un hombre
lejos de su aldea,
estaba contemplando
la siembra de ají en Salónica
y tanta belleza no pudo resistir
su corazón ni sus ojos claros.
“Ayer murió un hombre”,
los campesinos comentaban,
y dijo una niña:
es el poeta de Kilkis,
el que le cantó a nuestro pueblo,
sus cosechas, caminos y azahares.
Aquél que cruzó los golfos
y sus palabras hablaron del blanco
de nuestras casas, del amor por su gente.
Niña, ¿cómo se llamaba?
su nombre no importa, señor.
Hoy Grecia no debe llorar;
hoy nuestro dioses
le brindarán su tributo
y los poetas la bienvenida.
¡Tienen razón!,
ayer murió simplemente un hombre
y un poeta es sólo semilla
en medio de tanta soledad.



Atenea en Buenos Aires

Llovía:
Costa Gavras filmaba en El Pireo.
Una muchacha de faldas cortas
me sirvió un retsina fresco.
Fue un miércoles de independencia
el sueño que tuve
esperando con alegría.
El dios de la tormenta
ahogó mi visión anhelada
porque Febo no apareció en Atenas
y Atenea me sedujo
casi al descuido
bailando tango en Buenos Aires.


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