sábado, 9 de julio de 2011

MARGARET RANDALL [4.114]



Margaret Randall 


 POETA DE LA BEAT GENERATION

(Estados Unidos), es poeta, ensayista, traductora y fotógrafa. Ha publicado más de 50 libros y fue cofundadora de la renombrada publicación El Corno Emplumado. Visor le publicó una conocida antología de poesía beat.



Margaret Randall

en la novísima vanguardia poética de los Estados Unidos



Margaret Randall es una conciencia-espejo al que nos asomamos para vernos a nosotros mismos en nuestra realidad. ¿Cómo lo logra? Con su experiencia de vida y su vasta obra que engloba más de cien libros publicados con poemas, ensayos, entrevistas, y su maravillosa labor como editora y divulgadora de la poesía en los ocho años que trabajó para hacer realidad, en México, la histórica y legendaria revista de poesía El Corno Emplumado. En un hecho particular, en relación con sus libros de entrevistas a mujeres de Nicaragua que participaron en la lucha sandinista, la poeta Gioconda Belli escribió: “Es un mérito enorme de Margaret habernos ayudado a vernos a nosotras mismas, ponernos un espejo amoroso y amable donde mirar el reflejo de lo que éramos y lo que somos.”

De la llamada “vida bohemia” de los artistas neoyorkinos (aquel enorme cúmulo de vanguardia compuesta por pintores, escritores, músicos, danzantes, y la cotidianidad en el Greenwich Village, lecturas, exposiciones, jazz y teatro-acción) Margaret llegó a México en 1961 con su hijo Gregory de diez meses de edad y dos poemarios publicados: Giant of Tears (Gigante de lágrimas) y Ecstasy is a Number (El éxtasis es un número), ambos con dibujos de Elaine de Kooning y el primero agregaba arte de Ronald Bladen, George Sugerman, Robert Mallary, Al Held y Joop Sanders. En ese tiempo muchos escritores estadounidenses residían en México por largas temporadas, algunos de ellos: Jerome Rothenberg, Diane Rothenberg, Philip Lamantia, Ray Bremser, Harvey Wolin, Diane di Prima, Marge Piercy, Diane Wakoski, Lawrence Ferlinghetti, Joan Vollmer Adams, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Gregory Corso, Lucien Carr, William Burrroughs, Neal Cassady, Peter Orlovsky. Con ellos compartían la amistad y las inquietudes artísticas algunos mexicanos y sudamericanos como: Homero Aridjis, Juan Martínez, Sergio Mondragón, Thelma Nava, Roger Bartra, Efraín Huerta, Ernesto Cardenal, Ernesto Mejía Sánchez, Raquel Jodorosky, Miguel Grinberg. Muchos de éstos solían reunirse para leer sus poemas tanto en domicilios particulares como en bares donde se tocaba jazz como El Gato Rojo, Acuario y El Coyote Flaco. Los jazzistas mexicanos alternaron con los estadounidenses, como los que formaron el grupo llamado Veteranos de Corea, y con ellos experimentaban música y poesía en vivo.

En el departamento en que vivía Philip Lamantia solían reunirse muchos de los poetas antes mencionados. Ahí nació la idea de hacer una revista de poesía que divulgara la fuerza de ese espíritu vanguardista que continentalmente compartían, y la decisión de volverla realidad la encabezaron Margaret Randall, Sergio Mondragón y Harvey Wolin. Fue la revista bilingüe El Corno Emplumado—The Plumed Horn, título que unía a la trompeta (horn) del jazz con las plumas de la serpiente prehispánica (Quetzalcóatl). Para esa titánica labor editorial fue determinante el entusiasmo y la capacidad de arduo trabajo que Margaret llevó junto con Sergio y Wolin.

Margaret nació en Nueva York en 1936, en el seno de una familia de intelectuales judíos que emigraron a Alburquerque, Nuevo México, cuando ella tenía once años de edad. Así, Margaret creció en ese mundo bilingüe de la región que la familiarizó con el idioma español. Años más tarde vivió una temporada en España. Después vendrían los años de México, Cuba y Nicaragua, por lo que su formación cultural implica más de 23 años de experiencia hispanohablante. Es por esto que su obra escrita se ha ido entretejiendo entre el inglés y el español.

Además de su importante labor como poeta y editora, a Margaret le distingue una gran determinación de lucha por un mundo mejor que incluye una conciencia feminista de dignidad, no sólo en la acción sino también como autora de libros que han dejado una huella indiscutible, tanto para países hispanohablantes como los de lengua inglesa de nuestra América. Ella ha dicho: “…es en México que empecé a escuchar las voces de las mujeres. En México me hice feminista y empecé a usar la voz ajena en mi propia obra.” Precisamente, es en México donde publica su primer libro sobre ese tema: Las mujeres. Antología documental (1970, Siglo XXI Editores). Dos años después, en la misma editorial aparece: Mujeres en la revolución. Otros libros de su pluma son: El espíritu de un pueblo: las mujeres de Vietnam..., Todas estamos despiertas. Testimonios de la mujer nicaragüense hoy (en inglés se tituló Sandino’s Daugthers) y Las hijas de Sandino. Una historia abierta (en inglés: Sandino’s Daugthers Revisited).

Para Margaret Randall ser poeta implica una categoría de ser total, de ser humano completo que como intelectual está al tanto de su tiempo histórico; por esto su reflexión y crítica siempre ha estado al día de los acontecimientos sociales. Muy temprano y paralelamente a los temas feministas, se ocupó de otros asuntos sociales, así fue que en relación con la protesta juvenil de la década de 1960 publicó el libro Los hippies. Expresión de una crisis en 1968. En el libro Part of the Solution (1973, New Directions) intercaló su poesía con traducciones y reflexiones a manera de diario en tanto testimonios de su tiempo. A través de la revista El Corno Emplumado Margaret participó en 1968 de la crítica y denuncia del represivo y corrupto gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, después de lo cual sufrió la persecución teniendo, con las dificultades del caso, que exiliarse en Cuba. En una obra más reciente, Narrative of Power (2004, Common Courage Press) ella recoge ensayos de actualidad en los que diserta sobre si existe en realidad la “aldea global”, los fundamentalismos de este siglo, el amor lésbico, mujer y resistencia, etc.

La primera antología de poesía beatnik en español la preparó Margaret en 1969, aunque fue hasta 1977 que apareció publicada por Visor con un importante prólogo y notas de ella, bajo el título de Poesía beat. Este libro recoge obra de catorce poetas, entre quienes hay dos relevantes mujeres: Diane di Prima y Barbara Moraff.

Margaret se formó en la misma atmósfera contracultural de la generación beat, como la mayoría de los poetas que al principio mencionamos, pero debemos aclarar que el concepto de vanguardia poética de las décadas 1950-1960 en los Estados Unidos es muy amplio, pues abarcó a varios grupos que si bien llegaron a tener convergencias también se diferenciaron. Junto a la muy comentada generación beat, algunos estudiosos han hecho distinguir grupos por regiones como: los poetas de Nueva York, los del Black Mountain College, el Renacimiento Literario de San Francisco; y más recientemente, David Lechman publicó un volumen de casi 500 páginas documentando lo que él califica como La última vanguardia. Construcción de la Nueva Escuela de Poetas de Nueva York, en la que agrupa a los poetas de la década de 1950 John Ashbery, Frank O’Hara, Kennnet Koch y James Schuyler. Cuando Margaret Randall llegó a residir en México, su vínculo más directo fue con los poetas de Nueva York que enarbolaron la teoría de preceptiva poética que se llamó Imagen Profunda, entre ellos: Jerome Rothenberg y Robert Kelly.

Si bien con los datos anteriores tenemos una ubicación literaria de Margaret Randall, en primer lugar esos datos ya se quedaron en el pasado; y en segundo, no son suficientes debido a que ella (con su dinamismo intelectual, lenguaje poético, experiencias vitales, compromisos humanistas y acciones de lucha) se escapa de clasificaciones o congelamientos. A Margaret ahora la encontramos formando parte de una novísima vanguardia poética estadounidense de la que muchos estudiosos de la literatura no parecen estar enterados. Yo estoy convencido de que después de la generación beat y los otros grupos contemporáneos a ellos, las mujeres poetas estadounidenses son quienes han reautentizado, renovado, revivido el lenguaje poético en idioma inglés. En esa novísima vanguardia en la que Margaret es miembro activo también están: Marge Piercy, Diane di Prima, Sylvia Plath, Anne Sexton, Erica Jong, Adrienne Rich, Diane Wakoski, Leonore Kandel, Ruth Weis, Denise Levertov, Mary Norbert Körte, Anne Waldman y Sharon Olds, entre otras. A todas ellas les caracteriza una voz poética muy propia con la que elevan la cotidianidad de la mujer a una categoría de poesía nueva, con sucesos muy personales en los que se juega la condición de su género a través de los hechos a veces terribles pero también con momentos lúdicos, es decir, una lucha dialéctica entre lo positivo y lo negativo plagada de contradicciones concretas. Voces de poetas donde lo ordinario se vuelve extraordinario.

La poesía de Margaret muestra a la mujer que ha luchado para pertenecerse a sí misma, la mujer que con dignidad día a día sigue su reconstrucción como un ser que actúa en tanto sujeto, es decir, que se deslinda y aleja de la vieja condición de objeto que le fue impuesta. Es, definitivamente, una mujer nueva como a principios del siglo XX buscaba y proponía Alejandra Kolontay.

La clave del vanguardismo de estas poetas se encuentra, por supuesto, en el ambiente artístico e intelectual en el que se formaron, habiendo heredado todas las inquietudes que en las primeras décadas del siglo XX buscaron formar una nueva humanidad, lo cual permeó a pensadores y artistas. Una discusión de ese tiempo la expresó el artista plástico Robert Motherwell con estas palabras: “El interés en el lenguaje, tan extendido en el arte moderno, no está en lo semántico per se; de lo que se trata es de un interés permanente por lograr que el lenguaje (a través de cualquier medio) encaje lo mejor posible en nuestros sentimientos reales y que, incluso, llegue a mostrar los sentimientos verdaderos cuya expresión nunca antes ha sido captada.” Margaret es una de las poetas que mejor han logrado ese lenguaje. Ella lo ha dicho así: “Intento recrear un suceso o un sentimiento, no describirlo. Quiero que el lector o la persona que escucha el poema sienta que está ahí, comprometida con la misma experiencia. O que la experiencia de mi poema transporte a esa persona a una experiencia propia.”

En español la poesía de Margaret circuló tempranamente en varios números de la revista El Corno Emplumado y en algunas otras publicaciones. La editorial Hiperión ha dado a conocer uno de sus poemarios con obra entre 1985 y 1995, titulado Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe. Y ahora por parte de alforja ARTE Y LITERATURA damos a conocer Dentro de otro tiempo: reflejos del Gran Cañón, con dibujos de su compañera la artista plástica Barbara Byers; traducido por María Vázquez Valdés. Algunos de los libros de Margaret que no se han traducido al español son: The Price You Pay, This is About Incest, Coming Up for Air, When I Look into the Mirror ad See You, Dancing With the Doe, Halfway Home y Where they Left You for Dead.

Con su poesía Margaret aborda lo cotidiano con la misma sencillez con que entra en los temas trascendentales y complejos de la existencia humana. Es capaz de encontrar la esperanza en la dialéctica entre la vida y la muerte, por ejemplo, en la elegía que escribió por el poeta Joel Oppenheimer dice: “Que no se engañe nadie. / La muerte sólo pervive / cuando se pierde el lenguaje de la vida.”


José Vicente Anaya

Ciudad de México, 2005





Salgo afuera

Salgo afuera, al aire de los pinos
una mañana de enero en Nuevo México.
Parada justo entre el confort del hogar
y el rostro rocoso de la montaña
mis ojos se lavan en la familiaridad del asombro.
Cada rama de pluma de apache
cada flor de cactus está iluminada.
Me acarician todos los colores del invierno.

Lentamente, me doy cuenta de mi respiración,
de afuera hacia adentro, de adentro hacia afuera,
tal inmensidad expandiendo y contrayendo los pulmones
en un ritmo fácil.
Pero de pronto el paisaje se torna
las calles llenas de humo de Bagdad.
Y una mujer, quizá de mi misma edad,
quizá idéntica a mí en temperamento y esperanza,
lucha para respirar mientras corre.

Pero no existe para ella lugar seguro.
No existe en esa ciudad de mezquitas
boca arriba, como blanco recientemente pintado,
junto a las aguas del Tigris.
En Bagdad, donde mira la mujer
el humo negro que tose en las puertas
las llamas que succionan las aristas de los edificios
que ya dejaron de ser edificios,
que ya dejaron de ser hogares.
Donde el llanto de un niño no se apaga.
En el resplandor de esta mañana en Nuevo México
otra vez respiro.
No puedo comprender cómo ni por qué
soy capaz de inhalar este aire
y exhalarlo de nuevo.
No lo puedo comprender.
¿Cómo es posible que mi gobierno
en este preciso instante continúa aplastando
a un pueblo a medio mundo de distancia?
Más de 15.000 ataques
es la contabilidad de una noche de noticias
Más de 22.000. Más de 55.0000.
Ahora ni siquiera publican los números
porque los números y el daño no concuerdan.

Y yo acá, entera,
respiro este aire frío y limpio.
Al menos, debería quemarme con esta contaminación
que viaja como el sonido
a su punto de origen.

¿La mujer a quien me asemejo?
Siento su mano sobre la mía.

¿Qué mirarán sus ojos ahora?
¿Algún día seremos hermanas?







Traducción: María Vázquez Valdez

La esquina de Latinoamérica

La esquina de Latinoamérica
llaman al sitio
donde una cerca desgastada de metal oxidado
corta la arena blanca, luego desaparece
dentro del agua que no sabe
de fronteras.

Metal reciclado
de tanques y aviones de la era de Vietnam,
desdentado y sosteniendo la imagen improbable
del cacto y el esqueleto.
Pilones rotos, una división
que alguna vez fue: ¿qué? ¿Andrajosa, imponente,
hechiza o bravata absurda?

Esta esquina de Latinoamérica,
donde las líneas de un mapa
son traducidas a faros, armas,
cajas de camioneta pesadas con hombres encorvados y mujeres
atrapadas, devueltos a su punto de origen
sólo para intentarlo de nuevo mañana
o la próxima semana.

Esquina, como en el más alto y externo
punto en un mapa
alguna vez habitado por Keet Seel hacia el norte
y Casas Grandes hacia el sur.
No un lugar que reúne,
abraza, conforta o protege.

No refugio sino desprotección.
Peligro escrito en grande en el guión global.

A un lado de la cerca gastada
un hombre joven se levanta sobre sus brazos
ejercitándose sobre los pedazos torcidos
de una plataforma de cemento, que se desmenuza.
Una mujer y un niño
duermen a la sombra larga de la cerca.
Distante: la línea poderosa de San Diego en el horizonte
desaparece en la niebla.

La esquina de Latinoamérica
el control contra el no te queremos
excepto para cuidar a nuestros niños, limpiar
nuestros pisos, mantener altas nuestras ganancias.
un holograma, este lugar
vacío de sí mismo,
espera intranquilo el cambio.

En sueños y con tristeza
cabalgo sobre la cerca de esa esquina,
su metal oxidado corta la carne
de mis muslos.
La sangre corre hacia la arena,
luego desaparece
cuando la pleamar toma la playa.








No los Espíritus

No los espíritus en su conjunto, comunidad,
aquellos que vivieron en este sitio
y murieron aquí
día tras día
hasta que después de meses, después de años,
la arquitectura breve del hueso
arraigó viva en la sucesión generacional.

No plural sino singular: una mujer
inclinada sobre el metate, empujando
contra la mano de piedra,
trabajando el grano
luego entregándoselo
a otra junto a ella
que con una piedra más llana
lo pulveriza
hasta que flotan las partículas.

O un hombre, colocando una fila
de piedras emparejadas,
instalando el dintel
encima del marco de la ventana,
uniendo el espacio de la pared del nicho,
ángulo a ángulo, la terraza a ese espacio
donde un niño pequeño
atisba el mundo
y se pregunta dónde termina.

No plural sino separado. Cada vida
mezclándose ahora con mis propios muertos:
el amado padre,
el poeta revolucionario
cuyos hermanos no le permitieron vivir,
el abuelo que tomó lo que no era suyo,
la chica de ojos redondos que cayó del cielo.
Arquitectos, cronistas
de tiempo y espacio
astutos o cariñosos.

Cocinera cuyas platillos
sustentan. Mujer
que lleva el dolor del amado
entre las costillas.
Pescador. Granjero. El que sana
lo que está fuera de lugar.

Dakini, Danzante del Cielo,
tú que vuelas llenando de aquí
para allá esta alba
con el sonido de relojes que caminan.
Jalándome hacia el norte, el sur
a través de desiertos, arriba al cañón
hasta el horizonte de la memoria
para luego descender la vertiginosa espiral
de mi miedo repelido.





Aquí algunos poemas de Testigo de piedra, de Margaret Randall:


Parada donde estuviste

“Atesoro el recuerdo del día
en que aguardé cerca del agua y no avancé”.
Barbara Kingsolver, High Tide in Tucson.


Parada donde estuviste, observando
el río Laguna,
conocido entonces con un nombre diferente
o ninguno, su curva plateada
rebanando muros de piedra arenisca
que se levantan tan nuevos
como antiguos,
mientras el agua roza la roca
en una ondulación siempre distinta.

Todo aquello, efímero aún y para siempre,
la paradoja misma
trayéndote a esta cueva
antes de ordenarte que te vayas.
Suficientes lluvias para un delta fértil
de maíz y frijol,
nueces exuberantes de los pinos.
Y luego nada de lluvia.
La vida y la muerte
en esa diferencia.

Quiero ver lo que tú viste,
descansar mis ojos
en el color de la mañana,
verde oscuro que se torna rojo
y llena los pliegues de la roca,
colocándose dentro
de esta pintura de ochocientos años,
diferente y a la vez igual,
que cuando evoca tu escasez
nombra la mía.

Tú miras desde tu hogar
en el centro del mundo.

Yo miro
lo que queda de ese centro,
sitio de valor y actos cotidianos,
luego doblas tus piernas y te sientas
en el momento lúcido
de mi pregunta.

Nos reconfortamos en esta agua plateada
y trazamos un tiempo que nos empequeñece a ambas,
en la espiral que nos reúne frente a frente.








Tsunami

1.

Horas antes de la catástrofe
en la playa de Khao Lak
ocho elefantes miraron hacia el mar
y emitieron un sonido que su entrenador
sólo pudo definir como llanto.

Brevemente se calmaron, luego bramaron de nuevo
respondiendo con certeza decidida
a la inminencia de la muerte.
Dang Salangam recuerda a los turistas
montados en esas grandes espaldas, sus ojos asombrados

mientras los animales corrían con ellos
hacia una tierra más elevada. Arriba y arriba,
y cómo otros elefantes sin montura
rompieron sus cadenas de acero, usaron sus trompas
para levantar a otros

y corrieron hacia la colina cubierta de selva,
lejos de la playa donde miles morirían.





2.

La primera de las olas gigantes rompió entonces,
un torrente estalló y viró
muy cerca de donde los elefantes se estremecieron y sollozaron.

Antes de que el océano se agrietara,
el agua tiró de una aterrorizada orilla
desnudando un paisaje
nunca destinado a los ojos humanos
sólo para volver feroz

barriendo casas refrigeradores zapatos
una decisión, un bostezo,
palabras que nunca se dijeron,
miradas fijas en lo que había desaparecido
estructuras frágiles, raíces hondas como generaciones

una madre joven abrazando a su recién nacido,
un hombre gritando por su hermano,
manos arrancadas de otras manos,
familias pescando, carpinteros, el maestro,
el tendero y el tonto del pueblo,

ah, y los niños más valientes,
aquellos que se aventuraron más allá
de lo que momentos antes
había sido su patio de recreo:
todo arrancado por la traición de la naturaleza.

Algunos fueron testigos
segundos antes de sucumbir.
Otros, condenados por la supervivencia,
viven
con la maldición de la memoria

invocando el registro humano
gracias a ocho elefantes
cuyos grandes corazones descifraron el código
que nos engrana al desastre.











Lanzando mi voz a la tormenta

Este poema
lanza mi voz a la tormenta,
pulsa una habitación
o jala oscuros mantos
alrededor de tus hombros temblorosos,
cambia el peso de un cuerpo
para perfilarlo
contra el muro roto.

El habla tan americana como el pastel de manzana
o una identidad beligerante:
la chica judía
que moldeó su cultura
a partir de pequeñas banderas, pasaportes robados
nacatamales[1] y la sangre roja
de antiguas figuras sin brazos:
un cielo demasiado grande
como para tener problemas.
Cuando me vaya
mi voz me buscará
en cañones estrechos,
cuevas pequeñas de río,
el nido del peregrino
abandonado esta temporada
pero febril
en su recuerdo de picos diminutos.

Azotada por la edad
y tomada por la garganta
trino o gimoteo
donde palabras llenas de madera
una vez levantaron vuelo,
mi voz completa el ciclo ahora,
se mueve hacia un destello
de memoria.

¿Surgirá
con las preguntas infantiles en su lengua,
o sonora y poderosa,
lista para la batalla otra vez?




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